domingo, 18 de marzo de 2007

Luchando contra los obstáculos.

Quien desea llegar a una meta no debe estar preocupado por los obstáculos que enfrentará en el camino. Cuando alguien considera más importantes a los obstáculos que a las metas jamás logrará nada. ¿Se pueden lograr cosas en este mundo sin esfuerzo, sin lucha tenaz? Obviamente, no. Sin lucha no hay victoria. Porque la lucha contra los obstáculos es parte esencial de la vida. La oscuridad de los obstáculos no puede cubrir a un corazón lleno con la luz de la determinación. Para llegar a una meta es necesario tener voluntad de superación; y tener voluntad de superación es luchar para llegar a nuestra meta aunque tengamos que lidiar con obstáculos adversos. Feopalam dijo: “Es mucho mejor gastarse que enmohecerse; la actividad es sinónimo de vida”.
Cada día es importante. Por eso, debemos utilizar bien el tiempo. Debemos saborear cada minuto como si estaríamos comiendo el mejor de los manjares. Porque cada segundo cuenta. Max Lucado en su obra “Sobre el yunque”, reflexionó: “Hoy haré una diferencia. Comenzaré controlando mis pensamientos. Una persona es producto de lo que piensa. Quiero ser feliz y tener esperanzas. Para ello tendré pensamientos que sean felices y tengan esperanza. Me niego a ser víctima de mis circunstancias. Evitaré el negativismo y las murmuraciones. El optimismo será mi compañero y la victoria será mi distintivo. Hoy haré una diferencia. Me enfrentaré a este día con la alegría de un niño y la valentía de un gigante. Beberé cada minuto como si fuese el último. Cuando llegue el día de mañana, el día de hoy se habrá ido para siempre. Mientras esté aquí, lo usaré para amar y dar. Hoy marcaré una diferencia. ¡Hoy marcaré una DIFERENCIAAAA…! Dedicaré tiempo para estar con aquellos a quienes amo, mi esposa, mis hijos, mi familia. Un hombre puede poseer todo en el mundo pero ser pobre por falta de amor. Un hombre puede no tener nada pero ser rico en vínculos afectivos. En el dia de hoy, dedicaré por lo menos, 5 minutos con la gente que es importante para mí. Cinco minutos de calidad hablando o abrazando o agradeciendo o escuchando. Cinco apretados minutos con mi pareja, mis hijos, mis amigos. Hoy marcaré una diferencia”.
Lo mejor que puede poseer un ser humano es optimismo, pues esto le permite avanzar una y otra vez contra los obstáculos. El optimista patea obstáculos como si fueran piedras a sus pies. Jamás debemos comparar a la vida con una piscina de agua fangosa, estancada, pues la vida es una fuente de agua zigzagueante que fluye eternamente. La naturaleza de quienes poseen voluntad de superación consiste en apartar las piedras de los obstáculos y las dificultades, marchando con velocidad vigorosa. Por tanto, queda claro que quien quiera mantenerse a parte de los obstáculos y las dificultades, ha perdido la voluntad de superación; lo cual significa que en verdad, está muerto, en la tumba. El cementerio, y no esta vida zigzagueante, debe ser su residencia. Los que aman la vida, los que saben que la vida es una fuente de agua dinámica, zigzagueante, anhelan marcar una diferencia en todo sentido. Napoleón pensó: “La sensación de esfuerzo es la que nos llena de gozosa excitación…tal como un saltamontes que se siente lleno de vida al saltar; de ahí que una tarea ardua y que nos presente obstáculos satisface más que una labor fácil.”. ¡Luchemos…!

Julio C.Cháves

La realización.

Hoy vivimos en una sociedad pesimista, que carece de sentido. A simple vista podemos decir que los problemas actuales yacen sin solución. La gran mayoría de los individuos piensan como el gran escritor Hernes Hemingway que dijo: “Vivo en un vacío que es tan solitario como una válvula de radio cuando las pilas están muertas, y no hay corriente eléctrica en qué conectar”. Y Eugene O`Nelly también afirmó en su época lo que era la vida para él: “El único significado que tiene la vida, es la muerte”. Para la gente de hoy el problema es el vacío. Por doquier advertimos rostros fláccidos, mentes aburridas, corazones solitarios que no saben que quieren. Y cuando las personas no saben lo que quieren no pueden ser felices. Porque para ser realmente felices necesitamos saber qué queremos. Si deseamos algo debemos saber qué es ese algo. Por lo pronto, muchos siguen sin saber qué quieren…
Todos buscamos realizarnos, pero muchos no saben cómo. Entonces, me pregunto: ¿Qué es ser feliz? ¿Qué es estar realizado? ¿Adquirimos realizarnos cuando tenemos todo lo que anhelamos? ¿Pueden las cosas, los títulos, y las personas proveernos de realización? Lo único, creo yo, que necesitamos para realizarnos es valorarnos cono seres humanos. Debemos considerarnos valiosos porque realmente lo somos. Hay personas, de toda edad y de todo nivel social, que están desconformes con lo que son y debido a esto, se sienten desesperadas, listas para desintegrarse. Les pasa esto porque no saben cuanto valen como seres humanos. Vivimos. Eso es lo más valioso que poseemos. Disponemos de tiempo. Somos personas. CARPE DIEM-diría Keating, el personaje de la película “La sociedad de los poetas muertos”. Para realizarnos la vida nos debe bastar. Noel Claraso dijo: “Es magnífico, cada mañana, tener un día entero por delante, que nadie nos discute, una fortuna personal de tiempo que podemos aprovechar por completo”. CARPE DIEM, es decir: Aprovechemos el día…
A pesar de su llegada a esta tierra hace varios miles de años, cuando Dios creó al primer hombre, la humanidad aún no es capaz de construir una sociedad bien integrada donde todos se puedan realizar individual y colectivamente. Muchos se realizan, esto es una realidad tangible, a costa del sufrimiento de los semejantes. Esto no es de ningún modo indicador de la gloria del intelecto y la sabiduría humanos. Esto que le está pasando al mundo es una grave situación, ya que los países ricos se realizan a costa del hambre y el sufrimiento de los países pobres. Creo que el mal danza desnudo delante de nosotros y se mofa de nosotros con risa hipócrita y con roncas intenciones divisivas. Ahora pues, creo que la verdadera realización es aquella que logramos a costa de nuestro propio esfuerzo físico, psíquico y emocional. Digo, quiero realizarme, pero sin dañar al prójimo, pues cuando consigo realizarme a costa del sufrimiento ajeno, no me estoy realizando, sino que estoy haciendo el mal para sacar provecho de las relaciones interpersonales. Lord Byron pensó: “Jamás mueren en vano los que mueren por una causa grande”.
La vida es hermosa. Lo que somos es muy importante. La vida humana vale muchísimo. Realizarse es saber que un ser humano vale más que todas las cosas que alberga la tierra y que la tierra misma. Noel Claraso nos sigue diciendo: “La vida no nos debe nada. Tal vez, si no tenemos presente esta pequeña verdad, nos conducimos como si la vida nos pagara una deuda atrasada. Esta deuda no existe, y todo lo que el hombre obtiene de la vida lo ha de ganar, lo ha de conquistar, lo ha de arrancar a base de esfuerzo y sacrificio”. CARPE DIEM…

Julio C.Cháves.

Transitar la realidad, sin perderse.


El tercer milenio nos ha hecho ingresar en una realidad totalmente corrupta y patológica. Advertimos en la sociedad un desfile de frivolidades que funcionalmente hipnotizan al Hombre-Masa. El Hombre/Masa es aquel que ha dejado que los medios de comunicación le banalicen radicalmente el pensamiento. Este tipo de hombre, controlado racionalmente por mensajes hedónicos, permisivos, relativistas y materialistas, propende hacia la estupidización del pensamiento individual. El Hombre-Masa se pierde en los deseos carnales, se pierde en las modas, se pierde en la exterioridad, mientras deja y olvida al Hombre/Interior. El Hombre-Masa no sabe vivir, no sabe amar, no sabe distinguir lo bueno de lo malo. Siempre procura lo malo, lo feo y la mentira. Hoy advertimos la proliferación de este tipo de Hombres-Masa. Los podemos ver impregnados de pensamientos lights, pensamientos que tienen que ver con la cosificación de las personas, la ambición de poder, el yoísmo, y la divinización de la mutabilidad humana.
El modo de vestir y de hablar del Hombre/Masa, es el mismo modo de la mayoría. La ciudad está llena de gente. Llena de autos. Llena de cosas. Llena de mensajes. Los espectáculos se multiplican. Por doquier hay almas. Todos miran lo mismo, piensan lo mismo; o mejor dicho: nadie piensa nada. Aquí únicamente hay simplismo, las mismas rutinas sin sentido, la misma cruda realidad que a muchos hace perder. En efecto, todos están construyendo la torre de Babel y nadie se pregunta: ¿De qué sirve una Torre? Jaime Barylko en su obra “En busca de uno mismo”, cuenta: “Lo atractivo de ser Hombre-Masa. La libertad es un peso. La masa, el ser entre todos, como todos, es una liberación de la libertad, del pensamiento y de tomar decisiones por cuenta propia. Por eso la masificación disfruta de tanto éxito en todos los tiempos, y particularmente en los actuales, tan brillantes hacia fuera, tan pobres hacia adentro”.
Sí, olas de modas manipuladoras quieren que cantemos la canción de onda, que usemos el pantalón de onda, que escupamos como lo hace fulano o mengano. Si un famoso guiña un ojo todos mecánicamente se despeñan detrás del mismo gesto. Si Moria dice: “Si querés llorar, llorá…”, la masa dice en unanimidad: “Si querés llorar, llorá…”. Aquí pensar está fuera de moda. Lo que está de moda es decir chabon, es ponerse un arito en el ombligo, es tranzarse a fulana aunque no haya amor. Los Hombres/Masa no piensan, sencillamente usan el perfume que les venden las publicidades de la televisión. Muchas mujeres no piensan, sencillamente se mueren de hambre para estar como la modelo de la endiablada pantalla de luz. Aquí nadie es nadie, simplemente hay sujetos que viven encajonados en su propio vacío. Lo que importa para la mayoría es la tapa, la cáscara, la piel, lo de afuera. Lo que piensan todos. La masa no piensa.
Los Hombres-Masa andan sin camino, sin rumbo, no saben que quieren. Andan con los ojos dilatados sumidos totalmente en un comportamiento dilemático, problemático, sin sentido. Son barcos que andan a la deriva. Lo contrario al Hombre-Masa es el Hombre-Interior, el hombre que piensa, que toma sus propias decisiones, que vive en torno a lo de adentro, al corazón, a los ojos dilatados de asombro, sensibilidad y sabiduría. El Hombre-Interior sabe que la piel es importante, pero sabe que las entrañas son mucho más importantes. El Hombre-Interior piensa, es libre, transita por la misma realidad que todos, pero al fin y al cabo, sus pensamientos le permiten navegar en la frívola realidad sin perderse. Montessori dijo: “-Cuando escucho…entiendo.
-Cuando veo…comprendo.
-Cuando hago…aprendo.”
Julio C. Cháves.

Revalorizando la noción de respeto.

El respeto establece fronteras. Estas fronteras no separan ni aíslan, sino que son puntos de contacto capaces de unir estrechamente a las personas, aunque sin dejar de guardar individualidades. El respeto por sí mismo representa una forma de buena conducta y buen trato por parte de un individuo hacia otro. La palabra respeto proviene etimológicamente del latín “Respéctus” y quiere decir: Veneración, miramiento, reverencia, consideración.
Si todos los que tienen relaciones conflictivas pusieran en práctica ese respeto y trataran con prudencia y ternura a los demás; podrían comprobar cómo se transforma casi mágicamente el clima en tales relaciones, con lo cual se logra que desaparezcan las actitudes crispadas y lo enojos para dar lugar a un prudente acercamiento, a un cálido entendimiento y a una amorosa comprensión. Esta constructiva transformación, lejos de beneficiar y hacer sentir felices a quienes son objeto de nuestro respeto, beneficiará y hará radicalmente dichosos también a los que hayan decidido poner en práctica esta olvidada virtud, que no tiene porqué expresarse con un trato frío y lejano. Al contrario. El respeto debemos evidenciarlo con exaltadas muestras de amor. Así, tener un comportamiento constructivo con la gente y dispensar un trato cariñoso y lleno de respeto, nos hace sentir la inefable sensación de ser buenos. Creo que esto no hay que desaprovecharlo, ya que bien vale la pena. Cicerón dijo: “Un caballero se avergüenza de que sus palabras sean mejores que sus hechos”.
Hay personas que no son amantes de respetar a los demás, pero, paradójicamente, pretenden ser respetados. Notablemente, estos individuos, pretenden poner el caballo detrás del carro, aspirando a gozar de algo que no se han ganado. El tuteo indiscriminado es una falta de respeto. El respeto siempre debe crear fronteras que nos permitan conocernos, convivir e interactuar con consideración, miramiento y reverencia. A todos nos agrada ser bien tratados, ser saludados agradablemente, gozar de gestos afables. Pero el problema estriba en que lograr ser respetados demanda tiempo y esfuerzo. Todas nuestras acciones, nuestras actitudes y nuestras buenas costumbres hacen que nos respeten y nos traten con especial consideración, pero obviamente que hay que mantener estas buenas cualidades durante toda la vida. Esto exige perseverancia y esfuerzo. Nadie que esté en su sano juicio, por haber plantado un naranjo hoy, puede pretender comer naranjas mañana. Es obvio…
El respeto es una condición básica para lograr relaciones interpersonales constructivas. Tener respeto por todas las personas, muy lejos de disminuir a los demás, los enaltece, los hace sentir bien, los hace sentir razonablemente felices. La sociedad contemporánea tiende hacia una entropía, hacia una tergiversación de los valores que implica diferencias entre los seres humanos. Hace muchos años, Discépolo nos decía: “Todo es igual, nada es mejor…”. Lo cierto es que pensar así es una característica de los mediocres, de los ignorantes. Pasa esto, porque muchos individuos, al saberse incapaces de amar y de mostrar respeto, pretenden bajar a los que están arriba hasta el modesto nivel de mediocridad en el que ellos habitan.
No cabe duda, pues, de que necesitamos revalorizar y rescatar del olvido la noción del respeto, pues sin respeto, lo único que existe son tuteos indiscriminadamente frívolos, miradas confianzudas, y palabritas irrespetuosas, etc. Esto no debe ser así, ya que la ausencia total de respeto es la columna vertebral de las sociedades decadentes, donde impera una opulenta mediocridad.
Julio C.Cháves

Revalorizando la risa y la alegría.

La risa es muy importante. La alegría también. Las personas alegres son tan necesarias como el aire que respiramos. La alegría es un vivo gozo del ánimo que suele manifestarse con signos exteriores. Y uno de esos signos exteriores es la risa sana. Alegre proviene etimológicamente del latín “Alácris” y quiere decir: Lleno de alegría, aplicado a colores, vivo. La persona alegre siempre mira lo positivo. Si se encuentra bien ríe por ello y si se encuentra mal ríe a pesar de todo. La alegría es una característica intrínseca de las personas verdaderamente felices. Dichoso el ser humano que ha aprendido a alegrarse en todo tipo de circunstancias.
La alegría es lo que nos mantiene vivos ante el dolor. Mientras más profundo es el dolor que pasemos, más profunda será nuestra alegría. Reírse de uno mismo es una señal de madurez, de inteligencia, de autoaceptación. Actualmente el mundo se ha tornado un gran menú de negativismos. Todo anda mal. Por donde miremos hay gente con la cara larga. Hasta lo rostros de los niños, por culpa de la irresponsabilidad de los adultos, han perdido la alegría. Para mucha gente el mundo ya no vale la pena. Pero para muchos sí vale la pena. Yo estoy del lado de quienes piensan lo positivo. Es evidente que nuestro mundo es un lugar muy triste. En el momento de escribir esto, hay conflictos internacionales beligerantes, hay falta de trabajo, hambre, las familias se tornan disfuncionales, muerte, soledad, marginación, anarquía, etc. La situación del mundo grita: ¡Nada vale la pena! Así pues, nosotros no obstante declaramos que sí ¡vale la pena! ¡La alegría todavía es posible! ¡La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en optimismo!
Jorge Porcel en su libro autobiográfico “Risas, aplausos y lágrimas” cuenta respecto a la importancia de la risa: “¡Qué bueno es reírse! Debe ser una de las mejores terapias que curan males físicos y espirituales. ¡Pobre de aquel que no sabe reír! La alegría, arma poderosa para poder vivir, hay que buscarla de cualquier manera. Reír, sonreír, es lo que marca la diferencia entre un pesimista y un optimista. El pesimista dice, “Tengo media botella vacía”, y el optimista dice, “Tengo media botella llena”. El pesimista todo lo ve gris; para el optimista todos los días son de sol. El pesimista crea dudas, tristeza, fatalismo; en cambio cuando se es optimista se atrae todo lo bueno. El pesimista duerme sobresaltado; el optimista ronca de felicidad. El pesimista se despierta con el ceño fruncido; el optimista, cantando. El pesimista siempre tiene mal carácter; el optimista es simpático y jovial. El pesimista se enferma más a menudo; el optimista, no. Yo siempre quise reír. Tengo la necesidad de hacerlo…”
La alegría surge de lo que somos. La alegría incrementa el ritmo del pulso de nuestros corazones y nos ayuda a mirar lo bueno, lo positivo, las soluciones y no los problemas. Ser alegre es tener en cuenta que las cosas pueden cambiar para bien. A fin de cuentas, Khalil Gibran afirmó: “Cuando estén contentos, miren en el fondo de sus corazones y encontrarán que es solamente lo que les produjo dolor, lo que les da alegría. Cuando estén asediados por la tristeza, miren serenamente por segunda vez, en la profundidad de sus corazones y verán que están llorando, en verdad, por lo que fueron sus deleites…”

Julio C.Cháves

Del conocimiento a la realización.


“La peor de las carencias es la inteligencia”, dijo el Dr. Enrique Rojas.

“Del conocimiento a la realización”

Actualmente vivimos en un mundo complejo y sofisticado. El siglo XXI ha demostrado que para vivir bien hace falta tener conocimiento. Y este conocimiento se halla en los libros y las enciclopedias. Alguien dijo que la verdadera Universidad de nuestra época de especialización y conocimiento es una buena colección de libros, adaptados a nuestras necesidades y actividades particulares. Los libros, para los ignorantes, son considerados un lujo inalcanzable, pero, para las personas inteligentes, son una necesidad ineluctable. El conocimiento nos conduce a la realización. Basta una hora diaria dedicada a la lectura de buenas obras para que toda persona pueda salir del pantano de los mediocres y convertirse en una persona que sabe vivir, decidir, existir con sabiduría. La persona inteligente desea convertir su cabeza en un armario lleno de libros importantes. Cuando uno lee sabe cada vez más y sabe cada vez menos. Tomás Edison reflexionó: “No conozco ni la millonésima parte del uno por ciento de nada”.
Henry Ford dijo: “Quien deja de estudiar es un viejo; no importa que esto le suceda a los 20 o a los 80 años”. Siempre debemos crecer. Por eso hay que leer. Leer un buen libro equivale a aprender sobre las artes, las ciencias, la historia, la política, los idiomas y cuanta cosa exista. Obviamente, si somos buenos lectores correremos el riesgo de quedarnos sin cabeza, ya que nuestra capocheta puede convertirse en una librería ambulante. ¡Es una broma! Cada día debemos introducir en nuestro magín algún volumen. Esto nos llevará a otros volúmenes que tentarán nuestra curiosidad. Estudie y trabaje simultáneamente, pues sin conocimiento la vida es más complicada y más difícil de transitar. Por supuesto que la vida enseña más que muchos libros y la experiencia es irremplazable. Pero de todos modos hay que leer. El conocimiento es una de las cosas más importantes de la vida, el principal guión. Para entender la vida, para ordenarla y tutelarla, necesitamos saber, conocimiento. El conocimiento nos permite ordenar esta jungla terminológica llamada realidad. Hay muchas formas de vivir y realizarse, pero todas hilvanadas por el mismo hilo conductor: El Conocimiento. Cuando alberga conocimiento se instala de un modo sabio en la realidad y saca provecho de las elecciones de vida. ¡El conocimiento ilumina!
Muy bien, para finalizar, deseo contarte la siguiente historia: “Un gran barco atraviesa el océano; va muy cargado y viaja con todas las precauciones. Un día, sin más, el motor del mismo deja de funcionar. Sin perder tiempo, el capitán manda llamar a un técnico del puerto más cercano. Llega el técnico, trabaja una semana y no obtiene resultados. Entonces, contratan al mejor ingeniero naval del país más cercano. Trabaja tres días sin descanso, y nada…El barco sigue averiado.
La compañía de navegación llama al mejor especialista del mundo en el mantenimiento de aquel tipo de naves. Llega al barco, da un vistazo a la sala de máquinas, escucha ruidos inusuales, toca las tuberías, saca un pequeño martillo de su caja y da un par de golpes en determinados lugares. Luego, ordena que pongan en marcha el motor y funciona todo con normalidad sorprendente. Llegan las facturas de los tres servicios. Por una semana de trabajo, el técnico cobra 700 dólares; 100 por día. El ingeniero naval, por tres días, cobra 900 dólares; 300 por día. Y el especialista cobra 10.000 dólares por la reparación.- ¿Cómo es que cobra 10.000 dólares por una hora de trabajo y un par de golpes de martillo?-preguntan los directivos de la compañía. Entonces, el especialista les presenta la siguiente factura: Por dar unos golpes: 1 dólar. Por saber dónde: 9.999. Eso es el total: 10.000. Todos quedaron boquiabiertos…”
Julio C.Cháves.

Del buen humor a la felicidad.


“Del buen sentido del humor a la felicidad”

El humor es un arma para enfrentar con libertad las adversidades. Sonreír nos permite saborear las cosas sencillas. Reírse de uno mismo es aceptarse, valorarse, amarse. La vida es hermosa y hay que vivirla con buen sentido del humor, pues esto nos permite vivir momentos más vivificados, más puros, más apetecibles, Ciertos individuos pasan todos sus días quejándose de todo y de todos. Si hace calor se quejan. Si hace frío se quejan. No hay nada que les venga bien. Siempre están mal. Siempre hay algo malo. Si son felices se sienten infelices y si son infelices se sienten bien. ¿Quién los entiende? A esta gente le hace falta tener un poco sentido del humor. El humor no es reírse de alguien sino reírse con alguien. La vida es un gozo permanente. Es verdad que hay personas que nunca sonríen, pero también es cierto que hay personas que viven transfiriendo buen humor. Esas son las personas que me agradan. Esas son las personas que me ayudan a disfrutar de la vida y a reírme de mi mismo. Lin Yutang dijo: “Saber reír es un signo de cordura y sabiduría”. Y Umberto Saba expresó: “El humor es la forma suprema de la bondad”.
La risa, el humor, los chistes sanos, son armas que tenemos a nuestra disposición para lidiar con las situaciones difíciles de la vida. Tener buen sentido del humor es ser una persona inteligente. La risa es un remedio, vivifica el rostro, fortalece el alma, solidifica los vínculos, engrasa las relaciones humanas. El humor fomenta alegría, risas calsificantes, buen estado de ánimo, tranquiliza el espíritu, ayuda a hacer la vida más amena. El buen humor no tiene nada que ver con la burla, pues burlarse de otra persona es cometer un deliberado acto de crueldad. El humor une, fomenta lo positivo, crea puentes entre un alma y otra. El humor sano alarga la vida, la mejora. Muchos individuos piensan que ser serios implica ser aburridos, apáticos, apocados, rígidos de ánimo. Pero esto no es verdad, ya que conozco muchas personas serias que viven riéndose de todo sanamente. Hay individuos que son tan serios que si se ríen podrían correr el riesgo de morirse de risa. ¡Que negativas son las personas que nunca se ríen! Leopoldo Marechal escribió: “No hay situación, por solemne o trágica que sea, a la que no le vea el lado cómico”. Además, Louis Vincent Thomas expresó al referirse a la pérdida de un ser querido: “Sólo hay tres formas de luchar contra la muerte de un ser querido: el amor, el recuerdo y el humor”. Woody Allen también dice: “Humor es la tragedia mas tiempo”.
Cuando portamos buen humor podemos disfrutar de lo que somos, podemos gozar la vida, aprovechar los momentos al máximo, vivir la verdadera libertad del corazón. El humor es cosa seria, pues de él depende la vida. Sin humor estamos muertos en vida. Estamos totalmente inmersos en el mar de los negativismos de los mediocres. El humor nos permite estar juntos. Quizás usted no sonríe porque le faltan algunos dientes. Por favor, sonría de todos modos. Los dientes no importan. Lo importante es sonreír, gozar, disfrutar, vivificar los huesos. A. Herzen dijo: “La risa contiene algo revolucionario”. Leopardi agrega: “Aquel que tiene el valor de reír es amo del mundo”. Martín Amis finalmente nos cuenta: “La risa es una forma de castigo y denuncia”.
Ahora, ¡A mostrar los dientes! Obviamente, el que los tiene…
Julio C.Cháves

Construyendo la vida.


Los seres humanos somos como casas. En una casa vivimos. No importa si nuestra casa es grande o si no es hermosa, lo importante es tener dónde vivir, tener un hogar. Hay que ser persona, ser nada más. Nuestra meta debe ser convertirnos en lo que se supone que Dios quiere que seamos. Nos construimos una casa. Nos construimos una vida. Tenemos un corazón. Late, pese a todo. ¡Late! Queremos ser felices. Y lo conseguimos mediante el amor. El amor a Dios. El amor a la familia. El amor a los semejantes. Ser humano no es fácil. Porque generalmente suele prevalecer la desdicha por sobre el gozo. Conocemos la alegría y también las lágrimas. Somos de carne corruptible. De huesos que un día se convertirán en polvo. La vida es todo un tema. Somos humanos y nuestros ojos necesitan mirar a los demás con altruismo y amor. El Dr. Jaime Barylko dijo: “Amar y amarse son verbos que se pronuncian en un mismo respiro. Ahí eres brillante, porque estás, porque se te necesita, porque puedes dar luz, dándote a luz”.
A la vida hay que construirla sobre la roca del amor. Con paciencia y trabajo hay que echar los cimientos. Luego hay que empezar a edificar las paredes y luego colocar el techo. Todo demanda tiempo. Construir la vida requiere tiempo, voluntad, disciplina, osadía, ganas de querer superarse a uno mismo. Actualmente vivimos en una sociedad que gira en torno al egoísmo, a la envidia, a lo malo. La mayoría de las personas construyen vidas improvisadas, sin rumbo, sin amor; es por esto que la sociedad yace alienada, henchida de egoísmo, de bronca, de ira, de soberbia. Los valores son desacatados y la familia se configura como un mutante sin cerebro, sin sentimientos, sin alma. Así se vive hoy. Sin ganas. Sin inteligencia. Sin amor. Es la soledad y el vacío los que revelan que fingimos estar bien cuando en realidad nos faltan muchas cosas que tienen que ver con el corazón. ¡Un corazón que late con mucho dolor!
Todos somos producto de nuestros actos, de nuestras decisiones, de lo que somos por dentro y por fuera. La vida se va haciendo sin que nos demos cuenta. Vuelvo a citar a Jaime Barylko que en su obra “Sabiduría de la vida” cuenta: “Amor, amar, ejercitarse. Hay que ejercitarse. No se da a menos que se lo incube previamente. Es que cuando aparece, uno dice se da. Como si fuera un don. Quizás aparezca como don, revelación, maná. Es su apariencia. Lo estuviste gestando durante meses, años, y hasta horas. Un día aparece, y ahí está. Es que no sabías en que día se presentaría, y en forma de quién. La sorpresa es el dato ese, incidental. Nada valioso existe que no lo hayas parido de tus propias entrañas”. Es verdad, cada decisión te zambulle en un río de circunstancias que te llevan hasta un lugar que jamás te imaginaste. Tomaste la decisión de amar y es por esto que te aman. Has mirado a lo ojos a tu vecino y por ende te llevas bien. La vida es una casa. Cada cual construye la propia. Uno vive de la mejor manera posible. Procura amar, sentir, pensar. Esto es la vida. Un corazón que late. Pese a todo, late. Aspiramos a ser felices. A veces lo logramos y de cuando en cuando, las lágrimas y las pérdidas nos dominan. Así es la vida. Una casa que también tiene grietas en las paredes. La casa no es perfecta. Como nosotros, los humanos.
Arnold finalmente nos dice: “Sólo aquellos que nada esperan del azar son dueños de su destino…”.
Julio C.Cháves.

Enfrentando el aislamiento.




Somos humanos y como tales necesitamos imprescindiblemente relacionarnos con otros seres humanos. “Estar completamente aislado y solitario conduce a la desintegración mental, dijo Erich Fromm en su obra “El miedo a la libertad”. Todos necesitamos estar conectados con los demás. Necesitamos impartir y recibir afecto. Porque la falta de conexión nos impide desarrollarnos como personas. Para luchar contra el aislamiento es necesario que seamos más sociables, más abiertos y dispuestos a aceptar opiniones, ideas, y conceptos diferentes. Hay ciertas personas que hacen amigos con mayor facilidad, pero también estamos aquellos individuos a los cuales nos cuesta relacionarnos, no porque seamos individualistas, sino porque somos más introvertidos o porque tenemos miedo a ser más susceptibles.
Para ser más sociables, acá está la clave, necesitamos permitirnos ser más susceptibles o vulnerables. Debemos mostrarnos como somos sin temor a ser lastimados. Debemos hablar, ser amables, fomentar lo positivo, mirar lo positivo en la gente para entablar relaciones interpersonales constructivas. Sentirnos unidos a los otros nos permite crecer interiormente, nos permite ser percibidos, nos permite y les permite al otro saber que existimos. Balzac dijo: “…debes aprender una cosa, imprimirla en tu mente todavía maleable: el hombre tiene horror a la soledad…”. Nadie puede vivir dichosamente si se encuentra aislado porque todos necesitamos ser aceptados, reconocidos como humanos, necesitamos de la mirada de los demás. Todos estamos interconectados. Somos con nosotros mismos, es decir poseemos una relación con nosotros mismos y además, somos con otros, es decir: poseemos una relación con nuestros semejantes, interhumanamente.
Hoy día, a causa de la competencia individualista y los deseos de querer ser mejores que los otros, vivimos en una sociedad donde se propugna el aislamiento y la soledad. Jaime Barylko en su obra “El hombre que está solo y no espera” expresa: “El hastío individualista. De ahí la neurosis. La cabeza no da para tanto. Necesita sus mesetas, sus reposos, sus estabilidades, sus permanencias. Pero la circunstancia urbana-única que conocemos, ya que también la vida rural, gracias a los medios masivos de comunicación, está psíquica y espiritualmente contaminada de globalidad urbánica-no da reposo. Y eso termina siendo angustia, agresividad, ansiedad, incapacidad comunicativa. Eso nos obliga a defendernos de tanto estímulo y variabilidad exterior a través del ejercicio de la inteligencia, del cálculo, suprimiendo u opacando la sensibilidad emocional. Todo se vuelve intercambio, negocio, utilización del otro o de lo otro, y miedo a ser usado o malversado”.
Para enfrentarnos al aislamiento es necesario que nos despojemos de nuestros deseos narcisistas, individualistas, ventajeros. Si queremos ser sociables debemos correr el riesgo de ser lastimados. Las cosas son para ser usadas, pero las personas son para ser amadas, comprendidas y aceptadas altruista como también empáticamente. Todos necesitamos ser percibidos, necesitamos de la mirada del amor del otro. Hay que mirar lo positivo en uno, en los demás, hay que estar dispuesto a dar amor si de veraz anhelamos dejar la prisión del aislamiento de lado. Necesitamos de lo intrahumano, porque hay que amarse a uno mismo, pero no de modo idolátrico, así como también necesitamos de lo interhumano, necesitamos amar a los demás. Todos necesitamos ser percibidos constructiva y positivamente. E. Fromm en otra de sus obras dijo: “Amar es abandonar la prisión de la soledad”. Esto lo dijo en su obra “El arte de amar”. Y es verdad.
Julio C. Cháves

Viviendo en la verdad.

“Aquellos que niegan la potencia educadora de la Biblia,
y van diciendo que ha acaba su tiempo, que inventen un
libro parecido, relatos semejantes que expliquen los
fenómenos de la naturaleza, de la historia, de la
imaginación, que se expongan como la Biblia; y
convendremos entonces en que la Biblia ha acabado
su tiempo”.
León Tolstoy.



Vivir en la verdad. Es echar fuera de nuestra vida toda mentira. Se trata de buscar constantemente la voluntad de Dios. La verdad, vale decir, no es una abstracción filosófica desarraigada de nuestra vida cotidiana, pues es el camino que se va abriendo a fuerza de las pequeñas verdades que va tejiendo la verdad en que deseamos vivir. La verdad siempre va más allá, siempre va más arriba, hasta trascender nuestra propia verdad y acceder a vislumbrar la verdad infalible y la verdad que es un ser Absoluto llamado Dios. Dios es la verdad y sus palabras, pertinentes e infalibles, se encuentran en las sagradas escrituras. La verdad de nuestro creador demanda sacrificio. Quien se sacrifica por la verdad divina siente en su corazón una gran libertad interior y al mismo tiempo, un gran peso exterior. Vivir en la verdad es, antes que todo, ser fiel a las sagradas escrituras, a la voluntad de Dios. Es sufrir por decir y hacer lo que se expresa en la Biblia aún cuando la inmensa mayoría vaya a favor de la voluntad libertina, la cual atenta íntimamente contra la voluntad de Dios. Vivir de acuerdo a la voluntad de Dios hoy resulta doloroso, pero es lo mejor que podemos hacer por nuestra vida. La Biblia es una monumental composición literaria y a su vez, es la palabra de Dios para la humanidad.
El escritor español Donoso Cortés, quien fue recibido hace muchos años como miembro de la Real Academia Española, pronunció el siguiente grandilocuente discurso al referirse a la Biblia: “Hay un libro, tesoro de un pueblo que hoy es fábula y ludibrio de la tierra, y que fue en tiempos pasados estrella del oriente, adonde han ido a beber su divina inspiración todos los grandes poetas de las regiones occidentales del mundo, y en el cual han aprendido el secreto de levantar corazones, y de arrebatar las almas con sobrehumanas y misteriosas armonías. Ese libro es la Biblia, el libro por excelencia…Suprimid la Biblia con imaginación y habréis suprimido la bella, la grande literatura española, o la habréis despojado al menos de sus destellos más sublimes, de sus más espléndidos atavíos, de sus soberbias pompas, y de sus santas magnificencias. En su primera página, se cuenta el principio de los tiempos y el de las cosas; y en la última página el fin de las cosas y de los tiempos. Libro, en fin, señores, que cuando los cielos se replieguen sobre sí mismos como un abanico gigantesco, y cuando la tierra padezca desmayos, y el sol recoja su luz y se apaguen las estrellas, permanecerá él sólo con Dios, porque es su eterna palabra, resonando eternamente en las alturas”. Las sagradas escrituras son la revelación pura de nuestro creador. Sus verdades son más penetrantes que una espada de doble filo. Vale decir, que estamos ante un libro divinamente inspirado. ¡La Biblia es la voz de Dios a la humanidad!
El siglo XXI es una época de incertidumbre filosófica, y ya nadie sabe en qué creer. Muchos viven a la deriva, sin saber a qué atenerse. Pero para los cristianos esta incertidumbre no existe, debido a que saben que la Biblia es la guía orientadora para todo ser humano. Toda verdad se encuentra en sus páginas. En la tapa de toda Biblia aparece la inscripción “Santa Biblia”. Dice esto porque la palabra de Dios es santa. Entonces, es notable que este libro merezca nuestra más absoluta confianza, ya que en sus inmaculadas páginas se nos ilumina y exhorta a practicar el amor, el altruismo y la abnegación. La Biblia es lo único que puede elevar la moral del pueblo de Dios. En tanto que nuestra sociedad ensalza como virtudes la inmoralidad, el hedonismo, el materialismo, el relativismo, la permisividad y los vicios en sus peores formas, en tanto que el epicureismo entroniza el placer y el estoicismo es indiferente ante los sufrimientos y la corrupción de los miembros de la sociedad, la Biblia es un libro que enseña a la gente los más santos y nobles principios de moral, castidad, pureza y amor a los semejantes, e inculca conceptos positivos para todos los seres humanos en general. El efecto potente de las enseñanzas de la Biblia es la de transformar a los seres humanos. ¡La fuerza de sus verdades es fuerte, inmutable, transformadora! Cuando una persona lee la Biblia y la pone por obra, su vida cambia radicalmente. La Biblia es la verdad de Dios. Acatarla es dignificar la vida, vivir en la verdad. Ciertamente “la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de doble filo; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. (Hebreos 4:12).
¡En la Biblia se hallan las respuestas a todas nuestras preguntas!

Julio C. Cháves

Administrando el tiempo.


La vida está compuesta de tiempo y desperdiciar este ingrediente de la vida, implica atenerse a consecuencias totalmente contraproducentes. Cuidar el tiempo es valorarnos como personas. Cuando una persona desperdicia su tiempo en frivolidades y cosas de poco valor, eso es una señal de que tal persona no vive con un amor responsable hacia sí misma. Para construir una vida sólida, feliz, inteligente y coherente, es menester que cuidemos el tiempo hasta en los detalles más pequeños. Hay individuos inteligentes y muy capaces de lograr muchas cosas, pero sus vidas son mediocres y poco fructíferas, pues utilizan su tiempo como a algo poco importante y anacrónico.
El tiempo pasa y si no lo valoramos algún día nos vamos a arrepentir y será demasiado tarde. Si un jugador de fútbol quiere ser un buen deportista es necesario que dedique tiempo al entrenamiento. Si un escritor desea ser bueno en lo que hace debe dedicar tiempo a leer todos los días. Si queremos ser buenos y útiles para algo es imprescindible que organicemos nuestro tiempo de un modo coherente e inteligente. Todo requiere tiempo. Cuidar el tiempo es necesario para quienes tienen ideales y valores. El Dr. José Ingenieros, autor del clásico libro “El hombre mediocre”, cuenta: “La gloria nunca ciñe de laureles la sien del que se ha complicado en la rutina de su tiempo; tardía a menudo, póstuma a veces, aunque siempre segura, suele ornar las frentes de cuantos miraron el porvenir y sirvieron a un ideal”. Cuidar el tiempo debe ser nuestro prioritario ideal…
Las cosas no se hacen solas. Hay objetivos que podemos tardar años en concretarlos. Lo importante es ser constantes en valorarnos como personas, lo cual, en consecuencia, provocará en nosotros una actitud valorativa del factor tiempo. Salomón dijo: “Todo tiene su tiempo…”
La vida la construimos con detalles pequeños. Hoy día vivimos una vida trepidante y vertiginosa, donde de modos mediáticos se reclama nuestra atención y nuestro tiempo, para cosas que carecen de valor e importancia. Los medios de comunicación quieren que prestemos atención a lo accesorio y superficial, mientras las cosas que son fundamentales, como la lectura, la afectividad, el trabajo y tantas otras cosas importantes, las vamos dejando de lado. Dedicar tiempo a la familia, a los amigos, al estudio, obviamente todo en su justa medida, es fundamental si de veraz queremos configurar un comportamiento y una vida feliz. El éxito en la vida requiere tiempo. Así como el buen vino necesita reposo y tiempo, un buen odre para fermentar, y unas buenas uvas; la vida también requiere tiempo y reposo para fermentarse de modo constructivo. Todo requiere de tiempo…
Eclesiastés 3:1-8 dice: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del sol tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de amar, y tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz…”

Julio C. Cháves

Voluntad para aprender.

Voluntad es una palabra muy significativa. La palabra voluntad viene del latín “Volúntas” y quiere decir: Potencia espiritual que mueve a hacer o no una cosa. Libre albedrío. Energía moral, intención, propósito. Hay que aprender para vivir mejor. Sin voluntad, sin conocimiento, la vida se complica innecesariamente. La intención de ser feliz de una persona es directamente proporcional a sus ganas de adquirir conocimiento, para vivir de un modo inteligente y poder así, sacar provecho de las elecciones de vida. ¿Qué sería de nosotros sin conocimiento? Seríamos unos pobres infelices-ignorantes condenados al fracaso constante. Si no pensamos, orientados por un sólido conocimiento, es obvio que no podemos saborear la vida, no podemos ser felices. La voluntad para aprender y las ganas de adquirir conocimiento, son las características que distinguen al hombre inteligente del ignorante. Por supuesto, no estoy diciendo que debemos ser sabelotodos. No. Lo que quiere decir es que siempre debemos estar con ganas de aprender. El conocimiento nos ayuda a vivir. Pero claro, el auténtico conocimiento es aquel que entra a formar parte de nosotros mismos. Lo que pensamos es lo que somos.
La persona inteligente no es la que cree que ya sabe todo, sino que es aquella que renuncia a lo que sabe para volver a aprender. El hombre simplista es aquel que toma la vida como se presenta. Este, vive de acuerdo a la ignorancia de confiar ciegamente en el azar, en el destino. Pero por su parte, el hombre que piensa inteligentemente es aquel que lee, que pregunta cuando no sabe, que adquiere conocimiento mediante la lectura disciplinada. Sócrates dijo: “Sólo sé una cosa, que no sé nada”. Ciertamente siempre hay algo que aprender. No hay nada más estúpido que andar por la vida sin conocimiento o como sabelotodo. Lo cierto es que cada cual escribe el guión de su vida.
Debemos vivir con curiosidad, pues: “En las mentes grandes y generosas la curiosidad es la última y la primera de las pasiones”, afirmó S. Johnson. Siempre podemos aprender algo nuevo. Hay libros que no hemos leído. Hay películas que no hemos visto y hay personas que todavía no conocemos. Sabiendo la forma de pensar de una persona podemos saber cómo le irá en la vida. La persona simple vive sin pensar. De esta persona, podemos decir que le esperan muchos sufrimientos. Por otro lado, el ser inteligente vive pensando en las consecuencias de sus actos, en los pros y en los contras y además, vive en un estado constante de ACCION/REFLEXION. Preguntando podemos llegar a Roma o a cualquier parte. Con voluntad, con conocimiento y con amor, la vida es más hermosa.
Lo realmente importante no lo conseguimos en un día. Para llegar al éxito (pensar y vivir de un modo inteligente) necesitamos ser constantes; a veces son necesarios muchos años de preparación. El amanecer llega después de la noche. Si queremos vivir inteligentemente, debemos leer muchos libros, ver muchas películas y conocer personas que nos influencien positivamente. Con voluntad todo es posible. No hay arma más poderosa que la voluntad. Claro, la voluntad debe ir acompañada de amor y práctica de lo aprendido, pues: “El que aprende y aprende, y no practica lo que sabe es como el que ara y ara y nunca siembra”, declaró Platón. Voluntad. Conocimiento. Amor. Praxis. Estas palabras son el común denominador de los seres inteligentes.

Julio C. Cháves

Mi nombre es Sam: una película sobre el amor...




En la película “Mi nombre es Sam”, dirigida por Jessie Nelson y escrita por Kristine Jonson & Jessie Nelson, se cuenta la historia de Sam, un hombre con la capacidad mental de un niño de 7 años. Sam ha criado a su hija con la ayuda de sus amigos con capacidades diferentes. Entonces, cuando Lucy comienza a sobrepasarlo intelectualmente y una trabajadora social alega que debe ser entregada en adopción, ya que no está capacitado para hacerse cargo de su educación, Sam decide luchar contra el sistema legal y, a pesar de lo difícil de su caso, recurre a una prestigiosa abogada (Michelle Pfeiffer) para conservar la custodia de su hijita. El inicial desinterés y frialdad de la abogada, cambiarán tras conocer a Sam, descubrir el amor que siente por su hija y comprobar su determinación por defender sus derechos como padre. Además, cabe destacar que Sam, interpretado pos Sean Penn, nominado Oscar mejor actor, es un hombre con poca capacidad intelectual, pero que sabe lo que es el amor.
“Queda claro-dijo la abogada en defensa de Sam ante el jurado-que la capacidad intelectual de uno no tiene nada que ver con la capacidad de amar”. Es verdad, necesitamos amor. Amor es una palabra santa, dinámica, unificadora de corazones, mentes, pensamientos diferentes. Amor es la primera palabra; el amor es el comienzo de la felicidad y también el final de la misma. Una persona con amor no puede ser dividida y tampoco divide. Las tendencias divisivas no tienen nada que ver con el amor. Pues, el amor une, pega, construye. Servir a los demás, a costa de amor sacrificial, es manifestar el amor en los hechos cotidianos. El amor hace que la mente humana se torne flexible, fuerte y enérgica, de modo que la persona que lo alberga pueda mantenerse firme y erguida ante las condiciones negativas de la existencia. Es el amor lo que nos llena de valentía, osadía, e inteligencia para buscar el bien del otro, el nuestro también. El amor no es exhibicionista, pues no necesita de aplausos para latir. Simplemente necesita un corazón dispuesto a querer ser mejor.
El Dr. Billy Grahan escribió respecto al amor en el hogar: “El primer requisito para tener un hogar feliz es que en él se practique el amor. Un hogar fundado en las bajas pasiones o en cualquier cosa que no sea el amor está destinado a desmoronarse y caer. El amor es la fuerza cohesiva que mantiene unida a la familia. El amor verdadero contiene un elemento espiritual misterioso. Significa lealtad, reverencia y comprensión. El amor impone tremendas responsabilidades a todos los integrantes de una familia, pero son responsabilidades acompañadas de gloriosas recompensas”. Es en el hogar donde aprendemos a amar. La familia debe ser consciente de que es la primera educadora, además es la primera en sufrir las consecuencias de la falta de amor. Si un individuo vive en un hogar con amor, seguramente también fomentará amor en la sociedad. En la escuela aprendemos cosas intelectuales y en el hogar aprendemos a vivir en una atmósfera de amor responsable. Amar en le hogar es un trabajo de todos. Muchos de los inadaptados sociales que hay en toda comunidad son una consecuencia directa de los hogares sin amor. En síntesis, “Es el hogar bien constituido la escuela más sana que ha de caratular la actuación del niño en el futuro”, dijo E. Ochoa.
Volviendo a la película, lo que más captó mi atención fue el amor que Sam y Lucy, su hija, se manifestaban recíprocamente. Es el amor lo único que puede brindarnos seguridad, cohesión pese a las rarezas mentales; es le amor lo único que necesitamos para ser personas más completas, más humanas. El amor jamás dejará de ser…

Julio C. Cháves.

Una perseverante buena actitud.

“Una perseverante buena actitud”

El Dr. Víctor Frankl, aquel valiente e intrépido judío que fue hecho prisionero durante el Holocausto, soportó años de indignidad y humillación por parte de los nazis antes de ser finalmente liberado. Al comienzo de su penosa experiencia, fue llevado a una sala de justicia de la Gestapo. Sus apresadores le habían quitado su hogar y a su familia, su preciosa libertad, sus posesiones, incluso su reloj y su anillo de bodas. Le habían afeitado la cabeza y despojado de su ropa. Y allí estaba, ante el alto mando alemán y bajo aquellas luces antagónicas, siendo interrogado y acusado falsamente. Se hallaba desamparado, era sólo un peón desvalido en las manos de “Humanos Crueles”; predispuestos en su contra, sádicos…No tenía nada…Pero no, eso no era cierto; pues de repente Frankl comprendió que había una cosa que nadie le podría quitar jamás, únicamente una: La capacidad de elegir su actitud ante semejante crueldad.
Los nazis le robaron todo. Sin embargo, no le pudieron arrebatar su capacidad de reaccionar de manera positiva ante la adversidad. Este hombre se sobrepuso al maltrato que le aplicaban y luchó aguerridamente, no con armas de guerra, sino con su interior y su voluntad, y logró salir adelante. Debido a la actitud positiva que albergó en su corazón, logró sobrevivir al Holocausto. Tener una actitud positiva es muy importante. Esto es lo que aprendemos del Dr. Frankl. Fomentar lo positivo ante la adversidad es crucial. De nuestra actitud depende la victoria. Tener un propósito para vivir es fundamental para disfrutar la existencia. El Dr. Anthony Campolo declaró: “La vida es intolerable para quien carece de propósito”. Vivir tiene sentido, vale la pena. Es inevitable que tengamos problemas. Lo importante es hacerle frente a las circunstancias negativas con osadía y coherencia. Ahí está la victoria…
Benjamín Franklin declaró: “Lo que hiere, enseña”. La vida tiene sentido justamente cuando estamos atravesando un problema. Luchar es un desafío. Hay personas que cuando vienen las pruebas se caen y jamás se vuelven a levantar. En contraste, están los individuos que se caen y levantan con fuerzas renovadas y vivificadas. En el dolor es cuando nos hacemos más sabios, inteligentes, pacientes, empáticos, compasivos, más humanos. Porque cuando todo funciona bien es difícil valorar la vida y a las personas. Pero cuando los problemas nos aquejan es cuando valoramos la vida verdaderamente. Únicamente el que estuvo al filo de la muerte sabe lo que es la vida. Solamente el que perdió la vista sabe lo que significa qué es la luz. Proverbios 24:16 dice: “Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse”.
Es en los momentos de dolor cuando valoramos la fidelidad de Dios. En las pruebas Dios nos perfecciona, nos cambia, nos pule. Llorar es de humanos. Sufrir es de humanos. Los problemas sacan lo mejor de nosotros, nos hacen más sabios y nos enseñan a valorar lo importante que es la intervención del Creador en favor del ser humano. Es verdad que podemos evitar muchos problemas llevando una vida disciplinada, ordenada, orientada por la voluntad de Dios y su palabra. Sin embargo, lo aceptemos o no, mientras estemos en la tierra tendremos que lidiar con circunstancias y momentos muy dolorosos. La vida es así. En tales adversidades es indispensable que tengamos en cuenta a nuestro Dios, pues él tiene cuidado de nosotros. Jerry Bridges en su libro “Confiar en Dios” expresó: “Dios no nos causa aflicción o pesar con gusto. No se deleita en llevarnos a experimentar dolor y angustia. Siempre tiene un propósito al causar o permitir la entrada de la aflicción en nuestras vidas. Muy frecuentemente no conocemos ese objetivo, pero basta saber que en su sabiduría infinita y perfecto amor ha determinado que esa pena en particular es lo que más nos conviene. Dios nunca desperdicia el dolor. Siempre lo utiliza para su gloria y para nuestro bien”.
Sigamos perseverando con buenas actitudes. Tender a fomentar lo positivo es muy importante. Miremos las soluciones y no los problemas. Minimicemos lo malo y maximicemos lo bueno del sufrimiento. Pese a que muchas veces pasemos por momentos difíciles sigamos confiando en Dios. Sigamos luchando, pues la vida es importante, vale la pena. Nuestra vida es un milagro irrepetible. Podemos pasar por sufrimientos inevitables, pero Dios está. Dios nos ayudará a lidiar con el dolor. Él nos ha regalado la voluntad, la inteligencia, el corazón, para que utilicemos todo nuestro potencial para salir adelante. Eugene Peterson cuenta al referirse a la perseverancia: “Perseverancia no significa (perfecto). Significa que seguimos avanzando. No abandonamos al descubrir que aún no estamos maduros y que todavía hay un largo viaje por delante…Perseverancia no es resignación, ni aguantar las cosas en el estado en que se encuentran, permaneciendo en el mismo lugar año tras año, ni es ser una alfombrilla para que las personas puedan limpiar sus pies. La perseverancia no es agarrarse con desesperación sino que es progresar de fuerza a fuerza…La perseverancia triunfa y tiene vida”.

Julio C. Cháves.

El fenómeno de dar con alegría.

Dar es muy importante. Muchos dicen que no tienen nada que dar. Pero esto es un concepto errático, ya que todos tenemos algo que dar. Todos poseemos una vida. Es cierto que hay personas que no tienen nada económico, pues son paupérrimas. Pero también es cierto que poseen una existencia, una vida. Entonces, tienen algo que dar. Pueden dar amor, palabras constructivas, cariño, abrazos, pueden hablar de corazón a corazón. Mirar a los ojos con ternura no cuesta nada. Sonreír con empatía no cuesta nada. Dar es experimentar alegría. Todos podemos dar amor. El amor cambia la vida propia y la ajena. El amor todo lo puede. Una persona sin amor nunca da, siempre quiere recibir, nunca sirve, siempre desea que la sirvan. El egoísta jamás sabrá auténticamente lo que es la alegría. Porque la alegría proviene del fenómeno voluntario de DAR.
El tiempo que estamos viviendo es una época muy insensible. Todos los individuos piensan únicamente en ellos, es decir, son individualistas. Estamos recubiertos por una dura y sofisticada capa de insensibilidad. Abraham Lincoln declaró: “Me da lástima el hombre que no siente el látigo, cuando los latigazos los recibe en sus espaldas el prójimo”. Muchas personas están siendo castigadas por el hambre, por la discriminación, por la indiferencia y todos son espectadores insensibles. La gente no quiere dar. No quiere compartir lo que posee económicamente, ni tampoco quiere dar amor, cariño, ternura. Por esta apatía, estamos como estamos.
Es indudable que necesitamos cambiar. Si queremos mejorar como país. Si queremos volver a ser gente de verdad. Si queremos vivir en armonía, con paz, sin violencia, es obvio que debemos volver a aprender a dar. Este es uno de los primeros requisitos de la solidaridad, de unidad, de felicidad colectiva. El dar constituye una forma sublime de crecer como personas. El dar es por si solo una fuerza constructiva, una manifestación de amor. Descartes dijo: “No ser útil a nadie equivale a no valer nada”. Dar es la piedra filosofal que todo lo convierte en alegría. Si damos somos mejores. Es muy probable que los historiadores del futuro hablen de nuestra época, del 2.002, como la era del egoísmo, del individualismo, de la insensibilidad, porque son muy pocas las personas que saben dar. El verdadero amor se proyecta en dar. Aquí tenemos las respuestas a los problemas de la actualidad. Dar es la respuesta. Dar debe ser un ideal. José Ingenieros dijo: “Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella…y tiendes el ala hacia una meta, afanoso de perfección y rebelde contra la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones”.
Cuando damos estamos procurando el bien del otro. Dar es construir vínculos. Hay gente que da cuando le piden, pero también están aquellos que dan porque comprenden, porque saben que dar es sinónimo de alegría. Cuando damos estamos ayudando a que el otro crea en la vida, a que el otro tenga esperanza y crea que el bien es superior al mal. Dar es una virtud por la que todas las otras virtudes dan fruto. El que da es feliz, pues ayuda a que los demás sean también felices. Dar es darse. José Marti afirmó: “Ayudar a los que necesitan no sólo es parte del deber, sino de la felicidad”.
“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él” (1 Juan 3:19).

Julio C. Cháves.

El fenómeno de la bondad.

Vivimos en un mundo plagado de violencia. Este es el mundo del revés. A todos les agrada mostrarse duros y agresivos. Parece que la bondad ha sido olvidada. Lo que hace la gente está vinculado constantemente con la agresividad. Hay violencia en el deporte, en la escuela, en todo lugar. Esta actual agresividad está determinada y estimulada tanto por las restricciones económicas, que generan profundos resentimientos, como por el pernicioso auspicio de ciertos programas de televisión, ciertas películas y algunas publicaciones que hacen explícita y activa apología no solo de la violencia, sino también de otras aberraciones que tienen una acción verdaderamente venenosa para el corazón de la humanidad, de la sociedad, y de los miembros individuales.
Ahora, ¿Qué podemos esperar de todo este tétrico muestrario de miradas despectivas, sangre, perversiones y locuras mediáticas, que cotidianamente nos ofrece como suculento menú y en nuestra propia casa, la pantalla de luz, el televisor? Nada de lo que nos ofrecen los mensajes relacionados con la violencia, nos pueden ayudar a conocer el íntimo placer de hacer el bien, ni tampoco nos pueden ayudar a potenciar nuestro sentido de bondad. El morbo genera morbo. La violencia engendra violencia. Para luchar contra la violencia no debemos hacer apología de la violencia. Simplemente debemos volver a las prácticas de las virtudes, como por ejemplo: La bondad.
La posibilidad de practicar la bondad debe hacernos sentir superiores, pues el que protagoniza un acto bondadoso el feliz por el agradecimiento que suele expresar el destinatario y por las sensaciones positivas que llegan desde lo profundo del alma al que imparte esta virtud. La bondad es una característica de las personas superiores. El saber que hemos procedido con auténtico bien fortalece nuestra vida y nos ayuda a ser mejores personas. Queda claro, la auténtica bondad no pide nada a cambio, simplemente disfruta de la sensación de hacer el bien a los semejantes. Raimundo Lulio dijo: “El que ama vive y el que vive para la vida, no puede morir”.
Adolecer de bondad nos conduce a cultivar un escuálido espíritu. Y si no nos preocupamos por cuidar la vida del espíritu, las virtudes, estaremos limitando nuestro potencial de hacer el bien y esto nos conducirá, a su vez, a habitar en las áridas tierras del materialismo, en las que todo se reduce a dormir, comer, defecar y gozar efímeramente la vida. Es obvio que debemos tomar conciencia de que la bondad es una virtud muy constructiva, la cual nos permite valorar a los semejantes, valorarnos a nosotros, y valorar la capacidad que Dios nos dio de amar. Pensemos en lo que dijo León Tolstoy: “Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en combatirse a sí mismo”.
La única manera de luchar contra la violencia es fomentando la bondad, pues esta virtud nos ayuda a afrontar la vida con éxito. Únicamente los seres bondadosos son capaces de lidiar contra las amarguras, las decepciones, las heridas, las ausencias, penas y dolores, impulsados por esta virtud llamada bondad, que es una consecuencia directa del amor hacia uno mismo. No practicar la bondad es ser cómplice de los que hacen apología de la violencia.

Julio C. Cháves.

Se puede ser feliz.



Lo único que todo ser humano anhela es ser feliz. La mayoría de la gente aspira a serlo. Solamente algún loco quiere ser infeliz. Todos nos empeñamos en alcanzar la felicidad. La felicidad es muy difícil de definir. Muchos piensan que para alcanzar la felicidad hay que adquirir muchos bienes materiales. Pero al fin de todo, lo único que encuentran en el materialismo es más vacío y desesperanza. Evidentemente las cosas materiales no llenan el alma. Oscar Wilde dijo: “En este mundo, solo existen dos tragedias. Una es no obtener lo que deseamos, y la otra es obtenerlo”. Si una persona no sabe lo que quiere no puede ser feliz. Buscar fama y fortuna no conduce a la felicidad. Buscar la vanidad y la frivolidad no conduce a la felicidad. Para luchar por alcanzar la felicidad, primero, debemos preguntarnos: ¿Qué es lo que queremos? ¿Aspiramos a la verdadera felicidad o aspiramos a una felicidad artificial? Saber lo que queremos es indispensable si de veraz queremos alcanzar nuestros objetivos. El Dr. Enrique Rojas dijo: “Si una persona no sabe lo que quiere no puede ser feliz”.
Si deseamos ser felices necesitamos aprender que la fama, la opulencia, el confort, el estatus quo, y el poder no pueden llenar nuestras almas, ya que lo que nuestras almas necesitan es sentido. ¿Cómo logramos una vida con sentido? Amando a Dios. Amándonos a nosotros mismos. Y por último, amando a nuestros semejantes. Saber esto nos permite tener sentido y saber lo que queremos. Entonces, pues, si no sabemos lo que queremos no podemos lograr ser auténticamente felices. Carl Jung expresó: “Aproximadamente un tercio de mis pacientes no padece una neurosis definible en términos clínicos sino más bien sufre por la insensatez y futilidad de su vida. Esto puede denominarse la neurosis de nuestros tiempos”.
Carecer de sentido nos aleja de la felicidad. Necesitamos tener un sentido de la trascendencia. Necesitamos saber qué pretendemos de la existencia. Somos producto de lo que pensamos, sentimos y decidimos. El Dr. Billy Graham referente a la felicidad, cuenta: “El rey Jorge V escribió en la portada de la Biblia de un amigo, las palabras siguientes: ‘El secreto de la felicidad no está en hacer lo que uno quiere, sino en aprender a querer lo que uno tiene que hacer’. Muchos piensan que la felicidad es una especie de quimera que solo se descubrirá luego de constantes e implacables búsquedas. Ella no se puede hallar así. No es un fin en si misma. Las tinajas de oro jamás se hallan en el extremo del arco iris, como lo creíamos siendo niños. El oro se saca de la tierra, o es extraído laboriosamente del agua de un arroyo en la montaña. Jesús les dijo en cierta ocasión a sus discípulos: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Las cosas a que se refería eran las que hacen que un hombre sea feliz y se sienta seguro: alimento, bebida, ropa y techo. No dijo que hiciéramos de esas cosas el objetivo de nuestras vidas, sino que buscásemos el reino, y entonces nuestras necesidades serían suplidas automáticamente. Allí está, si queremos conocerlo, el secreto de la felicidad”. Dicen que ser feliz es una utopía, pero es tan simple. Para alcanzarla hay que saber lo que uno quiere. Allí está el sentido de la trascendencia. ¡Ser feliz es simplemente amar a Dios, amarnos y amar al prójimo!

Julio C. Cháves.

Enfrentando la crisis con buena cara.

El Dr. Lair Ribeiro dijo: “Para fruncir la frente utilizas
32 músculos. Para sonreír, solamente 28. Sonríe, aunque sea
solo por economía”.




No cabe duda de que la Argentina está pasando por una profunda crisis. Entonces, creo que no vale la pena describir lo que anda mal, ya que todos lo sabemos. Lo que sí vale la pena es la siguiente pregunta: ¿Con qué cara lidiaremos con la crisis? Únicamente hay dos opciones: podemos afrontarla con la cara larga, mirando con obsesión lo negativo; o con buena cara, maximizando lo positivo, las cosas que importan. La cara de una persona dice todo lo que está pasando de la piel para adentro. La cara es el espejo del alma. De la cara de una persona podemos descifrar los pensamientos, los paisajes interiores que caracterizan a tal individuo. La felicidad no depende del ministro de economía ni del presidente, sino que depende de la interpretación que cada uno tenga de la realidad. Si un determinado individuo mira con pesimismo todo, el tal seguramente se deprimirá totalmente. En contraste, si alguien mira con optimismo la realidad, podrá seguir disfrutando de poseer una buena cara aunque en su entorno nada funcione. La crisis depende de cómo uno la mire. Los ojos son las ventanas de la mente y del alma, por tanto, nuestros ojos dicen mucho más que nuestra voz. San Mateo nos cuenta: “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿Cuántas no serán las mismas tinieblas?” (6:22; 23).
La cara es una de las partes más protagonista de nuestro cuerpo. La cara comunica afectividad, emociones, sentimientos alegres, tristes, de enojo, de miedo, de bronca, etc. Para tener buena cara hay que practicar el optimismo, la alegría, mirando con una actitud positiva la realidad. Ver las cosas con buenos ojos es indispensable para poner buena cara. Sonreír es ver lo mejor, lo positivo. El seño fruncido es sinónimo de negatividad. El que tiene buena cara contagia eso. Pero el que anda con la cara larga contagia eso. Por eso, hay que fomentar lo positivo, mirar a los ojos con ternura, empatía, altruismo, compasión, sinceridad, comprensión…
Cualquiera puede poner buena cara cuando todo le va bien. Pero sólo alguien con un corazón lleno de optimismo y voluntad para mejorar, puede poner buena cara en un desierto de dolor y crisis. La cara dice mucho, ¿no es verdad? Dice que una persona sabe disfrutar de la vida pese a los momentos de dolor y sufrimiento. Dice que el verdadero optimismo se revela en el dolor. C. Izaguirre dijo: “La virtud está en hacer de cada desaliento un peldaño de ascenso y de cada vacilación un impulso más”. Hoy advertimos un gran menú de negativismos donde están todos involucrados y alienados. Los periodistas critican destructivamente a los políticos. Los políticos de un partido critican a los políticos de otro partido. Todos critican a todos. Y así se va fomentando el negativismo que tanto nos está destruyendo como país. La mayoría de las personas prefieren fruncir el ceño antes que sonreír para fomentar lo positivo. Si uno trata de ser positivo sonriendo es tildado como loco. Si uno critica es un cuerdo. Este mundo está totalmente loco…La gente no sabe lo que quiere. Muchos han elegido enfrentar la crisis con críticas y la cara larga. Pero por otro lado, estamos todos los que hemos elegido fomentar lo positivo enfrentando la crisis con buena cara, con optimismo. A fin de cuentas, para sonreír utilizamos cuatro músculos menos.
¡Tu cara lo dice todo…!
Julio C. Cháves.

Apelando a la experiencia ajena.

Un vino nuevo puede ser bueno, pero ciertamente no es comparable a otro de igual calidad que tenga potencialmente varios años de estacionamiento. Algo semejante ocurre con nosotros los jóvenes, podemos tener un excelente nivel intelectual y ser capaces de hacer cosas brillantes, pero queda claro que podremos ser totalmente capaces, únicamente, cuando a esas cualidades les agreguemos el ingrediente indispensable llamado: Experiencia. La mentada experiencia sólo puede ser adquirida mediante el factor tiempo. La experiencia es la enseñanza que se adquiere con el uso, la práctica o sólo con el vivir.
Nadie puede decir que vivir es fácil. Muy por el contrario, todos sabemos que vivir es complicado. Por eso, debemos afrontar cada instante de la vida con todas nuestras capacidades bien canalizadas, sabiendo que no es un proceso sencillo que lo podemos encarar y superar de un modo no inteligente. Debemos vivir con inteligencia y también con experiencia. Ahora, teniendo en cuenta que un mal proceder puede causarnos un daño de por vida, ¿es inteligente valorar como algo importante la experiencia ajena? ¿O será que debemos experimentarlo todo? Un arquitecto recién recibido con excelentes calificaciones no puede estar en un plano de absoluta igualdad con otros arquitectos que, además de poseer excelentes calificaciones, hayan adquirido una sólida experiencia haciendo planos, diseñando casas, edificios, calles, etc. Lo mismo podemos decir de un albañil, de un médico, de un peluquero, etc.
La experiencia otorga una visión más exacta de las dificultades de la vida, ya sean estas de índole profesional como de índole cotidiana. Muchas personas, jóvenes y muchos adultos, dicen que la experiencia ajena no sirve. Pero esto es un sofisma, ya que tiene apariencia de verdad, pero no lo es. Si tenemos en consideración la experiencia ajena, sin renunciar a la nuestra, y conociendo previamente cómo les fue a otros en la misma situación en que nosotros nos encontramos, viviremos de un modo inteligente y evitaremos disgustos y arrepentimientos personales que son irremediablemente tardíos. Preguntar a los que saben antes de hacer algo es una decisión muy inteligente. Cuando un problema nos preocupa siempre debemos consultar a alguien que sepa más que nosotros. Esto no significa que debamos renunciar a nuestra propia experiencia, sino significa que de este modo vamos a enriquecerla.
Los grandes genios de la humanidad escucharon los consejos de genios más experimentados. La experiencia ajena es muy útil. Es hora de que tomemos conciencia de esta verdad. No estoy diciendo que la experiencia ajena sea un sustituto idóneo de la propia. No, decir esto sería una incongruencia. Lo que digo es que podemos enriquecernos escuchando a otros individuos que han pasado por los mismos problemas que nosotros. La experiencia ajena sirve muchísimo. Cuando tengamos un problema que nos confunda y nos agobie, acudamos sin vergüenza a quien sabe. ¡No nos demoremos! Si nuestro problema requiere el consejo de un profesional, pidámoslo. Si nuestro problema requiere el consejo de alguien que no es profesional, pidámoslo. La experiencia ajena puede evitarnos muchos sufrimientos evitables y totalmente innecesarios. Si vivimos de modo inteligente, seguramente nos convertiremos en un buen vino. Gandhi nos dice: “El error de la juventud es creer que la inteligencia suple a la experiencia; y el error de la edad madura es pensar que la experiencia sustituye a la inteligencia”.
¡Inteligencia y experiencia. Eso es equilibrio!


Julio C. Cháves.

Obreros en pié, empresas en pié.

Hace unos cuantos años, en nuestro amado país, estamos atravesando una odisea económica profundamente crítica. Una de las características de esta crisis, es el vaciamiento de las empresas, ya sea por abandono de los propietarios o por quiebra. De un día para otro, los que antes estaban con trabajo, de súbito quedaron a la deriva. El fantasma de la desocupación entenebreció el rostro de la sociedad entera. Las fábricas permanecieron cerradas. Pero esto no duró para siempre, ya que el incremento de las crisis económica y social, generó la revolución de los trabajadores. Muchos obreros no se resignaron a quedar sin destino certero. Entonces obreros guiados por la desesperación y las necesidades básicas, decidieron quedarse en las fábricas para evitar el incremento del multitudinario grupo de desocupados. Las fábricas fueron y son recuperadas por manos de los trabajadores. Los obreros se apropiaron de sus fuentes de trabajo. Guiados por la unión y el amor social, ocuparon las empresas y las pusieron a producir. Los obreros en pié generaron empresas en pié… ¡Cooperativas en pié, obreros en pié!
Este es un fenómeno que nos demuestra que la unión, la voluntad, y un proyecto en común, puede hacer mucho en beneficio de la sociedad. Ciertamente la dirección obrera puede proporcionar progreso y ocupación. En tiempos de crisis estamos siendo personas más unidas y luchadoras. Los obreros se han apropiado de sus capacidades productivas y han desarrollado una nueva gestión de los recursos disponibles. Los obreros han tomado conciencia de que pueden ser responsables para consigo mismo y para con sus compañeros de lucha, lo cual ha producido una gestión verdaderamente autónoma. Esto se llama “Riqueza social” en tiempos de crisis. Esto es fe, trabajo cohesivo y expectativas constructivas.
La disponibilidad de lo mínimo esencial para la vida desempeña un papel vital, no únicamente para lograr una familia bien constituida, sino también para el desarrollo de la personalidad. El trabajo dignifica. Entonces, deben garantizarse a todos los ciudadanos ciertos requisitos mínimos. La disponibilidad de vestimenta, alimentos, educación y atención médica, más la disponibilidad de una vivienda, son requisitos fundamentales para la sólida constitución de la familia y de los individuos en particular. Las necesidades básicas de todo individuo deben ser satisfechas. Esto se logra mediante el suministro de trabajo a la gente. Muchas personas yacen desocupadas. Otras personas, en cambio, han optado por conservar su trabajo, siendo parte de esa “revolución obrera” de la cual estamos hablando en las líneas precedentes. El control obrero de las fábricas es una solución alternativa para lidiar fervientemente con estos caóticos tiempos de crisis. Miguel de Unamuno dijo al referirse a la adversidad: “No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues, no tiene la oportunidad de poner a prueba sus capacidades”.
Es ante las crisis de la vida cuando nos volvemos mejores personas. Ahí, en el pantano de la desesperación y la incertidumbre, es cuando crecemos realmente. Los obreros han tomado fábricas y están cuidando los materiales, las máquinas, a sus compañeros, y están reinventando el trabajo. Esto es una victoria del espíritu solidario. Cuando la gente cree en la gente, existe un impenetrable caparazón de dignidad, amor social, y riqueza humana. Finalmente John F. Kennedy nos desafía: “No preguntéis qué puede hacer vuestro país por vosotros…preguntad qué podéis hacer vosotros por vuestro país…”.

Julio C. Cháves.

“Teresa de Calcuta: el mayor símbolo de solidaridad".

Su vida es un ejemplo de solidaridad y amor hacia los que no tienen nada. Ella, hasta el 6 de septiembre de 1997, día de su muerte, inmoló su vida en beneficio de los enfermos, los niños; y se convirtió en el máximo símbolo de solidaridad del siglo XX. Vivió 87 años sin perder jamás la sencillez y no hizo otra cosa que estirar su mano a los más necesitados. Jamás deseó ser célebre. Sin embargo, es una celebridad indiscutida. Hasta las mujeres más adineradas, brillantes y talentosas, la consideran como al modelo de mujer que admiran. Teresa nació el 20 de agosto de 1910 con el nombre de Agnes Gonxha Bejaxjiu, en Skopje, capital de la actual república de Macedonia, que por entonces se llamaba Albania. Sus padres eran gente sencilla. Humildes trabajadores.
Fue educada en una escuela común y sus padres nunca hicieron hincapié en devoción alguna. Pero cuando ella escuchó a un Jesuita hablar sobre lo que significa entregar la vida a los demás, sin esperar nada a cambio, quedó conmovida. Habló con el Jesuita respecto a que ella quería entregar su vida a favor de los pobres y los enfermos. El monje le dijo que debía esperar hasta tener la certeza absoluta de lo que anhelaba. Esperó hasta los 18 años y su certeza ya era absoluta. Mandó una solicitud a la orden irlandesa de las hermanas de Loreto y partió hacia Rathiarnham, en Irlanda, donde la admitieron inmediatamente gracias al monje con el cual ella había hablado en Skopje unos cuantos años atrás. Ella terminó renunciando totalmente a su vida para servir a los demás. Lo hizo.
Terminó el noviciado e hizo los votos de pobreza, castidad y obediencia. Hizo sus retiros espirituales entre Calcuta y Darjeeling. Cuando terminó el retiro espiritual fue puesta a enseñar buenos modales en el convento de Loreto de Darjeeling, un elegante centro de montaña elegido por aristócratas europeos con el fin de que sus hijos fuesen educados allí. Fue en Darjeeling donde la joven novicia hizo los votos definitivos y eligió el nombre de Teresa el 24 de mayo de 1931. Cuando terminó su tarea en Darjeeling y con sus votos reafirmados eligió ir a Calcuta, un lugar salvajemente diferente. Lo primero que hizo fue entrevistarse con el Arzobispo de la ciudad, Fernando Perder. Le pidió permiso para abandonar la congregación de Loreto y entregarse por completo al servicio de los pobres. El Arzobispo se lo negó diciéndole: “Espere y observe: el tiempo dirá”. Ella siguió con su convicción y su idea. Nada la detuvo. E insistió tanto que el Arzobispo escribió una carta a Roma pidiendo autorización para el proyecto de Teresa. A los dos meses, el 12 de abril de 1948, llegó la respuesta afirmativa del Vaticano firmada por el Papa Pío XII. El documento le concedía autorización para abandonar la congregación de Loreto, pero seguían vigentes los votos temporales. Quedó impedida de administrar bienes materiales y debía estar siempre disponible, pase lo que pase, para Dios y la institución.
Después de terminar sus responsabilidades como profesora y directora de la St. Mary High School de Calcuta, unos meses después, precisamente el 8 de agosto de 1948, con cuatro rupias se compró un sari blanco con una franca azul que sostuvo en el hombro con una pequeña cruz. Con una tableta de aspirinas, vendas, yodo y una poderosa voluntad, se largó a una tarea inmensa y poderosa. Iba de choza en choza lavando bebés, curando leprosos, enseñando a adolescentes, contándoles cuentos a ancianos moribundos para sacarles la última risa de su vida para que se fueran contentos de este mundo. Luego de un tiempo, las madres sin leche, los famélicos, los dueños de cuerpos leprosos, reconocían su figura y cuando la veían a lo lejos gritaban: “Mé” (Madre) para que se acercara a bendecirlos y ayudarlos.
Su voluntad era infrenable. Su fuerza era tan increíble que los ricos y los estudiantes de Calcuta sintieron que debían acompañar y ayudar a esta enjuta monja y de aspecto duro. Enseguida le prestaron una casa, gente comenzó a ayudarla y su obra fue popularizándose. Todos la conocían. Las donaciones eran tantas, que se vio en la obligación de formar una congregación religiosa. Fundó las Hermanas Misioneras de la Caridad. La nueva congregación fue aprobada por el Vaticano en 1950 y, en 1956, Paulo VI la puso bajo su protección personal.
En 1972 la Madre Teresa era conocida en toda la India. Era toda una heroína. Se hablaba de ella en todo el mundo. Los teólogos, filósofos, sabios y periodistas viajan de todo el mundo para conocerla. Ella se ocupó en dar amor. Dio hasta el día de su muerte. Muchos decían que lo suyo era una pequeña gota en un océano, ella, no obstante, seguía dando y dando. Su congregación se extendió por todo el mundo. Estableció buena relación con muchas celebridades de todo el mundo y en 1979, le entregaron el merecido premio Nobel de la Paz. Cuando le avisaron que fue elegida, comentó: “Que Dios nos bendiga”. Fue humilde, piadosa, milagrosa. Cuando recibió el premio Nobel ganó un millón de dólares los cuales fueron distribuidos totalmente entre sus hogares, comedores y hospitales. Luchó tenazmente por los derechos del niño y dijo: “No abandonen a sus hijos. Si no pueden alimentarlos, mándenmelos a mí que yo sabré qué hacer…”. Teresa el máximo símbolo de solidaridad del siglo XX. Todo un ejemplo de amor por el prójimo.
¿Por qué hizo semejante obra de amor? ¿Qué la motivó? El Dr. Billy Graham en su autobiografía, cuenta que en 1972 viajó a la India a realizar una de sus cruzadas, allí un cónsul estadounidense, que era amigo de la Madre Teresa, lo llevó a conocerla; él cuenta: “Me encontré con ella en la casa donde ella y sus colaboradores atendían a los moribundos de Calcuta. Me impresionó profundamente no sólo su obra sino también su humildad y amor cristiano. Mencionó que la noche anterior había sostenido en sus brazos a cinco personas moribundas, y había hablado con ellas acerca de Dios y su amor mientras morían. Cuando le pregunté porqué hacía lo que hacía, tranquilamente indicó la figura de Cristo en la cruz que colgaba de su pared”.

Julio C. Cháves.

El poder de una buena autoestima.

“Sea que pienses que puedes o que no puedes, estarás en
lo cierto”, afirmó Henry Ford.



¿Quién no se siente inferior o de poco valor en uno u otro orden de la vida? Los sentimientos de inferioridad son un complejísimo problema, no solo en el individuo particular, sino en los grupos y en las colectividades. Entonces, es arto evidente, que poseer una buena autoestima, es un aliciente imprescindible si de veraz pretendemos vivir una vida fructífera, entusiasta, y con una buena relación intrapersonal, lo cual también fomenta positivas relaciones interpersonales.
Así pues, ¿Cómo es el funcionamiento de la autoestima? La autoestima es la capacidad que potencia todas nuestras otras habilidades. Consiste en ser consciente de uno mismo, ser capaz de aceptarse, comprenderse y respetarse. La misma implica saber quién eres, el entender porqué piensas, sientes y vives en la forma en que lo haces. Amarse a uno mismo, no de un modo egoísta, sino de un modo altruista y compasivo, es autoestimarse. Si uno no tiene una buena relación con uno mismo, ¿cómo puede pretender tener buena relación con los demás? El amor hacia uno mismo permite que uno albergue un sentido de auto identidad, actitudes optimistas y sentimientos de valía. La autoestima es una actitud intrapersonal, la cual también implica habilidades como la autoconciencia emocional, la asertividad, la autorrealización e independencia.
Alguien dijo: “Tendemos a ser lo que pensamos y creemos que somos”. Y tenemos la propensión a actuar según lo que esperamos de nosotros mismos. Lo que pensamos de nosotros mismos configura lo que somos. A uno lo tratan como uno enseña que lo traten. La persona que dispone de una buena autoestima confía en sus propias capacidades, conoce sus limitaciones y sabe cómo nivelarlas. Además, es capaz de mantener sus puntos de vista incluso cuando éstos sean impopulares. Cuando tenemos una buena autoestima no necesitamos depender de lo que piensan los demás para amarnos. La autoestima nos permite sentirnos aprobados por Dios, que es lo más importante. Si nos amamos jamás tendremos miedo a mostrar nuestras carencias, además, seremos personas decididas que autoconfiaremos en nosotros mismos. La capacidad de autoconfianza es lo que hace diferencia incluso entre individuos de inteligencia general equivalente. Nuestras propias expectativas suelen ser predictoras de lo que obtengamos de la vida.
Sin duda, el amor hacia uno mismo, sin egoísmo claro, nos permite vivir una vida más positiva, con autoconfianza, autorespeto, y autoaceptación. Siempre debemos tener en cuenta el precepto cristiano que dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El mensaje es claro: el amor comienza por casa. Si nos amamos lo suficiente seguramente amaremos a los demás. El amor altruista hacia uno mismo permite un buen desempeño a lo largo de la vida y además, nos hace explotar nuestra capacidad de amar al máximo. Si nos amamos sin egoísmo ni arrogancia ni soberbia, seguramente los demás serán receptores activos de nuestro amor…

Julio C. Cháves.

El ejemplo del Dr. Stephen W. Hawking.



El Dr. Stephen W. Hawking es un astrofísico de la Universidad de Cambridge. Él posee una de las mentes más brillantes del mundo. Él ha emulado al Dr. Albert Einstein y ha hecho avanzar de un modo prolífico la Teoría de la Relatividad. Desde que Einstein falleció, Hawking ha trabajado con un increíble éxito en la Teoría de la Relatividad. Además ha formulado otras teorías muy significativas con respecto al origen del universo y la creación del espacio-tiempo, adentrándose, no sin posibles polémicas, en el campo más amplio y aventurado de la Metafísica e incluso de la teología, al preguntarse sobre la naturaleza de Dios Creador o más bien garante del sentido del universo. Hawking ha demostrado poseer una mente creadora formulando teorías respecto de la existencia de agujeros negros en el universo. También aparece como un componente divulgador de las ideas más abstrusas de la física contemporánea.
Sus teorías son innovadoras. Pero lo más asombroso de Hawking no son sus teorías, sino su vida ejemplar. Su vida es un memorable ejemplo de lucha, ya que su manera de luchar contra su enfermedad es inigualable. Lamentablemente Hawking padece de una enfermedad neoromuscular degenerativa, llamada Escleorosis Amiotráfica Lateral, la cual finalmente le causará la muerte. Durante muchísimos años, Hawking ha tenido que estar adherido a una silla de ruedas. Sin poder moverse. Sentado todo el tiempo. Con la única posibilidad de pensar. El ni siquiera puede escribir sus propias teorías. Su mente es brillante, pero su cuerpo no sirve…
En la revista ‘Omni’ (de 1979) se dijo de él: “Su mente es una pizarra. El memoriza la larga cadena de ecuaciones que dan vida a sus ideas, luego dicta sus resultados a su secretaria o a sus colegas, una hazaña que ha sido comparada a la de Beethoven escribiendo toda una sinfonía en su mente, o la de Milton al dictar ‘Paraíso Perdido’ a su hija. “Hawking ni siquiera es capaz de hablar. Además, se comunica con los demás mediante el uso de una computadora. No puede peinarse y no puede ponerse los anteojos. No puede moverse…Sin embargo, para muchas personas es un ejemplo de lucha, voluntad, inteligencia, perseverancia y vocación. Su personalidad brilla pese a su discapacidad física. Él aceptó su condición y siguió luchando. Jamás se rindió. Jamás dejó de pensar. Él fijó sus ojos en lo que sí puede hacer. Maximizó lo positivo de sí mismo. Por todo esto es un claro ejemplo de voluntad. Su vida es un ejemplo a seguir. ¡Merece ser emulado! Su actitud de vencedor debe darnos ánimo. Sin lugar a dudas, el ambiente circundante o la condición física no tiene porqué obstaculizar nuestras ganas de vivir. El Dr. Víctor Frankl, sobreviviente de un campo de concentración nazi, dijo: “La última de las libertades humanas es escoger la actitud de uno en cualquier clase de circunstancia dada”. Y Hawking supo escoger una buena actitud. ¡Todo un ejemplo de vida!

Julio C. Cháves.

El renacimiento de la alegría.



Estamos atravesando un 2.003 caliente, matizado con el estrépito de las noticias, cada vez más siniestras e inquietantes. Nos acosan los titulares de los diarios y la tevé, llenando nuestras mentes con presagios sombríos. ¿Qué será de nuestra alegría? Es curioso el modo en que los medios están matando la alegría. Los problemas económicos invaden nuestras vidas particulares y la mano invisible de la desesperanza oscurece el marco de nuestra actual realidad y como un fantasma amenazador entenebrece nuestros espíritus robando nuestra alegría. Cada catástrofe, promovida por naturaleza o por nuestras falencias humanas, atenta contra nuestras sonrisas. Vuelvo a preguntar: ¿Qué ha pasado con la alegría?
El futuro nos promete falta de trabajo y, por lo tanto, un grado mayor de inseguridad. Presagia austeridad, escasez y por lo tanto, también la ausencia de la alegría. Nuestra realidad actual es un paisaje de puro terror, poco alentador para hablar de alegría. Sin embargo, debemos hablar de la alegría pues es importante para la vida, para alentar la esperanza. Corren tiempos de realidad oscura, de paridad cambiaria, de globalización, de amores desgraciados. Y en estos tiempos, es cuando hay que lidiar contra la crisis con buena cara y alegría. Es necesario que la alegría entre nuevamente al escenario de la vida. La vida es una tragicomedia. Sin alegría somos como un pulmón sin aire. La alegría es lo que nos permite disfrutar y sonreír a la vida aunque las circunstancias sean contrarias. La alegría es tan necesaria como la música, como el aire. Para enfrentar la crisis hay que dejarse poseer por la alegría. Hay que reaccionar con un tono emocionalmente vivencial y agradable. Nuestras palabras, nuestros gestos y nuestros actos deben manifestar alegría.
¡Sin alegría es imposible disfrutar la vida! ¡Sin alegría somos como un ojo sin luz, o un auto sin ruedas! En realidad es en los tiempos de crisis cuando la alegría se manifiesta de un modo más exponencial. ¡La alegría es lo que nos hace renacer! Khalil Gibran en ‘El Profeta’ dice a través de su personaje Almustafá: “Las alegrías son el dolor sin máscara. Y la misma fuente de donde brotan sus risas, muchas veces fue colmada con sus ardientes lágrimas. Y, ¿cómo puede ser de otro modo? Mientras más profundo socava el dolor en sus corazones, más alegría podrán contener. Cuando estén contentos, miren en el fondo de sus corazones y encontrarán que es solamente lo que les produjo dolor, lo que les da alegría. En verdad, están suspendidos, como el fiel de la balanza, entre la alegría y el dolor”.
La alegría es un alimento primordial. Para tener alegría hay que mirar lo positivo, ser optimista. En la vida hay momentos duros. Pero de todos modos, hay que estar alegre, sonreír, mostrar los dientes. La vida es sueño, gozo, aire para los pulmones del alma. Y la alegría es lo que nos permite sonreír mientras lloramos. “No hay… cosa mejor que alegrarse…” (Eclesiastés 3:12-22).

Julio C. Cháves.

Optimismo: la clave del éxito personal.



Un optimista es un hombre que se acerca por la mañana a la ventana y dice: “¡Buenos días, Dios! Y un pesimista es el que se levanta y va a la ventana y dice: “¡Dios mío! ¿Ya es de día?”.
Actualmente el mundo es un lugar muy negativo. Ciertamente necesitamos cultivar una actitud mental que nos traiga paz, valor, éxito. Pero esto es harto evidente que necesitamos pensar positivamente, necesitamos ser optimistas. Es una utopía pretender que todas las circunstancias de la vida se adapten perfectamente a lo que nosotros deseamos. Pero sí es posible tener pensamientos a medida para ajustarnos a todas las situaciones, sean negativas o lo contrario. Optimismo es una palabra que aumentará la posibilidad de que nuestros deseos se hagan realidad. Nuestro modo de pensar dicta nuestro comportamiento. ¡Pensemos en positivo!
Pensar en positivo no es fácil, pero es posible. ¡Contagiemos optimismo! Rehusémonos a desanimarnos. Confiemos en que las cosas mejorarán. Si pensamos positivamente sacaremos ventaja de las circunstancias tristes y pésimas. “Se cuenta que un poeta caminando en su jardín vio un nido de pájaro en el suelo. La tormenta había sacudido el árbol y desbaratado el nido. Mientras musitaba tristes versos de la destrucción del hogar del pajarito, levantó la vista y vio al pajarito haciendo un nuevo nido en las ramas”. Eso es optimismo. Seguir adelante sin mirar lo que se ha destruido. Porque lo que un hombre piensa le da forma. E. Stanley Jones dijo: “Cuando la vida te da una patada, ¡que esa patada te lance hacia adelante!”.
Jamás debemos dejar de luchar. Jamás debemos darle importancia a lo que no tenemos. Siempre debemos mirar lo bueno, buscar soluciones. Sonreír mientras lloramos es ser optimista. A veces empezar de nuevo es positivo. Por supuesto que hay momentos en los cuales mordemos más de lo que podemos masticar. Quiero decir, hay momentos que son negativos porque nosotros los hemos generado debido a nuestras malas decisiones, a nuestras malas actitudes y a nuestros malos actos. Pero de todos modos hay que pensar en positivo, pues del mismo modo que hemos enredado todo también podemos desenredarlo. Las cosas pueden ser cambiadas. Los problemas siempre nos escupen la cara y nosotros en ocasiones nos desanimamos y dejamos de luchar. Nos pasa esto porque hemos acunado pensamientos negativos. En cambio, cuando pensamos en positivo y buscamos las soluciones, las cosas cambian para bien. Nuestros pensamientos tutelan nuestras acciones. Los pensamientos negativos provocan mucha ruina. Nuestro reto debe ser lidiar contra todo lo negativo, pensando en positivo aún en los momentos más negros y lamentables. Esto nos conducirá hacia la ventana para decir: “¡Buenos días, Dios!”.
Un autor desconocido expresó:

“Dos sapos cayeron en una lata de crema.
Los lados de la lata eran altos y resbalosos,
y la crema era profunda y fría.
“Oh, ¿Qué voy a hacer?”, dijo el número uno,
“¡es el destino!-no hay quién me ayude-
¡adiós amigo, adiós mundo cruel!”.
Y aún llorando se hundió.
Pero el número dos, de naturaleza más recia,
chapoteó de sorpresa,
y limpiándose la crema de la cara
y secándose la crema de los ojitos, dijo:
“Por lo menos nadaré un poco”.
“No significará nada para el mundo
si un sapo más muere ahogado”.
Una a dos horas pataleó y nadó,
nadó y pataleó, hasta que salió arrastrándose por la
mantequilla”.



Julio C. Cháves.

Una mente en actividad.




Si queremos disponer de una mente sólida, activa, lúcida, coherente y positiva, debemos ejercitar las actividades intelectuales. Es imprescindible leer, estudiar, aprender cada día algo nuevo. Hay que estimular al cerebro si uno quiere que funcione bien. Para conservar la vitalidad mental es necesario leer para seguir creciendo en conocimiento. El amor a la lectura nos permite tener salud mental, tener una actitud positiva ante la vida y las circunstancias adversas. Mariano Grondona dijo: “Uno, cada vez que lee un libro, se siente influido por la energía que transmiten los conocimientos”.
Así como podemos disciplinar los músculos de nuestros cuerpos con ejercicios para tornarlos más fuertes y ágiles, también podemos disciplinar nuestras mentes para mantener, recuperar y mejorar nuestro intelecto por medio de estímulos seleccionados. A la mente hay que estimularla cotidianamente. Leer libros, mirar películas constructivas, leer revistas positivas, es necesario si de veraz queremos mantener ágiles y diestras nuestras mentes. Hay que estar comprometido intelectualmente con uno. “José Ortega y Gasset decía que leer libros implica llenar los sótanos del alma”. Leer libros constructivos nos permite crecer interior e intelectualmente, y además, nos permite tener una visión más amplia de la vida y de la sociedad en general. Schiller expresó: “Ningún hombre carece de amigos mientras cuenta con la compañía de buenos libros”. Si estimulamos, trabajamos, y alimentamos nuestras mentes, mejoraremos nuestra capacidad intelectiva.
Propiciar el desarrollo de las capacidades físicas, psíquicas y emocionales, nos permitirá vivir una vida más fructífera y más feliz. El cerebro es la máquina más compleja del mundo. Nuestro cerebro está bien diseñado y es superior al de otros seres vivientes. Posee la capacidad de absorber y almacenar una infinita cantidad de información, y puede manipular esa información en forma inmediata, para dar una respuesta pertinente y adecuada a las circunstancias en las que estamos involucrados. Debemos estimular nuestros cerebros o nuestras mentes, como quieran llamarlo, para vivir una vida mental activa. Esto nos permitirá disfrutar mejor de la vida. Para tales estímulos son necesarios los libros. Un libro es como un trozo de carne para la mente. Porque cuanto más estimulamos nuestros cerebros mejor funciona y funcionará a lo largo de los años. Además, siempre debemos tener una actitud positiva, ya que esto nos permite mantener nuestras emociones en orden y equilibrio, lo cual también es necesario para poder vivir mejor.
Tener una mente activa implica esfuerzo, voluntad, ganas de estar bien. Francisco Benko dijo: “Soy un fanático de las combinaciones y las tácticas del ajedrez. Además, leo y hablo siete idiomas”. Benko tiene 92 años de edad y además, tiene la curiosidad y la mente de un niño. ¡Esto es lo que yo llamo una mente activa! Ejercitemos la mente. Despojémonos del ocio y de la haraganería intelectual. Leamos, descifremos crucigramas, juguemos al ajedrez o a cualquier juego que estimule nuestro cerebro y nos desafíe intelectivamente. Mantener la mente en actividad permite mantener vivificada la vida interior, la salud física y nos ayuda a reaccionar positivamente ante las circunstancias más negativas de la vida. Debemos propiciar el desarrollo de las capacidades físicas, psíquicas y emocionales, si deseamos vivir mejor en todos los aspectos fundamentales. Si la mente está en actividad, el cuerpo tendrá salud y estaremos libres de estrés y tensión nerviosa…

Julio C. Cháves.