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lunes, 6 de agosto de 2007

Perdonar es un acto de inteligencia


Odiar es fácil. Guardar rencor es fácil. En su libro Aplauso del cielo, Max Lucado escribió: “El odio es un perro rabioso que se vuelve contra su propio dueño. La propia palabra rencor empieza con…RRR… ¡un gruñido!”. Odiar es sinónimo de ignorancia. Perdonar, aunque no sintamos hacerlo, es una actitud inteligencia. El perdón es la clave de la bendición. Claro que las heridas duelen y cuesta lidiar con ellas, pero si le pedimos ayuda al Espíritu Santo, él nos ayudará a perdonar, venciendo al mal con el bien. Algunos piensan que la venganza es lo que los va a librar del dolor y el resentimiento que llevan dentro, pero cuando procuran el mal de quien les hizo el mal, entonces haciendo que el mal se incremente. Ahora, cabe preguntar: ¿Cómo hacemos para perdonar? A este respecto, C. S. Lewis, escribió: "Pedir perdón no es lo mismo que disculparse, porque disculparse es excusar los motivos por los cuales uno ejecutó una acción con el objeto de que la persona afectada por ella pueda comprenderla. Pedir perdón es asumir la totalidad de nuestra falta, con toda ella, y sentir todo el mal que produjo, decir que aunque no puedas del todo repararla, te produjo dolor la acción, lo sientes, estás arrepentido, y quieres de vuelta procurar lo bueno... La estatura humana del perdón por ello es mucho más alta y propia de los grandes, y necesaria en los cristianos porque hemos sido perdonados desde antes de existir, y así como perdonemos se nos perdonará". Jesús dijo que la falta de perdón nos impide llegar al corazón de Dios. Mateo 5:23,24 dice: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”.
El odio nos impide llegar al corazón de Dios. Nos impide disfrutar de la vida y ser felices. Sentirnos heridos es algo que se le sucede a todo el mundo. Casi todos sentimos rencor, bronca y resentimiento en alguna instancia de la vida. Sin embargo, aunque muchas veces somos heridos y sentimos rencor y resentimiento, no significa que sea saludable albergar estos sentimientos. La falta de perdón, incluso, daña nuestra salud mental y física. Entonces, creo que es perdonar es un acto de inteligencia. Un psicólogo norteamericano, Robert Enright, afirmó que las personas que han sido profunda e injustamente heridas pueden sanar emocionalmente perdonando a su ofensor. El insigne fraile dominico Henri Lacordaire dijo: "¿Quieres ser feliz un instante? Véngate. ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona". Claro que perdonar es, sin asomo de duda, un de los actos más difíciles de la vida y mucha más si la persona que nos hirió es un ser querido o un amigo cercano, pero aunque es difícil no significa que es imposible. Perdonar es posible, basta con decidir hacerlo. En su ensayo La gente nunca es el problema, Robert Watts Jr., escribió: “La necesidad del perdón es una realidad que existe en todos los seres vivientes. Podemos invocar a Dios pidiéndole el poder de perdonar a otros. Él nos dará paciencia, esa que nos permita perdonar y buscar formas de ayudar a los que reciben nuestro perdón. Nos da el poder para estar quietos, calmados, ser razonables, tener la mente clara, ser perdonadores, humildes, justos, tardos para la ira y amables. Cuando tenemos presente que la sabiduría de Dios está disponible para cualquiera que se la pide (ver Santiago 1:5), nos damos cuenta que el conocimiento para hacer lo correcto está tan cerca como nuestro propio corazón, y que el odio no es más que una energía dañina, iracunda y trágica que tendrá más consecuencias negativas para nuestra vida que cualquier otro problema que podamos atravesar. Usted es único; solo existe un ejemplar. Nunca habrá otro individuo como usted en el mundo. Usted tiene un potencial para encontrar su propio camino y dejar una estela de luz para que también otros encuentren el suyo. Pero si odia a la gente, reduce su luz a una pequeña chispa. Y cada vez que odia a alguien, disminuye su capacidad de regenerar ese brillo que su Creador le dio en un principio. Ámese a sí mismo y a sus semejantes por medio del poder del perdón… y deje brillar su luz”.
Dios quiere que seamos misericordiosos porque la misericordia triunfa sobre el juicio. (Santiago 2:13). Amar a los demás es un mandamiento y amar a nuestros semejantes con amor sincero cubre multitud de pecados. (1 Juan 3:18; 1 Pedro 4:8). Perdonar es focalizar en las cosas buenas de la vida. Perdonar es declarar que las heridas no dañaran nuestro presente, aún cuando hayan dañado nuestro pasado. Perdonar es el primer paso hacia la bendición de Dios, es dejar de lado el deseo de venganza, es soltar los malos pensamientos que abrigamos contra otros. Perdonar es un acto heroico. El odio es frío como el invierno, pero perdonar es como el sol de primavera. Cuando perdonamos no significa que el victimario esta libre de su responsabilidad, lo que significa es que hemos decidido seguir adelante, dejando a la persona que nos hizo daño en las manos de Dios. Jesús dijo: “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”. (Lucas 17:3,4). “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13). “Perdonar y pedir perdón, es dejar que actúe el Espíritu en el lugar donde existe nuestro orgullo y nuestro resentimiento." Perdonar es un acto de inteligencia porque es el camino a la bendición de Dios. Cuando decidimos perdonar el amor de Dios fluye en nuestro interior y somos sanados. Entonces, podemos decir que somos felices verdaderamente.

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

domingo, 6 de mayo de 2007

Esclavos de la homosexualidad.


La homosexualidad altera completamente la personalidad del homosexual. La apariencia, la voz, el carácter, los gestos, el pelo, la forma de vestirse, todo cambia y se tergiversa debido a esta errática elección sexual. La homosexualidad de una de las armas con las cuales el diablo ha distorsionado y destruido la sexualidad humana. Dios creo a los hombre varones y hembras, pero Satanás tergiversó esto, haciendo que las personas en vez de buscar pareja en el sexo opuesto busque en el mismo sexo. Esto es alto contranatural, destructivo, aberrante. Como si fuera poco, el mismo ser humano desde que el primer ser humano fue creado, ha buscado lo torcido, lo opuesto a lo establecido por el Creador. Actualmente es incremento de la homosexualidad es pandémico ya que a través de la literatura, el cine, la Internet y variados medios gráfico, han convertido a la homosexualidad y el lesbianismo como alto atractivo, algo de moda.
Ahora, hay que decir que la homosexualidad es una fragrante violación de la palabra de Dios. Debido a esta tergiversación de la sexualidad humana han aparecido enfermedades, como el sida, la sífilis, etc., que han matado a millones de personas sobre la faz de la tierra. Muchos matrimonios intercambian esposas, practican orgías, sadismo, sadomasoquismo, y todo tipo de prácticas sexuales que se oponen a la palabra de Dios. El diablo y los seres humanos han deformado la sexualidad. Dios dijo que los hombres deben ser hombres y las mujeres deben ser mujeres, pero los seres humanos, debido al pecado, han dañado la imagen de Dios que tienen dentro de si. Romanos 1:24-27 dice: “Por lo cual Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al creador. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual forma también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos, hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío”.
Nada justifica la homosexualidad. Algunos dicen que son así porque nacieron de este modo, pero lo cierto es que el homosexual se hace a causa de la influencia de su familia, una violación y muchas cosas más, que tergiversan la imagen que tiene de sí mismo. No existe excusa que Dios acepte con respecto a la homosexualidad. Los homosexuales no entrarán al cielo. Por el contrario, Dios los echará de su presencia. Segunda de Corintios 5:10 dice: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”. Dios ama a los homosexuales pero aborrece la homosexualidad. Así que los que la practican deben arrepentirse de este pecado y deben buscar a Dios para que sean restaurados y sanados en su sexualidad. Dios nos dice a los creyentes que debemos rescatar a estas personas: “A otros salvad, arrebatándoles del fuego, y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aún la ropa contaminada por su carne”.
La práctica reiterada del pecado hace que las personas destruyan sus conciencias y que se incremente en pecado en sus vidas. El pecado hace que las personas pierdan la conciencia y que acepten la homosexualidad como algo que no hace mal a nadie, pero la realidad es que “como ellos nos aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen”. (Romanos 1:28). Dios puede resucitar la conciencia de tal forma que los que practican la homosexualidad vean la luz de Dios. A través de la convicción del Espíritu Santo, la oración y la lectura de la palabra de Dios, los homosexuales pueden ser liberados de esta atadura espiritual llamada homosexualidad. El homosexual debe arrepentirse de este pecado. También debe buscar la ayuda de un profesional cristiano experto en sexualidad. Debe congregarse y entregar su vida completamente al Señor. Entonces, su vieja vida morirá y nacerá una nueva persona en Dios. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. (2 Corintios 5). “Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura”. (Gálatas 6).

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar