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martes, 5 de abril de 2011

Adictos a los juegos de azar o ludopatía

No pueden dejar de apostar. Juegan a la quiniela, al quini, al loto, van al bingo los fines de semana y se gastan hasta lo que no tienen. Algunos apuestan a los caballos, van a una peña y juegan al truco por plata, apuestan hasta cuando juegan a la bolita con sus hijos. Están enfermos. Son adictos a los juegos de azar. Muchos por apostar y perderlo todo se han quitado la vida. En esta nota vamos a explorar esta patología psicológica llamada ludopatía. El Dr. Saúl Alvarado, médico Adiccionista, define a la ludopatía y juego patológico, como un desorden adictivo caracterizado por la conducta descontrolada en relación al juego de azar y a las compras. La inversión de tiempo, energía y dinero en las actividades de juego aumenta con el tiempo y la persona se va haciendo más dependiente del juego para enfrentar la vida diaria. Generalmente las personas adictas a los juegos de azar no aceptan que tienen un problema, por el contrario, lo niegan. Están ciegos y su obsesión por apostar no les deja ver que esta andando una senda muy peligrosa donde ellos mismos y también sus familiares pueden verse damnificados considerablemente. Poco a poco, debido a los gastos descontrolados, los ludópatas se sumen en deudas impagables e incurren en problemas con sus familiares. De hecho, el juego patológico ha destruido muchos matrimonios. Incluso muchos jugadores compulsivos luego de salir del bingo casino se han quitado la vida al darse cuenta de que lo perdieron todo y ya la vida no tiene sentido. La ludopatía es un problema que afecta a muchas personas y tratarlo a tiempo es indispensable si se quieren evitar graves problemas individuales y grupales. “La intolerancia a la frustración, la incapacidad para ponerse en contacto con sus emociones, así como la grandiosidad, los sentimientos de baja-autoestima y la mitomanía producto de la doble vida que usualmente desarrolla el adicto al juego, son síntomas típicos de esta adicción”, dice el Dr. Alvarado. Mónica Mein, Experta en Psicología Social y Laboral, “La adicción al juego es una patología social muy extendida y frecuente, a raíz de este problema las personas adictas al juego sufren pérdidas materiales y afectivas.La adicción al juego similarmente como otras adicciones (drogas, alcohol, tabaquismo, trastornos alimentarios), son desencadenadas en su gran mayoría por situaciones de soledad, angustia, abandono por parte de familiares o amigos o quizás por problemas económicos, lo que lleva al paciente a pensar que en el juego encontrará la solución a todas sus dificultades”. El juego patológico comienza sutilmente pero poco a poco va tomando el control de todas las áreas de la vida. Al advertir esta enfermedad en un familiar o amigo, se debe consultar a un especialista en adicciones antes de que sea demasiado tarde ya que la persona no es plenamente consciente de su condición. Obviamente que no es nada fácil dejar esta adicción pero con la ayuda de un profesional experto en el tema es posible. Los jugadores compulsivos han existido desde siempre. Incluso en la literatura se han descrito a estos miembros de nuestra urbe. En su novela El jugador Fedor Dowtoyeski describió magistralmente las vivencias que experimentan estas personas. Pero la realidad supera la ficción. De hecho, nuestra sociedad esta invadida por los juegos de azar. A partir de los 80 comenzó todo cuando el juego fue legalizado masivamente, entonces se popularizaron las máquinas tragamonedas, los bingos y los casinos. La legalización de múltiples modalidades de juegos ha permitido que la sociedad este impregnada de jugadores patológicos. Actualmente al prender la televisión podemos apostar de mil maneras. Podemos enviar un mensaje de texto para ganarlos un televisor o un DVD si respondemos las preguntas sobre determinado tema. Como dije, a través de los medios se nos enseña a apostar y gastar compulsivamente. Finalmente si quieres saber más respecto a este tema puedes leer el ensayo Ludopatía y relaciones familiares, de los autores GARRIDO, MIGUEL - JAEN, PEDRO - DOMINGUEZ, ANA, de editorial Paidós. “En dos ocasiones no debería jugar el hombre; cuando no tiene dinero y cuando lo tiene”, dijo Mark Twain ,Escritor y periodista estadounidense.

Julio César Cháves


lunes, 21 de marzo de 2011

La influencia de la mente y las creencias sobre la salud

Los pensamientos, las creencias, las ideas, las expectativas, las emociones y sentimientos, influencian nuestra condición física. Lo que pensamos y lo que creemos tiene efectos positivos como negativos sobre nuestra salud. Recientes investigaciones evidencian incuestionables interacciones entre mente- cerebro- cuerpo a nivel molecular y celular que pueden inferir sobre la salud y la calidad de vida de la gente. Hipócrates decía que es más significativo conocer al paciente que tiene una enfermedad que conocer la enfermedad que posee el paciente. En efecto, la medicina clásica recomienda enfocarse en el paciente, considerándolo como un individuo único e irrepetible. Otro grande de la medicina, Galeno de Pérgamo, observó hace más de 1800 años que la mayoría de las personas que lo consultaban no tenían ningún mal físico.
Recientemente, en un estudio realizado en la Academia Americana de Medicina se analizaron mil consultas a médicos clínicos y se informó que sólo un 16 % de esas personas tenía algún problema físico objetivable. La gente no concurre al médico sólo por dolencias físicas. En realidad, quieren que les presten atención, quieren ser escuchados y que los comprendan en algún sufrimiento que pocas veces tiene que ver con algo objetivo del cuerpo. La actitud mental de la persona tiene mucho que ver con su situación ante la enfermedad o la muerte. Cuatro siglos antes de Cristo el cronista griego Tucídides observaba que la cosa más terrible es la desolación en la que cae la gente cuando se da cuenta que contrajo una enfermedad ya que en esas circunstancias adopta una actitud desesperada y pierde el poder de resistencia.
Con optimismo podemos luchar contra la enfermedad y somos pesimistas posiblemente las enfermedades controlarán nuestras salud y hasta la muerte podrá alcanzarnos. Y eso es porque lo que creemos, lo que pensamos y sentimos, influye vigorosamente sobre nuestra condición física, como para aumentar o disminuir nuestros recursos biológicos defensivos y con ellos nuestras posibilidades de salud o enfermedad. Estudios realizados durante la última década expusieron estadísticamente que cuanto mayor es la educación e instrucción alcanzada por el paciente, menor es su índice de mortalidad. Incluso la existencia de creencias religiosas ha significado importantes reducciones en porcentajes de complicaciones o muertes en pacientes sometidos a cirugías cardiovasculares.
Esto evidencia una vez más el poder de la mente. Como dije al principio, las creencias, los efectos producidos por la idea de que Dios me ama, el sostén de los vínculos, son todas fuerzas poderosas en el momento de lidiar contra la enfermedad porque aumentan la seguridad y la autoestima. Es conocida la influencia del estrés sobre la salud y la enfermedad. En investigaciones realizadas con estudiantes de medicina sometidos al referido estrés durante sus períodos de exámenes, se estudió su sistema defensivo inmunitario y se concluyó que durante ese curso este sistema se deprime y consecuentemente se incrementa la posibilidad de contraer enfermedades. De todo lo expuesto líneas arriba surge la conclusión que el poder y la influencia de la mente sobre el cuerpo ante la salud, la enfermedad y la muerte, es algo absoluto que está fuera de discusión. El poder de la mente es ilimitado. Dios le ha atribuido un significativo poder a nuestros pensamientos. Lo que pensamos determina nuestro porvenir. Lo que pensamos condiciona nuestra salud mental y física. Somos lo que pensamos.

Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar www.juliochaves.blogspot.com

martes, 13 de enero de 2009

El Ácido Fólico: Una Vitamina Esencial para la Vida


El ácido fólico es una vitamina del complejo B que puede ayudar a prevenir defectos de nacimiento en el cerebro y la médula espinal denominados defectos del tubo neural.