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jueves, 24 de enero de 2008

El mágico hilo guiador


“Lo que sigue es una leyenda griega. Mucho antes de la existencia del pueblo heleno, cuando el gran Minos era rey de Creta, y esta isla era el centro de un floreciente y poderoso imperio, Dédalo construyó en la isla de referencia un intrincadísimo laberinto en el cual irremisiblemente se perdía el que se aventuraba a entrar solo, sin alguna ayuda especial o muy experimentada.

Yacía en las profundidades del laberinto el Minotauro, para encerrar el cual se había realizado en Creta la enmarañadísima construcción, que se caracterizaba por una serie de corredores que se replegaban sin orden alguno en distintos sentidos, de manera que en sus vueltas y revueltas fuera absolutamente imposible orientarse.

Teseo, héroe griego, enamorado de la bella Ariadna, hija de Minos, rey de Creta, decidió trasladarse a la isla, y desafiando al peligroso, resolvió recorrer el laberinto y matar al odioso Minotauro. Pero advertido por la princesa de la irremisible suerte que le esperaba si entraba sin alguna ayuda externa, aceptó de buen grado un ovillo de hilo cuya punta sostenía Ariadna en el exterior. Así pudo recorrer con la gente que lo acompañaba aquel enmarañado laberinto, dar muerte al minotauro, y regresar airoso al exterior como héroe triunfante”.

El mundo de hoy es como una especie de laberinto. Yace en las profundidades de ese laberinto el diablo, Satanás, el enemigo de Dios. Este Minotauro conduce a las personas a la muerte espiritual, a enfermizas perversiones y a la decadencia moral. Los hombres están perdidos dentro de este planeta de vanidades y espejismos. Los jóvenes andan desorientados y confundidos. La corrupción moral es un virus pandémico. La sociedad está bañada de llantos angustiosos. Por todos los medios de comunicación caminan, como una procesión a paso lento, las almas sufrientes y llorando lágrimas de sangre y desesperanza. Muchos individuos dicen que Dios es injusto porque castiga a los inocentes. Pero nadie reconoce sus pecados. La mayoría de los seres humanos están perdidos en la selva oscura de la perdición, donde abundan las lujurias y los vicios malsanos que apartan a los hombres de las virtudes cristianas. El Dr. Billy Graham dijo: “Uno de los más devastadores efectos del pecado es que ciega al hombre a sus propios pecados”. Las almas afanadas por la codicia y la maldad deambulan por las calles de la ciudad perdida en las tinieblas. Los pecadores someten la razón al pecado. Y las personas comunes experimentan en sus mentes lo más trágico y horrendo que un mortal puede experimentar: recordar el tiempo de paz y alegría en la tormenta de la desgracia. Los ánimos airados son controlados por la soberbia, la codicia, los celos, la envidia y la avaricia. El deseo de riquezas, de autos 0KM., de opulencia, condena a muchas almas. 2 de Corintios 4:4 dice: “El Dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”.

Muchos seres humanos entraban en el laberinto de Creta y perecían bajo las garras del minotauro. Lo mismo está pasando en el mundo actual. Son muchas las almas que sucumben ante Satanás, el Minotauro asesino. Debido a que nadie puede lidiar con el Minotauro por sí solo, es obvio que necesitamos un mágico hilo guiador. El hilo guiador es el libro de Dios, la Biblia. La palabra de Dios nos orienta y nos guía en aras de una vida superior en acorde a la voluntad de Dios, que está especificada en las páginas de la Santa Biblia. La Biblia es el mágico hilo guiador y el Espíritu Santo cumple la misma función que Ariadna, pues nos guía fuera de las vanidades de este mundo efímero. Sin Dios y sin el mágico hilo guiador que él nos ha provisto, estamos perdidos y somos presa fácil de las legiones de demonios que están confundiendo las mentes y destruyendo al mundo moderno. La Biblia, el mágico hilo guiador que Dios nos ha legado, nos ayuda a ir rastreando el camino de salida del oscuro y tenebroso laberinto en el cual se halla la humanidad toda. En la Santa Biblia encontramos la explicación del proceso, la causa y los efectos del caos social, que contemporáneamente acosa y agobia al mundo del siglo XXI. Esa explicación se halla en 2 de Timoteo 3:13 donde se describe la característica de las personas de los últimos tiempos: “Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados”.

Las personas del siglo XXI están bajo el poder de la avaricia, el individualismo y la vanidad. Antes los hombres eran hombres, eran seres humanos con dignidad, mas ahora todos son leña para el fuego de los genocidios y los holocaustos de inocentes y justos. Las lenguas están inflamadas de mentiras, vanilocuencias, sofismas y acoso moral. Legión de diablos de fornicación conducen a muchas almas a la prostitución y el amor libre y sádico. Algún día, los que ahora se ríen de las calamidades ajenas, llorarán eternamente por sus pecados. Los demonios, cornudos de maldad, flagelan las espaldas de las personas porfiadas que no quieren hacer la voluntad de Dios. Las mujeres caminan despacio con caras cansadas y pesarosas. Los niños no tienen qué comer. Los jubilados ganan una miseria. Todo esto que he descrito, son las horrendas tortuosidades del mundo actual. Así pues, por supuesto que hay una salida. Esa salida es la palabra de Dios. Allí, en la páginas de la Biblia, es donde el arquitecto del cielo y la tierra, ha dejado registradas, por inspiración divina, las verdades cardinales que han de iluminar nuestro camino y que han de proporcionarnos la clave para vivir de forma dichosa, en plena armonía con Dios, con nuestros semejantes y claro pues, con nosotros mismos.

La Biblia es el mágico hilo guiador y el Espíritu Santo, la tercera persona del Dios trinitario, es quien nos ilumina el entendimiento para que podamos entender lo que Dios nos quiere decir a través de su eterna palabra. En este tiempo crucial en que la Argentina y la civilización humana atraviesa la máxima crisis de su historia, en esta hora de confusión moral y trágica zozobra que abruma al mundo entero en que a simple vista parece que nuestras esperanzas se desvanecen completamente, en esta época de evidente incertidumbre, es hora de que prestemos atención a las santas escrituras, pues es allí donde encontramos verdadera orientación moral y espiritual. La Biblia es un libro de inspiración divina que causa una ennoblecedora influencia en todo ser humano. La Biblia cambia radicalmente hasta el más duro y deformado corazón humano. La Biblia es el libro que viene en nuestro auxilio en este tiempo de naufragio social, cultural y político, para actuar como un mágico hilo guiador y para establecer cual es el verdadero camino a la auténtica comunión con el creador del cielo y la tierra. La Biblia es lo que sostiene a los verdaderos cristianos. Los verdaderos cristianos jamás aceptan doctrina alguna ni precepto sin antes cerciorarse de si los autoriza la palabra de Dios. Alguien dijo: “Los credos antiguos de la Iglesia cristiana, entre los que hay algunos que tienen cerca de mil setecientos años, afirman: la Biblia es la regla infalible de fe y práctica; y resulta tan práctica en la actualidad, para traer armonía y paz a la tierra, como en cualquier época. Sería trágico que no reconociéramos el lugar que deben ocupar las escrituras en nuestras vidas o que permitiéramos que los principios que exponen el propósito de Dios para la humanidad cayeran en desuso. Hoy nos hace falta la palabra de Dios como nunca antes en la historia”. (Esto lo escribió el Dr. Billy Gran en el prólogo de su libro ‘Aviso de Tormenta’).

Julio C. Cháves escritor78@yahoo.com.ar

Dos próceres argentinos que opinaron sobre la Biblia



La memoria de la Argentina honra a un hombre brillante, Bartolomé Mitre. Mitre, relevante estadista, militar denodado y sincero y sobre todo, gran erudito historiógrafo, escribió lo que sigue respecto a la influencia de la Biblia en el Continente Americano: “La América del Norte fue colonizada por una nación que tenía nociones prácticas de libertad, y por una raza viril, mejor preparado para el gobierno propio, impregnada de un fuerte espíritu moral que le dio su temple y su carácter.

Los peregrinos de la Nueva Inglaterra, huyendo de las persecuciones de Europa, buscaron la libertad de conciencia del Nuevo Mundo, para fundar en él una nueva patria, según la ley del evangelio. Los peregrinos llevaban en su ser moral la semilla republicana, fecundada por la lectura de la Biblia, que trasplanta en un suelo virgen y en un mundo libre, debía aclimatarse en su atmósfera propicia”. (Fuente: Bartolomé Mitre, ‘Historia de San Martín’, tomo 1).

El segundo insigne prócer argentino que opinó sobre la palabra de Dios, es Domingo Faustino Sarmiento. Este hombre tuvo palabras de encomio, ponderación, elogio encarecido para la Biblia, a la cual denominó ‘el libro padre de todos los libros’. Sarmiento es un hombre de jerarquía intelectual y su labor como educador fue muy fecundo, además fue estadista. Su conocimiento práctico del ambiente al cual se refiere, hace del párrafo que sigue una impresión particular: “La lectura de la Biblia echó los cimientos de la educación popular, que ha cambiado la faz de las naciones que la poseen; y últimamente, con la Biblia en la mano, y a causa de la Biblia, del libro primitivo, del libro padre de todos los libros, los emigrantes pasaron a América a fundar en el norte de nuestro continente los estados más poderosos del mundo, porque son los más libres”. (Fuente: D. F. Sarmiento, ‘Las escuelas’, Pág. 149, ed. 1869).

Julio C. Cháves escritor78@yahoo.com.ar

domingo, 13 de enero de 2008

Hombres eminentes opinaron sobre la Biblia


En su interesante libro ‘La escuela de Yasnaya-Poliana’, el literato y filósofo ruso León Tolstoy escribió este párrafo: “Aquellos que niegan la potencia educadora de la Biblia, y van diciendo que ha acabado su tiempo, que inventen un libro parecido, relatos semejantes que expliquen los fenómenos de la naturaleza, de la historia, de la imaginación, que se impongan como la Biblia; y convendremos entonces en que la Biblia ha acabado su tiempo”.
Víctor Hugo, el celebrado literato y estadista francés declaró al referirse a la palabra de Dios: “Dad al pueblo que trabaja y sufre, y para quien este mundo es penosos y malo, la creencia de que hay otro mejor, hecho para ellos. Esparció Evangelios en cada aldea, una Biblia para cada casa”.
León Tolstoy también agregó: “Vuelvo a decirlo, por convicción, deducida quizá de una experiencia exclusiva, que sin la Biblia en nuestra sociedad, como sin Homero en la sociedad griega, el desenvolvimiento del niño y del hombre es imposible”.
El ex ministro británico Asquit afirmó: “La Biblia libró a nuestro pueblo de un yugo bajo el cual jamás en lo futuro se someterá. Abrió a todos, grandes y pequeños, instruidos e ignorantes, el tesoro de la sabiduría divina”.
Un hombre de ciencia inglés, Sir William W. Abney, en su obra ‘The Astronomical and Society of Arts’, sostiene: “Quien afirme que la ciencia y la religión son antagónicas, que los hombres de ciencia, por ser tales, son irreligiosos, afirma una falsedad. Newton, Faraday, Brewster y Stokes, junto con muchos otros sabios eminentes son ejemplos de carácter cristiano. Lejos de haber antagonismos entre la ciencia y la Biblia, lo contrario es la verdad”.


Julio C. Cháves juliogenial@hotmail.com

La revelación más pura que existe de Dios


En tiempos de Moisés empezó la preparación de la palabra escrita. La revelación inspirada de Dios fue entonces en un libro, al cual hoy conocemos como la Biblia. Esa labor de compilar de modo escrito la revelación inspirada de Dios, duró 16 siglos. Empezó con Moisés, el legislador e historiador de la creación, hasta Juan, el discípulo amado de Jesús, el cual fue el narrador de las infalibles verdades del Evangelio. La Biblia, en todas sus páginas, expresa el carácter de su autor, Dios. Fue escrita por seres humanos, pero esos seres humanos estaban inspirados, plenariamente, por Dios mismo. Las pertinentes e infalibles verdades de la palabra de Dios, están expresadas en palabras humanas, pero fueron inspiradas divinamente. (2 Timoteo 3:16).
En su palabra, Dios comunicó y comunica el conocimiento necesario para que los seres humanos puedan acceder a la salvación. El Dr. Josh Mcdowell, autor de libros tales como ‘Evidencia que exige un veredicto’, ‘Más evidencia que exige un veredicto’, ‘Una defensa pronta’, ‘Más que un carpintero’, el cual se considera un escéptico con respecto al cristianismo, pero después de haber investigado el cristianismo llegó a la conclusión de que las escrituras son confiables, escribió al referirse al libro de Dios”. La Biblia dice ‘que la palabra de Dios es eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos. Penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y las intenciones del corazón’ (Hebreos 4:12). Al igual que una espada de dos filos, las palabras de Dios-sus mandamientos y sus juicios-cortan en ambas direcciones. Logran lo que es bueno para nosotros a través de un proceso de dos filos: protegen y proveen. En las palabras de Dios en Jeremías, el propósito de sus mandamientos es hacernos ‘prosperar’ (Proveer) y no hacernos mal (Proteger).
Un verdadero cristiano debe leer las sagradas escrituras, pues sabe que en la Biblia se encuentran las verdades que le motivarán, le capacitarán para ser auténticamente feliz. La Biblia es la verdad para los hombres. “Se cuenta que un hombre tenía dos perros. Uno era blanco y el otro era negro. Este individuo les había enseñado a sus mascotas a pelear. Todos los sábados por la tarde en la plaza principal de su pueblo se juntaban las personas para ver pelear a sus perros, y las personas hacían sus apuestas. Un sábado ganaba el perro negro; otro sábado ganaba el perro blanco. Jamás se sabía cual ganaría. Las personas que apostaban siempre salían perdiendo. ¡El dueño de los perros siempre ganaba! ¿Cuál era su secreto? El perro que ganaba era siempre el cual había sido mejor alimentado por el dueño. El perro peor alimentado siempre perdía”. Alguien dijo que dentro de cada cristiano hay dos perros. Uno es blanco y el otro negro. El blanco representa el bien; el negro representa el mal. Cuando leemos la Biblia estamos alimentando al perro blanco y las cosas en la vida nos van bien. Por el contrario, cuando dejamos a Dios y su santa palabra, fuera de nuestra vida, estamos alimentando al perro negro, el que representa al mal. Entonces todo nos sale mal y nos infligimos dolor emocional y sufrimiento hacia nosotros mismos. ¡Alimentemos con la palabra de Dios y el perro blanco siempre ganará las peleas!!...
La Biblia es la guía segura que necesitamos para orientarnos con certidumbre en medio de este mundo donde las tinieblas y el caos reinan de modo sádico y destructivo. La Biblia es un libro que transforma vidas. La palabra de Dios es la regla con la cual debemos medir nuestras conductas, toda enseñanza y manifestación religiosa. Isaías 8:20 declara: “¡A la ley y el testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido. Y pasarán por la tierra, fatigados y hambrientos, y acontecerá que teniendo hambre, se enojarán y maldecirán a su rey y a su Dios, levantando el rostro en alto. Y mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia; y serán sumidos en las tinieblas”. (Versículo 21,22). Las escrituras nos ayudan en nuestra debilidad. El Dr. Billy Graham dijo: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”. (Salmo 119:11). Sugiero que cuando te acose la tentación, pidas a Dios que te de fuerzas y te indique el camino que él ha preparado para librarte. Permíteme otro consejo. Cuida de no colocarte deliberadamente en una situación en que has de ser tentado. No todos tenemos debilidades y tentaciones iguales. Para unos, la tentación puede ser el alcohol; para otros, los malos pensamientos y los actos impuros; para otros, la codicia y el afán de lucro; para otros, una actitud de crítica y falta de caridad. Puedes estar seguro de que Satanás te ha de tentar en tu punto más débil, y no en el más fuerte. Nuestro Señor nos ha dejado el ejemplo de cómo él resistió las tentaciones del maligno. Cuando él fue tentado en el desierto, cada vez derrotó a Satanás, mediante el empleo de las escrituras”. Debemos leer las escrituras, pues es allí donde Dios nos ha dejado las claves para vivir una vida victoriosa. Practicar lo que dice la Biblia, con la ayuda del Espíritu Santo, por supuesto, es amar la libertad espiritual. Debemos memorizar fragmentos de las santas escrituras, pues estas son las herramientas que Dios nos ha delegado para poseer salud mental y libertad interior. Jesús dijo: “Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque yo no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que le he hablado, ella juzgará en el día postrero”. (S. Juan 12:47,48).
Alejarse de la palabra de Dios conduce a la confusión intelectual, a la confusión espiritual y a la ruina emocional. Alejarse del libro de nuestro Padre Celestial es igual a fomentar deliberadamente los designios y las mentiras del diablo. Satanás quiere y busca por todos los medios alejar al pueblo de Dios de las sagradas escrituras, pues sabe que un pueblo sin conocimiento perece bajo las garras de las tinieblas. Marcelo Laffitte dijo: “Noto una gran lejanía entre los cristianos y las escrituras. Y esto vaya si es serio. Siempre hemos sido conocidos como ‘El pueblo del libro’. Pero si seguimos a este paso, pronto deberemos asumir que nos hemos convertido en el ‘el pueblo del libro que no conocemos’. ‘El pueblo del libro cerrado’. O el pueblo de los CD y las FM cristianas. Toda nuestra vida debe girar en torno a la palabra. Porque allí están los fundamentos de nuestra fe. Ella es nuestra guía para no equivocar el camino. En sus hojas están las directivas de nuestro jefe. Es el ‘Manual del fabricante’. Es nuestro ‘reglamento divino’. La misma Biblia nos exhorta a que la palabra de Cristo more en abundancia en nosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en sabiduría”. Un cristiano auténtico se hace leyendo las santas escrituras, pues sabe que la Biblia es la verdad infalible y actual de Dios.
Satanás sabe que le queda poco tiempo. Por eso, quiere alejar al pueblo de Dios de la Biblia. Apocalipsis 12:12 cuenta: “¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo”. Satanás quiere desfigurar a los seres humanos con engaño y crueldad. Su maléfica intención es alejar a los cristianos de la verdad de nuestro Padre celestial. El mundo es un infierno de injusticia. Hay ricos que comen todos los días y niños que se mueren de hambre. Hay hombres malvados y niños desnudos en las calles. Dante dijo: “OH avaricia en que el mundo se contrista: Hundir al bueno, alzar al malo sabes”. (Divina comedia).
El gran estadista español Cautelar, dijo respecto a la Biblia: “No comprendo que se hayan puesto miles de obstáculos a la propagación de la Biblia. Se han recogido Biblias, y puedo traer pruebas de ello. Es necesario reestablecer el sentido religioso de este pueblo. Cuando se permiten los libros de Strauss, que combate la divinidad de Jesucristo; cuando se permiten los comentarios germánicos que niegan la autoridad del cuarto evangelio; cuando todo esto se permite, es necesario que un gobernador arbitrario impida que se lea la Biblia, en que se han inspirado Cromwell, Cisneros y Lafayette; la Biblia es la revelación más pura que de Dios existe en la sociedad, en la naturaleza y en la historia”.

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

lunes, 24 de septiembre de 2007

La fe de Bartimeo


El ciego Bartimeo arrojó su capa y corrió hacia Jesús. Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Bartimeo, como era ciego, dijo: “Señor, quiero recibir la vista”. Entonces, Jesús le dijo: “Tu fe te ha salvado”. La fe salvó a Bartimeo. Este ciego no espero que Jesús venga a él, él fue a Jesús. Arrojar la capa significa dejar atrás el problema. Primera de Timoteo 4:10 dice: “Trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el salvador de todos los hombres”.
Bartimeo no puedo ver, pero si puede oír, y cuando escucha que Jesús anda por su barrio, pregunta por él, va hacia donde esta el maestro. (Marcos 10:47). En síntesis, no se queda en su casa, va en busca del milagro, va en busca de Jesús. Bartimeo no desaprovecha la oportunidad de conocer a Jesús. Muchos quieren hacer callar a Bartimeo, pero él grita el nombre de Jesús con fuerza y actitud de vencedor. Nada lo detiene. Cuando Jesús le dice a Bartimeo que quiere, en realidad le esta dando un cheque en blanco, es como que le esta diciendo que el ponga la cifra, el número. Bartimeo necesita muchas cosas. De hecho, es pobre. Pero lo que le pide a Jesús es recuperar la vista. La fe de Bartimeo lo puso en contacto con la misericordia de Dios. La fe en Cristo nos acerca a la bendición de Dios. Marcos 11:22 relata: “Respondiendo Jesús les dijo: Tened fe en Dios”.
El Dr. Wernher Von Braun, el padre de los cohetes espaciales, dijo: “Los materialistas del siglo XIX, y sus herederos marxistas del siglo XX, trataron de decirnos que a medida que la ciencia vaya entregando nuevos conocimientos acerca de la creación, podremos llegar a vivir sin fe en un creador. Pero hasta ahora, cada respuesta nos plantea nuevos interrogantes. Al llegar a un mejor conocimiento de lo intrincado de la estructura atómica, de la naturaleza de la vida y del diseño magistral de las galaxias, nos maravillamos más y más frente a la maravilla de la creación de Dios. Pero nuestra necesidad de Dios no se funda simplemente en el asombro. El hombre necesita de la fe, como necesita del agua, del alimento y del aire. A pesar de toda ciencia que hay en el mundo, necesitamos tener fe en Dios”.
El salmista oró a Dios: “Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente”. (Salmo 51:12). Necesitamos confiar en nuestro Creador. De la misma manera que Bartimeo arrojó su capa, nosotros debemos dejar de lado todo lo que nos impide acercarnos libremente ante Jesús. Hemos de correr al encuentro con el maestro, rindiéndonos ante su misericordia. Con la respuesta: “Tu fe te ha salvado”, Cristo vertió todo su amor en el corazón de Bartimeo. Y el ciego, o mejor dicho, el ex-ciego, después de este encuentro ya no fue el mismo. Antes su vida gravitaba en torno a la fatalidad, la ceguera, la oscuridad, la desgracia, pero ahora vive bajo el signo de la libertad, de la gracia, de la misericordia de Dios. Ahora si, la vida de Bartimeo tiene sentido porque ha experimentado el toque de Dios. Hay algunos que dicen que para creer necesitan ver, pero Bartimeo ni siquiera podía tener este tipo de argumentos intelectuales porque era ciego. Además, la fe no es ver para creer sino creer para ver. Bartimeo creyó y vio la luz. Hebreos 11: 6 dice: “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.

Julio césar cháves
juliogenial@yahoo.com.ar

lunes, 17 de septiembre de 2007

¡Volvamos al amor!




















Esta es una época de insensibilidad. A nadie le importa su prójimo. Los seres humanos del tercer-milenio están pintados de un duro e impermeable barniz de insensibilidad. Los ricos ostentan su opulencia mientras los pobres exhiben sus miserias. Falta amor porque la gente no conoce a Dios ni ha nacido de nuevo. Muchos hablan de amor, pero desconocen lo que significa esta palabra. Incluso muchos líderes religiosos predican sermones sobre el amor al prójimo y la regla de oro, pero cuando bajan del púlpito y ven la necesidad no están dispuestos a sacrificar nada con el propósito de ayudar a sus semejantes. Los políticos hablan de justicia social y equidad, pero practican la corrupción y se codean con la impunidad. La gente necesita acercarse a Dios. Los hombres necesitan ser redimidos, necesitan nacer de nuevo, necesitan conocer el amor de Dios. El amor de Dios nos ayuda a hacer buenas obras. Si permitimos que el Espíritu Santo llene del amor de Dios nuestros corazones entonces podremos experimentar verdaderamente amor y compasión por el prójimo. Primera de Juan 2:10 dice: “El que ama a su hermano, permanece en la luz”.
La parábola del buen samaritano es bien conocida. Un hombre encontró a una persona herida en su camino y la ayudó. El que tiene amor de Dios siente compasión por su prójimo y hace algo por ayudarlo. Jesús dijo que los dos mandamientos más importantes son amar a Dios sobre todas las cosas y en segundo lugar, amar a los demás como a nosotros mismos. Cuando el maestro dijo esto nos hizo entender que aun cuando las estrictas reglas de la Ley estaban vigentes, el principio fundamental de la vida para el creyente, era el amor divino. La ley no fue escrita para el hombre justo, sino para los "transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos..." (1 Timoteo 1:9).
El amor a Dios y el amor a nuestros semejantes son inseparables, son dos mandamientos que están ínfimamente vinculados. El amor por nuestros semejantes depende intrínsecamente de nuestro amor a Dios; y nuestro amor a Dios se manifiesta en nuestro amor por otros. (1 Juan 4:20 al 5:2). Por supuesto que estos dos mandamientos fundamentales son distintos, pero uno depende del otro y viceversa. Amar a Dios, como lo describe el Nuevo Testamento, no es algo corriente para el hombre. La naturaleza humana con que nacimos nos concibe como enemigos de nuestro Creador. (Lucas 19:11-14; Juan 3:20; Romanos 5:10; Colosenses 1:21). Amar a Dios como Jesús propone en Mateo 22:37 debe ser la respuesta del hombre al amor que Dios tiene por él. Dios ama a la humanidad. Por lo tanto, se espera que el hombre ame a Dios con todo su ser. El amor por los demás depende del amor que Dios nos expresó a nosotros de antemano. `Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros» (1 Juan 4:11). Dios nos amo para que nosotros también amemos. Dios es amor. Y el Espíritu Santo es quien hace que el amor de Dios se convierta en amor por nuestros semejantes.
Dios nos llamo a hacer el bien. Es lamentable cuando muchos creyentes son insensibles a las necesidades de otros. Ven la necesidad, hablan del amor de Dios en la iglesia, pero cuando ven a un vecino necesitado no hacen nada por ayudarlo. Es evidente que el que no tiene amor aún no ha conocido a Dios. Gálatas 6:10 nos exhorta: "Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe." He escuchado a muchos predicadores en diferentes eventos y cruzadas por todo el país, pero fueron pocos los predicadores que me mostraron de forma contundente el amor de Dios. Creo que es imperiosa la necesidad de volver al amor. Podemos hablar de prosperidad, bendiciones, éxito, pero si no tenemos amor no somos nada. Debemos orar al Señor para que su Espíritu Santo llene nuestros corazones de su amor. Necesitamos amar a Dios y amar a nuestros semejantes. En un libro titulado Todavía remueve piedras, el escritor Max Lucado escribió: “Para el que es amado una palabra de afecto puede ser una migaja, pero para el que carece de amor una palabra de afecto puede ser un banquete”.
Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

viernes, 14 de septiembre de 2007

Gigantes, pedradas y batallas


Una de las cosas que más frustración me creaba era compartir mi fe con otra persona y ver como cada día se alejaba más de mi objetivo: ganarla, ponerla en mi lista. No es que se haya apagado en mí la pasión de hablar de Cristo, sino que ahora lo veo diferente.
La forma tradicional de hacer evangelismo es una batalla campal contra los inconversos. Nosotros, los santos, usamos contra ellos la espada de la palabra y lanzamos versículos como si fueran piedras. Esperamos ansiosamente el día en que no nos falle la puntería y alcancemos a pegar en su cabeza para ver como caen tendidos ante nuestros pies. Fuente: http://www.pezmundial.com/


lunes, 13 de agosto de 2007

Las llamas del pecado


Cuenta una leyenda que un día un bello bosque, donde vivían animales de todas las especies, se incendió y las llamas arrasaban con todo a su paso. Muchos animales comenzaron a huir, pero mientras todos huían, un pequeño conejito, tomó un balde con agua y comenzó a tirarles agua a las llamas. Un poderoso león que vio lo que estaba haciendo el conejito, le dijo:
-¿No te das cuenta, conejito, que con ese baldecito de agua, aunque no intentes, no podrás apagar este bestial incendio?
-Sí, lo sé, dijo el conejito, pero si cada uno de nosotros, en vez de huir, toma un balde y comienza a tirarle agua a las llamas, podremos extinguir el fuego.
El mundo esta en llamas y las llamas del pecado lo están destruyendo todo a su paso. Todos huyen y se preocupan por su propia vida. Entonces, cabe preguntar: ¿Qué podemos hacer los cristianos a favor del mundo? ¿Qué podemos hacer para apagar las llamas del pecado? Lo que podemos hacer es destacarnos donde estamos y hablar de Cristo, que es en realidad el agua que apaga el fuego de pecado. Los que creemos en Cristo debemos cumplir la gran comisión. Mateo 24:1-35 contiene las palabras de Jesús sobre los últimos tiempos y bosqueja un sinopsis de los acontecimientos que acontecerán antes de que el regrese nuevamente como lo prometió. No obstante, en la descripción de los postreros días, precisamente el versículo 14, marca puntualmente algo que tiene que suceder antes de su venida:“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”.Por lo tanto, Jesús se ha comprometido con su promesa y él no volverá a la tierra, sino hasta que su iglesia haya predicado el evangelio a todos los seres humanos sobre la faz de la tierra. Muchos cristianos dicen a menudo que Cristo puede volver en cualquier momento, y esto es cierto, pero su palabra debe ser predicada a todo ser humano en el planeta. ¿Qué debemos hacer para predicar? ¿Cómo lo hacemos? Es fácil. Dante Gebel, en su libro Pasión de multitudes, cuenta: “El Apocalipsis no fue escrito para que tengas temor y marques las jugadas como si fuese el calendario de un campeonato de fútbol, sino para que sepas que Cristo es quien termina al mando de la historia. Nosotros estamos del lado ganador, y lo único que se nos exige es el tener que predicarle a un mundo que pide a gritos una alternativa. El señor no te enviará a las naciones si nunca le has predicado tú vecino. No te pondrá ante las multitudes si jamás le has presentado el mensaje de salvación a tu compañero de estudios. Dios no quiere que abandones tu empresa, dejes tus estudios por la mitad, o simplemente decidas dejar de trabajar. Por el contrario, él necesita empresarios que marquen un alto concepto de la vida entre sus empleados, estudiantes que sean ejemplo en la universidad y obreros que prediquen con su testimonio. El planeta necesita jueces y abogados cristianos que promulguen y defiendan leyes basadas en normas bíblicas. Alcaldes, gobernadores, senadores y presidentes llenos de Cristo que cambien radicalmente el rumbo de la nación. Médicos, científicos y especialistas que prediquen mientras exponen nuevos descubrimientos. Gerentes de bancos convertidos que otorguen créditos para la construcción de nuevos templos y centros evangelísticos. Escritores talentosos, cuyos libros de conceptos bíblicos sean los nuevos best sellers. Gerentes de programación y dueños de estaciones de televisión que promuevan la integridad a través de la pantalla. Directores de cine que logren récord de taquilla con películas que tengan mensajes cristianos. ¿Te parece una gran locura? Pues esa es la comisión. Conquistar y no escapar. Cristo no vendrá a buscar una iglesia moribunda y raquítica, sino una iglesia victoriosa y vencedora”.
Hay que predicar la cruz. El Dr. Jhon Hagge, en su ensayo La era del engaño, dijo: “La cruz es la fuente, el origen y el centro de toda bendición. Soy salvado a través de la sangre de la cruz de Cristo. Soy sanado por las heridas de su espalda. La cruz garantiza una paz que sobrepasa todo entendimiento. Sin la cruz hasta el acto de la oración es una absoluta pérdida de tiempo”. Prediquemos la cruz. Prediquemos con nuestro ejemplo. Como dijo Dante, prediquemos con nuestro ejemplo. Estemos donde estemos, mientras nos destacamos en algo, prediquemos el evangelio. La cruz es el epítome de toda bendición. La cruz es el eje del cristianismo. La cruz es el secreto del gozo y la victoria. La cruz apaga el fuego del pecado.

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

domingo, 12 de agosto de 2007

El infalible remedio para los males del corazón


El corazón humano está impregnado de pecado, y en conocimiento de la penalidad que la ley establece para la infracción, se encuentra frente al complejo dilema de la muerte eterna. Somos imperfectos. Hemos quebrantado la palabra de Dios. Desde que éramos niños hemos violado los mandamientos del decálogo. Es decir, hemos cometido pecado y merecemos la muerte. Por tanto, la suerte que nos espera es la muerte eterna a menos que alguien intervenga a nuestro favor. Pero gracias a Dios existe un gran remedio para el pecado y el corazón humano. Los males del corazón pueden ser remediados por el redentor. Hay una manera de escapar de la muerte inevitable. Es Jesús, el salvador del mundo, quien es nuestro salvador personal si le aceptamos como tal. “Siendo justificados gratuitamente por su gracia –declaró el apóstol Pablo- por la redención que es en Cristo Jesús”. (Ro. 3:24).
Con razón, pues, San Pablo afirma a los Gálatas: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe”. (Gá. 3:24). He aquí, pues, una de las grandes misiones de la ley: Llevarnos a Cristo. ¿Cómo nos lleva a Cristo la ley? Mostrándonos nuestras manchas y deficiencias espirituales, revelándonos nuestro pecado. Luego, ante el hecho de que nos resulta absolutamente imposible justificarnos por nosotros mismos, frente a la total inutilidad de nuestros esfuerzos para lograr nuestra justificación, resolvemos ir a Aquel que vertió su sangre para limpiarnos de nuestros pecados y librarnos de la muerte eterna. Jesús nos ofrece hoy mismo su poder para lavar nuestra vida de toda contaminación.
El profeta Jeremías, respecto a la importancia humana frente a los pecados, explica: “Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová”. (Jeremías 2:22). Es imposible liberarnos de la muerte por nuestra propia cuenta. Pero tan pronto como se hace carne en nosotros la convicción de nuestra insuficiencia frente al manchado registro de nuestra vida pasada y de nuestros pecados pasados, resuena en nuestros oídos y halla eco en nuestro corazón la gloriosa verdad de que: “La sangre de Cristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. (1º Juan 1:7). Por el arrepentimiento y la confesión de nuestro pecado (1º Juan 1:9) éste queda perdonado, borrado, limpiado, satisfecha la exigencia de la Ley, y el trasgresor plenamente justificado a los ojos de Dios.
El Dr. Billy Graham, respecto a la justificación de los pecados, escribió: “Hay una cuatrocientas sesenta menciones de la sangre en la Biblia. En el Nuevo Testamento, Jesús nos habla 14 veces de su sangre. ¿Por qué? Porque con el derramamiento de su sangre hizo posible nuestra salvación. Pagó la pena de nuestros pecados, y nos redimió. La paga de nuestro pecado y rebelión es la muerte. Jesús se presentó diciendo: ‘Yo acepto esa muerte’, y voluntariamente puso su vida, recibiendo el castigo que merecíamos nosotros. Ese es el significado de la cruz. La sangre de Jesucristo no sólo nos redime, sino que nos justifica. Ser justificados significa más que ser perdonados. Yo puedo decirte: ‘Te perdono’, pero no puedo justificarte. Pero Dios no solo perdona tu pasado, te viste ropas de justicia, como si nunca hubieses pecado. Sin embargo, costó la sangre de su Hijo en la cruz”. Apocalipsis 1:5 dice: “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre”. Jesús es el remedio infalible para los males del corazón. De eso no hay duda.

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

jueves, 9 de agosto de 2007

El propósito de la cruz


Jesús murió en la cruz con el propósito de reconciliarnos con Dios. A causa de su sacrificio podemos tener comunión con nuestro Creador. Romanos 5:8-10 dice: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”. Dios nos ama tanto que ofreció a su único Hijo por nosotros. Todos los que aceptamos a Cristo como nuestro salvador personal, Dios nos ve perfectos porque nos ve a través de la sangre de su unigénito. Los que aceptan a Cristo se constituyen hijos de Dios. Toda la creación tiene sentido porque Dios lo creo todo. Y la vida humana tiene sentido porque Dios le da sentido y propósito a todo aquel que en él cree. Cuando le preguntaron cual era el camino a la salvación, Cristo respondió: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mi”. (Juan 14:6).
Dios creo al hombre a su imagen, pero esa imagen se desfiguró cuando los dos primeros seres humanos comieron del árbol prohibido y desobedecieron a Dios. Por lo tanto, los que nos buscan a Dios no pueden ser salvos y la imagen de Dios en ellos yace desfigurada por el pecado. “Lejos está de los impíos la salvación, porque no buscan tus estatutos”, dice el salmo 119:155. Todos los seres humanos sobre la faz de la tierra necesitamos estar en comunión con Dios. Negar esta necesidad es muy peligroso. Proverbios 14:12 dice: “Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero su final es el camino de muerte”. En occidente hemos oído hablar de Cristo o hemos una película sobre su vida, hemos visto algún Crucifijo, hemos visto alguna estampita o póster, pero esto es conocimiento intelectual. Esto no es conocerlo. Conocerlo es experimentarlo en corazón, es dejar que él entre en nuestra vida y nos haga nacer a una nueva vida en él. “Se puede decir que casi todos están familiarizados con términos como “perdón de pecados”, “la sangre del Cordero” o “el sacrificio de Cristo en la cruz del calvario”. Si asumimos que lo anterior es cierto, podemos concluir que el problema principal de la sociedad no es la falta de conocimiento intelectual de Dios o de la salvación que Él ofrece a través del Señor Jesucristo. El apóstol Pablo afirma que el problema principal del hombre no es su falta de conocimiento intelectual de Dios. Pablo declara en Romanos I: “Pues aunque han conocido a Dios, no lo han honrado como a Dios ni le han dado gracias…” (Romanos 1:21). Es mas, la historia nos muestra que el hombre, en muchos lugares y épocas, ha tenido la oportunidad de escuchar acerca de la salvación que Dios ofrece a través del Señor Jesucristo, por lo que es razonable afirmar que el plan de salvación ha sido escuchado por la mayoría de personas en nuestra sociedad occidental. No obstante lo anterior, creo que la predicación del mensaje de salvación no ha tenido el efecto que se podría esperar. Estoy seguro que podemos afirmar que ese plan de evangelismo a largo plazo ha generado muchos millones de “cristianos nominales”, oficialmente religiosos, pero carentes de poder y cuyas vidas no han sido transformadas en la forma que el Señor Jesucristo podría hacerlo”. Cristo no simplemente un conocimiento intelectual o una experiencia religiosa, Cristo es nuestro Salvador personal. Si creemos en él tenemos vida eterna y ya no estamos muertos en nuestros pecados sino que su sangre nos ha limpiado y somos justificados delante de Dios. ¡Ya no vivimos nosotros sino Cristo vive en nosotros!

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

jueves, 26 de julio de 2007

El fervor de un predicador invencible


El apóstol Pablo originariamente era Saulo de Tarso y fue un empedernido perseguidor de la comunidad cristiana. Pero su vida cambió radicalmente cuando Cristo se le apareció en el camino de la ciudad de Damasco, donde creyó y después de un tiempo, pidió ser bautizado. Esto sucedió en el año 36 D.C. Posteriormente, Saulo se convirtió en Pablo, el gran apóstol, comenzando su actividad evangelística en Damasco y Arabia, donde es perseguido por los judíos, huyendo luego a Jerusalén, donde es visto por Bernabé, quien lo lleva con Pedro y Santiago, el hermano biológico del Señor. Luego, huye de Jerusalén, escapando de los judíos de habla Griega. Entonces, lo llevan a Cesárea y es enviado a refugiarse a Tarso. Consecuentemente, Bernabé acude a Tarso y se va con Pablo a Antioquia, lugar donde muchos paganos conocen a Cristo y los que creen se parecen tanto a Cristo que allí se los denomina cristianos por primera vez. Antes era un perseguidor que hostigaba, castigaba y asesinaba a los discípulos de Cristo, pero ahora él se había convertido en un servidor más del Señor. Predicó en muchísimos lugares, pero hay un episodio que me gusta mucho y es cuando Pablo predicó en Listra. Hace poco oí un sermón en la iglesia sobre este relato que se encuentra en hechos 14:8 al 23.
El predicador leyó dos versículos que voy a reproducir a continuación que impactaron mi vida. Hechos 14:19,20 cuenta: “Entonces vinieron unos judíos de Antioquia y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto. Pero rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe”. Estando predicando el evangelio en Listra el apóstol Pablo sanó en el nombre del Señor a cierto hombre de allí, quien estaba sentado, que era cojo de nacimiento, el cual tenía fe. Los que vieron este milagro creyendo que los discípulos eran dioses quisieron ofrecerles sacrificios, pero ellos dijeron que no hagan esto sino que creyeran en el Dios que hizo los cielos y la tierra. En esa instancia sucedió lo que dicen los dos versículos citados antes. Lo significado de este relato es que luego de que Pablo fuera apedreado y arrastrado fuera de la ciudad, se levantó nuevamente y siguió predicando el evangelio. “Pero rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe.Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído”. (Hechos 14: 20-23).
Desde que el apóstol Pablo se encontró con Cristo en el camino de Damasco, se convirtió en un fervoroso predicador. En estas circunstancias fue apedreado, pero él se levantó en el nombre del Señor y siguió expandiendo el evangelio, convirtiéndose en un ardiente protagonista de la comunidad cristiana, contribuyendo a extender el evangelio más allá del pueblo judío, divulgándolo entre los gentiles. Además, viajó como misionero a Gracia, Asia menor, Siria y Palestina; y escribió varias epístolas a diversos lugares del entorno mediterráneo. Sus escritos instituyen una sólida interpretación del mensaje de Cristo, razón por la cual asistieron de manera decisiva al desarrollo teológico del cristianismo. Sus epístolas adecuaron el mensaje Cristo a la cultura helenística imperante en el mundo mediterráneo, facilitando su extensión fuera del ámbito cultural hebreo en el cual él había nacido. De la misma forma que el apóstol se levantó luego de ser apedreado, también se levantó de muchas circunstancias, esgrimiendo como único objetivo predicar el evangelio a los incrédulos de la tal forma que muchos puedan conocer a Cristo y alcanzar la salvación a través de la fe. Su fervor por comunicar el evangelio y hacer universal el mensaje del crucificado, lo desligó de la tradición judía, insistiendo en que el cumplimiento de la ley no es lo que salva a las personas de sus pecados, sino la fe en Cristo. Como consecuencia de estas afirmaciones tuvo que polemizar con muchísimos de sus contemporáneos hasta finalmente lograr liberar a los gentiles de las obligaciones rituales y alimenticias del judaísmo predominante, incluida la circuncisión. Lamentablemente en el país de los judíos fue mal admitido su mensaje, y estando en Jerusalén, fue apresado, juzgado y enviado a Roma, donde finalmente fue asesinado, convirtiéndose en representativo líder, maestro, escritor y apóstol de la comunidad cristiana.
Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

martes, 17 de julio de 2007

Un ojo del hijo y un ojo del rey


Se cuenta la leyenda de un poderoso rey que con el afán de ponerle fin a la corrupción moral y estimular a sus súbditos a la pureza y la castidad, promulgó una ley en virtud de la cual disponía que a todo súbdito del reino que cometiese adulterio o fornicación se le quitaran ambos ojos.
Lamentablemente la tragedia la jugo una mala pasada al rey ya que el propio hijo del rey, bello joven de 24 años, fue en primero en infringir la ley promulgada por el monarca. Cuando llegó la noticia a oídos del rey, este paso algunas horas de angustiosa incertidumbre sobre lo que debía hacer. Por una parte, sus sentimientos paternales clamaban con toda la fuerza del corazón humano para que se perdonara al joven. Pero por otro lado esto no podía suceder ya que en el imperio, una vez sellada la ley con el anillo real, debía ponerse en vigencia y efecto, sin tener en cuenta de quien se tratase.
Luego de horas de meditación, el rey lanzó un suspiro de alivio, y escribió este decreto: “Las leyes de mi reino no pueden dejar de cumplirse. Cúmplase la ley en este caso también. Este castigo exige que se le quiten ambos ojos al culpable de la trasgresión de la ley. Por lo tanto, quítese un ojo a mi hijo y otro a mí”.
De la misma forma que el rey de esta breve historia estableció una ley que debía ser cumplida, nuestro Padre celestial ha establecido leyes morales y espirituales que nadie puede transgredir. Sin embargo, los hombres han transgredido las leyes de Dios, pecando contra el cielo. La falta de cumplimiento de la palabra de Dios implica serias consecuencias. El que peca quebranta la ley. Primero de Juan 3:4 dice: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley”. Y la consecuencia del pecado, tristemente, es la muerte, dice romanos 6:23.
Desde que Adán y Eva pecaron, todos los seres humanos nacemos con la tendencia hacia el pecado. Todos hemos pecado, desobedeciendo de una u otra forma la ley, los mandamientos de Dios. En consecuencia, merecemos la muerte, merecemos ser condenados. Por otro lado, los insondables sentimientos de amor de nuestro Creador y Dios se sumen en angustia y su corazón se entristece, pues se trata de un Dios amoroso que ama a sus criaturas, y Dios es tan amoroso que el apóstol Juan dijo que el que no ama no conoce a Dios porque Dios es amor. (1 Juan 4:8). Ahora, aunque merecemos la muerte, Dios nos ama tanto que nos ha dado la solución. San Juan 3:16,17 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”. Si creemos en Cristo, somos libres de nuestros pecados y no seremos condenados, ya que la sangre de Cristo nos limpia y justifica delante de nuestro Creador. Claro que no basta con simplemente creer en Cristo intelectualmente y aceptarle de palabras nomás, sino que debemos consagrar nuestras vidas a él, haciendo su voluntad, orando, leyendo su palabra, y dejándonos transformar por su poder. En su inspirador libro Porqué tú escogiste los clavos, Max Lucado dice: “Qué bueno es estar incluidos. Pero no siempre es así. Las universidades te excluyen si no eres lo suficientemente inteligente. El mundo de los negocios te excluye si no estás lo suficientemente calificado y, lamentablemente, algunas iglesias te excluyen si no eres lo suficientemente bueno. Pero aunque estas instancias te puedan excluir, Cristo te incluye. Cuando se le pidió que describiera la anchura de su amor, Él extendió una mano a la derecha y la otra a la izquierda y se las clavaron estando en esa posición para que tú pudieras saber que Él murió amándote. ¿Pero no tiene esto un límite? Seguramente el amor de Dios tiene que tener un fin. ¿No te parece? Pero David el adúltero nunca lo encontró. Pablo el asesino nunca lo encontró. Pedro el mentiroso nunca lo encontró. En sus respectivas experiencias, ellos llegaron a tocar fondo. Pero en cuanto al amor de Dios, nunca ocurrió tal cosa. Ellos, como tú, encontraron sus nombres en la lista de amor de Dios. Y sin duda puedes estar seguro que Aquel que los puso allí sabe cómo pronunciarlos”.

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

miércoles, 11 de julio de 2007


Proclamando el evangelio a toda criatura

Apocalipsis 14:6,7 dice: “Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”. Este profético pasaje del libro de Apocalipsis esta íntimamente vinculado a Mateo 24:14, donde dice: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. Al mismo tiempo estos dos pasajes están asociados a lo que dijo Jesús en Mateo 28:18, 19, donde leemos: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.
Los seguidores de Cristo, la iglesia, hemos recibido una orden de ir y predicar el evangelio a toda criatura sobre la faz de la tierra. Cristo ordeno a la iglesia que proclamara a los cuatro vientos la doctrina del evangelio ya que únicamente en Dios los seres humanos son puestos en el lugar que les correspondía y corresponde originalmente. Fuimos creados para Dios. Los cristianos debemos proclamar esta verdad. Los hombres hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y a través de la aceptación de Cristo podemos volver a tener paz con nuestro creador. El evangelio es una buena noticia para el mundo, es un mensaje de salvación y restauración, es un mensaje de perdón y amor divino. El evangelio no hace acepción de personas. Es un mensaje para el pobre y el rico, para el ignorante como para el sabio. Desde la época de Cristo se ha proclamado este mensaje. Los discípulos Cristo predicaron con tanto fervor el evangelio que lo introdujeron hasta en el palacio del mismo César, en la propia capital del Imperio Romano. Y este mensaje se ha mantenido vigente en todas las épocas y culturas, propagándose a través de la historia de la humanidad. Los cristianos han permanecidos fieles a la proclamación del evangelio, pasando por la fría y cruel época medieval hasta la modernidad. Fue el mensaje del evangelio que encendió de pasión santa los corazones de los reformadores, lo cual hizo que el evangelio abarcara toda Europa y se siguiera expandiendo a América. Y este mensaje sigue vigente en este tecnológico y alienado siglo XXI, donde los cristianos tenemos el deber de seguir predicando el evangelio a toda criatura sobre la faz de la tierra, cueste lo que cueste. En un articulo titulado ¿Por qué compartir nuestra fe?, publicado en
www.sigueme.net, la escritora Evelyn Christenson, escribió: “Jesús nos dijo en Juan 12:46 por qué Él vino al planeta tierra: “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquél que cree en mí no permanezca en tinieblas. Y a nosotros los cristianos se nos ha confiado el traer esa luz –Jesucristo- a aquellos que están perdidos en tinieblas. Cuando oramos y alcanzamos a las personas con las buenas nuevas de Jesús, y ellos le aceptan como Salvador, la cosa más increíble sucede: Dios literalmente les arranca del reino de Satanás y les coloca en el reino de Jesús. Ellos se convierten en ciudadanos del reino de la luz. El evangelismo no es un proyecto, un acontecimiento o una tarea. Es: ¡cristianos rescatando cautivos del reino de Satanás!”.

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

domingo, 8 de julio de 2007


Un mensaje que transforma

El mundo necesita a Cristo. Necesita al redentor. Necesita al Espíritu Santo. El apóstol Pablo lo dijo bien claro cuando escribió: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”. (Romanos 8:9). Cuando que el mundo entero necesita a Cristo no me refiero a pertenecer a una iglesia o haber sido bautizado de niño. A lo que me refiero es a haber experimentado a Cristo. El hecho de cumplir rituales en una iglesia y participar en ritos o ceremonias no significa nada delante de Dios. Dios desea que aceptemos a Cristo en nuestro corazón. Tener una experiencia personal con Cristo es la base del cristianismo.


Relacionarnos personalmente con Cristo cambia completamente nuestras vidas. El evangelio de Cristo tiene poder y puede cambia a una persona individualmente como también puede cambiar a sociedades, barrios, países, culturas. Pablo afirmó: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”. (Romanos 1:16).
Este siglo XXI es una época de mucha información. Hay miles y miles de personajes que hablan de Cristo, pero en realidad hablan de Cristo porque lo conocen a través de libros. Y en realidad no lo conocen porque no tuvieron un encuentro con él. Lamentablemente muchos han difundido un seudocristianismo impotente para solucionar los problemas sociales. El apóstol Pablo expresó proféticamente: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”.
Lo que dijo el apóstol que muchos hablan de Cristo y tienen apariencia de religiosos, teorizan y teorizan sobre Cristo, pero aún no le conocen en sus corazones y sus vidas no han sido transformadas. De todas formas, los principios de Cristo permanecen inmutables, asertivos, y no útiles para los hombres que desean conocerle de corazón. Los que se identifican con la palabra de Dios y la creen de todo corazón, dicen con el apóstol Pablo: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. (Hebreos 4:12).
El evangelio no solo penetra en el intelecto de las personas sino que penetra en lo profundo del corazón humano, dando vida donde antes había muerte, dando gozo donde antes había tristeza. El evangelio de Cristo es poder de Dios para todo aquel que en el cree.
Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

miércoles, 4 de julio de 2007

Justificados gratuitamente por su gracia


Cuando los seres humanos hemos entendido que la paga del pecado es la muerte, entonces nos preguntamos: ¿Hay alguna forma de hallar la vida espiritual? ¿Quién interviene a nuestro favor para que podamos acercarnos a Dios? Gracias a Dios existe una forma de volver a tener vida espiritual, hay una forma de volver a tener comunión con Dios, que es para lo que fuimos creados, y esta forma de acercarnos nuevamente a Dios es través de Jesucristo. Romanos 3:24 dice: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”. Cristo murió en la cruz para darnos vida. Aunque romanos 3: 10 que no hay justo ni aún uno, los que hemos aceptado a Cristo hemos sido hechos justos a través de su sangre. La epístola a los Gálatas 3:24 dice: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe”.
El Espíritu Santo nos convención de pecado, mostrándonos nuestra deficiencia espiritual, revelándonos nuestra incapacidad de llegar a Dios a través de nuestros propios medios. Posteriormente, frente al hecho de que no podemos llegar a Dios a través de nuestras obras y que resulta imposible justificarnos por nosotros mismos, ante la absoluta inutilidad de nuestros esfuerzos humanos para alcanzar la salvación, hemos resuelto ir a aquel, que es Cristo, que vertió su preciosa sangre para limpiarnos de todos nuestros pecados y que nos ofreció su comunión permanente desde ahora para siempre. El profeta Jeremías explica nuestra impotencia e insuficiencia para llegar a Dios por nuestros medios humanos: “Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor”. (Jeremías 2:22).
Ahora, en cuento nos damos cuenta de nuestra impotencia e insuficiencia de poder llegar a Dios por nuestros propios medios, resuena en nuestros corazones la inmutable verdad de que la sangre del Hijo de Dios, Jesucristo, nos limpia de todo pecado. (1 Juan 1:7).César Vidal en un articulo titulado Evangelio y salvación por la fe, escribió: “Si el hombre no puede salvarse por sus propias obras, por sus propios méritos, por sus propias acciones; si la ley de Dios, lejos de salvarlo, sólo le muestra que es incluso más culpable de lo que cree, ¿cómo puede salvarse de la justa condenación de Dios? La respuesta de Pablo hunde sus raíces en los textos del Antiguo Testamento que hacen referencia a la muerte de un ser inocente en pago por los pecados de los culpables, en las profecías sobre un Mesías que morirá en expiación por las culpas del género humano (Isaías 53) y en la propia predicación de Jesús que se ha presentado como ese Mesías-siervo que entregará su vida en rescate por muchos (Marcos 10, 45).
(
http://www.protestantedigital.com). Cuando nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados delante de Dios, a través de Cristo, nuestros pecados son borrados para siempre y Dios nos ve a través de la sangre derramada de su Hijo en la cruz. Primera Epístola de Juan 1:7-9 dice: “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.
Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

viernes, 29 de junio de 2007

Un cuadro de confusión espiritual


El siglo XXI es una época de confusión espiritual. Debido a vanas filosofías que se yerguen como “verdades” de origen divino, reina en nuestro mundo la oscuridad intelectual, moral y espiritual que aleja al hombre de Dios. Ahora, pregunto: ¿dónde podemos encontrar orientación? ¿Cuál es la guía que nos marca el norte de nuestra existencia? ¿Hay alguna posibilidad de entender la condición humana? La respuesta a todas estas preguntas es nada más y nada menos que la Biblia. En las sagradas escrituras encontramos orientación divina, es allí donde se anuncian profecías que describen con exactitud absoluta el desarrollo de la historia de la humanidad. La palabra de Dios se proyecta sobre nuestras mentes con luz positiva, marcándonos el camino hacia la salvación, que es Jesucristo, el camino, la verdad y la vida. Cristo a sus seguidores: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. (San Juan 5:39). Al conocer la palabra de Dios, obedeciéndola, para nuestra satisfacción, felicidad y salvación personal, somos libres de la confusión espiritual que tanto confunde al mundo entero.

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com

jueves, 28 de junio de 2007

La niebla del corazón roto


El mundo está hecho espasmódicamente de lágrimas. El corazón, quiere soñar, pero el sufrimiento nubla su entendimiento. Sin embargo, a pesar de que le cuesta latir, sigue cumpliendo su función con dignidad y osadía. Le cuesta mirar de frente las estrellas, pero las sigue mirando…Ay corazón, no pares de soñar con ser feliz, pues todavía no has probado la mitad de la vida. Ay, corazón no pares de cantarle a Dios, pues las estrellas de eterno fulgor te sonreirán a su tiempo. Sé, corazón mío, que estás herido, lastimado, desgarrado, bloqueado por la aflicción.

Sé que el país está mal y no te da oportunidades de amar. Sé que la gente de hoy mira de lo de afuera y te deja de lado, pero a pesar de los vientos contrarios, sigue luchando, pues hay esperanza para quienes siguen viviendo con alegría y con sueños. Es cierto que todo está mal, pero hay que seguir mirando lo bueno en el mundo.Corazón, no pares de latir, de sonreír, vive tus días con visión positiva. Para de llorar. No te vayas de mí. Es enorme el silencio si no estás dentro de mi pecho, es un camino de piedras la vida sin ti. ¿Qué ha pasado contigo? No te vayas de mí, no entiendo lo que está pasando en este país donde los corruptos pululan como si fueran dioses salvadores. No te vayas corazón, pues quizás la esperanza nos vuelva a juntar, y la impunidad y los ventajeros y los aduladores con doctorado, se marchen de aquí. Que nuestro pacto sagrado sea no mentir. No seamos como los políticos que mienten sin escrúpulos y les roban el pan a los pobres, a los niños, a los jubilados. Si es verdad que me quieres, por favor no pares de soñar, pues te necesito.Corazón, ahora quiero compartirte algo muy alentador que he leído. Max Lucado en su libro “Con razón lo llaman el salvador”, escribió algo muy significativo respecto a la niebla del corazón: “La niebla del corazón roto. Es una neblina oscura que apresa sigilosamente el alma y le impide un fácil escape. Es una silenciosa neblina que eclipsa el sol y acentúa las tinieblas. Es una nube pesada que no respeta hora ni persona. Depresión, desaliento, duda…son los compañeros de esta miedosa presencia. La niebla del corazón roto desorienta nuestra vida. Hace difícil ver el camino. Apaga las luces. Empaña el parabrisas. Baja lentamente. Haga lo que usted quiera nada sirve. Cuando esta niebla nos envuelve, las más ardientes palabras de ayuda y esperanza no son sino frases vacías. Si usted ha sido traicionado por un amigo, sabe lo que quiero decir. Si usted ha sido dejado por una esposa, o abandonado por un padre, o si alguna vez ha echado un puñado de tierra sobre el féretro de un ser querido, usted ha visto esta niebla”.Corazón, a ti te ha cubierto esta niebla. Pero no obstante, no tienes de qué preocuparte, pues el sol del cielo, la estrella resplandeciente de la mañana, Jesús, va a evaporar esa niebla que te abruma y te aflige. Jesús es el sol de los amaneceres de nuestro corazón. Hay esperanza. Hay solución. Quizás el mundo no cambie jamás, pero eso no importa. Lo que realmente importa es que Jesús está llamando. El dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Jesús sabe lo que es continuar por u túnel que aparentemente no tiene final. El sabe lo que es una lanza, qué son los clavos romanos y que es el sufrimiento sin final. Por todo esto, corazón, no pares de soñar, no pares de buscar, y mira con anhelo de felicidad, de frente las estrellas.Julio C. Cháves. juliogenial@hotmail.com

lunes, 25 de junio de 2007

Usando “blogs” para testificar y edificar

Una encuesta telefónica acerca de los “bloggers” (blogueros) arrojó que, lo blogs son tan individuales como las personas que los hacen. Sin embargo, la mayoría de los “bloggers” se interesan principalmente en la creatividad y la expresión personal, documentando las experiencias individuales, compartiendo los conocimientos prácticos o simplemente manteniéndose en contacto con amigos y familiares.
El párrafo anterior es la razón por la cual más cristianos, especialmente pastores y líderes, deberían participar de este medio de comunicación. La encuesta señala que la mayoría de las pesonas mantienen un blog para expresar y documentar las experiencias personales; si esto es cierto, entonces los blogs son el medio ideal para comunicar nuestro testimonio a una audiencia que va más allá de las paredes del templo
Aunque la encuesta no lo menciona, sería interesante saber los datos sobre los bloggers cristianos, cuántos son y cuántas personas los leen. Sospecho que las cifras no son muy interesantes, pues según un informe de
Lycos los temas de blogs más populares son los siguientes:
1) Entretenimiento2) Diarios personales3) Educación/Tecnología4) Salud5) Política
Como podemos ver, a pesar de la popularidad de este medio, los blogs cristianos aún no tienen la dimensión y la visibilidad necesaria para hacer un impacto significativo en el internet. La realidad es que actualmente, los blogs cristianos son principalmente leídos por cristianos, que buscan este tipo de material para informarse con temas edificantes o buscar recursos para el ministerio.
Obviamente, los datos no son alentadores, pero el crecimiento del internet proporcionará oportunidades para ampliar el segmento de blogs con material cristiano. La clave está en la disposición que tengan
las iglesias y sus líderes para experimentar con las nuevas herramientas y la tecnología que están a nuestro alcance. Algunos datos importantes de la encuesta telefónica realizada por Pew Internet:
Datos Generales (Adultos Norteamericanos):
El 8% de las personas que usan el internet (147 millones)) mantienen un blog
El 39% de las personas que usan el internet leen algún blog
Algunos hábitos:El 59% pasa un promedio de 2 horas semanales blogueando
El 25% pasa de 3 a 9 horas semanales blogueando
El 57% incluyen links (enlaces) a las fuentes originales
El 56% dedica tiempo extra verificando los datos
El 87% permite comentarios en su blog
Datos Demográficos
El 54% de los bloggers son menores de 30 años
El 54% son hombres
El 46% son mujeres
El 60% Blancos
El 11% Negros
El 19% Hispanos
El 10% otros grupos

domingo, 24 de junio de 2007

No perdamos el alma


Los seres humanos necesitamos acercarnos a Dios ya que fuimos creados para su gloria. Lejos de su Creador los hombres no pueden hallar la felicidad. San Juan 3:16, 17, dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”. La salvación es un asunto personal. Cada persona tiene que decidir si va aceptar a Cristo o va a rechazarlo. El área espiritual de los seres humanos es la más importante. No podemos descuidar este aspecto ya que si no aceptamos a Cristo seremos eternamente separados de Dios. Podemos tener millones de dólares, tener salud, una buena familia, ser una buena persona, pero si no tenemos a Cristo no tenemos nada. En el Sur de Francia, en una capilla, el gran emperador Carlomagno está sepultado de una forma inusual. Está sentado en una silla de mármol y envuelto en su túnica de emperador. Sobre sus rodillas yace una copia del Nuevo Testamento, y su dedo está señalando un versículo el cual dice: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O que recompensa dará el hombre por su alma?”.(Mateo 16:26).
En la vida hay dos tipos de personas: los que creen en Dios y los que no creen. Los que viven sin Dios el día de sus muertes no podrán ir al cielo. En cambio, los que le confiaron sus vidas a Dios a través de Cristo van a vivir en la eternidad con Dios y sus ángeles. Dios esta impartiendo su mensaje a toda la humanidad y les esta dando una oportunidad a las personas de conocer su mensaje de salvación individualmente. El que deja que la palabra del Señor entre en su corazón y se arrepiente de sus pecados, ese es perdonado y se convierte en un hijo de Dios. Entonces, Dios lo orienta, ennoblece su vida, le da sentido a su vida y la marca el camino de su voluntad.
Llegará un día cuando las personas que rechazaron a Dios, siendo indiferentes a su mensaje de salvación, estarán dominados por la angustia y la desesperación y cuando Cristo regrese nuevamente, clamaran: “Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar. Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”. (Apocalipsis 6:14-17). Los que no aceptaron el evangelio clamarán por misericordia y piedad, pero recibirán su merecido, serán alejados de Dios para siempre. En contraste, los que hayan creído, los que hayan aceptado a Cristo como su salvador persona, el profeta Isaías escribió que el día de la segunda venida de Cristo será un día glorioso, donde estarán con el Señor siempre. Isaías 25:9 dice: “He aquí éste es nuestro Dios, lo hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en él”.
Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

viernes, 22 de junio de 2007

El mensaje que transforma nuestras vidas.



El mensaje del evangelio no es una simple teoría religiosa sino que es un mensaje que transforma nuestras vidas. La verdad del evangelio implica un poder transformador, es un mensaje de salvación, vida eterna, felicidad y gozo a través de Cristo. El apóstol Pablo dijo en Romanos 1:16 que no debemos avergonzarnos del evangelio; porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. La palabra del Señor tiene el poder de cambiar a las personas, tiene el poder incluso de cambiar a la sociedad. El poder de la crucifixión transforma la vida humana radicalmente. El evangelio, que es un mensaje Cristo -céntrico, es el centro vital de la palabra de Dios, contiene un poder salvífico que transforma y modela a los seres humanos a imagen de Dios. Hebreos 4:12 expresa al referirse al poder de la palabra de Dios: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.
Cuando recibió la revelación del libro de Apocalipsis, el apóstol Juan vio a un ángel en el cielo, el cual tenía en sus manos el evangelio del Señor para predicarlo a los habitantes de la tierra, quien también decía que Cristo volvería pronto con gloria y majestad al mundo, causa por la cual los que habían creído debían preparar sus vidas para irse con él. (Apocalipsis 14). El mensaje de Cristo esta siendo predicado en todo el mundo. Y donde sus palabras sus anunciadas hay vidas transformadas. Hay salvación, vida eterna, amor, armonía familiar, gozo, paz. El mensaje de Cristo es un mensaje que no ha pasado de moda, es un mensaje que cambia las vidas y que trae cambios dinámicos, concretos, duraderos en la vida de los hombres. Cuando Cristo entra a morar en el corazón de una persona, donde había odio, aparece el amor, donde había angustia, aparece paz, donde había sufrimiento, aparece el gozo de Dios. Cristo transforma radicalmente la vida humana. Personas, familias, sociedades e incluso países han cambiado debido al evangelio de Cristo. En su ensayo La jornada, el Dr. Billy Graham dice que el mensaje de Cristo es lo único que puede darnos paz y sentido a nuestras vidas. Lejos de Cristo no podemos hallar salvación ni paz. Cristo murió en la cruz para darnos vida y vida en abundancia. Solamente a través de Cristo podemos hallar gozo, esperanza, un propósito para vivir. El poder del evangelio de Cristo es inmutable. Su mensaje sigue transformando vidas y dándole sentido a millones de personas en todo el mundo. Y no hay cosa criada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas á los ojos de aquel á quien tenemos que dar cuenta. Por tanto, teniendo un gran Pontífice, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro”. (Hebreos 4:13-16).
Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com