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sábado, 9 de abril de 2011

Energizantes, las bebidas que pueden causar la muerte


Los adolescentes y jóvenes las consumen indiscriminadamente. Las publicidades en la televisión promocionan que las bebidas energizantes aportan energía y evitan el cansancio, mejorando el rendimiento físico y mental. Cuando estas bebidas se combinan con algún tipo de bebida alcohólica amenazan el organismo ya que pueden desencadenar calambres, dolores musculares, convulsiones, acidez, insomnio, hipertensión, hipoglucemia, arritmias u otros problemas cardiacos, y hasta pueden causar la muerte.
En vez de llamarlas bebidas energizantes es mejor llamarlas bebidas estimulantes, pues su composición tienen acción farmacológica estimulante en el organismo. Las primeras bebidas energizantes comenzaron a popularizarse en nuestro país en el año 2.000. Según los productores el nombre de estas bebidas se debe a que incrementan la resistencia física, proveen reacciones rápidas, aumentan la concentración, aumentan el estado de alerta disminuyendo las horas de sueño, proporcionan sensación de bienestar, estimulan el metabolismo y ayudan a eliminar sustancias nocivas para el organismo. Los vendedores de ese producto afirman que los primeros energizantes eran de origen austriaco y que se hicieron rápidamente populares entre adolescentes y jóvenes. Estas bebidas estan registradas en el instituto nacional de alimentos y son de venta libre en bares, boliches bailables, y obviamente en kioscos. Su precio es accesible en los kioscos, autoservicios y supermercados, pero en los boliches cuesta un poco más. De todos modos, con el objeto de extender la noche, poniendo en riesgo la salud, este tipo de bebidas nocivas se consumen en abundancia.
Específicamente en cuanto a su composición e ingredientes, estas bebidas estimulantes estan constituidas por minerales y carbohidratos, pero lo más preocupante son los veintitrés miligramos de cafeína incluidos en cada cien mililitros de energizantes. Lo peor de todo es cuando se mezclan estas bebidas con alcohol. El problema no solo radica en su toxicidad farmacológica sino que al combinarla con alcohol puede afectar dañinamente el sistema cardiovascular. “Refiriéndose al consumo de energizantes, el titular de la Secretaria de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra en Narcotráfico (Sedronar), Wilbur Grimson, manifestó que las consecuencias podrían ser graves. Según su criterio, la mezcla produce un efecto paradojal: por un lado, el cerebro es estimulado por la cafeína; por otro, es deprimido por el alcohol”.
Los mayores problemas con las bebidas energizantes surgen cuando son consumidas en exceso o son combinadas con alcohol. Muchos adolescentes y jóvenes las beben para prolongar su energía durante más horas en actividad física intensa o después de ejercicios como un alivio para la sed. Así pues, lejos de re-hidratar sus organismos, los energizantes pueden llevar realmente a la deshidratación. Para terminar quiero compartirles algunas recomendaciones respecto al consumo de los energizantes:
“Dado su carácter de venta libre habitualmente no se pueden cumplir las recomendaciones de un consumo moderado y/o de evitar la mezcla con alcohol.
Se sugiere recordar las recomendaciones declaradas en los envases: "Personas de edad o con enfermedades deberán consultar con su médico antes de consumir" , "No utilizar en caso de embarazo, lactancia ni en niños", "Mantener fuera del alcance de los niños ", "Este producto no debe ser usado por diabéticos", recomendaciones todas más propias de un medicamentos que de una bebida de venta libre.
Nuestra experiencia en el Sector es sólo la referencia frecuente de adictos mencionando su uso habitual junto a alcohol y otras drogas de abuso.
Consideramos que:
- No deberían llamarse energizantes, ya que es una denominación engañosa;
- No hay justificación nutricional para sus usos ni como reemplazo de líquidos y electrolitos.
- No hay evidencias científicas claras que soporten su utilización en ningún caso, por el contrario algunos ingredientes podrían causar efectos secundarios importantes en la población”.
Julio César Cháves escritor78@yahoo.com.ar www.juliochaves.blogspot.com

miércoles, 9 de junio de 2010

Sociología del suicidio

¿Qué circunstancias inducen a que una persona cometa suicidio? ¿Qué debemos hacer cuando un individuo dice una y otra vez que va a quitarse la vida? ¿Cómo podemos ayudar a quienes tiene tendencias suicidas? ¿Por qué muchas veces los familiares contribuyen a que alguien piense en matarse? En esta nota vamos a analizar el triste fenómeno social del suicidio.

En su obra El suicidio (1897), El sociólogo francés Emile Durkheim , señala que los suicidios son fenómenos individuales que gravitan esencialmente en torno a causas sociales. Las sociedades presentan ciertos síntomas patológicos, ante todo la integración o regulación social ya sea excesiva o insuficiente del individuo en la comunidad. Por tanto, el suicidio sería un hecho social. Este sociólogo francés empieza su estudio definiendo el suicidio de este modo: Todo caso de muerte que resulta directa o indirectamente de un acto positivo o negativo realizado por la víctima misma, y que, según ella sabia, debía producir este resultado. Ejemplo de un acto positivo: dispararse en la cabeza; ejemplo de un acto negativo: rehusar a ingerir cualquier medicina hasta dejarse morir. Durkheim distingue cuatro clases de suicidios:1.suicidio egoísta :típico de sociedades deficientes o carencia de integración social
2.suicidio anómico: característico de falta de regulación social (anomia), o sea, las normas sociales no son interiorizadas como propias por parte del individuo.
3.suicidio fatalista: cuando existe un alto grado de regulación social.
4.suicidio altruista: característico de sociedades con alto grado de integración social.
Creo que en algún momento de la vida todos pensamos en quitarnos la vida debido a la pérdida de un ser querido o alguna circunstancia nefasta. Pero obviamente estos fueron pensamientos pasajeros, efímeros. Asimismo algunos individuos que han pasado por múltiples desgracias a lo largo de la vida, siguen albergando estos pensamientos autodestructivos, alimentándonos con procesos mentales cognitivos irreales, con aspiraciones inalcanzables, con relaciones conflictivas, con una conducta impropia e ilegal, con cientos de causas que mantienen en pie la idea de quitarse la vida. Por estos motivos negativos muchos individuos terminan sumidos en la depresión. Y es indudable que las personas que tienen ideas suicidas están deprimidas. Como dijo Durkheim, las ideas de suicidio se deben a síntomas patológicos.
Ahora, el suicidio no soluciona nada. Al contrario, hace que las personas pierdan absolutamente la posibilidad de superar sus obstáculos circunstanciales. El filósofo español Fernando Savater en su ensayo Los diez mandamientos del siglo XXI, reflexiona respecto al suicido que “si consideramos que la vida humana está en manos de Dios, que es una propiedad divina, que sólo somos usufructuarios o que vivimos de alquiler, entonces no tenemos derecho a quitárnosla. Otra cosa es que si pensamos que la vida es un bien al que le debemos dar una jerarquía: alta, baja o sin ningún tipo de interés. El suicida lo único que hace es renunciar a algo que ha sido un bien, y que ha dejado de serlo. Tal vez uno pueda suicidarse incluso por amor a la vida. Uno ha amado tanto la vida y las cosas buenas que ella tiene, que no se resigna a aceptarla cuando carece de lo que la hacía apreciable”.
Creo que la forma de ver la vida es lo que muchas veces induce a que un individuo decida suicidarse. El suicidio es un acontecimiento irreversible que, no sólo no elimina al que sufre, sino que lo transmite a quienes rodean a tal persona. También transmiten su dolor las personas que viven en la más absoluta soledad y se quitan la vida. Se lo transfieren a los miembros de la sociedad a quienes les importa y les preocupa la existencia del prójimo. La mejor forma de lidiar con los problemas que se nos escapan de las manos, síntomas patológicos, es buscando la ayuda de nuestros seres queridos o amigos, contándoles nuestras ideas de autodestrucción. Es preciso desvalorizar estos sentimientos suicidas, quitarles vigor, minimizándolos. La realidad puede ser mejorada. Hay que considerar que la depresión hace que los individuos tiendan a ver el mundo circundante de un modo negro y derrotista. Entonces, cuando la persona con pensamientos suicidas busca ayuda de los familiares o de un profesional, en caso de que ya haya intentado dañarse a si misma, paulatinamente va recuperando el control de sus acciones y su visión de la realidad va mejorando óptimamente. La muerte no es la solución. La solución es mirar las cosas de un modo positivo. Debe insistirse, una y otra vez, en que la esperanza existe, que es razonable y segura, que las cosas pueden mejorar, que podemos tomar buenas decisiones. “Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte”, dijo Leonardo Da Vinci (1452-1519) Pintor, escultor e inventor italiano.


Julio César Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar www.juliochaves.blogspot.com

domingo, 21 de febrero de 2010

El síndrome de la soltería prolongada


Ya nadie se casa. Se duerme solo. Nada de ataduras. Mantener una familia cuesta plata y hay que ser responsable. ¿Y a quien le gustan los compromisos hoy día? Algunos van con alguien de la mano y de pronto prefieren soltarse. ¿Por qué? Ya hace más de cinco años que andan de novios y la chica, digo la chica porque las mujeres son las que siempre quieren casarse, pronuncian esa pregunta que los hombres odian: ¿Cuándo nos casamos, querido? El responde sin pelos en la lengua, como si fuera dueño de la verdad absoluta: Querida, ¿Quién es el audaz que se casa con las cosas como están hoy? Este tipo de conversaciones son las que justifican el retraso del matrimonio, y muchas veces ponen en peligro la relación. En esta nota vamos a explorar psicológicamente esta anomalía afectiva llamada síndrome de la soltería prolongada, que más que un mero capricho, es un mal de nuestra época.

En la novela El soltero de Ricardo Halac se cuenta la historia de Raúl, un soltero empedernido. Raúl quien tiene un buen trabajo, disfruta de la compañía del sexo opuesto, y también sabe sacar provecho de un buen momento de soledad en su departamento, pero… A los 33 años la sociedad le pide que siente. Como le dice Grisetti, uno de los personajes de la novela: “¡Raúl…! ¡Hay que casarse, tener hijos, pagar impuestos! Si no, ¿cómo se mantienen los hospitales, las escuelas, se compra tiza, gasa, algodón?”. Pero Raúl se declara en rebeldía y la novela se torna en un desfile grotesco y alucinado de hombres y mujeres que lo persiguen; la familia de la novia, que le tira los ravioles encima; el millonario que pide por su hijo de rodillas; los compañeros de trabajo que urden una despedida de soltero salvaje y así todos conspiran en su contra con el único objetivo de hacer que Raúl siente cabeza, pero lo que pasa es que Raúl es víctima de la soltería prolongada.
El miedo al compromiso afectivo domina la juventud. Los jóvenes, vacilantes, volátiles, inseguros de su futuro laboral, escépticos del sentido de una relación para toda la vida, debido a la crisis de las parejas en la actualidad, deciden prolongar el matrimonio, gestando en si mismos el incremento del individualismo y la soledad. Algunos dicen que no están lo suficientemente maduros para casarse y pasan los años, lo cual posteriormente les complica aún más las cosas. Estudio realizado por psicólogos revelo que los jóvenes quieren casarse y formar una familia pero los medios de comunicación no valoran esto ya que lo único que genera buen rating en los canales de televisión son las rupturas conyugales. La multiplicación de los divorcios incrementa el concubinato e insita a no casarse. Y como si el miedo al casamiento fuera poco, una investigación por especialistas británicos revela que los solteros viven menos tiempo que los casados.
“Ser soltero puede ser tan peligroso para la salud como el cigarrillo”. Eso es lo que sostiene un estudio realizado por el profesor Andrew Oswald, de la Universidad británica de Warwick. ¿En qué se basa para sostener esto? Bueno, dice que el tipo de vida que llevan las personas que no están en pareja es mucho más agitado y ajetreado que los que sí la tienen. Los solteros y solteras que rondan los treinta salen más, toman más y no respetan los horarios de cada comida”. En otras palabras, podemos decir que el síndrome de la soltería prolongada acorta la vida a los solteros. "El matrimonio te mantiene vivo y el efecto es considerablemente grande", señaló Oswald al diario The Independent on Sunday, al subrayar que los riesgos de un soltero pueden ser "similares a los de un fumador". Indefectiblemente estar casado mejora considerablemente la vida. Se vive más en plenitud. El matrimonio contribuye a que los conyugues vivan una vida más calma, ordenada y con buenos hábitos. Se trasnocha menos. Se toma menos. Se duerme bien. Se vive mejor. A este respecto, el cantautor Joaquín Sabina daba una explicación más que clara en sus letras hace algunos años: “Si lo que quieres es vivir cien años, no pruebes los licores del placer... evita el humo de los clubes, reduce la velocidad... funda un hogar en el que nunca reine más ley que la seguridad”. Esta canción de sabina tendrían que escucharla todos aquellos que son como Raúl, solteros empedernidos. Y si Dios quiere, como dice el informe británico, prolongaran su longevidad.


Julio César Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar

jueves, 3 de enero de 2008

Justicia: El crecimiento de la armonía social


En la actualidad el peso no vale nada. El obrero no gana nada. El desempleo aumenta. Hay miles y miles de argentinos que no tienen qué comer. En algunas provincias ya se están evidenciando casos de desnutrición. La desnutrición o la mala alimentación –los médicos saben muy bien de que estoy hablando-, provoca enfermedades, desgaste psíquico y emocional, y obviamente muerte. En contraste, hay sectores de la sociedad que viven en el lujo, es decir, el lujo está coexistiendo con el hambre. Hay individuos que viven en el esplendor, en tanto, en las villas, hay niños que no comen ni una vez al día. Mientras que el hambre castiga a los más cadenciados, algunos miembros de la sociedad gastan anualmente miles de pesos en fórmulas para bajar de peso más en cosméticos. Por un lado las personas desperdician su dinero, mientras que el hambre y la injusticia cabalgan a todo galope. Hay personas que tienen mucho y se muestran indiferentes a las necesidades de los que no tienen nada. La desigualdad reina de un modo exagerado.
Uno de los grandes problemas del presente de Argentina, es que el desajuste social es monstruoso. Por razones climáticas muchas cosechas se han perdido y por ende, el rendimiento del campo ha disminuido de una manera considerable. Sin embargo, la falta de alimentos no es lo que está agobiando a la sociedad, sino más bien es la mala distribución, en la mayoría de las provincias, lo que ha provocado sufrimiento en los más necesitados. Por otro lado, la deshonestidad por parte de los dirigentes, junto al creciente individualismo que nos agobia hace que la situación se complique mucho más. En algunas provincias muchos niños se acuestan cada noche sin haber comido. Además, la resistencia de los cuerpos a las enfermedades ha disminuido considerablemente como consecuencia de la alimentación inadecuada. Antaño se suponía que el maquinismo y que el industrialismo terminarían definitivamente con el hambre en el mundo. Pero lo cierto, es que debido a los nuevos métodos de producción, se han determinado malos métodos de distribución de los medios de vida. Muchos obreros has sido desplazados de las fábricas, contribuyendo al incremento de la desocupación y atizando la lucha de clases entre el que tiene (Capitalista) y el que no tiene (el obrero).
Ahora, pues, quiero citar al Dr. José Ingenieros que en su obra ‘Las Fuerzas morales’ nos ofrece las pautas a seguir para organizar el trabajo y de esa manera, construir el crecimiento de la armonía social: “La disciplina es indispensable para hacer eficaz toda obra común; pero debe ser libremente aceptada como resultado de la competencia, antes que impuesta como abuso del privilegio. Es necesario comentar la cultura técnica de los hombres, capacitándolos para funciones que deben desempeñar en la sociedad. La producción, fuente del bienestar común, será más fecunda cuando los productores mismos puedan organizarla, multiplicando su rendimiento en beneficio colectivo. Conviene para ello educar los hábitos de cooperación en los hombres, en los gremios, en las comunas, en los pueblos, en la humanidad. Habrá paz cuando impere la justicia. Los hombres realizarán con amor las funciones requeridas por la división del trabajo; la beneficia desigualdad de las vocaciones y de aptitudes podrá ser aprovechada en beneficio de todos, haciendo converger la heterogeneidad de los esfuerzos en la armonía de los resultados. Nadie será rueda ciega de una gran máquina…Los más inteligentes e ilustrados comprenderán que son mayores sus deberes y sus responsabilidades; los menos dotados por la naturaleza amarán a los que contribuyan más generosamente a la grandeza común”.
Ante los ojos de Dios todos somos iguales. Por tanto, debemos hacer de la reciprocidad, la moneda corriente, pues ‘La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta a las naciones’. (Proverbios 14:34). Sin justicia por parte de los dirigentes, jamás habrá paz en la nación. Mediante una sencilla declaración Jesús reveló una ley que transformará al mundo: “Dad, y se os dará”. (Lc. 6:38).

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

sábado, 27 de octubre de 2007

La injusta comunidad global



Antaño, el planeta tierra era un lugar compuesto por continentes, mientras que ahora es una pequeña comunidad global. Sí, estamos globalizados. Economía globalizada. Relaciones humanas globalizadas. Interdependencia mundial globalizada. Actualmente, los pensamientos de los hombres, se desplazan de continente en continente. Las ideas viajan a través de Internet. Antes las personas se comunicaban cara a cara. Ahora lo hacen por medio del teléfono o a través del correo electrónico. La tecnología ha hecho posible la aldea global. Es cada vez más asequible ir a cualquier lugar del mundo. Para muchos intelectuales, la globalización es algo positivo, ya que permite un mundo más próspero y hace más asequible la solidaridad global, universal. Hay muchas personas que afirman que el mundo se ha enriquecido cultural y científicamente. ‘Gracias a la globalización -decían ciertos pensadores- lograremos erradicar el hombre del mundo’. A simple vista, la globalización parece ser un camino positivo. Pero lo cierto, es que la globalización es más negativa que positiva.
La globalización de la economía ha agigantado la brecha entre ricos y pobres. En nuestra pequeña aldea global el hambre coexiste con la opulencia de muy pocos. Las enfermedades como el sida se han convertido en pandemias globales. Ya no hay continentes. Hay un solo mundo injustamente globalizado. La equidad social y los derechos humanos han sido dejados de lado. Lo único que importa para todos es el progreso tecnológico y económico. La globalización es nefasta porque deja de lado al pobre y beneficia únicamente a los ricos. La economía global está controlada por entidades que solo se interesan por el dinero y nada más. Las cuestiones humanas, no le interesan a nadie. La Internet, el cine, y la televisión, nos bombardean con valores materialistas. Las riquezas del mundo están en las manos de unos pocos individuos, mientras que los pobres viven con las mentes y sus cuerpos atrofiados por la mala alimentación.

Todos somos parte de una global máquina masiva. El mundo globalizado no se encuentra en buenas condiciones, pues abundan las hambrunas globales, las guerras globales, las pandemias globales, las soledades globales, los abortos globales, los holocaustos de inocentes globales. El mundo está en ruinas porque se ha olvidado de la regla de oro. La regla de oro es un principio que debemos tener en cuenta. Siempre debemos recordar que encontraremos gente buena si somos buenos. Si le sonreímos a los demás recibiremos sonrisas de regalo. El mundo está como está por causa del egoísmo global. Las relaciones humanas están mal por causa del narcisismo global. La economía está mal por causa de la falta de reciprocidad global. Los corazones están mal por causa del antropocentrismo global.
La única salida de la globalización es un gobierno teocrático global. Dios es el único que puede instaurar un gobierno justo, equitativo. Sin embargo, sabemos que un reino teocrático no es asequible, pues muchas entidades internacionales se opondrían a esta estúpida idea mía. Así, pues, debemos tener estas trascendentes palabras que beneficiarán nuestras vidas globalmente: “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. (Lucas 6:38). La globalización teocrática llegará cuando Cristo venga por segunda vez. Mientras tanto, debemos poner en práctica la regla de oro para que nuestras vidas sean bendecidas. El Dr. Billy Graham dijo: “Es Cristo quien tiene el control, y él es el que ha de determinar el futuro”. Mientras tanto no podemos quedarnos inactivos, puesto que debemos seguir viviendo conforme a la regla de oro, en una injusta comunidad global.
Julio C. Cháves
Escritor78@yahoo.com.ar

sábado, 22 de septiembre de 2007

Espejismos


Los espejismos son deseos que se materializan sobre la arena del desierto de la vida. El espejismo es un fenómeno que produce la ilusión de ver invertidas, a corta distancia, las imágenes de objetos distantes. Los espejismos parecen la realidad, pero la realidad es que son una mera ilusión. Parecen el oasis que tanto anhelamos, pero es algo irreal. La sociedad actual, por medio de la televisión, lo único que brinda es espejismos, meras ilusiones. La televisión lo único que está haciendo es blanquear la estupidez. Antes la fornicación era fornicación, mas ahora se le llama amor libre. La caja inteligente lo simplifica todo. La televisión es un instrumento de dominación sutil, peligrosa y perspicaz, que cuenta con una tecnología muy sofisticada. La pantalla mágica penetra las mentes y las distorsiona. Adultera la realidad con espejismos. La televisión es el demonio descontrolado y permisivo de nuestra época. Con sus imágenes, satura y pasiviza a las masas. Penetra insidiosamente en las conciencias y las llena de sofismas, mentiras, libertinaje, y crueldad e individualismo intelectual. Ese flujo de imágenes, produce, además, neutralización del pensamiento, y es un infalible método de estupidización…
La mayoría de los miembros de la sociedad están controlados por los mensajes de la pantalla mágica y maligna. Una especie de ‘Sida espiritual’ ha invadido las mentes de los televidentes. Los hombres tienen como lema ‘Play God’, y por eso se creen que pueden manipular a las multitudes en aras de sus deseos egoístas. La actividad intelectual y la culturalización han pasado a un segundo plano. Yo creo que lo único que domina a los dueños de los medios son intereses económicos dominantes. El Status Quo los empuja a quitarle al mal la característica de condenable. Los más perjudicados por la televisión son los niños. Los niños ya han dejado de ser Hijos de sus padres y se han convertido en hijos de la televisión. Gerald Edelman les dice a los padres del siglo XXI: “Sus hijos no son sus hijos. Son hijos de la tecnología de la información. Más que sus padres, lo que forma sus cabezas son los estímulos del mundo moderno”.
La pantalla mágica influye en las mentes susceptibles y las banaliza. Creo que es hora de que algunos individuos dejen de confiar ciegamente en la tecnología, pues sino, serán parte de un espectáculo trivial y estupidizante. Además, serán dóciles objetos de la manipulación sutil. Se cosifican a si mismos y vivirán obsesionados por lo tangible y lo inmediato. La televisión es un instrumento de manipulación en manos de los manipuladores. Los televidentes son objetos de estupidización y manipulación sutil, pero real y tortuosa. Un hombre llamado Marshall Mcluhan comprende bien lo que digo. Quizás sus comentarios parecen rebuscados, pero lo que dijo es muy cierto. Mcluhan ha vivido toda comunicación en dos clases: fría y caliente. La comunicación caliente es toda la filtrada a través de la razón. Por ejemplo, dice él, si un ladrón va a una casa a robar, le ofrece carne al perro para entretenerlo. Mcluhan dijo que esto mismo es lo que hacen los que producen los programas de televisión, puesto que utilizan imágenes que apelan a la razón, para distraer la mente y de ese modo, conseguir el resultado que desean en una experiencia de primer orden.
El Dr. John Hagee, en su libro ‘La era del engaño’, escribió al referirse a la televisión: “¿Quién entra a la casa mediante la pantalla del televisor? ¿No entran ciertos sujetos que no quisiéramos que se acerquen ni al portal de la casa? Sí, esos invasores que nos envían los medios de comunicación que les enseñan a nuestros hijos acerca de homicidio, violación, y violencia social. El televisor es un cáncer intelectual que se ríe de nosotros en la cara, se burla de los valores y de la fe…”. La televisión es un cáncer que está estupidizando y banalizando la vida humana. Lo único que brinda la pantalla mágica son espejismos inútiles y vacíos.

Julio C. Cháves.
Escritor78@yahoo.com.ar

La era del espectáculo



Vivimos en la era del espectáculo. Lo único que les agrada a los mediocres y a los simplistas, es el espectáculo. El espectáculo en la escuela, en la televisión y en la radio y en la Internet. Todos quieren divertirse. El facilismo está íntimamente ligado al espectáculo. Las mentes estimuladas y manipuladas por el espectáculo de las masas, sucumben ante la superficialidad. Hoy día un concierto de rock vende más que la conferencia de un escritor. Antaño, las personas pensaban, es decir, eran Homo Sapiens, mientras que ahora imperan las mentes robotizadas y estupidizadas por personas con ideologías utilitaristas. Las masas ‘piensan’ que el conocimiento se encuentra en Internet. Pero lo cierto es que el verdadero saber se encuentra en los libros, en la Biblia. Una persona que valora el entretenimiento, el ocio y la diversión, es una persona desculturalizada y mediocre. Un video clip no enseña nada. Una historieta no enseña nada. El auténtico saber se encuentra en la lectura de libros. La actividad intelectual es indispensable para aquellos individuos que quieren contrarrestar los elementos de la mediocridad.
Aprender no es divertido. Aprender requiere disciplina, trabajo, responsabilidad. Leer no es lo mismo que mirar la televisión o ir al cine. Leer es un trabajo arduo. El aprendizaje de la Biblia requiere trabajo, disciplina, coraje. Leer enriquece tu lenguaje, tu vocabulario. La televisión estupidiza y anula la capacidad de pensar. Las palabras son importantes. Escribir es importante. Aprender lo que dice la Biblia nos permite capacitarnos de modo sólido para que podamos separar lo malo de lo bueno, lo negro de lo blanco, lo verdadero de lo falso. Hoy vivimos en una cultura que promueve la incultura de la estupidez y del espectáculo. La ignorancia está de moda. Si no hay lectura no hay entendimiento. Sin libros, sin la Biblia, no hay sabiduría. Frente a una pantalla no se aprende. Se aprende únicamente por medio de la lectura. Un autor llamado Ferrarotti dijo: “La lectura requiere soledad, concentración en las páginas, capacidad de apreciar la claridad y la distinción. (…) Pero el Homo Sentiens tiene características opuestas, la lectura le cansa. (…) Intuye. Prefiere el significado resumido y fulminante de la imagen sintética. Esta le fascina y lo seduce. Renuncia al vínculo lógico, a la secuencia razonada, a la reflexión que necesariamente implica al regreso de sí mismo. (…)Cede ante el impulso inmediato, cálido, emotivamente envolvente. Elige el vivir según la necesidad, ese modo de vida típico del infante que come cuando quiere, llora si siente alguna incomodidad, duerme, se despierta y satisface todas sus necesidades en el momento”.
El cristiano Homo Sentiens vive adherido al espectáculo, al sentimentalismo barato, a la canalización del ser humano. En contraste, el Homo Sapiens, el hombre que piensa, el cristiano que piensa en lo que dice la Biblia, ama la lectura, pues sabe que en la lectura se encuentra la fuente del verdadero saber. La televisión manipula, en cambio, el libro enriquece, orienta, forma, capacita. El libro tradicional es irremplazable. Estar frente a una computadora no te hace inteligente. Lo único que te hace inteligente es la lectura de libros, de la Biblia. Estar en una ultramoderna sala de computación no te hace sabio. Lo que te hace sabio es estar en una biblioteca tradicional. El libro enseña. La Biblia enseña. Pulsar botones no te hace completo. Lo que te completa es la lectura. Ser un tecnólogo no te hace inteligente. Lo que te hace inteligente es la lectura de libros y principalmente, la lectura de la Biblia. El salmista le dijo a Dios con respecto a su palabra escrita: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca”. (Salmo 119:105).

Julio C. Cháves.
Escritor78@yahoo.com.ar

Jungla de vanidades


El siglo XXI nos ha hecho ingresar en el reino de la tontería, de la anarquía, del egoísmo y de la violencia. El amor ha sido malversado. La libertad ha sido malversada. La cultura que impera es la cultura del ‘Yoísmo’. Un relativismo moral y cultural ha herido de muerte a los individuos tecnificados de hoy. La falta de respeto por el intelecto es atroz. Lo frívolo y lo maligno, está de moda. La devaluación de la moneda argentina no es lo más alarmante. Lo más alarmante es la devaluación del esfuerzo, la seriedad y la justicia. Ciertamente estamos en medio de una jungla de vanidades. La vanilocuencia nos acosa. Vaniloquios nos suceden con propuestas indecentes. El vacío es parte de mucha gente. La vanidad camina por las calles. El bien y el mal están librando una batalla decisiva.
¿Quién ganará esta batalla? La gente lo decidirá. Los seres humanos poseen tanto la capacidad para hacer el bien como para hacer el mal. El rico, si quiere, puede ayudar al que menos tiene. Cada individuo, si quiere, puede hacer el bien al semejante. Esto está en la decisión de cada uno. Cada persona con sus acciones, buenas o malas, construye su biografía personal. Nuestras acciones son ladrillos que conforman la sociedad. James Thom dijo: “Si tratamos de mejorar a otros dándoles buen ejemplo, estaremos mejorando a dos personas. Si lo intentamos sin que pongamos el ejemplo nosotros mismos no habremos mejorado a ninguno”.
Todas las personas desean ser grandes a los ojos de los demás. Todas las personas hacen lo que sea por lograr esto. Muchas personas incurren en la egolatría con tal de trascender sobre los demás. Estas se dejan controlar por la envidia, los celos, los pleitos, en fin…; la lista de vanidades es extensa. Sófocles sabía bien lo que es el orgullo. Por eso, escribió lo siguiente al respecto: “El orgullo engendra tiranos. El orgullo, cuando hinchado vanamente de sus mucha altanería, ni conveniente ni útil para nada, se eleva a la más alta cumbre para despeñarse en fatal precipicio…”. La Argentina está en crisis, crisis es rotura, porque los que tienen no comparten nada con los pobres. La corrupción es un demonio engendrado por el orgullo. La impunidad es moneda corriente en esta sociedad politeísta. Los dioses de moda son: El auto 0 Km., la posición social, la ropa, la codicia, el status quo, la alfombra roja, la presunción, etc. La vanidad. Esta es una sociedad pagana, esclava de la vista. Figurar es más importante que ser. Para la gente todo es negocio, intercambio, trueque. El lema imperante es: “Te doy si me das…” ¡Por eso estamos como estamos! Los chicos en algunas provincias no tienen qué comer, mientras muchos políticos discuten sobre quién tiene la razón sobre determinado tema. Yo creo que las personas están cansadas de vanilocuencia. Creo que hacen falta soluciones, pues de palabras ya estamos hartos. Los niños que tiene frío no se pueden cubrir con palabras. Lo que necesitan son frazadas. Los jubilados no comen palabras. Lo que comen es comida. La gente necesita amor, dignidad, solidaridad y líderes que vivan para la gente y no de la gente. Es hora de recuperar el respeto por el prójimo. Debemos destruir a los vaniloquios con la verdad. Debemos dejarnos orientar por la justicia social. Lo que debemos hacer para vivir mejor es empezar a dejar la vanidad de lado.
Debemos cocinar la sopa. ¿La sopa? Sí, la sopa. Ralph Emerson reflexionó: “Una de las dificultades que afligen al mundo actual es que hay muchas personas dispuestas a meter su cuchara, pero poco inclinadas a cocinar la sopa”. Cocinar la sopa es decidir hacer el bien, no por conveniencia, sino por amor…El amor es lo contrario a la vanidad…

Julio C. Cháves.
Escritor78@yahoo.com.ar

Saturados con demasiada información



El siglo XXI ha cautivado la atención de todos virtualmente. La información abunda. La información ha adquirido características polimorfas. La diosa actual es la información. Información hasta sobre cuestiones inimaginables. Información de hasta los lugares más recónditos del planeta. La información es tan actual y rápida, que las cosas que pasaron ayer son obsoletas. Muchos dicen que esta era de la información es un real e inigualable progreso cultural. Algunos tecnificados hombres cibernéticos dicen que la información es sinónimo de conocimiento.
En el espacio público se libra una gran batalla por captar nuestra atención. Es tanta la abundancia de la información que no nos alcanza la comprensión. Los medios de comunicación recurren constantemente a la exageración y el escándalo con tal de atraparnos. Yo creo que estamos demasiado informados. Estamos saturados de tanta información que hemos dejado de pensar. Antaño se pensaba. Ahora pensar está fuera de moda. La Internet informa, pero no delega conocimiento. El conocimiento se encuentra en los libros. El libro es irremplazable. El libro te capacita para pensar independientemente. El libro te capacita para que puedas expresarte de forma clara y simple. El libro te posibilita la capacidad de discernir entre el bien y el mal y te ayuda a elegir lo de más valor entre la multitud de estímulos que te brinda la realidad. La sociedad actual no cree en el libro. Pero el libro, de igual modo, es irremplazable. La información goza de un prestigio que le hace posible la desvalorización de la cultura del libro. La información hace innecesario al libro. En el siglo XXI, según algunos futurólogos, será el testigo ocular de la muerte de la lectura.
Pregunto: ¿Es bueno vivir entre tanta información? El filósofo Philip Novak reflexionó: “La abundancia informática es atractiva hasta que comprendemos que nos puede arrebatar la paz, un derecho espiritual de nacimiento. Así como recién estamos descubriendo el imperativo de desarrollar una relación armónica con la naturaleza, posiblemente también debamos advertir de una ecología interior, una ecología de nuestra mente”. Tanta información satura, nos torna indiferentes a la realidad del mundo circundante. Estamos obesos de información, pero carentes de conocimiento. Muchas personas, porque están informadas creen poseer cultura interior. Pero lo cierto, es que una cosa es ESTAR informado y otra muy distinta es tener información. ¿Cuál es la diferencia entre estar informado y tener información? El que está informado sabe lo que pasa en el mundo. En cambio, el que tiene información, sabe lo que pasa en el mundo y en la misma instancia, tiene un criterio sólido y una interpretación sólida de la realidad que lo rodea.
La lectura de libros nos conduce a la cultura y nos provee de herramientas para que podamos interpretar la realidad de un modo claro, sencillo y a la vez profundo. El Dr. Enrique Rojas, autor del libro ’El amor inteligente’, respecto a la cultura escribió: “La cultura es la memoria del tiempo, lo que queda después de olvidar lo aprendido; depósito de saberes que ayudan a interpretar la vida; almacén gigantesco de creatividad del ser humano. Por ello decimos que la cultura es libertad; que es la aristocracia del espíritu, que tiene en la lectura su buque insignia”.

Julio C. Cháves.
Escritor78@yahoo.com.ar

sábado, 8 de septiembre de 2007

La era de la velocidad


En el mundo de hoy predomina la velocidad. En la televisión uno puede ver como los pilotos internacionales de ‘Fórmula 1’, llegan con sus vehículos a velocidades que sobrepasan los 300 Km. por hora en las rectas de los grandes circuitos. Es impresionante la locura de estos pilotos. Pero más impresionante es lo que dicen algunos preocupados psicólogos. Afirman estos profesionales que la mayoría de los campeones del volante alimentan un secreto deseo de suicidio. Es sabido, pues, que son muchos los pilotos que mueren en estos circuitos internacionales. La velocidad es la esencia de la sociedad actual. ‘Hoy día, hay automóviles de carrera que han derribado récords con entusiasmo y han alcanzado astronómicos promedios de más de 965 Km. /hora en la pista de sal de Bonneville (Bonneville Salt Flats). Lo mismo está sucediendo con los trenes bala, ya que en Japón alcanzan velocidades que trascienden los 300 Km. /h. También la velocidad está afectando a los aviones aéreos, ya que el Jet Francés Concorde alcanza la increíble velocidad de 3.200 Km. /h. Por su parte, las naves espaciales, alcanzan la increíble velocidad de 38.000 Km. /h. Al hombre contemporáneo le encanta la vida frenética.
Es notable que nuestro mundo tenga la manía de la velocidad. Todos corren de un lado para otro. La vida es literalmente veloz. Los autos en las calles andan a toda velocidad. Hace poco tiempo se dio la noticia de que en una autopista de alta velocidad en Buenos Aires, iban dos camionetas 4 x 4 a mucha velocidad, una a la par de la otra, y que una encerró con más velocidad a la otra hacia la banquina. El resultado de esto fue la muerte del cantante cordobés Rodrigo. La velocidad cobra vidas humanas. Sin embargo, seguimos a toda velocidad. Velocidad en el trabajo. Velocidad en las relaciones humanas. Hasta podemos decir que en nuestras oraciones a Dios somos veloces. Andan precipitadamente. En las calles, en las fábricas, en las autopistas, y en las relaciones interpersonales reina la velocidad. Hoy todos quieren la vida, rápida, veloz. Comida rápida. Amor rápido. Frases sintéticas. Todo es velocidad. Hoy no hay tiempo para el amor. Creo que es tiempo de detenerse. ¿Para qué tanta velocidad? Julio Cortázar en ‘La autopista del sur’, cuenta, con su particular modo de narrar, cómo una caravana amplia de autos se detienen en un instante debido a un inconveniente surgido en la ruta que les impide avanzar. Obviamente, el tiempo no se detiene. Los autos están en fila, uno detrás de otro. Autos de diferentes modelos y formas, tamaños y colores. Los vehículos están habitados por personas de todo tipo, sueños, profesión. Jaime Barylko sigue contando: “Esos seres que normalmente tienen nombre y apellido, status, envueltos en esferas de calificaciones y definiciones ahí, en esa autopista de tenida y muerta, en la desesperación de no poder avanzar y llegar al objetivo deseado, comienzan a descascararse. No son lo que son o lo que juegan a ser. La gente baja de los autos, camina, se impacienta, y lamentablemente se va acomodando a la nueva dimensión en que se encuentran. Hablan, charlan, cuentan, explican. Se dirá que con el tiempo hasta se olvidan que el fin supremo de sus vidas es correr y alcanzar objetivos. Por un rato se olvidan de que hay que ir a algún lado, conseguir algo, ganar, superar a otros. Es la vida. Es la comunicación. Algunos se simpatizan, y si les estuviera autorizado, se enamorarían. Algunos ahí, como están, son felices. Algunos, muchos. Pero la autopista del sur que se había paralizado se libera de los escollos que la habían mantenido fuera del tiempo. Se da la señal. Vuelven a moverse. Se separan. Se alejan…”. Entonces todo comenzó a ser como antes. La velocidad siguió controlándose. Hasta ahora. ¿Nos detendremos algún día? Yo sinceramente deseo que la autopista de la vida se llene de inconvenientes para que nos detengamos un poco. Ahí el amor surgirá. No lo dudo.

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

domingo, 2 de septiembre de 2007

Un mensaje de justicia


Amós era pastor y productor de higos en Tecoa, en el límite del desierto de Judá. Fue profeta en Israel, el reino del norte, durante el reinado de Jeroboam II y escribió el libro de la Biblia que lleva su nombre. Se le considera uno de los Doce Profetas a quienes se denomina "profetas menores" por la brevedad de sus libros, mas no por su calidad. El país en el que vivía Amós era prospero y el reino extendía su territorio y se enriquecía cada vez más y el culto religioso era esplendoroso, pero contrastaba con la miseria del pueblo, siendo el lujo de los grandes una ofensa para miles y miles de pobres. Paradójicamente el esplendoroso culto a Dios encubría a su vez el rechazo a Dios y la opresión y exclusión del pobre. Ante esta situación de injusticia, Amós, profeta de Dios, que amaba a su Dios fielmente, inspirado por Dios, condenó la corrupción de las élites, la injusticia y exclusión social y el ritualismo religioso improcedente al compromiso de vida, anunciando firmemente el fin de Israel. Amós 7:10-11 dice: “Entonces el sacerdote Amasías de Bet-el envió a decir a Jeroboam, rey de Israel: «Amós se ha levantado contra ti en medio de la casa de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras. Porque así ha dicho Amós: "Jeroboam morirá a espada, e Israel será llevado de su tierra en cautiverio"». Debido a sus palabras, fue acusado por el sacerdote Amasías de conspirar contra el rey y fue expulsado de Betel. Amos 7:12-13 dice: “Y Amasías dijo a Amós: Vidente, vete, huye a tierra de Judá, come allá tu pan y profetiza allá; pero no profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino”.

Dios no esta en contra de los ricos, pero si esta en contra de la indiferencia hacia los pobres, los oprimidos, los marginados, los olvidamos, los excluidos. Dios les pide a los que están en autoridad y tienen algún tipo de poder que ayuden a los demás, que ayuden a los que no tienen nada. El mandamiento de amar al prójimo es para todos los seres humanos sobre la faz de la tierra. A Dios no le agradan aquellas personas que hablan de amor pero no hacen ningún bien a los demás. Dios dijo en su palabra que debemos amar con todas nuestras fuerzas, nuestros pensamientos, y también dijo que debemos amar a los demás como a nosotros mismos. Dios condena a los que abusan, manipulan, usan y maltratan a los débiles y necesitados. Lamentablemente en nuestra sociedad prevalece el mal, el utilitarismo y el despotismo, la gente explota a la gente y como dijo un pensador, el hombre es un lobo para el hombre. La sociedad esta dividida, están los ricos y pobres, los explotadores y explotados, los privilegiados y marginados. Jesús condenó abiertamente a aquellos oprimen a los pobres: “¡Mas! ¡Ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo”. (Lucas 6:24). Los conciudadanos de Amós exteriormente estaban con Dios, pero dentro de sus corazones estaban lejos de él. Por el contrario, sus corazones estaban llenos de injusticia, desamor, ostentación, inmoralidad, maltrato, opresión de los pobres, entonces, en este contexto, aparece el profeta anunciando que las promesas de Dios ya no estaban disponibles para un pueblo hipócrita. En este contexto social, aparece el profeta Amós anunciando el juicio de Dios. Los que no hacen el bien a los demás jamás recibirán nada de Dios porque Dios no bendice a los egoístas, Dios no bendice a los malvados. El que siembra maldad cosechará infelicidad, amargura, derrota, pero los que siembran amor, bondad, los que comparten de lo que tienen y de lo que son, estos serán bendecidos por Dios.

En síntesis, lo sorprendente del mensaje de Amós al pueblo de Dios sea su penetración para leer e interpretar los signos de su tiempo. El mensaje de Amós es inusual, pertinente, penetrante, afirmativo, esta respaldado por Dios. Dios le permitió a este profeta discernir las ambivalentes actitudes del corazón humano expresadas en las relaciones entre los habitantes de su tiempo. Tal vez su mensaje, en un contexto de prosperidad y abundancia, sea sugestivo, pero resulta mucho más sugestivo que un hombre de estas características llegue a declarar la ruina de su tierra en momentos de prosperidad económica y de estabilidad política. Ahora, lo más sorprendente es que la historia le dio la razón ya que hacia el año 745 a.C. surge en el imperio asirio, con capital en Nínive, la figura del expansionista Tiglatpileser III, simbólicamente identificado con la imagen de “la bota que pisa con estrépito”. El manejo político de este conquistador terminará con el Reino de Israel, que hacia el año 722 a.C. sobrelleva la amarga experiencia del destierro. Cuando todo parece optimo, resulta insoportable que Dios denuncie las injusticias de los hombres, pero Dios es claro en su palabra: Lo que el hombre sembrare eso también segara…

Julio césar cháves
juliogenial@hotmail.com

miércoles, 15 de agosto de 2007

Cómo lidiar con la inseguridad


La inseguridad es un mal que aqueja nuestra época. Al mirar la televisión advertimos incertidumbre, desocupación, piquetes, injusticias, robos, asesinatos, secuestros, y todo tipo de aberraciones. Transitamos días de tensión y aislamiento, angustia y depresión. Protegemos nuestros hogares con rejas, alarmas, y la clase alta con seguridad privada. Pero aunque procuramos estar un poco más seguros, de todas formas la inseguridad y la incertidumbre siguen vigentes dentro del corazón humano.


El profeta Jeremías dijo: “Maldito el varón que confía en el hombre… y su corazón se aparta de Jehová”. (Jeremías 17:5). Podemos depositar nuestra confianza en los hombres, pero jamás podrán satisfacer nuestra intrínseca necesidad de seguridad. Así que nuestra seguridad interior no puede ni debe depender de los demás. Los seres humanos somos falibles, cometemos errores, fallamos. Algunos buscan seguridad en el dinero porque creen que el poder del dinero puede aportarles seguridad interior. Pero después de un tiempo se dan cuenta de que el dinero puede comprar rejas, alarmas y seguridad privada, pero no puede aportar seguridad interior. Así que depositar la confianza en el dinero es un error. Entonces, ¿Dónde podemos encontrar seguridad y paz interior? ¿En quien podemos confiar? El salmo 112:6-8 dice: “Por lo cual no resbalará jamás; en memoria eterna será el justo. No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová. Asegurado está su corazón; no temerá, hasta que vea en sus enemigos su deseo”.
Podemos estar rodeados de malas noticias, malos presagios, gente conflictiva, pero aunque todo este convulsionado, podemos confiar en Dios. Los que confían en Dios no serán conmovidos. Cuando cite a Jeremías no quise decir que no debemos confiar en nadie. Claro que debemos confiar en nuestros seres queridos, amigos, compañeros de trabajo, pero hay que tener en cuenta que pueden fallarnos. También, quiero decir que aunque los medios hablen de malas noticias, podemos estar tranquilos y tener paz mental si confiamos nuestras vidas a nuestro Padre Celestial. Cuando confiamos en Dios jamás nos derrumbaremos aunque el mundo se caiga a pedazos. Mientras otros buscan seguridad en el dinero, las rejas, la desconfianza, nosotros confiamos en Jehová, porque en él estamos seguros. Claro que no esta demás proteger nuestras pertenencias, pero la verdadera seguridad no es exterior sino interior y tiene que ver con la paz interior. Jesús dijo: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”. Si deseamos ser vencedores y triunfar sobre el temor, debemos confiar en Dios. Él tiene cuidado de nosotros. Él no se duerme. Él conoce nuestro sentarnos y nuestro levantarnos. Jamás debemos dejar a Dios como último recurso. El apóstol Pablo escribió a los corintios: “El que piensa estar firme, mire que no caiga”. Finalmente una canción basada en el salmo 91:4 dice:

“Bajo sus alas, bajo sus alas,
¿Quién de su amor no puede separar?
Bajo sus alas morirá mi alma
En sempiterna seguridad”.
William O. Cushing & Ida D. Santey.


Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

domingo, 12 de agosto de 2007

Un mundo sin rumbo


El hombre actual está desorientado, corre hacia ningún lado. Está perdido en la nada. Nuestro mundo se ha ido derrumbando de a poco. Los cambios han sido lentos, pero destructivos. La verdad absoluta de Dios, ha sido reemplazada por un relativismo moral, que ha trastocado radicalmente los valores. Las palabras han sido malversadas. Un ejemplo claro es la malversación de la palabra amor. Hoy se llama amor al amor libre. Ahora, bien, ¿qué es el amor libre? El Dr. Rubén Juan Spataro en su libro ‘Charlando sobre sexo’, dice: “El ‘Amor libre’ no es expresión de libertad. Quines practican este tipo de amor se ‘Creen’ libres, pero en realidad sucumben en los impulsos de las tentaciones biológicas, a su inmadurez, a las consecuencias de importantes alteraciones familiares, a los propósitos de sus conductas neuróticas, a la civilización ‘Libertadora’ que incita a esta práctica. Este tipo de relación cosiste en llegar a la fornicación sin vínculo afectivo alguno. De esta forma los jóvenes se unen íntimamente a una muchacha tras otra, guiados por un desinterés y un deseo de satisfacción egoísta, personal, sin amor, con el solo objeto de probar su virilidad social. ‘Un hombre seguro de su virilidad no siente compulsión de probarla’, dijo M. Levín”. Las palabras más importantes para las relaciones humanas han sido malversadas. Por esto, debemos abrir bien los ojos, cuando nos hablan de amor, porque quizás nos están estafando por medio del lenguaje llamando a cosas por un nombre, cuando en realidad quizás son otra muy distinta.
Creo que el hombre moderno se ha sumido en la confusión y el relativismo moral, porque ha dejado de lado la palabra de Dios. Las leyes dictadas por los hombres son siempre vulnerables, transitoria, pasajeras, mudables. En cambio, la ley suprema de Dios es infalible, eterna y pertinente, Las leyes humanas, estructuradas para regir a la sociedad, son en cierta forma el producto de la cultura, de la historia de cada país, de la tradición, del medio social y de la idiosincrasia de cada pueblo en particular. Por tanto necesitan reformas de tiempo en tiempo. En contraste con las leyes humanas, está la palabra de Dios que es perpetua, inmutable y pertinente. Sus principios se aplican a todos los hombres, a todas las épocas y a todas las culturas. Cuando algunos judíos decían que Jesús era un innovador de la ley, el divino Señor les contestó con éstas palabras terminantes: “No penséis que he venido para abrogar la ley o a los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”. (Mateo 5:17-18).
La ley de Dios es imperecedera e inmutable. El supremo rey del universo promulgó una ley que ha regido desde la eternidad y continuará en vigencia por la eternidad. La palabra de Dios no puede dejar de cumplirse. En el inmortal sermón del monte, el Señor Jesús explicó a una muchedumbre de personas, la inescrutable profundidad de la palabra de Dios. Debido a esto, podemos decir que la verdad de nuestro Dios, llega como flechas puntiagudas, hasta las cámaras más internas del alma. Alcanza los pensamientos, los sentimientos y las intenciones más escondidas del corazón. Establece una norma para los aspectos más íntimos de la vida intrapersonal e interpersonal. Así pues, la palabra de Dios hace a nuestra conciencia una inquietante revelación, y nos manifiesta con toda claridad la gran necesidad que tenemos en el orden espiritual, destacando cada una de nuestras debilidades, cada una de nuestras caídas y pecados. La palabra de Dios es nuestra brújula infalible.
Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

martes, 7 de agosto de 2007

Un contexto de callada desesperación



El siglo XXI es una época de confusión. Al igual que sucedió en la torre de babel, los seres humanos están confundidos debido a sus pecados de rebelión y desobediencia a Dios. Como si esto fuera poco, los hombres buscan justificar sus maldades y aberraciones echándole la culpa a su creador. Dicen que si Dios nos hubiera hecho perfectos el mundo estaría en mejor situación. Algunos se callan y no emiten opinión, pero de todas formas todos los seres humanos sobre la faz de la tierra experimentan la misma insatisfacción espiritual. Henry David Thoreau dijo: “La mayoría de los hombres viven vidas de callada desesperación”.
¿Qué es lo que le falta a los hombres? ¿Cuál es la causa de tanta desesperación? ¿Por qué hay tanta confusión? La respuesta es sencilla: Los seres humanos necesitan acercarse a Dios a través de Cristo. Dios es el único que puede darle sentido y propósito a la vida humana. Blas Pascal dijo: “Hubo una vez en el hombre una felicidad auténtica de la cual lo único que queda es el marco y rostro vacío, que él, en vano intenta llenar con todo lo que lo rodea. Pero todos son recursos inadecuados porque el abismo infinito puede ser llenado únicamente por Dios”.
En síntesis, todos los seres humanos nacemos en pecado y tendemos hacia el mal. Y la paga del pecado es la muerte. Algunos científicos arguyen que nuestras predisposiciones pecaminosas se deben a influencias genéticas, pero la realidad es que tenemos libre albedrío, es decir, podemos elegir entre el bien y el mal. Es más, cada vez mayor cantidad de científicos reconocen que si bien los genes ayudan a perfilar nuestra personalidad, no determinan o dictan por completo nuestras decisiones. El neuropsiquiatra de Harvard University, John Ratey declaró: “Los genes no hacen que un hombre sea homosexual, o violento, o gordo, o líder. Los genes se limitan a fabricar proteínas....Los seres humanos no somos prisioneros de nuestros genes o nuestro medio. Tenemos libre albedrío”.
Romanos 5:8 dice: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Los seres humanos pecados contra Dios porque decidimos hacerlo. Dios ha establecido leyes y mandamientos que rigen la conducta, proveyendo un marco moral y ético, cuya función es orientar y regir la conducta de los hombres apropiadamente, conforme a la voluntad de Dios. Hay que tener en cuenta que el comportamiento es producto directo de los pensamientos. De hecho, proverbios 23:7: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Los pensamientos que vamos adoptando a lo largo de la vida, determinan nuestras elecciones de vida y nuestro estilo de vivir. En fin, lo único que puede ayudarnos a lidiar con nuestras predisposiciones pecaminosas es aceptar a Cristo como nuestro salvador personal. Entregar nuestras vidas a Dios no es un desperdicio, por el contrario, es una decisión inteligente. El apóstol Pablo, en Gálatas 2:20, escribió: “Con Cristo he sido juntamente crucificado; y ya no vivo yo, sino que Cristo vivo en mi. Lo que vivo en la carne, lo vivo por la fe en el hijo de Dios, quien me amó y se entregó a si mismo por mi”.

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

sábado, 28 de julio de 2007

Gigantes moscas de suicidio



Hay individuos que albergan espíritus insatisfechos, almas intranquilas y corazones que no se sienten sosegados. En ellos, la angustia del corazón es muy grande e insoportable. Viven intranquilos y buscan tranquilidad interior porque siempre están sedientos de paz y felicidad. La indignación estremece sus almas. Viven así porque en derredor de ellos abundan las gigantescas moscas de suicidio. Todo es amargo y la existencia está impregnada de dolor. La belleza y la felicidad están lejos de ellos. Por eso, los tales individuos, procuran, por todos los medios (Drogas, alcoholismo y delirio), huir de lo que son, huyen de sí mismos y del dolor del ser. Sin embargo, aunque logran escapar por un tiempo de sí mismos, después vuelven al mismo estado de antes, y permanecen igual de insatisfechos. ¿De quién estoy hablando? Estoy hablando de las personas que dejaron de mar la vida. De quienes se quieren suicidar porque han dejado de sentir la importancia de lo que son. De quienes pretenden morir porque piensan que a nadie le importa lo que ellos son como personas. De quienes han optado por el suicidio porque creen que la vida ya no vale la pena seguirla viviendo porque se ha tornado seriamente afectada por el desaliento y la desilusión, la cual se apaga lentamente y que es incapaz de percibir las más elementales realidades. Estoy hablando de las personas que piensan que le suicidio es la última salida que les queda para salvar la propia identidad, superando los condicionamientos con un acto decisivo de voluntad.
Así, pues, ¿es lícito el suicidio o la muerte voluntaria, como un derecho humano fundamental? ¿Es aceptable la licitud moral de liberarse, después de una tranquila y madura ponderación, de una vida que se ha hecho insoportable, que ya no tiene sentido y que no se puede rehacer? ¿Tiene el hombre derecho a una muerte libremente elegida? El suicidio es igual a asesinato. Matarse es matar. El suicidio es una postura claramente contraria a la voluntad de Dios. El suicidio es igual al asesinato y considerándolo como un crimen execrable. Santo Tomás de Aquino dijo: “Todo hombre busca su propia conservación en la existencia llevado por el deseo natural de vivir. Por tanto, el suicidio es contrario a la ley natural”. Hemos sido creados por Dios para vivir. El don de la vida es un legado sagrado. El suicidio es una agresión directa contra el amor que cada uno se debe naturalmente a sí mismo. Tras referirse a la ofensa que todo suicidio supone para la sociedad, de la cual el hombre es parte, Santo Tomás expone la prueba teológica, que tiene ciertamente más fuerza, y a la que nos referiremos específicamente ahora mismo; podemos resumirla así: la vida humana es un don de Dios al hombre y depende absolutamente de aquel que hace vivir y morir, como nos dice Dt. 32:39: “Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo; yo hago morir, y yo hago vivir; yo hiero, y yo sano; no hay quién pueda librar de mi mano”. Según este versículo, suicidarse es usurpar a Dios el poder para decir en una causa que es ajena al hombre y le trasciende.
El suicidio es tan inaceptable como el homicidio: ‘construye un rechazo de la soberanía de Dios y de su designio de amor, así como el amor hacia sí mismo, y una renuncia frente a los deberes de justicia y caridad hacia el prójimo, hacia las diversas comunidades y hacia la sociedad entera. Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser inocente, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros, no consentirlo explícita o implícitamente. Se trata de una violación de la ley divina, de una ofensa a la dignidad de la persona humana, de un crimen contra la vida, de un atentado contra la humanidad’.
Finalmente Jean-Pierre Jossua resume así toda una línea de pensamiento cristiano correcto: “Nadie puede afirmar que su vida carece de sentido, pues la existencia, tal como es, ha sido querida por Dios: de Él proviene el bagaje con que estamos dotados desde el punto de partida y también los acontecimientos que nos salen al paso de la vida; nosotros no podemos hacer otra cosa que adorar su providencia y someternos a su voluntad; solo Él conoce el sentido que pueden tener todas estas cosas, y nos llevará de este mundo cuando llegue el momento”. Tenemos vida y libertad; libertad y la responsabilidad de esperar que Dios decida hasta donde llegará nuestra existencia. Matarse es matar. Por tanto, vivamos la vida de manera responsable delante de nuestro creador y sus mandatos.

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

domingo, 3 de junio de 2007

Farándula urbana y gurúes mágicos.


En este mundo global, universalista, hay de todo. Tenemos pirámides, la Torre Eyffel, la estatua de la Libertad, el Arco del Triunfo, en definitiva, los juguetes nos sobran. Ah, también hay satélites de todas las nacionalidades. Y además, como si todo esto fuera poco, al compararnos con los egipcios, esos genios en matemáticas, arquitectura, y filosofía, somos indeciblemente superiores. A comparación nuestra, los egipcios son unos mediocres. Ellos no disponían de lo que poseemos nosotros. En su tiempo no había ni teléfonos celulares, ni Internet, ni computadoras. La nuestra, es una contemporánea brillante aldea global. Somos mejores, eso es al menos lo que aparentamos en toda la historia de la civilización humana.
Sin embargo, aunque parezca en apariencia que somos superiores, lo cierto es que somos más animales que todos los dictadores que nos antecedieron. Ante nosotros desfilan los políticos corruptos que pululan mentiras sin parar y nosotros conspiramos con nuestro silencio. Hoy por hoy, prevalecen los falsos profetas que tienen en su pecho el disti9ntivo del Show, que es el facilismo y la adulación sofismática. También hay “pastores”, entre comillas por si no te diste cuenta, que viven de los pobres y ,lo único que presentan en sus mensajes es un dios que se parece mucho al genio de la lámpara de Aladino, ya que solo hay que pedirle lo que uno necesite y al instante, tenemos, como por arte de magia, lo que necesitamos.
Todos pululan. Algunos utilizan la Biblia para sacarles a los pobres las últimas monedas que les quedan en los bolsillos. ¿Estos son verdaderos líderes? Por favor, no nos hagamos los ciegos. Es tiempo de que llamemos a las cosas por su nombre. El engaño es engaño, aunque luzca una hermosa envoltura. Argentina ha sido engañada. La gente común ha sido engañada. Los cristianos hemos sido engañados. ¿Quienes son los engañadores? Los políticos que dicen mentiras y se enriquecen ilícitamente. Los predicadores que en sus mensajes presentan a un dios sonriente y mágico, que no demanda de sus seguidores una conducta irreprochable, sino que por el contrario, lo único que demanda de ellos es una buena contribución al alfolí. Los falsos profetas que, como periodistas de espectáculo, gesticulan mensajes, humanamente inspirados en, que dicen que el mundo se va a complicar para todos, excepto para los cristianos consagrados. Para todo este tipo de gente –como dijo Pata Villanueva- “Ser hipócrita y diplomático es un arte”. En la Argentina de hoy el lema de toda la farándula urbana es: “Figuración o muerte. Todo para mí y nada para los demás”.
¿Así vamos a mejorar? ¿Con esta farándula corrupta pretendemos salir adelante? ¿Con estos líderes que ejercen su vocación por dinero? Hasta cuando vamos a fingir que somos ciegos. Es verdad que todos somos seres de carne y hueso, y tenemos errores, pero la ‘fechoría voluntaria’ es engaño y punto. Que no se malentienda: no estoy descartando a los verdaderos profetas, a los verdaderos pastores y a los verdaderos políticos. Únicamente estoy criticando constructivamente a los engañadores para que se dejen de mentir, de pulular mentiras y de ser falsas fuentes de inspiración. Ya estamos cansados de gurúes mágicos, de dioses de hueso y carne. Ya no queremos al mundo embustero, que promete felicidad y no puede darla. Al fin y cabo Salomón tenía razón cuando dijo: “Hay tiempo en el que el hombre se enseñoreará del hombre para mal suyo”. (Eclesiastés 8:9).
Julio C. Cháves.
Escritor78@yahoo.com.ar

Cibernéticos tiempos modernos.


Posmodernidad es una palabra muy elegante. Y además, es una palabra muy utilizada por profesionales de diversa índole. Es, pues, notable que la podemos encontrar en artículos, libros de distintos géneros, notas periodísticas y hasta es utilizada en las conversaciones. Esto demuestra sencillamente que estamos viviendo, desde el punto de vista de los letrados, en la posmodernidad. Amamos cibernéticamente. Soñamos tecnológicamente. Y convivimos con otros humanos maquinísticamente. Esto comenzó, aunque parezca errática mi opinión, con Chaplín en la película “Tiempos Modernos”. Allí se plasmó el concepto de que somos parte de una máquina tecnologizada que es la sociedad. En esta película se compara a los seres humanos con tuercas, tuercas de una inconmensurable máquina productiva. Las fábricas de “Tiempos Modernos” producen y producen sin parar. Lo único que les interesa a los empresarios es producir, vender, producir, y vender. Lo demás no importa. No importa nuestra humanidad. No importa Dios, ni nuestra salud física, ni si estamos cansados, nada importa un comino. Lo importante es producir. Los motores deben funcionar. Los hombres deben trabajar sin descansar. Todo tiene que funcionar como en la película ‘Metrópolis’ de Fritz Lang. Los obreros deben trabajar en la ciudad subterránea sin descansar, aunque pierdan la vida, la vista y la salud psíquica y física. Las máquinas no deben para nada parar, porque la Metrópolis debe brillar, deslumbrar a los empresarios que solo les importa el cemento, el acero y el vidrio para darle forma a esta ciudad que oculta la angustia que yace en los corazones contaminados por el dios materialismo.
De este sistema maquinístico y cibernético formamos parte. Debemos funcionar porque sino nos cambian y nos reemplazan colosalmente por máquinas obreras. Y las máquinas, cibernéticas, informáticas, no se quejan, funcionan y punto. Debemos funcionar, producir, vender. Ahora Chaplín somos nosotros. Pero la película no es la misma. La nuestra se llama “Cibernéticos tiempos modernos”. Ya los chicos no juegan a las bolitas o a las figuritas, no extraña, pues, que jueguen al (Family Game). Por varias razones podemos decir que hasta tenemos corazones de metal, o más precisamente de máquinas. En efecto, pues, no podemos tomar la realidad a la ligera, ya que si la dejamos de lado caemos en pozo de la masificación, y allí no hay vida ni identidad ni libertad. Erich Fromm en su libro “El miedo a la libertad”, dice: “Lo que se ha dicho acerca de la carencia de originalidad en el pensamiento y la emoción, también vale para la voluntad. Darse cuenta de ello, es especialmente difícil; en todo caso parecería que el hombre moderno tuviese deseos, y que justamente su único problema residiese en el hecho de que, si bien sabe lo que quiere, no puede conseguirlo. Empleamos toda nuestra energía con el fin de lograr nuestros deseos, y en su mayoría las personas nunca discuten las premisas de tal actividad; jamás se preguntan si saben realmente cuáles son los verdaderos deseos. No se detienen a pensar si los fines perseguidos representan algo que ellos, ellos mismos, desean. En la escuela, quieren buenas notas, y cuando son adultos desean lograr cada vez más éxito, acumular cada vez más dinero, poseer más prestigio, comprar mejores automóviles, ir a los mejores lugares, cosas semejantes”.
Tener, tener, y tener. Eso es lo único que les importa a todos los autómatas. Lo que hacen todos, los individuos hacen. Por esto, hay angustia, vacío, y corazones cansados de vivir. ¿Esto es libertad? Esto es ser nada, para nada, es no tener identidad propia. Esto es ser tuercas de estos ‘cibernéticos tiempos modernos’. Goethe dijo: “Una vida inútil equivale a una muerte prematura”.
Julio C. Cháves.
Escritor78@yahoo.com.ar

miércoles, 28 de marzo de 2007

La influencia de un buen hogar.


“Es el hogar bien constituido la escuela más sana que ha de caratular la actuación del niño en el futuro”, dijo E. Ochoa. Los padres son los responsables de la educación de sus hijos. En el hogar es donde se recibe la guía ética y moral. Ciertamente el hogar formatea el alma de los futuros hombres. Todo depende de la actuación formativa de los padres, que son los educadores morales de sus hijos. Es bajo el techo familiar donde aprendemos los buenos hábitos, las actitudes, los buenos modales, lo axiológico, el desarrollo de la inteligencia y el sentido común que nos ayuda a instalarnos en la realidad asertivamente. El hogar y no el jardín o la escuela, es la primera fuente de educación para los chicos. De la misma manan los valores, principios y máximas que articulan la conducta humana. “El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz”, dijo cierta vez Juan Pablo II.
Hace un tiempo un médico amigo llamado Dr. Rubén Spataro, me regaló un libro titulado Charlando sobre sexo, donde dice: “La familia debe ser consciente de que es la primera educadora, además es la primera en sufrir las consecuencias de formar hijos incapacitados para vivir en el amor. La familia es el primer y último eslabón en el proceso educativo, en ella reside nuestra esperanza de salvación. No podemos tener hijos virtuosos sin familias virtuosas. No podemos tener generaciones libres sin familias sanas”. La familia es la primera escuela donde se forma a los ciudadanos. Es allí donde aprendemos a convivir con otros. Las injusticias sociales son producto directo de los problemas en las familias. Los que niños que son educados bajo una moral dudosa, permisiva, hedonista, y relativista, seguramente interpretarán un rol social amoral, individualista y irresponsable, pensando únicamente en el propio bienestar, dejando de lado los ideales éticos. La influencia de una familia cristiana es fundamental ya que es así como aprender a amar a Dios, amarnos a nosotros mismos y amar a los demás. Si los niños no aprender en el seno familiar valores cristianos, ingresarán en la sociedad con un concepto errático de la ley y la autoridad. La influencia de un buen hogar perdura en el alma de los niños hasta el día de su muerte. Alguien dijo que el niño es el padre del hombre. Milton afirmaba: “El niño anuncia al hombre, como el amanecer anuncia el día”. Los adultos somos productos directos de la influencia que han ejercido nuestros padres sobre nosotros. Un pediatra famoso dijo que los niños son como el cemento fresco, todo los que le cae encima les deja una marca indeleble. Si en una familia impera un espíritu de altruismo, amor, solidaridad, respeto, virtudes y valores, seguramente los pertenecientes a la misma se instalarán socialmente de modo constructivo. Podemos afirmar que una educación en valores axiológicos en el hogar es la base de una buena personalidad. La educación axiológica en la niñez es la epitome de la felicidad en la edad adulta. “Una familia feliz no es sino un paraíso anticipado”, dijo Sir Jhon Bowring.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

sábado, 24 de marzo de 2007

Antihumanos.

La historia de la humanidad yace salpicada de sangre, violencia y degradación. Basta con mirar los noticieros y advertir los múltiples sufrimientos que aquejan a miles y miles de personas. Jóvenes que se drogan, niños hambrientos, ancianos marginados, asesinatos, robos, corrupción, polución, y todo tipo de aberraciones. Los ricos viven de los pobres y los pobres se comen entre ellos. Pero de todos modos somos esclavos de nuestra antihumanidad. Somos animales descontento, plagados de comparaciones y maldiciones autoimpuestas. Somos amorales. Lamentablemente no hay perdón ni bondad. Todos intentamos ocupar un lugar en la vida pero tratando de ocupar el lugar que les corresponde a los demás. Siempre deseamos que lo que tiene el vecino. Nunca nos conformamos con lo propio. Somos egoístas. Hablamos de amor, hablamos de justicia social, hablamos de buscar el bien del prójimo, pero buscamos la mezquindad, la impunidad. Por un lado glamour de los ricos y por otro lado harapos de los cartoneros. No son dos caras de la misma moneda, son dos caras de la misma sociedad. Es evidente que los gusanos están dentro de la manzana. En su disco Antihumano, Ataque 77, en el tema que lleva el mismo nombre que el disco, dice: "Basta de esto, no me interesa, me saca, me enferma…maldito lugarFalso pueblo, falsa conciencia, fingiendo, que viven, en comunidad…Antihumano, en la ciudadInstinto asesino, egocentrista, machista, fascista…peste humanidad.Asquerosas, bestias del caos…depredan, destruyen, siempre quieren más…Yo soy antihumano en la ciudadViviendo sin tregua, materialista, matando, muriendo…sin tiempo de másDeja esta mierda, cosmopolita…escapa, deprisa no mires atrásNo paro de enloquecer, cada día un poco más…Yo soy un antihumano en la ciudad”.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

lunes, 12 de marzo de 2007

Seres sociales.


No es bueno que estemos solos. Somos seres sociales. Nuestra intima naturaleza nos debela que necesitamos de los demás. Nadie de toda la faz de la tierra puede prescindir de otro ser humano. Cuanto más amor tenemos hacia los demás, mejores personas somos. El primer requisito para entablar relaciones sanas y duraderas con nuestros semejantes, es que en el día a día practiquemos el amor altruista. Las relaciones interpersonales basadas en el egoísmo, la mezquindad, la maldad y todo tipo de cosa que no sea el amor están destinadas a desmoronarse y caerse a pedazos. El amor es la fuerza que mantiene unidas a las personas. El verdadero amor busca el bien del otro, busca superar las diferencias y aceptar a los demás sin prejuicios y sin malos conceptos. Si uno ama verdaderamente, ama a pesar de los efectos físicos y los defectos de personalidad. De hecho, nadie es perfecto. Así que, si amamos debemos amar a personas imperfectas como nosotros. Al amar debemos mirar a los demás con comprensión, cariño y estimulo. Porque cuando uno ama desea ser mejor y lo logra.
Eric Fromm en su obra “PSICOANALISIS Y RELIGION”, dice: “Cualquiera sean las quejas del neurótico, cualquiera sean los síntomas que presente, todos ellos tienen su raíz en la incapacidad de amar, entendiendo por amor la capacidad de sentir preocupación, responsabilidad, respeto y comprensión hacia la otra persona. La terapia analítica es, esencialmente, una tentativa de ayudar al paciente a recuperar su capacidad de amar. Si no se cumple esa finalidad, sólo pueden lograrse cambios superficiales”.
Sin lealtad, reverencia y compresión hacia los demás es imposible que seamos personas totalmente sanas. Actualmente vivimos en una sociedad enferma porque los corazones yacen insensibles frente a las necesidades de los otros. Las almas están muertas por egoísmo y vanidad, muertas por individualismo y apatía. Seguramente es por esto que Abraham Lincoln dijo: “Me da lastima el hombre que no siente el látigo, cuando los latigazos los recibe en sus espaldas el prójimo”. Los ricos se preocupan por ser más ricos mientras en el mundo muchos niños mueren por inanición. Creo que el afecto es la necesidad básica de toda persona. Sin amor surgen las guerras, el odio, el racismo, la violencia en general. Indudablemente debemos dejar de lado nuestra insensibilidad y nuestra apatía. Tenemos que apreciar y aceptar a los demás. Porque, ¿cómo nos podemos hacer llamar personas si no amamos? ¿Cómo podemos creer que amamos si no le damos abrigo al que tiene frío, si no le damos de comer al que tiene hambre, si no le damos agua a quien tiene sed? El amor teórico no sirve de nada. Al amor hay que practicarlo.
Amar es conducirse con un corazón afectuoso, respetuoso, altruista, benigno. Amar significa buscar el bien de otros. Si reflexionamos con calma, e inteligencia en este mundo violento, llegaremos a notar que los hombres se matan unos a otros por el simple hecho de que su capacidad de amar está dañada. Sólo al recuperar su capacidad de amar, purificada de todo egoísmo, las personas pueden realizar actos de amor. Es obvio que ningún bien puede llevarse a cabo sin no es en un clima de amor y bondad. En el mundo resuenan todos los días gritos de dolor, furor, odio, venganza y muerte, porque los hombres han descuidado su capacidad de amar. Vuelvo a insistir: amar es lo único que nos puede librar de todos nuestros males individuales y colectivos.

Julio C. Cháves.