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viernes, 13 de marzo de 2009

La ley de la atención

La ley de la atención dice que en todo lo que me concentro eso crece. Si nos enfocamos en algo hacia eso vamos a ir. Si le dedicamos tiempo a nuestros sueños vamos a conquistarlos. Tenemos que ver nuestro futuro. Dios nos ha llamado a la victoria. Cuando hablamos con la gente sabemos quien es la persona que a estado en su futuro. Lo sabemos porque esa persona habla de sus sueños, de sus metas, de su propósito en la vida. La persona que tiene un propósito en la vida ha entendido que Dios lo ha llamado y que Dios le ha dado un sentido particular a su vida.
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”. (1 Corintios 15.58).


Cuando conocí al Señor escuché a muchos líderes que me decían que tenía que servirle al Señor y que para que Dios me use tenía que empezar por limpiar los baños. Y limpiar no tiene nada de malo, pero desde que me convertí sabía que Dios me había llamado a servirle a través de la escritura. Aunque muchos hermanos no entendían los dones y talentos que Dios me había dado, me dedique a escribir y he publicado miles de artículos en diarios y revistas. También he publicado mi primer libro y escribo en mi blog casi todos los días, el cual ha sido visitado por miles de personas de todo el mundo. Quizá a la vista de los hombres lo que vos haces para el Señor no tiene ningún tipo de valor, pero quiero que sepas que para el Señor todo lo que hacemos para él es importante. Todos somos buenos en algo. Y Dios valida lo que somos. Todo lo que hagamos para el Señor tiene su recompensa. Gálatas 6:7 dice: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.
Lo que ahora somos es el resultado de lo que soñamos en el pasado. Mañana seremos lo que decidamos que seremos ahora. Dios no va hacer las cosas por nosotros. Somos nosotros quienes tenemos que trabajar para alcanzar la felicidad. Paul Harvey dijo: “Usted puede saber cuándo está en el camino al éxito. Va cuesta arriba todo el tiempo”. Por supuesto que lleva tiempo fijar nuestra atención en algo específico, pero con el tiempo y con paciencia, alcanzaremos lo que tanto anhelamos. Puede ser que los cambios muchas veces aparentemente no signifiquen nada, pero a la larga traen el progreso. Gálatas 6:9 finalmente resume toda la idea de esta nota: “No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”.


Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar

sábado, 19 de enero de 2008

La compatibilidad entre fe y ciencia

La fe y la ciencia se complementan. Algunos opinan que estos dos conceptos se oponen, pero la verdad es que no se oponen sino que son compatibles. La fe y la ciencia, proporcionan al ser humano una fe sólida, coherente, empírica. Cuando Galileo, el padre de la ciencia moderna, descubrió que es la tierra la que gira alrededor del sol, ciertos líderes religiosos se mostraron preocupados, pues ellos sostenían la teoría de que el que giraba alrededor de la tierra era el sol. Pero finalmente aceptaron la teoría de Galileo. Posteriormente al día en que Galileo presentó su teoría, muchos reconciliaron sus creencias religiosas con la ciencia. Daniel 2:22 dice: “El revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que esta en tinieblas, y con él mora la luz”.
La ciencia estudia lo material, estudia las leyes físicas del universo. Algunos científicos dicen que este mundo fue creado por una explosión cósmica, pero lo cierto es que vivimos en un mundo ordenado, regido por leyes fijas y exactas. Entonces, es razonable afirmar que si el mundo tangible tiene un orden y hay leyes que lo rigen, existe por lo tanto un creador que lo diseño todo. De la misma manera que existen leyes en lo material, existen leyes en lo espiritual. La fe y la ciencia van de la mano. Las leyes de lo tangible son compatibles con las leyes que rigen lo intangible. Primera de Corintios 1:5 dice: “Fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia”.
Hace poco leí un artículo en blog sobre el filósofo británico Anthony Flew, uno de los ateos más conocidos en el mundo. Este hombre que imparte un curso de filosofía que procura demostrar la no existencia de Dios, hace poco publicó un libro donde dice que Dios si existe. Flew cambió de opinión. Este filósofo curiosamente vive en la localidad de Reading, Inglaterra, donde está ubicada la sede mundial de las Sociedades Bíblicas Unidas y a donde viajo por lo menos tres veces al año para reuniones. “Cuando se dio la noticia, escribió en su blog Melvin Rivera, de su cambio hace unos años muchos no lo podían creer. El 9 de Diciembre de 2004 anunció a Prensa Asociada que ahora cree en la existencia de Dios. Basado sobre su propia investigación científica y académica, Flew expresó que la ciencia apunta a un diseñador inteligente del universo. Según Flew la evidencia de la investigación del ADN le convenció que la estructura genética de la vida biológica es muy compleja para haber evolucionado completamente por sí misma. Dijo además que la teoría Darwiniana explica mucho, pero no puede explicar cómo comenzó la vida”.
La fe y la ciencia no se contraponen, antes bien, se complementan porque una explica a la otra. La fe nos hace entender la creación, el cosmos, lo tangible, nos hace entender al ser humano. La fe apela a la razón. A través de la historia, muchos teólogos y filósofos de enorme prestigio han reconocido la relevancia de la razón para ayudar a esclarecer la verdad del evangelio. La fe cristiana posee una lógica intrínseca. Porque la racionalidad natural puede explicar ciertas cosas de lo sobrenatural. Por supuesto que la experiencia cristiana implica un compromiso subjetivo, espiritual, pero la mente nos hace ser conscientes de lo que creemos. De hecho, únicamente cuando entendemos es cuando realmente tenemos fe. Según Benedicto XVI finalmente dice: “El estudio representa una oportunidad providencial para progresar en el camino de la fe, porque una inteligencia bien cultivada abre el corazón del hombre a la escucha de la voz de Dios, enfatizando la importancia del discernimiento y la humildad".

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

domingo, 13 de enero de 2008

Sobre el ateísmo y el creyente


El ateo es una clase de persona y el creyente es otra muy diferente. Para Jean Paul Sastre, ateo existencialista, todo es náuseas: Los objetos, las personas, el mundo, Dios. Para Albert Camus, todo es absurdo, simplemente absurdo. Camus en ‘La peste’ habla de un mundo con preguntas, pero sin respuestas. El hombre moderno pregunta: ‘¿De dónde viene la justicia? ¿Cómo puedo librarme?’ Albert Camus responde: ‘No puedes. Estás irremisiblemente condenado’. Cuanto más sientas la tensión de las injusticias, tengamos en claro que la Argentina es un país muy injusto, más crecerá tu condenación como hombre moderno y racionalista moderno. En ‘la peste’, que es la obra principal de Camus, al introducir las ratas la enfermedad en Orán. Jean Terrow se encuentra frente a un dilema. Puede unirse al médico y luchar contra la plaga, con lo que se convertirá en humanitario, pero estará, según Camus, luchando contra Dios. O ponerse de parte del sacerdote y no luchar con la plaga, con lo que no será humanitario. Y el pobre Camus murió sin haber logrado resolver el dilema. En contraste con esto tenemos, desde luego, el magnífico relato bíblico. Jesús, que es Dios y que se presenta como tal en todo su sentido divino y humano, se para ante la tumba de Lázaro, ante la cual se siente airado. El lenguaje griego da bien claro este sentido. Esta actitud de Jesús nos muestra que él, siendo Dios, puede sentirse airado ante el resultado de la caída y el acontecimiento anormal con que se encuentra, sin estar por ello airado contra sí mismo. Esto es titánico. De súbito encuentro que puedo luchar contra la injusticia sabiendo que no estoy luchando contra lo que es bueno, y es estoy sabiendo que hay una buena razón para luchar contra la injusticia. Porque Dios no lo ama todo, porque Dios tiene un carácter definido, yo puedo luchar contra la injusticia sin luchar contra Dios.
El ateo es un individuo angustiado, se rebela literalmente contra la condición humana. En contraste, el creyente en Dios es una persona con fe y coraje para enfrentar la condición humana. El hombre de fe es un optimista en potencia, porque vive a pesar de…porque no perdió la capacidad de admirar, deslumbrarse y agradecer a Dios. A los ojos de un ateo la vida es oscura, sin sentido perdurable, todo está porque sí. En cambio, para el creyente la vida tiene sentido, el mundo es maravilloso porque es la evidencia cosmológica de que Dios creó todo. La actitud del creyente ante la vida es de admiración espontánea. Debido a esto, alaba a su creador, le sonríe a su autor. Los hombres de fe viven por sobre las circunstancias. Ortega dijo: ‘Yo soy yo y mi circunstancia’. Pero los creyentes dicen: ‘Yo soy con Dios a pesar de…’.
Los creyentes miran el cortejo de violencias, odios, envidias, enemistades. Es obvio que también lidian con la enfermedad como los ateos, lidian con el micro y el macro-traumas, pero nada de esto, los encajona en la angustia de la existencia, pues saben que Dios está con ellos. Los creyentes saben lo que es un fracaso, lo que son las lágrimas, pero también saben que Dios les da esperanza. El ateo lo ve todo oscuro, está solo en el cosmos. No entiende lo que le pasa. Se encuentra solo con su angustia. El ateo es pesimista. En contraste, el creyente es como un poeta siempre despierto. Un hombre que irá más allá de la superficie. Como el poeta, el hombre de fe y de oración sabe que todo es importante, aún lo que parece irrisorio, pequeño, banal. Miguel Ángel tomaba un bloque de mármol y saca una obra maestra. Beethoven, Bach y Mozart se sentaban al piano y extraían una sinfonía de la poesía de un crepúsculo. Los creyentes miran lo mejor de la vida y construyen el reino de Dios con admiración. Ellos tienen una visión de esperanza del mundo, de la vida, de las personas y de todo cuanto les rodea. Como los poetas, los cristianos sienten cosas que los demás no sienten, perciben cosas que los demás no sienten, perciben cosas que los demás no llegan a percibir.

Julio C. Cháves
juliogenial@hotmail.com

miércoles, 3 de octubre de 2007

No escapes de la realidad


Hay personas que viven lejos de la realidad. Escapan de la realidad. El término escapismo se refiere a aquellas personas que habitan un mundo imaginario, irreal. Lamentablemente, debido al contexto económico difícil y la falta de futuro, muchos están haciendo del escapismo su norma de vida. Se pasan muchísimas horas mirando televisión, leen libros y revistas basura, evadiéndose a si mismos, alienándose, dejando de pensar. Cualquier actividad puede convertirse en un comportamiento escapista. La moda, el sexo, el materialismo, el consumismo, las drogas, el alcohol, la televisión, los videos juegos, el deporte, Internet, el Chat, y una innumerable lista. En última instancia, la forma de escapismo es lo menos importante. Lo significativo es que la gente escapa por descontento y falta de sentido. La gente escapa porque tiene dificultades para entablar relaciones en el mundo real, escapa por infelicidad, desdicha, falta de paz. El comportamiento escapista indica que la gente vive sin un propósito. La persona que no le encuentra el sentido a la vida, siempre, de una u otra forma, procura escapar de la realidad, huye hacia mundos imaginarios, deja de pensar, se aliena. En fin, los escapistas viven en una cárcel auto-impuesta.

Ahora, pregunto: ¿Por qué la gente procura escapar de la realidad? ¿Por qué causa una persona intenta vivir una realidad imaginaria? Alguien dijo que el individuo sin Dios tiende enarbolar una fantasía excesiva. El dios de este mundo, el diablo, hace que la gente sueñe con cosas fantasiosas con el propósito de generar desilusión. Millones de personas son víctimas de sueños irreales, deseos de fama, megalomanía, alucinaciones, fantasía, delirios de grandeza, viviendo en un mundo virtual, irreal, ficticio, imaginario, evadiendo de este modo su responsabilidad ante sus semejantes y Dios. El ser humano necesita a Dios. Cuando una persona conoce a Cristo y nace de nuevo, entonces no tiene porque escapar de la realidad. Dios le da, a través de su palabra, la oración y la compañía del Espíritu Santo, la capacidad para afrontar las dificultades de la vida. Segunda de Corintios 10:5 dice: “Derribando argumentos y toda altivez…y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. En Dios la vida tiene sentido. El filósofo Aristóteles dijo que el hombre es como una flecha lanzada al aire: no sabe de dónde viene ni a dónde va, pero esta es cierto para los que viven sin Dios, porque los creyentes sabemos donde estamos y hacia donde vamos, estamos en Dios y vamos hacia nuestro Señor. Cada vez que venga pruebas debemos tener en cuenta que a los que aman a Dios todas cosas les ayudan para bien, esto es, a los hemos sido llamados conforme a sus propósitos. No escapes de la realidad. Deja que Dios le de sentido a tu vida.


Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar

sábado, 8 de septiembre de 2007

Descartes en el Shopping



Los Descartes de ahora son muy distintos al Descartes histórico. El Descartes de antaño, decía: “Pienso, luego existo”. Los de ahora, van al shopping, y dicen: “Tengo, luego existo”. Las personas de ahora viven consumiendo cosas. A todos les agradan los artefactos, la ropa, los autos, las motos y todos los objetos que se pueden consumir. La cultura actual se ha convertido en una civilización de las cosas y no de las personas. Debido al dios consumismo algunos individuos se están configurando negativamente. Endiosan a las cosas y se olvidan de las personas. Hoy casualmente, salí a caminar. Pasé por la casa de un vecino que estaba lavando su auto. . Súbitamente llegó, cuando yo seguía mi curso, el niño de 4 años de este hombre. El niño quería estar con su padre. Entonces el padre le dijo a su hijo: “¡Anda para adentro que estoy lavando el auto!” Creo que esta frase, sin prejuicios, dice mucho. Mejor lo dejamos ahí.
Hay individuos que arman sus vidas en torno a las cosas materiales. No estoy hablando de las personas que tienen un concepto adecuado de las cosas y las personas. Estoy hablando precisamente de aquellas personas que usan a las personas y se relacionan afectivamente con los objetos. Esto se llama materialismo. En el comienzo del siglo XXI las cosas se han convertido casi en sujetos. Justamente de este tema habla un libro que leí del psicoanalista Erich From. El título lo dice todo: “Tener o ser”. Esa es la cuestión. Debemos elegir una cosa u otra. Hay algunos que tienen y ha dejado de ser. Por otro lado, hay algunos que tienen y que también son porque no aman a las cosas, sino que se aman a sí mismos, y por ende aman a las personas. Aman y son amados. A las cosas las utilizan como medios y no como fines. Descartes está en el Shopping, por dentro está muerto, pero su pensamiento sigue siendo el mismo: “Tengo, luego existo”. Mateo 6:20 dice: “…haceos tesoros en el cielo”. Fundamentado en este pasaje bíblico, el Dr. Billy Graham en su libro ‘Día tras día con Billy Graham’, compilado por la actriz británica Joan Winmill, dice lo que sigue respecto al materialismo: “Muchos jóvenes están edificando sus vidas sobre la roca del materialismo. Encuentro por todas partes un descontento económico entre personas de todas las clases sociales. Quieren más y más cosas. Se olvidan de que estamos disfrutando del estándar de vida más elevado que el mundo ha conocido jamás. Todavía existe la pobreza, y centenares de instituciones están haciendo lo que pueden para combatirla. Pero no estamos satisfechos, y queremos más y más posesiones. Jesús dijo que no se puede servir a Dios y al dinero. Dijo que la vida de un hombre no consiste en abundancia de bienes que posee. Adolf Berle, en su estudio sobre el poder, señala que las riquezas, con frecuencia tornan en seres solitarios y temerosos a quienes las poseen. Con frecuencia el hombre rico sabe lo que es la soledad y el miedo, pues cuando hace de las riquezas un dios, queda con el alma vacía. Sin Dios la vida pierde su interés, sus propósitos y su significado”.
Mientras pienses como los Descartes del siglo XXI jamás serás feliz. Dios quiere que dependamos de él. Dios quiere que primero nos ocupemos de los asuntos familiares y después de las cosas. Siempre debemos tener en cuenta que las cosas son medios y no fines. Primero están las relaciones humanas, luego la relación con lo material. La vida no consiste en tener como un fin en sí mismo. La vida consiste en depender de Dios. Ser persona y ser cristiano deben ser nuestros objetivos. ¡En Dios debemos confiar! ¡Debemos usar a las cosas y relacionarnos, con amor de por medio, con las personas!

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

La vida es como una cebolla



La cebolla no tiene centro. Lo profundo en la cebolla no existe. La cebolla está compuesta por capas. Seguramente tú has pelado alguna. Y rotundamente te has dado cuenta que lo único que hay en una cebolla son capas. Uno va pelando, parcialmente, capa por capa, y jamás llega al centro. Porque no hay centro. No hay pulpa. Sólo hay capas. Un filósofo dijo: “La cebolla, si se me permite, es todas sus capas”.
Lo mismo es la vida. La vida es como una cebolla y como dice la gente en la calle, hay que pelarla llorando. Otra no queda. La vida está compuesta por capas. Hay que sacar una a una las capas. Es así. La vida no es algo estático, sino dinámico. Siempre nos encontramos en movimiento. El que se detiene es porque está muerto, porque está empapado de cloroformo y dentro de un ataúd hermético. Todo para que no salga el mal olor. La vida es una realidad abierta, cambiante, amplia, que se va formando, puliendo, configurando de a poco. La vida, si se me permite copiar al filósofo que cité, es todas sus capas. Primero se encuentra la infancia, luego la niñez, luego la inestable pubertad donde volvemos locos a nuestros padres, y luego somos adultos. Algunos maduros, otros no, pero en fin, adultos. Después llega la tercera edad o en términos más sencillos, la vejez. Y el último encuentro es con la muerte. Allí termina todo. Jesús sabía de lo que estoy hablando. Él sabía que la vida es como una cebolla. Debido a esto él dijo: “Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”. (Apocalipsis 2:10). Jesús les dio este mensaje a todas las iglesias de Asia. Lo hizo porque él sabía que en la vida hay etapas o capas. Él sabía que hay una vejez y que también hay una muerte física. Por su parte el apóstol Pablo escribió: “Cuando yo era niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”. (1º Corintios 13:11). La vida es vivencia, es un acto dinámico. El tiempo pasa. Los años pasan. Y todo lo que somos se va configurando. Nos definimos en nuestras decisiones. Nuestra identidad se revela en las opciones que tomo. Nuestras decisiones van configurando, golpe a golpe, el perfil de nuestras almas, y lo revelan en lo que somos. Del pasado nadie se puede librar. Tarde o temprano, las consecuencias de nuestras elecciones nos alcanzan. Eso es inevitable. Es por esto, que para conocernos debemos examinar nuestras elecciones. Debemos vivir las capas de nuestra cebolla existencial con coraje para no dar pasos errados. Es verdad que es inevitable la cuestión de las decepciones, el desánimo, el sufrimiento. Por eso debemos cuestionar nuestras elecciones. ¿De qué manera? Preguntándonos lo siguiente: ¿Haría Jesús esto en mi lugar?
La vida es como una cebolla. Nadie nace. Todos nos vamos haciendo. Elegimos ser. Elegimos vivir. Nada es azar. Todo depende de nuestras elecciones de vida. El Dr. Enrique Rojas, catedrático de psiquiatría de la Universidad de Madrid, reflexionó: “La vida, esa gran maestra, nos va enseñando nuevas cosas al ritmo de los acontecimientos que nos suceden, abriendo en el subsuelo de nuestra intimidad un pozo de sabiduría en el que se esconden y almacenan las vivencias. Esta sabiduría recibe el nombre de EXPERIENCIA DE LA VIDA y consiste en darnos cuenta de que hemos vivido, que hemos sacado provecho, sufrido y tomado nota de las habilidades y estrategias que necesitamos para sortear las dificultades y los errores propios del aprendizaje progresivo. Las travesías presentes de la existencia se articulan internamente con las pasadas y las futuras, dando lugar a una continuidad histórica que muestra coherencia y lucidez, sentido y claridad”. ¡La vida es capas! ¡Bendito aquel que sabe diferenciarlas!

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

miércoles, 5 de septiembre de 2007

El secreto del cristianismo


Para los filósofos Dios es un concepto. A través de la historia de la humanidad muchos filósofos como Anaxágoras, Platón, Aristóteles, Kant, entre muchos otros, por intermedio de la lente de la filosofía, abordaron el concepto Dios. El más antiguo de los conceptos sobre Dios es probablemente las ideas expuestas por el antes mencionado Anaxágoras, que afirmaba que la inteligencia era la divinidad que ordena el mundo. Platón, asimismo, insistió que el concepto de Dios era el primer motor de todas las cosas que se mueven. Este concepto analógico fue acuñado también por Aristóteles, quien fue discípulo del filósofo ateniense, diciendo también que Dios es el motor con el cual comienza necesariamente la cadena de los movimientos, es decir, la causa primera con la que se inician las series casuales. Esencialmente el pensamiento Aristotélico concebía a Dios como la causa final, el creador del orden del universo. Con el correr de la historia de la humanidad se fueron sucediendo los conceptos filosóficos sobre Dios, conceptos que son producto de la creación humana, que son un producto cultural. En resumen, la filosofía le atribuye a Dios básicamente dos calificaciones fundamentales: La de la causa y la de bien. Los filósofos se preocuparon por demostrar la existencia de Dios, especularon sobre esta idea, y afirmaron una y otra vez que Dios es la fuente de todo lo que hay en el mundo y sobre todo, es la fuente para los seres humanos. En fin, lo único que hace la filosofía es especular infinitamente sobre la existencia de Dios.
Ahora, pregunto: ¿Pueden los conceptos sobre Dios cambiarnos las vidas? ¿Cuál es el epicentro del Cristianismo? La respuesta no voy a darla yo, dejaré que lo haga el Dr. Billy Graham que escribió a este respecto: “Cada vez comprendo mejor la verdad de que las personas resultan cambiadas por otras personas, más que por las ideas. El poder de la personalidad es muy fuerte. Se podría ilustrar de muchas maneras el hecho de que con frecuencia una personalidad resulta mayor que una idea. Es lo que acontece con el cristianismo. El secreto del éxito del cristianismo no radica en su ética. No se halla en su filosofía, aunque el cristianismo tiene una serie de ideas filosóficas. El secreto del cristianismo esta en una Persona, el Señor Jesucristo. Los hombres han descubierto otros sistemas filosóficos y éticos, pero no han podido hallar otro Jesucristo. No hay nadie en la historia que pueda equipararse a él”. El epicentro del cristianismo es Cristo. Él les da sentido a nuestras vidas. Nuestros pensamientos pueden gravitar en torno a conceptos filosóficos sobre Dios, pero lo único que cambia radicalmente nuestras vidas es tener un encuentro personal con Cristo. Es atractivo hablar de Dios ya que es un concepto misterioso, místico, profundo, insondable, pero para que hablar de Dios si podemos hablar con él a través de Jesucristo. Claro que hablar de Dios es algo fundamental, es una necesidad humana, pero esto no llena el corazón humano, lo único que llena el corazón humano es aceptar que somos pecadores, arrepentirnos de nuestros pecados, aceptar el sacrificio de Cristo y servir a Dios con nuestras vidas, permaneciendo fieles a él hasta el día de nuestra muerte. Primera de Corintios 1:30 dice: “Por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención…”.

Julio césar cháves
juliogenial@hotmail.com

martes, 21 de agosto de 2007

La Biblia y los problemas filosóficos


Las sagradas escrituras contienen todas las respuestas a las preguntas fundamentales de la filosofía. Todo ser humano sobre la faz de la tierra se plantea preguntas básicas relacionadas con lo metafísico, lo gnoseológico y lo axiológico. Con respecto a lo metafísico vale decir que los seres humanos fuimos creados por Dios. Tenemos libre albedrío, podemos elegir obedecer a Dios o desobedecerte, ateniéndonos a las consecuencias de nuestra elección. Algunos conceptos filosóficos han formulado teorías absurdas sobre la existencia humana, las cuales atentan contra la razón y el sentido común. El idealismo es uno de estos conceptos filosóficos absurdos ya que esta teoría arguye que todo cuanto nos rodea y percibimos con los sentidos, es tan sólo una concepción de nuestra mente, y que por lo tanto, existe sólo en función de nuestro pensamiento. También existen otros conceptos filosóficos de carácter panteísta, como la de Spinoza, que confunde al Creador con lo creado, lo cual es una idea totalmente irracional. En fin, el ser humano es un ser creado a imagen y semejanza de Dios y únicamente puede alcanzar la trascendencia relacionándose con su Creador a través de una relación personal con Cristo. Génesis 1:27 dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Dios no es una fuerza impersonal o un ser distante, Dios es un ser personal que se relaciona con los seres humanos, interviniendo en las vidas de los hombres, orientándolos, ejerciendo su providencia, mostrando su amor, salvando, santificando, justificando. Cuando Adán y Eva pecaron vino la confusión. Es por esto que los hombres no conocen el sentido de sus vidas. Debido al pecado y la desobediencia, vinieron el sufrimiento, las enfermedades y la muerte, pero gracias a Dios acá no terminó todo ya que Dios envió a su Hijo para morir en la cruz y darnos vida eterna a todos aquellos que creemos en él.
Ahora, la filosofía se hace esta pregunta gnoseológica que tiene que ver con el conocimiento: ¿Cuánto podemos saber y como llegar a saber? Los seres humanos deseamos conocer la verdad. Esta es una cuestión fundamental. A través de la historia de la humanidad, matemáticos, escritores, filósofos, historiadores, físicos, teólogos, psicólogos, entre muchos otros pensadores, han pasado toda su vida estudiando cuales son las leyes que rigen la naturaleza, la existencia humana, el cosmos. Desde la época de la filosofía griega, que alcanzó el pináculo del conocimiento en la obra aristotélica, donde Aristóteles reunió en su persona casi todo el saber de esa era, construyendo una ciencia destinada a dirigir la razón humana a través de la ciencia llamada lógica, se han ido sucediendo generaciones de intelectuales y pensadores que se caracterizaron por su obsesiva búsqueda de verdad. La lógica aristotélica afirmaba que a través del pensar discursivo se puede alcanzar la verdad en todos los campos de la actividad intelectual; siendo la lógica el instrumento mediante el cual la razón puede llegar al objetivo final. Así pues, esta afirmación de la lógica nos hace formular la siguiente pregunta: ¿Es posible que el ser humano encuentre la verdad por si miso? ¿No necesita ninguna ayuda externa? Debido a esta pregunta los filósofos del medioevo discreparon con los filósofos de la Edad moderna. Por su parte, en la época medieval imperaba una norma interpretativa distada por los dogmas religiosos, erráticamente denominados “revelación”, amalgamados por el aristotelismo. Pero estas normas del medioevo no quedaron incólumes ya que desde los principios del renacimiento surge un movimiento escéptico que va minando esas supuestas bases infalibles, estableciendo estos nuevos filósofos que la razón humana es el instrumento mediante el cual se puede llegar siempre a la verdad. Como consecuencia de la indispensable necesidad de encontrar el método correcto para dirigir la razón, los filósofos modernos seguían afirmando que la inteligencia humana era suficiente para llegar a esa meta esquiva llamada verdad, surgiendo de la búsqueda del método correcto, el errático concepto filosófico de que la necesidad de una norma infalible no es necesaria, descartando los dogmas religiosos, eliminando toda necesidad de la revelación divina. Entonces, se puede decir que tanto los filósofos de la edad media como los filósofos de la edad moderna están equivocados en su búsqueda de la verdad ya que ningún ser humano puede hallar la verdad lejos de una relación personal con su creador. Cabe admitir que mediante el uso de la lógica de la edad moderna los pensadores y filósofos han descubierto verdaderos milagros científicos que cambiaron las sociedades por completo. De esa época histórica datan la creación de disciplinas científicas como son la química y la física. Dos de los filósofos antes mencionados, precisamente Descartes y Galileo, fueron, además de eximios filósofos, extraordinarios hombres de ciencia. En efecto, mediante el empleo de las doctrinas racionalistas-lógicas que predicaban alcanzaron logros científicos impresionantes, pero desde la época de la filosofía griega, a través de la historia humana, disponiendo y utilizando los más variados métodos lógicos, la mente humano se ha esforzado por resolver y encontrar una respuestas a los interrogantes humanos relacionados con la existencia, pero lamentablemente la filosofía no alcanzó ni alcanza para encontrar las respuestas a estas cuestiones puramente espirituales.
Muchos filósofos y pensadores se han esforzado por encontrar la verdad por sus propios medios desoyendo la vos de Dios. Las opiniones de las diferentes corrientes de pensamiento discrepan entre sí, marcando la pauta de que a través de la razón humana no podemos alcanzar la verdad. Esto no hace ser consciente de las limitaciones de la razón humana, poniendo de manifiesto nuestra intrínseca necesidad de la intervención de Dios para conocer el sentido de nuestra existencia. La Biblia es el código moral y ético inmutable que nos marca el norte de nuestra existencia, dándonos las respuestas correctas a todas las preguntas fundamentales. La Biblia es la verdad porque es la vos de Dios hacia la humanidad. En las sagradas escrituras hallan respuestas todas nuestras preguntas, constituyéndose la palabra de Dios como la única fuente de la verdad, siendo la constitución del cristianismo.
Ahora, al interrogante filosófico relacionado con lo axiológico, (el que trata de los valores) debo decir que la palabra de Dios contiene en sus páginas en código de moral más sublime e inmutable de todos los tiempos. La Biblia establece la verdad suprema en contraste con todos los errores humano, aportando en sí misma una magnífica regla pata medir la verdad. La vida tiene sentido porque Dios nos creó y le dio y le da un inmenso valor a la vida humana. Dios nos considera de tanto valor que envió a su único Hijo, a Jesucristo, a morir por nosotros en la cruz. Finalmente quiero compartir con ustedes los siete pasos para tener una experiencia con la Biblia, escritos por el Dr. BLACKABY, autor de la popular serie "Mi experiencia con Dios". “1. Ante todo, procure una relación con Dios. Absolutamente todo en su vida cristiana, y todo lo necesario para conocer la voluntad divina, depende de la calidad de la relación de amor que usted tiene con Dios.
2. Sintonice su corazón para oír la voz de Dios. Usted deberá estar alerta para ver de qué manera singular y única Dios se comunica con usted.
3. Viva la Palabra a través de la experiencia personal. Cuando obedece, usted llega a conocer a Dios de modo más íntimo al tener la experiencia de que Él está obrando a través de usted.
4. Rinda ante Él los derechos que usted tiene. Para vivir una vida centrada en Dios, usted debe hacer que su vida esté enfocada en los propósitos de Dios, no en sus propios planes.
5. Conozca la voluntad de Dios conociendo el corazón de Dios. Usted nunca tiene por qué sentir vacío o falta de propósito. Cuando usted tiene a Dios, lo tiene todo.
6. Obedezca. Obedezca. Continúe obedeciendo. Ajuste su vida a Dios a fin de seguirlo a donde Él lo guíe, aun si la tarea parece ser pequeña o insignificante.
7. Permita que de la adoración fluya el testimonio. Cuando el mundo ve que a través del pueblo de Dios suceden cosas que sólo se pueden explicar diciendo que Dios mismo las ha hecho, el mundo se sentirá atraído hacia el Dios que ve”.
Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar