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martes, 9 de marzo de 2010

El complejo de cenicienta y la difícil tarea de ser hombre

Colette Dowling en su brillante libro “El complejo de Cenicienta”, define este complejo de la siguiente manera: “El complejo de Cenicienta es una red de actitudes y temores reprimidos, que mantienen a las mujeres en una especie de media luz, retraídas del uso pleno de sus mentes y su creatividad; como Cenicienta, hoy las mujeres siguen esperando algo externo que transforme sus vidas”.
Muchas mujeres se manejan en la vida con temores, retirándose a un rol maternal con la esperanza de que el hecho de ser necesitadas las dé alguna forma de seguridad. Neuróticas y con cierto grado de pensamiento mágico, las concientes esperan que venga al príncipe y las libere de su condición tan paupérrima. Porque ser una Cenicienta implica ser injustamente menospreciada. ¿No es verdad, lo digo sin machismo, que hay mujeres que están esperando a un príncipe realmente apuesto, inteligente, y salvador? ¿Es verdad que las Cenicientas hacen que ser un hombre sea una tarea complicada? La realidad es que los hombres somos seres humanos, los cuales tenemos muchas falencias y de salvadores no tenemos nada. Además, ¿Por qué el hombre debe salvar a la mujer? Yo creo que el amor es una cuestión de dos corazones. Nadie salva a nadie. ¿Y el zapato? En el colmo de la estupidez y con las prisas por huir de tal marasmo, de snobismo y afectación, la Cenicienta perdió un Zapato y en un alarde de perversión, el lerdo príncipe lo guardó, seguramente para olerlo en la intimidad o, peor, para utilizarlo en algún ritual de alta sociedad, que se yo. ¡Qué difícil es ser hombre en medio de una sociedad llena de zapatos perdidos! Actualmente, parece que la mujer es la victima y el hombre el salvador: que el varón es fuerte y la mujer débil. Esta concepción de las relaciones es una tergiversación del verdadero amor. Porque en verdad, no debería haber dinámica de poder en una relación igualitaria. El arreglo victima salvador es, por definición, destructivo. Lo cierto es que el amor es lago que se construye de a dos. Nadie puede sólo. El hombre que promete llevar a alguien es una carroza mágica es un charlatán de primera. Y la mujer que espera que aparezca un príncipe salvador que le solucione todos sus problemas no sabe lo que es el amor. Porque acá, en este mundo, nadie tiene que salvar a nadie. En todo caso, lo que nos salva de la desdicha y la desgracia, es el verdadero amor igualitario. Acá no hay fuertes ni débiles. Hombres y mujeres somos iguales. Todos no saben recitar palabras bonitas, pero eso no significa que no se sepan amar. La pinta no lo es todo. Lo más importante es que hemos nacido para compartir lo que somos, para ayudarnos, para convivir como iguales ante Dios y los hombres y mujeres. El Dr. Jaime Barylko en su complicado es querer al otro en calidad de otro, ¡y que su bien sea el mío! Para quererte mejor debería liberarme de esquemas, prejuicios, ideas que tengo de mí, que tengo de ti; esa imagen que uno se hace de sí mismo, del otro, de la vida, de la felicidad. Para quererte mejor debería serte fiel, a ti, a tu realidad y no a la imagen o construcción mental que proyecto sobre ti. Es un trabajo. De eso se olvidaron los que nos enseñaron el camino de la vida. Nos dijeron que el amor era un sentimiento, y que con el sentimiento era suficiente. Ahora lo sé: comienza siendo un sentimiento, una pasión envolvente, alucinante; pero es amor en el punto en que la lava de la pasión se cristaliza en formas de vida que comprenden una decisión compartida. Decisión de compromiso. Compromiso: la promesa que crece entre dos…”


Julio C. Cháves.
escritor78@yahoo.com.ar

jueves, 16 de octubre de 2008

El derecho de ser madre

De todos los derechos que tiene una mujer, el derecho más importante es ser madre. La madre en el contexto biológico es aquel ser de sexo femenino que ha tenido descendencia. El enlace maternal describe los sentimientos que una madre tiene por sus hijos. Para una madre no existen los imposibles. No existen las palabras suficientes para describir el heroísmo de una madre. “Madre, dijo Khalil Gibran, la palabra más bella pronunciada por el ser humano”. Aunque Dios es omnipresente y puede estar en todo lugar al mismo tiempo, fingió necesitar ayuda para cuidar a los hombres y por eso creó a las madres. Mamá, mami, mamita, ma, son expresiones típicamente familiares utilizadas para referirse a una madre (Mamita suele usarse en la parte norteña de México por maridos, como una expresión cariñosa para llamar a sus mujeres. Por ejemplo: ¿Estás lista, Mamita?).
La madre cumple un rol fundamental en el desarrollo del niño. El titulo de madre no se lo adjudicamos únicamente a las madres biológicas sino también a las madres adoptivas, que sin estar emparentadas biológicamente con el niño/a cumplen el mismo rol que una madre biológica. Ahora bien, con respecto al rol de la madre soltera, aunque en algunas sociedades el status de madre soltera suele tener connotaciones negativas debido al machismo del latinoamericano, el rol de la madre soltera tiene verdaderamente la misma importancia que la madre biológica o adoptiva. En fin, la madre potencia las capacidades de sus hijos. La madre es un ejemplo de heroísmo, desinterés, trabajo. Las madres cumplen un trabajo sin descanso, sin vacaciones, sin remuneración, pero sobre las cosas, las madres son la tierna expresión de Dios.

Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar

martes, 24 de julio de 2007

La actitud de una mujer admirable


Ana (heb. Hanah: gracia), fue una de las dos esposas de Alcana. Y era la preferida de su marido. Por esta causa, Penina, la otra esposa, afrentaba a Ana por el hecho de ser ella estéril. “Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía”. Penina se jactaba de poder tener hijos e irritaba a Ana, haciéndola enojar, entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. Por mucho tiempo Ana se sintió muy mal, estuvo amargada, triste, apocada, ya que aún no se había convertido en madre. (Vale decir que en aquella época la maternidad era muy importante). Cierto día su marido la vio llorando y la preguntó: “Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos? Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza”. (1 Samuel 1).
¿Qué hizo la sufriente Ana? ¿Buscó la venganza de su rival, Penina? “Y se levantó Ana”. No se contentó con su situación. Se canso de que Penina se burlara de ella, entonces, recurrió a Dios pidiéndole su intervención. Fue al templo a orar y él sacerdote Elí pensó que estaba ebria, pero luego de hablar con ella se dio cuenta de que Ana verdaderamente estaba derramando su corazón delante de Dios. La petición de Ana fue concedida. Ana no tuvo su primer hijo y después creyó; Ana creyó y después tuvo su primer hijo. Apenas tuvo a su primer hijo, Ana fue y lo consagró a Dios como había prometido. Si Dios otorgaría premios Nobel a la fe, entonces, Ana sería una de las galardonadas. Los que saben de premiaciones arguyen que el premio Nobel se lo merece únicamente aquella persona que hace historia. Y Ana se lo merecía porque realmente estaba escribiendo la historia de la humanidad. Ana tuvo la actitud de recurrir a Dios y no le pidió a Dios una carga más liviana sino una espalda más fuerte. Ana tomó la iniciativa y Dios respondió. El hijo de Ana iba a ser una figura excepcional en la historia de Israel. Con fuerza moral y espiritual, en el curso de su vida, el profeta Samuel acabó con la idolatría en Israel, e hizo que fuera exaltado en toda la región el único Dios verdadero, y estableció la monarquía. La oración de Ana cerró una época que por períodos alcanzaba cotas de anarquía, una etapa de vergüenza y humillación, aliviada sólo por temporales lapsos de libertad y prosperidad. Y abre la puerta a la era de grandeza de Israel. Cuando creemos en nuestro Dios y recurrimos a él en oración, al igual que Ana, el nos oye y nos libra de la esterilidad. Por supuesto que Dios maneja sus tiempos ya que él es pertinente, inmanente, asertivo. “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”, dice el apóstol Pablo en Filipenses 4:6.
La historia de Ana es significativa por nos hace ver que, aunque en aquella época había reyes, batallas, y reinos que demandaban la atención de Dios, Dios interviene en la circunstancias de los oprimidos. Cuando Ana oro, ella entendió que todo lo que viene de Dios es perfecto, y consecuentemente le prometió a Dios que le consagraría su hijo. Santiago 1:17 dice: " Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación." La historia de Ana nos enseña que el sufrimiento tiene un propósito. Nos enseña que en los momentos de dolor nos encontramos habitualmente con el amor de Dios. Nos enseña que Dios escucha nuestras oraciones. Nos enseña que con fe podemos resurgir de las cenizas. La admirable actitud de Ana, su fe y su abnegación son un paradigma de confianza en Dios. Es común que los cristianos piensen que Dios los ha dejado solos en medio de su dolor. Pero la realidad es que Dios no es tan cruel como para dejarnos ver las palmeras en el horizonte y dejar de morir de sed sobre la arena caliente. Dios es nuestra vía de escape, él nos muestra su amor inmanente, justo cuando lo necesitamos. Debido a la fe, la historia de Ana tiene un final feliz. El profeta Isaías 43:18-19 finalmente nos dice: “No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a la luz ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”.
Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

viernes, 18 de mayo de 2007

El corazón de una madre, Barbara Johnson


Existe una ternura perdurable en el amor que siente una madre hacia un hijo, que trasciende al resto de los afectos del corazón. Es un amor que no se deja enfriar por el egoísmo, ni se deja acobardar por el peligro, ni se debilita por causa de lo que carece de valor, ni se apaga por causa de la ingratitud. Existe una ternura perdurable en el amor que siente una madre hacia un hijo, que trasciende al resto de los afectos del corazón. Es un amor que no se deja enfriar por el egoísmo, ni se deja acobardar por el peligro, ni se debilita por causa de lo que carece de valor, ni se apaga por causa de la ingratitud. La madre sacrificará toda comodidad a su conveniencia, renunciará a todo placer, se gloriará en su fama y se exaltará en su prosperidad y si la adversidad se ceba sobre él, ella le querrá incluso más, por causa de su desgracia. Y si su nombre queda manchado por la ignominia, a pesar de ello, ella lo seguirá amando y guardándolo como un tesoro. Y si el mundo entero le deja de lado, ella será el mundo entero para él.
Mayo es el mes del Día de las Madres y, por mucho que nos esforcemos en evitarlo, a algunas de nosotras nos produce más sufrimiento que placer. Pero nos esforzamos por aplicarnos las palabras de Filipenses 4:8: “...todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si hay algo que merece alabanza, en esto pensad”.
Resignación rechazadaSea como fuere, no hay lugar para presentar la resignación, le ha tocado a usted representar para siempre su papel de madre. El amor de una madre es algo que no se acaba, ni siquiera cuando sus hijos se hacen mayores ni cuando se marchan. Dios plantó el amor de una madre a tal profundidad que sus raíces se encuentran en lo más hondo de nuestros corazones. No hay lugar para presentar la dimisión, para abandonar ni para escapar, de modo que más le vale a usted ponerse cómoda, hacerse a la idea de que no hay escapatoria y ¡disfrutar el día! Si su hijo se ha ido a comer por ahí y se ha olvidado de usted, busque a otro, dele un abrazo y muéstrele su cariño. Encuentre a otro muchachito que se pueda sentir solo y use su imaginación. No permita que nadie le prive de la diversión que le pertenece. Así, ¡qué importa si no recibe usted una tarjeta ese día ni flores y ni siquiera una llamada! Envíele una nota a su hijo (o hija) diciéndole que le quiere mucho, aunque no reciba otra de vuelta. Continúe enviándole mensajes de cariño, ¡incluso si tiene usted la sensación de estar intentando abrazar a un puerco espín! Continúe manifestando lo que siente en su corazón, continúe plantando y regando las semillas. Continúe mandando sus mensajes de cariño y plantando semillas de amor en su familia. No espere demasiado a cambio y no se sentirá decepcionada, pero continúe plantando semillas porque no está usted sola en esa labor. Hay miles de madres que se esfuerzan por hacer de éste un día significativo, así que hágalo ¡plantando su amor en otros! Sé que a mí me funciona y también le funcionará a usted. Alégrese de tener un corazón de madre porque su amor es especial.
El capítulo del amor para las madresSi le hablo a mis hijos de lo que está bien y lo que está mal, pero no tengo amor, soy como el timbre de la puerta o como ollas golpeando en la cocina. Y a pesar de que sé las etapas por las que van a pasar, y conozco los dolores del crecimiento, y puedo contestar a todas sus preguntas acerca de la vida, y me considero una madre dedicada, pero si no tengo amor, no soy nada. Si renuncio a la realización de una carrera para hacer que la vida de mis hijos sea mejor, y me quedo levantada toda la noche cosiendo y haciendo trajes o preparando galletas al horno sin que me hayan dado demasiado aviso, pero me quejo por causa de la falta de sueño, no tengo amor y no he conseguido nada.
Una madre amorosa es paciente con la falta de madurez de sus hijos y es amable incluso cuando ellos no lo son; una madre amorosa no tiene celos de la juventud de sus hijos, ni la usa como arma arrojadiza cada vez que se sacrifica por ellos. Una madre amorosa no empuja a sus hijos para que hagan las cosas a su manera, no se muestra irritable, incluso cuando la varicela la ha mantenido encerrada en casa con tres niños pequeños llorando y quejándose durante dos semanas y no se muestra resentida con el hijo que trajo la aflicción a la casa, en primer lugar. Una madre amorosa no se siente aliviada cuando su hijo desagradable acaba por desobedecerla directamente y ella puede castigarle, sino que se regocija con él cuando colabora más con ella. Una madre amorosa está dispuesta a cargar con la responsabilidad de sus hijos, cree en ellos, tiene esperanza en la habilidad individual de cada uno de ellos para ser una luz en un mundo en tinieblas, y soporta todos los dolores de espalda y las aflicciones para conseguirlo. Una madre amorosa realmente no se muere nunca. En cuanto al pan hecho en casa se consumirá y se olvidará; en lo que se refiere a los suelos limpios no tardarán en estar cubiertos de polvo y de marcas de tacón. Y en lo que se refiere a los niños, ¿qué voy a decir? Hay juguetes por todas partes, los amigos y la comida son importantes para ellos, pero cuando se hagan mayores será la manera cómo la madre les ha querido lo que determinará cómo aman a los demás, y de ese modo ella seguirá viviendo. Así que la atención, la enseñanza y una madre amorosa residen en la casa, pero lo más importante de todos es la madre amorosa.
Notas Adicionales: Este artículo ha sido tomado del libro: Elástico fresco para madres estiradas por Barbara Johnson - Editorial Unilit