miércoles, 12 de diciembre de 2018

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La realidad presente y la verdad de Cristo, pastor Richard González Delgado

La traición de Judas

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Libres de la altivez y la soberbia

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Egocentrismo, arrogancia, soberbia, tres enemigos de la bendición

Esperanza para el corazón afligido

Salmo 121: Jehová es tu guardador

Por más orgulloso/@ que seas

  • Queridos hermanos: Espero que al recibo de esta nota se encuentren bendecidos por Dios en sus
    vidas y ministerio. A continuación les adjunto esta reflexión a la cual Dios me llevó y me
    estuvo ministrando en una etapa crucial de mi vida, produciendo en el hecho de poderme
    enfocar en cual era mi verdadero propósito según nuestro Señor Jesucristo. Espero que también
    les sea a ustedes de bendición para su edificación personal y a la vez, que a través de nuestros
    contactos en las redes sociales, sea difundida a todos nuestros hermanos. Que nuestro Señor
    Jesucristo les bendiga.
    El autor.
    Lo que Dios espera de mí
    De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda
    solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
    El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida
    eterna la guardará.
    Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si
    alguno me sirviere, mi Padre le honrará.
    (Juan. 12:24-26)
    Todo en la vida demanda un precio. El que quiere ser médico, por poner un ejemplo, tiene que
    estudiar combatiendo incluso el sueño, al igual que si nos antojamos por un objeto valioso el
    cual no podemos pagar porque no tenemos el dinero, poseerlo demanda un sacrificio
    económico, por lo que tenemos que abstenernos de muchas cosas por tal de reunir lo suficiente
    para obtenerlo. Cuando analizamos el sacrificio de Cristo, nos damos cuenta que ese fue el
    precio que el Padre tuvo que pagar por el amor que le tenía a la humanidad. Entonces si el
    mismo Dios pagó con su sangre, por amor a nosotros, no caben dudas de que nosotros no
    estamos exentos de un precio a pagar. Debemos entender que el hecho de que ahora seamos
    libres del poder del pecado, no significa que ya no nos debamos a nadie sino más bien que
    cambiamos de amo; por lo que seguimos debiéndonos a alguien, la única diferencia es que esta
    nueva relación está basada en los principios del amor. Tal vez, sea esta la razón por la cual
    muchos escogen no entregarse por completo a una vida de obediencia a Dios, quien es ahora
    nuestro amo, lo que trae como consecuencia que muchos no creyentes en vez de acercarse a
    Dios se alejen de Él. Querido lector, el cristiano está obligado por voluntad propia a seguir a
    Cristo en todo, si queremos crecer espiritualmente y llegar a dar abundantes frutos tenemos,
    como dice la escritura, que aborrecer nuestra vida en este mundo. Dios espera que nosotros le
    demos todo nuestro tiempo, que al igual que el grano que muere al caer al suelo nosotros
    hagamos morir al yo para que Él sea entronado en nuestros corazones y pueda usarnos para
    gloria y honra de su nombre. Cuando ignoramos esta realidad simplemente no somos sinceros
    en nuestra relación con Dios, entendamos que Él lo dio todo por nosotros y ahora nos toca hacer
    lo mismo. Es de esta forma que la vida toma significado y propósito, no importa tu edad, t
  • capacidad intelectual o tu estado económico, solo si nos decidimos a pagar el precio es que en
    realidad nos convertimos en verdaderos seguidores de Jesús. ¡Sabes que es lo más sorprendente
    de todo! que Él tiene un propósito para ti desde antes de la fundación del mundo. Ahora bien, el
    que tú lo hagas una realidad en tu vida depende solo de ti. Hermano, Dios quiere llevarnos de lo
    ordinario a lo extraordinario, ya es tiempo de despertar y empezar a vivir la realidad porque con
    Dios es todo o nada: dice en Apocalipsis 3: 16 que al tibio vomitará de su boca, en otras
    palabras, con Dios no hay términos medios, eres frío o caliente. Sigamos a Cristo y
    glorifiquemos su nombre en nuestra casa, en nuestro trabajo, con nuestras amistades e incluso
    en nuestra intimidad. Que las personas al vernos puedan ver a Cristo en nosotros, estamos
    conscientes de que no somos perfectos pero si tomamos este maravilloso camino, entonces nos
    veremos camino a la perfección.
    Pastor Richard González Delgado.