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sábado, 18 de abril de 2009

Hace un años leí una novela de Stepehn King titulada Maleficio, el libro habla del poder de las palabras. Maleficio es la historia de Bill Halleck, un hombre que es un marido ejemplar y un excelente padre de familia. Tiene una hermosa casa, considerable fortuna, merecido prestigio como abogado y…algunos kilos de más. La vida de Bill transcurre con total normalidad hasta que cierto día atropella con su auto a una gitana en la calle, y el padre de la mujer le lanza una extraña maldición. Son apenas dos palabras: “más delgado”… En seis semanas, Bill pierde cincuenta kilos. Sin cesar, se vuelve más y más delgado. Desesperado, Bill, a través de las páginas de la novela, intenta romper el maleficio que se abate sobre su vida.

La enseñanza que me dejo la novela es que con nuestras palabras podemos bendecir o maldecir. El principal vehículo tanto de la bondad como de la maldad es la lengua. Con nuestras palabras podemos crear o destruir. Si maldecimos vamos a atraer el mal hacia nuestras vidas, pero si bendecimos vamos a cosechar el bien de la tierra. Hay palabras que decimos que son como golpes de espada, hieren, calan en lo profundo del corazón. Las palabras pueden romper los huesos o fomentar la salud, enfermar o curar, unir o dividir. A las palabras no se las lleva el viento como dicen muchos. Las palabras no vuelven vacías. Tienen contenido, forma, dirección. Digamos lo que digamos debemos tener cuidado con lo que decimos. Las palabras le dan forma al mundo. La lengua es un fuego.

“…la lengua es un miembro pequeño, pero… ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!”.
Santiago 3:5

Dios creó el lenguaje para que podamos comunicarnos con los demás. Con palabras podemos expresar lo que sentimos o pensamos. Ahora, cada vez que nos expresemos debemos bendecir porque la maldición atrae el mal hacia nuestras vidas. Cada vez que una persona habla el mal va a atraer hacia su vida el juicio de Dios. En el libro de Génesis se cuenta la historia de la torre de babel, donde una multitud de personas de comunicaron entre si con el propósito de construir una torre para llegar al cielo sin tener en cuenta a Dios. Como Dios vio que estos hombres estaban comunicando rebeldía, fueron confundidos por Dios y fueron esparcidos sobre toda la tierra. La maldición trae confusión. Si queremos la bendición de Dios debemos bendecir. Debemos hablar la verdad. En su ensayo gente tóxica, Bernardo Stamateas dice: “No dejemos que nuestras palabras nos condenen ni condenen, nos juzguen o enjuicien. Llenémonos de palabras de vida, de pasión, de aliento, de estima, de motivación, de anhelos, de deseos y accionemos de acuerdo a ellas. Aprendamos a hablar en positivo y no en negativo”. No maldigas, bendice…

“Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana”.
Santiago 1:26

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

jueves, 24 de abril de 2008

La filosofía del mentiroso

Hace unos años vi el film Mentiroso, Mentiroso, (1997) donde se cuenta la historia de Fletcher Reede (Jim Carrey), un abogado que tiene mucho éxito en su profesión porque... no sabe hacer otra cosa que mentir, mentir y mentir. Le miente al juez, a los fiscales, a sus jefes, a su ex-esposa Audre y a su pequeño hijo Max. Entonces, su hijo Max, cansado de que su padre le prometa cosas que jamás llega a cumplir, el día de su quinto cumpleaños, Max pide un deseo, precisamente pide que Fletcher no pueda decir ni una sola mentira durante 24 horas. Cuando el deseo se hace realidad, el mentiroso abogado queda al desnudo. De pronto no puede mentir. Ahora que sólo puede decir la verdad, Fletcher tiene que apurarse para mantener su trabajo a flote y evitar que su esposa se lleve a su hijo a vivir a otra ciudad. Básicamente me encanto el film porque trata sobre las consecuencias de la mentira.

Ahora, quiero que abordemos juntos que significa mentir y que consecuencias incluye. Ante todo hay que decir que una mentira siempre esconde en forma parcial o total la realidad. Una mentira es una declaración realizada con el firme propósito de hacerle creer a otros lo que decimos, aunque la información que decidimos transmitir sea verdad. A las personas que dicen mentiras, como es el caso del abogado Fletcher, se les llama mentirosos. El mentiroso quiere engañar intencionalmente.

En su ensayo On Bullshit el filósofo de Princeton, Harry Frankfurt sugiere que un mentiroso se diferencia de una persona que dice la verdad en el hecho de que el mentiroso quiere esconder la verdad mientras que el otro la quiere revelar. Por otra parte, San Agustín distingue ocho tipos de mentiras: las mentiras en la enseñanza religiosa; las mentiras que hacen daño y no ayudan a nadie; las que hacen daño y sí ayudan a alguien; las mentiras que surgen por el mero placer de mentir; las mentiras dichas para complacer a los demás en un discurso; las mentiras que no hacen daño y ayudan a alguien; las mentiras que no hacen daño y pueden salvar la vida de alguien; y las mentiras que no hacen daño y protegen la "puridad" de alguien. Asimismo, San Agustín aclara que las "mentirijillas" no son en realidad mentiras. En fin, creo que cualquiera sea el tamaño de la mentira implica consecuencias que en vez de atenuar un conflicto, lo intensifican.

El acto de mentir representa una simulación o fingimiento. Cuando el mentiroso es encontrado en una de sus mentiras en seguida es etiquetado como una persona que no es digna de confianza. El filósofo Leo Strauss acentuó la necesidad de mentir para ocultar una posición estratégica, o para ayudar a la diplomacia. Esperar que las mentiras desaparezcan completamente en la política, en la justicia o en la diplomacia es algo virtualmente imposible. Un experto en psicología jurídica, Miguel Hierro, afirma que mentir es como padecer un catarro, le puede agarrar a cualquiera. Además, argumenta que el mentiroso tiene muy desarrolladas sus habilidades sociales, es una persona extrovertida y por todo esto, resulta convincente. Después de haber abordado las implicancias del mentir, creo que es válido que el mentiroso cuestioné su simulado comportamiento, dándose cuenta que las mentiras dañarán su reputación y lo sumergirán en un río, cuya corriente lo arrastrará hacia la soledad interpersonal. “El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera”, dijo Alexander Pope.

Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar

lunes, 21 de abril de 2008

Por encima de los demás


La soberbia, del latín superbia, es la estima exagerada de uno mismo, es un amor propio indebido. La soberbia es lo que causó la rebelión de Lucifer. La soberbia se opone a la humildad y la bondad. La soberbia hace creer al hombre que se encuentra por encima de los demás. Para la iglesia católica la soberbia encabeza la lista de los siete pecados capitales que escribiera Santo Tomás de Aquino. Según el cristianismo la soberbia se define como envanecerse, olvidarse de Dios. Genéricamente la soberbia se define como la sobrevaloración del yo, considerando que si alguien se encuentra en una posición elevada, puede subvalorizar el contexto. Debido a la soberbia se destruyen familias, empresas, naciones. También se puede definir la soberbia como la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás.

El psiquiatra Enrique Rojas dice a este respecto: “La soberbia consiste en concederse más meritos de los que uno tiene. Es la trampa del amor propio: estimarse muy por encima de lo que uno vale. Es falta de humildad y por tanto, de lucidez. La soberbia es la pasión desenfrenada sobre sí mismo. Apetito desordenado de la propia persona que descansa sobre la hipertrofia de la propia excelencia. Es fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo una actitud que consiste en adorarse a sí mismo: sus notas mas características son prepotencia, presunción, jactancia, vanagloria, estar por encima de todos lo que le rodean. La inteligencia hace un juicio deformado de sí en positivo, que arrastra a sentirse el centro de todo, un entusiasmo que es idolatría personal”.

El soberbio aunque este equivocado dice estar en lo cierto. No escucha consejos. No entra en razón. Se cree mejor que los demás. Cada vez que puede quiere mostrar su grandeza. Cuando habla en público o refiere una opinión piensa que sus ideas son infalibles. El soberbio no reconoce sus errores ni advierte sus defectos. Lamentablemente la soberbia es un mal que no solamente destruye al portador de este pecado sino que también destruye sus relaciones interpersonales, trayendo infelicidad, desgracia, corrupción moral. La soberbia hace a la persona exclusivista y ambiciosa, dispuesta a sobresalir cueste lo que cueste. El soberbio busca los primeros lugares, desea mostrase, quiere ser alabado. Santo Tomás de Aquino dice que la soberbia es la raíz de toda maldad.

En su ensayo Los siete pecados capitales, el filósofo español Fernando Savater dice que “Ser soberbio es básicamente el deseo de ponerse por encima de los demás. No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo —salvo que nos fastidie mucho con los relatos de sus hazañas, reales o inventadas— lo malo es aquel que no admite que nadie en ningún campo se le ponga por encima. En general, podemos admitir que nosotros tenemos cierto lugar en el ranking humano, y que hay otros que son más prestigiosos. Pero los soberbios no le dejan paso a nadie, ni toleran que alguien piense que puede haber otro delante de él. Además sufren la sensación de que se está haciendo poco en el mundo para reconocer su superioridad, pese a que siempre va con él ese aire de "yo pertenezco a un estrato superior". De la soberbia surgen otros males como la envidia, la ostentación, la vanagloria, el desprecio y la jactancia. La soberbia hace desgraciados e infelices a los que la fomentan. Cada éxito de sus semejantes es un suplicio para los soberbios. Si fulano se compra un coche nuevo el soberbio se pone mal. Si a mengano le va bien en sus finanzas el soberbio argumenta chismes con el propósito de socavar el prestigio ajeno. La soberbia hace al hombre juguete de las pasiones y los vicios. La pequeña soberbia de hoy, se convertirá mañana en insubordinación; y más tarde en herejía. La soberbia de ciertas personas ha causado catástrofes. La tragedia del Titanic es un clásico ejemplo de soberbia. Cuando este inmenso barco zarpó a la mar, a bordo, confiados los tripulantes en la aparente infalible seguridad del barco, los pasajeros se avocaron a divertirse, se entregaron a la orgía, al baile y al desenfreno y para colmo el orgulloso capitán del imponente barco puso un letrero en costado del buque: “Contra mí, ni Dios”. A las pocas horas, un iceberg partía al Titanic a la mitad hundiéndolo en el océano. Esta historia se repite a cada instante: no con barcos, pero sí con personas. Personas que llevan en su vida, en su pensamiento, ese mismo letrero: "contra mí, ni

Dios, y a las pocas horas, pocos años, son un puñado de ceniza”.

Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar

martes, 12 de febrero de 2008

Cristianismo versus hedonismo


El hedonismo es la concepción filosófica según la cual el factor motivante primordial del comportamiento humano es la dimensión bipolar placer-dolor. Los hedonistas buscan el placer y la supresión del dolor como objetivo o razón de ser de la vida. Esta doctrina posee influencias externas como son los cirenaicos y los epicúreos. El hedonismo es una teoría moral que constituye como un fin en si mismo. En la Antigüedad como en la edad moderna, diversas teorías morales, supusieron que el fin último se asemeja al placer. Según estos estudios, todo cuanto el hombre hace o intenta, tiene siempre valor de medio para otra cosa: solo el placer es buscado por sí mismo, y a la obtención del placer se encaminan, en definitiva, todos los demás esfuerzos.


Bajo el término general de hedonismo se ha tendido a agrupar a diversos pensadores separados, en realidad, por notables diferencias. En sentido estricto se define como hedonismo toda doctrina que considera el placer (hedoné en griego) como fin supremo de la vida. Sin embargo, la propia ambigüedad del concepto de placer hace que tal aseveración pueda realizarse desde muy variadas perspectivas. Se distinguen básicamente dos formas de hedonismo, el ético y el psicológico. Una acertada definición del primero la ofreció Richard B. Brandt, uno de los filósofos modernos que mayor atención dedicaron a este tema, quien afirmó que una cosa es intrínsecamente deseable (indeseable) si y sólo si es placentera (no placentera).Por lo que se refiere al hedonismo psicológico, son varias las doctrinas existentes según la determinación temporal del placer. La teoría del placer de los fines o hedonismo psicológico del futuro sostiene que el placer personal es el único fin último de una persona.
El cristianismo se opone al hedonismo porque los valores morales se oponen a este concepto filosófico. Los cristianos vivimos conforme a valores que no tienen nada que ver con el placer sino que tienen que ver con el amor hacia nuestro Creador, amor hacia nosotros mismos y amor hacia los demás. Ser cristiano consiste en tener fe, practicar la justicia, los valores y las virtudes. El hedonismo radical ratifica que los placeres carnales deben ser satisfechos sin restricciones, mientras que el cristiano sostiene que debemos negarnos a nosotros mismos si queremos vivir como lo hizo Jesús. Mateo 16:24 "Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame." El hedonismo no tiene moral, mientras que el cristianismo gravita en torno a los preceptos divinos. Dios estableció leyes morales que rigen la conducta humana y la orientan hacia el amor y el bienestar individual y grupal. En tanto en hedonista vive una vida egocéntrica, individualista, egoísta, con afán de poder, prestigio, fama, el cristiano busca perfeccionarse en la entrega a sus semejantes. Jesús transmitió valores superiores al placer. Él enseñó que para ser felices debemos amar a Dios con todas nuestras fuerzas y en segundo lugar debemos amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos. Marcos 12:30- 31 dice: “Amaras al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.»

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

domingo, 13 de enero de 2008

Hedonismo: búsqueda desenfrenada del placer


El hedonismo es la doctrina ética que identifica el bien con el placer y que propugna evitar todo dolor, toda responsabilidad. Actualmente es notable como han crecido los comportamientos hedonísticos. La búsqueda del placer es desenfrenada. Casi todos buscan el placer sin pensar en los pros y los contras. La situación que está pasando la Argentina es trágica y está dejando estelas de miserias morales. La prostitución, el amor libre, la droga, y la búsqueda de placeres ilícitos, hacen de nuestra época la más desquiciada de la historia. La crisis de los valores morales y espirituales es alarmante. La Argentina y el mundo, creo yo, está llegando muy rápidamente a la gran hora de la intervención divina del destino de los hombres. Hoy por hoy, casi todos gestionan conductas hedónicas conforme a libertades licenciosas. Al hedonismo, también se suman la angustia social y económica. El desempleo se prolifera de un modo aterrador. Los ahorristas han sido estafados por entidades que han quedado impunes. Crece la desconfianza y algunas personas han perdido sus vidas por causa del hambre y de enfermedades terminales. Miles de niños, mujeres embarazadas y madres lactantes carecen de los alimentos imprescindibles para el crecimiento y el desempeño de su misión maternal. El peso de los niños, en algunas provincias, con respecto a la edad es muy inferior a lo normal, y se han hecho muy comunes enfermedades como el raquitismo y situaciones provenientes de la falta de proteínas y calorías. Esto está generando en la sociedad, profundas y negativas transformaciones psíquicas y morales. Esto está pasando porque casi todos, hedonísticamente, viven sumidos en una actitud de indiferencia hacia sus semejantes.
Respecto a estos tiempos de decadencia moral, Jesús hace 2000 años dijo: “Más como en los días de Noé, así será la venida del hijo del hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre”. (Mateo 24:37-39).
Nuestra época se caracteriza por la despreocupación respecto de los intereses religiosos. Las personas, en su mayoría, son controladas por un humanista antropocentrismo. La Argentina y el mundo del siglo XXI, se asemejan mucho a los tiempos de Noé. Génesis 6:11,12, y 5 nos dice: “Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los corazones y los pensamientos era de continuo solamente el mal”.
El hecho es que estas mismas condiciones que imperaban en los días de Noé, son las que rigen a las personas con comportamientos hedonísticos de la actualidad Argentina y del mundo. La inmoralidad, la corrupción, el abandono de las normas de honradez, pureza y piedad, constituyen una señal distintiva del siglo XXI, particularmente de este año. Ahora, ¿Qué camino debemos seguir para hallar paz y sosiego interior en un mundo totalmente infestado de maldad y de pensamientos hedonísticos, conductas hedónicas y relaciones humanas que giran en torno a lo hedónico? Dios es amor. El hombre necesita tener un encuentro con su creador para poseer una vida superior. El profeta Jeremías cita lo que Dios le dijo: “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”. Dios nos ama y anhela lo mejor para nosotros. Es crucial que nos acerquemos a Dios, pues él, por medio de Jesús y su sacrificio por nosotros, desea darnos paz y sosiego interior que se hunde en la decadencia moral. Nada, ni nadie, está firme y seguro sin Dios. En Jesús hallan solución los problemas de nuestra vida. El es el camino a Dios y a la satisfacción interior en estos tiempos saturados de hedonismo estúpido y destructivo.

Julio C. Cháves
juliogenial@hotmail.com

jueves, 3 de enero de 2008

La otra cara de la democracia

La democracia ha permitido un clima de libertad. Yo estoy a favor de la democracia, y en total desacuerdo con los regimenes de gobiernos totalitarios. La democracia es el método de gobierno que más se acerca al ideal. Sin embargo, aunque la democracia posee virtudes que nos permiten gozar de una vida con dignidad, es notable que no sea el remedio de los males de la sociedad, ni del corazón del ser humano. La democracia jamás logrará erradicar el mal, porque también en las grandes democracias hay injusticia, corrupción, criminalidad y desocupación. En las grandes democracias las democracias luchan entre sí, y se manifiestan en los corazones de los hombres, el egoísmo y las ambiciones contraproducentes y desmedidas. En los países democráticos también se hallan en crisis los valores morales.
Ahora, teniendo en cuenta que pese a la existencia de la democracia la Argentina permanece viviendo en un estado de angustia y paranoia, y donde nadie puede asegurar que nuevas tormentas o dolores son capaces de traer los días que nos ofrece el futuro, yo me pregunto: ¿Es imponente el cristianismo? ¿Ha cumplido la función que realmente debía cumplir? ¿Está realizando lo que debe hacer? ¿Está propagando la palabra de Dios? El cristianismo debe proporcionar la orientación espiritual que necesita todo ser humano. No hay duda de que el cristianismo del siglo XXI es un cristianismo carente de poder, pues solo afecta a los individuos en el aspecto exterior, pero no llega a lo profundo del alma, debido a que las Iglesias de todas las denominaciones son parte de ‘La cultura del Show’. Los cristianos tienen la culpa de lo que está pasando. Muchos miembros del cristianismo se han alejado del Dios de la Biblia e insensiblemente se han ido alejando de los principios fundamentales de la Biblia y también han dejado de lado el amor al prójimo que converge en la justicia social. Antaño, la proclamación y la práctica sincera y auténtica del cristianismo, transformaba radicalmente la saciedad. Más ahora, el cristianismo del siglo XXI, es un cristianismo que no ejerce influencia en la sociedad.
No cabe duda de que necesitamos volver a la fuente original del cristianismo que es la palabra de Dios. En un artículo titulado ‘¿Dónde están los revolucionarios?’, el periodista cristiano Marcelo Laffitte, escribió: “En su libro ‘Historia de la civilización’, el escritor ateo H. G. Wells dijo: “Poco tiempo después de la muerte de Cristo, los que decían seguirle y ser sus discípulos, habían abandonado ya por completo la práctica de sus revolucionarias doctrinas”. Este hombre incrédulo tiene la luz suficiente para definir al cristianismo con el término más preciso: ‘Una práctica revolucionaria’. Yo me pregunto: ¿Dónde están los revolucionarios? Cristo no vino a la tierra a morir por una generación de hombres que parecemos empapados en vivir llenos de orgullo y autosuficiencia. Cristo no pagó un precio tan alto para tener una familia de famélicos espirituales queriendo convencer a la gente –y a nosotros mismos- que estamos gordos y rebosantes. El evangelio del reino no descansa en hombres inteligentes. Ni siquiera en aquellos que tienen todas las respuestas teológicas. Creo que solamente los quebrantados del corazón que abracen TODA la doctrina de Cristo, y no solo una parte, serán llamados revolucionarios”.
La palabra de Dios es la guía segura que nos ilumina de modo infalible para que podamos mejorar individualmente como colectivamente. A pesar de los grandes desordenes y anomalías que se advierten en la sociedad, Dios nos ha proporcionado una guía segura para la raza humana. La Biblia nos ayuda a interpretar de modo correcto todo cuanto nos rodea y nos capacita para que gestionemos una conducta inteligente en esta sociedad tempestuosa donde soplan vientos tan contradictorios. La Biblia es capaz de marcarnos el norte de nuestra existencia. El salmista declaró: “Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino” (119:105).

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

miércoles, 2 de enero de 2008

Estableciendo límites

Un límite es una restricción, una línea, punto o momento que señala la separación entre dos cosas o personas. Existen límites en lo fiscal, legal y social; y los límites son necesarios, beneficiosos, en fin, ordenan las relaciones interpersonales. Los psicólogos dicen que los límites son la instrumentación práctica de una norma de convivencia y como tales son posibilitadotes. Puede pasar que los límites generen algún estado de frustración pero esto contribuye al crecimiento. Para que los límites funcionen es necesario aprender a ponerlos y aceptar los límites que nos ponen otros. Mantener límites coherentes, asertivos, pertinente con quienes nos vinculamos socialmente hace que nuestras relaciones interpersonales sean sanas, fundamentadas en el respeto, la aceptación y el amor. El poeta Robert Frost dijo que las buenas cercas hacen buenos vecinos. Un refrán popular dice que la libertad de cada uno termina en la punta de la nariz de nuestro prójimo. En su ensayo Límites, fronteras y relaciones, el autor Chales L. Whitfield, escribió:”Ser consciente de los límites me ayuda a descubrir quién soy yo. Hasta que no sepa quién soy yo, me costará bastante mantener relaciones sanas, tanto si son conocidos casuales, amigos, relaciones cercanas o relaciones íntimas”.
Establecer límites en todas nuestras relaciones interpersonales es fundamental si queremos disfrutar de una vida ordenada, tranquila, pacífica. Asimismo, cuando establecemos límites no debemos ser rígidos, inflexibles porque esto dificulta y complica las relaciones. La falta de límites es causa de problemas pero la exageración y la rigidez también pueden ser causa de problemas relacionales. Los límites rígidos son como muros que nos alejan de los demás. El Dr. Jaime Barylko escribió sobre los límites: ““El ser humano logra bienestar si, en sus relaciones consigo mismo y con los demás, se mantiene en esos límites, moviéndose con libertad en ellos. En cambio, si despliega una búsqueda de sí o de los otros, creando objetivos y expectativas fuera de esos límites personales, se siente mal. En tal caso, sus capacidades y aptitudes de ser intentan sobrepasar su realidad. Entonces, vive una fantasía; o bien sufre la angustia y frustración de no alcanzarse a sí, ni comprender a los otros”.
Poner límites es respetar nuestras idiosincrasia, nuestra identidad, nuestra personalidad, y al mismo tiempo es respetar la idiosincrasia, la identidad, la personalidad del otro. Sin límites no hay respeto, tolerancia, flexibilidad. Pero cuando hay límites cada cual vierte su opinión, la cual va a convivir con otras opiniones sin antagonismos, rivalidades ni desprecio. Las personas que reconocemos y valoramos la diversidad, valoramos los límites porque reconocemos que sin límites no hay identidad. En definitiva, la función de los límites consiste en establecer quienes somos ante nuestros semejantes. Los límites nos ayudan a entender que siempre no nos saldremos con la nuestra. A veces ganaran los otros. A veces ganaremos nosotros. Y otras veces empataremos con otros y nadie será el ganador. Los límites son educativos porque nos ayudan a despojarnos de nuestro narcisismo, saliendo hacia otros con amor. La implementación de límites sanos contribuye a formar y preservar la identidad personal. Los límites hacen bien, educan, le dan sentido a la vida y favorecen la madurez psicológica. Los límites nos hacen crecer.
Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

miércoles, 12 de diciembre de 2007

La ley de la reciprocidad

Jesús dijo: “Dad, y se os dará”. “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. (Lucas 6:38; 6:31). Si hacemos el bien lo más probable es que nos hagan el bien. Si ayudamos lo posible es que recibamos ayuda. Si amamos es indudable que seremos amados. Por el contrario, si hacemos el mal es natural que nos vayan a devolver mal. Si golpeamos a alguien es posible que nos golpeen. Porque lo que damos es lo que vamos a recibir. Ciertamente todos los seres humanos sentimos la necesidad de retribuir los favores o maldades que nos hacen, esto constituye nuestra estructura psicológica. Siempre queremos devolver lo que nos hicieron. Estamos condicionados por la ley de la reciprocidad. “El antropólogo Marcel Gauss dice que por lo general el ser humano se siente obligado a aceptar el favor que se le ofrece, y se siente, asimismo, obligado a retribuir dicho favor, incluso si no lo ha solicitado”.
Si somos amables serán amables con nosotros. Para bien o para mal, la ley de la reciprocidad es una ley inmutable. Dar es fundamental. Y no estoy hablando de dar de lo que tenemos, estoy hablando de dar de nosotros mismos. Porque cuando damos de lo que somos es cuando realmente damos. Hace poco leí un libro titulado Lo bueno de ser bueno, donde los autores dicen que haciendo el bien, siendo compañeros, siendo buenas personas, somos más eficientes y competitivos, y resulta mucho más fácil alcanzar el éxito que tanto deseamos. “Una mañana de 1985, el Dr. Cialdini leyó en el periódico que Etiopía había donado 5.000 dólares al gobierno de México para ayudar a paliar los efectos del terremoto que asoló la capital del país. La noticia era asombra: ¿Cómo podía Etiopía, que vivía una avasalladora crisis de hambre y de miseria, hacer aquella donación? La curiosidad le instó a investigar, pero un periodista, también alertado por la noticia, ya lo había hecho por su cuenta y había publicado las conclusiones. Ese periodista descubrió que en 1935, cuando Italia invadió Etiopia, México se había manifestado a favor del país africano. Cuando Etiopía quiso agradecer el gesto al gobierno Mexicano, éste respondió: “Sabemos que ustedes harían lo mismo por nosotros”. Pasados cincuenta años, la deuda de gratitud para con el gobierno de México todavía estaba en la mente y en el corazón del gobierno de Etiopía”. Este es un claro ejemplo de la ley de la reciprocidad. “Dad, y se os dará”, dijo Jesús. Ejercer la bondad, hacer el bien, dar de lo que uno tiene y de lo que uno es a la corta o a la larga trae resultados positivos.

Julio cèsar chàves
escritor78@yahoo.com.ar

jueves, 8 de noviembre de 2007

El relativismo moral y las verdades absolutas


El relativismo es una forma de pensar que afirma que no existen verdades absolutas. El relativista es aquel que se deja condicionar por el contexto, por el entorno, por grupos, personas. Las primeras afirmaciones del Relativismo comienzan en Grecia por los sofistas, siendo el más famoso Protágoras de Abdera. Dos mil cien años después fue desarrollado por Descartes con la polémica entre el racionalismo y el empirismo. A partir de Kant, con su giro hacia el idealismo trascendental, se puede empezar a contender el carácter relativista de algunos pensamientos. Actualmente vuelve a tener una gran importancia en el pensamiento filosófico y teológico, pues numerosos autores y corrientes filosóficas del siglo XX se han clasificado como relativistas o subjetivistas: Nietzsche, James, Dewey, Wittgenstein, Rorty. Entre las corrientes, son o impulsan el relativismo: el existencialismo, el estructuralismo, el contructivismo social, junto con las nuevas concepciones de la filosofía de la ciencia. Pero la gran corriente relativista es la posmodernidad. El relativismo tiene connotaciones teoréticas, pragmáticas y éticas, morales y culturales. Cada afirmación es dependiente (relativa) a un contexto o estructura que la condiciona. Estas estructuras que hacen relativa toda afirmación son: el lenguaje, la cultura, los paradigmas de un período histórico, las creencias religiosas, el género, raza o estatus social, y sobre todo la experiencia e historia de cada individuo. El relativismo cultural llega a afectar seriamente la moral como usos y costumbres, magnificando el concepto: no hay una verdad absoluta y ésta depende de cada individuo en un espacio o tiempo concreto o intereses. Según estas posturas, cada afirmación moral depende de convenciones de las personas de esa cultura, y no puede ser cuestionada. “En la actualidad, nuestra sociedad, nuestra juventud "pasa" de toda moral, del pecado, de lo bueno y de lo malo, para este concepto no existe el pecado ni la maldad. Si la sociedad legaliza una acción, entonces es buena esa acción. El matrimonio entre homosexuales, el aborto, la matanza de judíos en Alemania, la guerra,… serán buenos o malos según legisle el gobierno. Se ha caído en un "relativismo moral", donde cada cual decide por sí mismo y a su conveniencia lo que está "bien" y lo que está "mal”. «Superado el enfrentamiento entre el Bien y el Mal llega la Teoría del Caos, donde, como dijo Bill Clinton, "todo es posible y nada es cierto", todo es fachada, todo es mentira, cada uno tiene su negocio y cada uno su propia verdad”.
Muchos defienden el relativismo porque dicen que salvaguarda la subjetividad y promueve el respeto hacia opiniones diversas y culturas distintas, el psiquiatra español Enrique Rojas dice que el relativismo como forma de pensamiento tiene un tono devorador, hace tabla rasa de todo lo que encuentra a su paso. Se produce así la absolutización de lo relativo. "¡Ay de los que á lo malo dicen bueno, y á lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isaías 5: 20). Desde que Adán y Eva pecaron los seres humanos se han alejado de Dios y de sus mandamientos, lo cual ha provocado el librepensamiento, el relativismo mora, y que todo esto ha conspirado para que surjan tiranos como Hitler, Stalin, Mao Tse Tung, Fidel Castro y muchos otros, quienes pensaron que podían ser como dioses. Y el resultado de todo este relativismo moral fue la muerte, la esclavitud y la miseria, lo cual significa que los seres humanos deben atenerse a la palabra de Dios porque si piensan lo que les viene en gana pueden perjudicarse a si mismos y perjudicar a los demás. Pero más allá de lo que propugnen los relativistas hay que decir que la palabra de Dios sigue teniendo validez, autoridad, y su moralidad es inmutable. Cielos y tierra pasaran pero la palabra de Dios permanecerá para siempre. Hay que decir que una cosa no es buena o mala por lo que piensa el hombre de ello sino que el que marca la diferencia entre lo bueno y lo malo, es Dios. Finalmente quiero citar algunos versículos de la palabra de Dios que lo resumen todo ya que nos transmiten las verdades absolutas que tanto necesitamos: "Apártate del mal, y haz el bien, Y vivirás para siempre." (Salmo 37: 27)."Hijo mío, no andes en camino con ellos; Aparta tu pie de sus veredas:" (Proverbios 1: 15). "No seas sabio en tu opinión: Teme á Jehová, y apártate del mal;" (Proverbios 3: 7). "No te apartes á diestra, ni á siniestra: Aparta tu pie del mal." (Proverbios 4:27). "Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; limpiaos los que lleváis los vasos de Jehová." (Isaías 52:11). "Por lo cual Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, " (2ª Corintios 6: 17). "Porfías de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que tienen la piedad por granjería: apártate de los tales. (1ª Timoteo 6:5). "Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor á los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo." (2ª Timoteo 2:19). "Sino santificad al Señor Dios en vuestros corazones, y estad siempre aparejados para responder con mansedumbre y reverencia á cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros:" (1ª Pedro 3: 15).
Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

lunes, 15 de octubre de 2007

Lo bueno de ser bueno

En su ensayo Lo bueno de ser bueno, los autores Thaler, Linda Kaplan y Robin Koval, cuentan historias reales sobre personas que alcanzaron el éxito y la realización a través de la amabilidad, el respeto y la cooperación. Los autores reconocen que hay personas que no son bondadosas y que de todos modos alcanzan sus sueños y llegan al éxito, pero al mismo tiempo, arguyen que las personas bondadosas son más felices que los que alcanzaron el éxito debido al individualismo, el egoísmo y la mezquindad. La amabilidad y el respeto, aseguran, es un camino más efectivo y beneficioso hacia el éxito ya que nos hace más ricos, sanos, sabios, y sobre todo, felices. Desde la Grecia clásica los filósofos dijeron que el bien es el placer y el placer implica la ausencia del dolor físico y el disturbio anímico. Asimismo, los griegos reconocieron que el camino del bien no es tan sencillo, ya que muchas acciones de bien no están exentas de sufrimiento, desavenencias y desasosiegos. Así pues, hacer el bien se define como una decisión placentera de expresar bondad, lo cual nos mejora y perfecciona como seres humanos. Jamás debemos arrepentirnos de expresar bondad, aunque muchas veces nos paguen mal por bien. La mayor señal de inteligencia es desear el bien ajeno. El ser humano infeliz es cruel, pero la persona que realmente disfruta de la vida y valora a los demás, siempre advierte las virtudes de los demás y omite los errores. Claro que ve los defectos de los demás, pero hace todo lo posible por ayudar al otro a superarse y mejorar como persona. La Biblia dice que no debemos vencer al mal con el bien. Jesús fue bueno con la gente y por eso lo recordamos hasta el día de hoy y es el ser más importante de historia de la humanidad. Las personas bondadosas viven más tiempo, tienen más éxito en sus vidas y son más felices que el resto. En otras palabras, están destinadas a vivir de una manera mucho más interesante y satisfactoria que quienes carecen de esta cualidad”, escribió Piero Ferruci, en su ensayo El poder de la bondad.
Cuando comprendemos a las personas y advertimos sus necesidades, contribuyendo, como podamos, a su bienestar, fortalecemos nuestra capacidad de dar. Hay que decir que fuimos creados para amar. Por lo tanto, la falta de bondad nos deshumaniza y nos convierte en personas desagradables, mezquinas, insensibles, indeseables, antagónicas. Muchos creen que si uno es bueno pasa como tonto, pero la realidad es que la bondad atrae la bondad, porque lo semejante atrae lo semejante. El hombre cosecha lo que siembra. Lamentablemente algunos creen que deben ser duros, legalistas, autoritarios, dictadores, duros de corazón para alcanzar el éxito y cuando llegan al éxito resulta que son completamente infelices porque no tienen con quien compartir sus logros. Esto es muy triste. Alcanzar el éxito mediante la bondad es lo mejor que nos puede pasar en la vida ya que cuando llegamos a la sima gracias al bien, entonces tenemos con quien compartir nuestras victorias. Ser bueno implica descubrir lo útiles que podemos ser a favor de otros, implica el gozo ver que el otro esta bien, implica la satisfacción de contribuir al mejoramiento de la sociedad. El bien nos ayuda a despojarnos del egoísmo, fortalece nuestra capacidad de amar, hace que nos demás nos perciban y nos consideren. Una persona bondadosa hace el bien sin esperar nada a cambio, da sin esperar recompensa. Ser una persona de bien quiere decir que no tenemos maldad y deseamos el mal ajeno. Fomentar lo bueno, el respeto, la comprensión, el entendimiento, es expresar empatía, altruismo, generosidad. El conjunto de buenas acciones, el bueno comportamiento, desear el bien ajeno, bendecir a los enemigos, no codiciar los bienes del otro, hablar bien, no criticar, favorece la convivencia pacífica con otros seres humanos. Hacer el bien es placentero, es humanizarse, es ponerse en el lugar del otro, es construir, es ser mejor persona. Cuando hace el bien desea ser mejor y lo logra.

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

viernes, 12 de octubre de 2007

Expresiones de la fe


El verdadero cristiano es aquel que tiene como referente a Cristo ya que Cristo es la praxis de la moral-cristiana. El deseo de ser como él es la base de la ética-cristiana que se expresa en la intencionalidad de la bondad y el amor. El cristiano practica los valores bíblicos que se traducen en conductas cristo-céntricas cuyo único propósito es construir el reino de Dios aquí en la tierra. El cristianismo no es una norma moral, es el sentido de la vida encontrado en nuestro Creador. Asimismo, la conducta del cristiano es una demostración de valores, principios. En su ensayo Cómo Jesús, Max lucado dice que Dios nos acepta como somos, pero que no tenemos porque quedarnos así. No estamos condenados a ser unos derrotados. Somos transformables. De modo si que hemos aceptado a Cristo y somos cristianos, Dios nos cambiará y hará que nos parezcamos a Jesús. El deseo de Dios, su plan, su supremo objetivo es conformarnos a la imagen de Cristo, porque Cristo es nuestro paradigma de fe, ética y moral teocéntrica.
La fe cristiana se expresa mediante la axiología bíblica. El cristiano quiere ser prudente, justo, paciente, respetuoso, en fin, virtuoso, porque ser cómo Jesús implica expresar valores como lo hacía él. Los valores deben habitar el corazón del cristiano. La praxis de la ética-cristiana comprende un buen funcionamiento de la fe. Los seres humanos tenemos libre albedrío, podemos hacer tanto el bien como el mal, pero obviamente elegimos el camino de los frutos del Espíritu Santo expuestos en Gálatas 5:22,23, donde dice que el Fruto del Espíritu es amor, gozo, paciencia, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Un cristiano con auténtica fe actúa siempre en función de Cristo, es decir, su vida no gravita en torno a si mismo, sino que tiene como referente un paradigma ejemplar, humano, divino, que es Cristo. La axiología cristiana comprende salir fuera de la propia piel, comprende dejar de ser mezquino, egoísta, narcisista, ególatra, dejando de estar interesado únicamente en su propio bienestar, concentrando su amor, primero en Dios por supuesto, y después en sus semejantes, expresando amor altruista, empatía, humanidad, sensibilidad. El cristiano debe ser noble, benevolente, comunitario, ejemplo de fe, solidaridad, grandeza humana, debe ser como Jesús.
En un artículo titulado Jesús y la ética cristiana, el Licenciado en Filosofía. Juan Simarro Fernández, escribió a este respecto: “Los cristianos, aunque podamos hacerlo, no tenemos un tratado sistemático de ética o de moral que emane de Jesús mismo. Pero, aunque la ética de Jesús no sea un tratado sistemático, sí la podemos recopilar y, mucho más seguirla de manera práctica. Todo se debe a que la ética cristiana se da de una forma vital y en una persona: Jesús mismo. Por eso la ética cristiana hay que entresacarla siguiendo datos biográficos y ejemplos prácticos. Así, la ética cristiana se debe basar en la práctica vital diaria de Jesús. De ahí la importancia que el seguimiento de Jesús tiene en la vivencia de la espiritualidad cristiana. Así, Jesús puede afirmar: “El que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14:27). Por eso, la ética cristiana no es una ética aprendida, sino vivida siguiendo un ejemplo, una fe que se practica condensando toda esta práctica en torno a un lugar sagrado por excelencia: el prójimo”. (
www.protestantedigital.com).
También debo decir que la fuente de los valores cristianos es la palabra de Dios. En las sagradas escrituras se hallan los mandamientos que debemos poner en práctica para cultivar un comportamiento Cristo-céntrico. Cristo dijo que debemos escudriñar las escrituras porque la palabra de Dios da testimonio de él. La palabra de Dios nos conduce al verdadero conocimiento del bien supremo que es Dios. Cristo constituye la dicha suprema del ser humano y su beatitud, fin último y término de todas las expresiones humanas, por consiguiente, el verdadero cristiano es aquel que ama a Dios, tiene como referente de moral-cristiana a Cristo y medita en los mandamientos divinos, todo esto con el fin último de rendirle culto a Dios con nuestras expresiones de fe.

Julio césar Chávez
escritor78@yahoo.com.ar

jueves, 13 de septiembre de 2007

Anti-Gracia y Orden Moral

Teología de la Cruz satisfactoria de CristoEl concepto del Orden MoralEl concepto que identifica la Gracia en Cristo con el Orden Moral es una teoría apoyada en el supuesto de que "El Dios Santo que gobierna el mundo lo gobierna moralmente". Este "orden moral" consiste en haberse establecido un sistema en que el bien es aprobado y recompensado y el mal es condenado y castigado.¿Cuándo comenzó la Teología del Gobierno Moral de Dios relacionada a la muerte de Cristo en la Cruz?Esta teología comenzó aproximadamente en 1620, en las enseñanzas del holandés Hugo Grotius. A grandes rasgos, dice que aprobar el mal y condenar el bien sería subvertir el orden mundial. No discute si al bien hay que aprobarlo y al mal hay que condenarlo. Está sólo interesado en definir su sistema de "Orden Moral de Dios". Nació esta teología como reacción (siempre como reacción) a algunas otras teologías que andaban circulando sobre cuestiones del Perdón indiscriminado.Lamentablemente la Teología del Orden Moral de Dios no trajo ninguna solución en contra de las teologías de la gracia indiscriminada. Grotius solamente armó su sistema dogmático a partir de intercalar las teologías de Anselmo y de Abelardo.De Abelardo enseñaba a veces que "la cruz de Jesús era un evento para influenciar subjetivamente a la Humanidad" y llevarla al arrepentimiento por vías de conmoción emocional.De Anselmo enseñaba otras veces que la cruz de Jesús no había sido ningún evento subjetivo sino objetivo y que había sido necesario para satisfacer el Honor ofendido de Dios.A esa convivencia de teologías que Grotius había alcanzado, le añadía otras preocupaciones. Comenzó a ver que Dios no había sido "la parte ofendida" en la ruptura del pacto, ni tampoco lo veía ya como "la parte acreedora", ni siquiera lo veía como Juez. Sus reediciones teológicas partieron de que Dios era el "Supremo Gobernador del Mundo". Y que por esta razón, a Dios le importaría mucho más la justicia pública que la justicia retributiva.Grotius no dudaba de que Cristo había muerto en nuestro lugar. Es decir, él creía que en efecto Jesús había reemplazado nuestra muerte. Pero lo que Grotius se preguntaba era qué papel cumplía Dios en esa Cruz, siendo un Dios Moral. Y se respondió de la siguiente manera:
"Infligir castigo es exclusivamente la prerrogativa del Gobernante, en este caso del Gobernante del Universo." Punto puso ahí. Le preocupaba mucho que hubiese una vindicación pública de Dios. Igual que a Bush...Para Grotius, no se gobernada en Cristo desde la Gracia, sino que gobernada Dios (evidentemente sin Cristo) desde la perspectiva moral y legal. A partir de ese reflejo judaico, Hugo Grotius realizaría una nueva teología y la desarrollaría como la llamada "Teología Rectoral y Gubernamental". Enseñaría con ella que Dios dispuso la Cruz de Cristo para que haya orden en todas las cosas y para que su propia ley reforzara la autoridad.Varios teólogos del siglo 20 adoptaron esta formulación teológica. Y hoy no sólo usan la "Teología del Gobernador Moral del Mundo" sino que además la han incrustado a la teología de la Expiación. El fundamentalismo actual tiene como base una mezcla de la teología del Reformador Hugo Grotius.En el artículo siguiente veremos cómo a esta teología del orden Moral se la hermana con la Teología del Orden Cósmico de la Santidad", de P.T. Forsyth.Yo no creo en esa teología del Orden Moral y de una Cruz sin Gracia. Fuente: http://monjaguerrillera.blogspot.com/
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martes, 28 de agosto de 2007

Sobre el relativismo


Hoy por hoy, a través de los medios de comunicación y también en las calles de las grandes y pequeñas ciudades, se degrada la vida humana. Esto de debe, a que esta sociedad sin valores donde vivimos, es cada vez más pesimista y relativista. Las personas viven sus vidas sin coherencia y sin sentido. Desde todos los ángulos se nos invita a que vivamos una vida totalmente en torno al hedonismo y la vanidad del materialismo. Llevar una vida sin rumbo es algo común. Nadie vive conforme a los mandamientos de Dios. Todos piensan que viven impulsados por su voluntad personal, pero lo cierto, es que la gran mayoría de los individuos, son manipulados por frívolos programas de televisión que les ordenan cómo deben vestirse, cómo deben hablar, cuál es la moda y cómo deben amar. Los medios de comunicación quieren que uno se distraiga, que la pase bien, que se ría, pero todo sin pensar. Los medios generalmente muestran vidas vacías, sin contenido, y sin respeto hacia los derechos humanos. Por esto, se han multiplicado los individuos con corazones carentes de amor y de valores morales absolutos.
La gente de la urbe actual vive sin saber a qué atenerse, sin rumbo, sin sentido. El ha sido reducido a cosa, a objeto, ha sido cosificado. Hoy la gente llama a la luz tinieblas, a lo bueno malo y a lo amargo dulce. La cosificación es el ideal supremo de los mediocres de ahora. La mayoría de las personas viven indiferentes a la muerte. Viven como si tendrían el cuerpo físico inmortal. Pero como decía Borges: “La muerte es un uso que tarde o temprano todos debemos respetar”. Nadie respeta a nadie. El relativismo moral lo ha invadido todo. La filosofía del relativismo converge en el escepticismo, es decir, defiende la idea de que la verdad absoluta no existe y que el hombre es incapaz de alcanzarla. Hoy lo relativo es como absoluto.
Ahora, mientras el relativismo impera de un modo desordenado, pregunto: ¿Existe la verdad absoluta? ¿Hay una verdad a la cual poder atenerse? Pues sin duda que sí. El Dr. Billy Graham escribió: “Vivimos en una época de incertidumbre filosófica, y ya no sabemos qué es lo que creemos. Vivimos sin compromisos. En mis viajes he preguntado a estudiantes de muchos lugares: ‘¿Qué es lo que controla tu vida? Cuando yo era estudiante tuve que enfrentarme con Cristo. ¿Quién era Él? Había hecho la asombrosa afirmación: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al padre sino por mí”. Tuve que luchar con el hecho ineludible de que Jesucristo, o era lo que pretendía ser, o fue el mentiroso y charlatán más grande de la historia. ¿Cuál de los dos era? Buda casi al final de su vida dijo: ‘Estoy todavía buscando la verdad’. Pero en Jesucristo tenemos un hombre que apareció y dijo: ‘Yo soy la personificación de toda la verdad. Toda la verdad está centrada en mí’”.
Jesús es la verdad absoluta. De Él debemos depender. A Él y su verdad debemos atenernos. Él vivió una vida ejemplar. Él es nuestro ejemplo. En la tapa de un libro que utilizo mucho dice: ‘Santa Biblia’. Dice esto porque la Biblia es un libro que dice la verdad del hombre, Dios y el diablo. Jesús es la verdad última y final. Innumerables personas inteligentes y coherentes han hallado la verdad en Él. El apóstol Pedro mirando a Jesús pudo caminar sobre el agua del mar de Galilea, mientras mantuvo la mirada puesta en Jesús no se hundió. Pero cuando la desvió de su Salvador se comenzó a hundir. Lo que aprendemos de esto: es que debemos mirar a Jesús y confiar en su palabra, pues Él es la verdad absoluta. Cierta vez le preguntaron a H. G. Wells, el renombrado historiador, cuál ha sido la persona que ha dejado la impresión más duradera de la historia de la civilización humana, y él con absoluta seguridad dijo: ‘Jesús es el primero’. “Toda la historia es incomprensible sin Cristo”, dijo Ernest Renán.
Julio C. Cháves
juliogenial@hotmail.com

jueves, 16 de agosto de 2007

La vigencia y aplicabilidad de las bienaventuranzas


Los mensajes de Jesús siempre abordaron temas relacionados con el comportamiento humano. Y el mensaje de Cristo alcanza su máxima potencia en el sermón del monte, precisamente en las bienaventuranzas, mensaje que transmite la ética del reino de Dios. Jesús dijo básicamente que los hombres hallan una vida con propósito y sentido cuando están gobernados por el Señor. La aplicabilidad de los principios expuestos por Jesús en las bienaventuranzas sigue vigente, constituyen una ética divina asertiva, transformadora de la vida humana, manifiestan la intervención de Dios en la vida de los hombres y establecen su reino en la tierra. En su ensayo El secreto de la felicidad, el Dr. Billy Graham dice refiriéndose a la aplicabilidad de las bienaventuranzas: “El carácter que encontramos en las bienaventuranzas es, sin asomo de duda, ni más ni menos, que el propio carácter de nuestro señor puesto en palabras. Es una descripción puesta al lado de un ejemplo. ¡Las bienaventuranzas son revolucionarias y sorprendentes, profundísimas, y sin embargo, muy sencillas. Aplicadas en el nivel universal, podrían transformar el mundo en que vivimos. Si aplicamos estas sencillas fórmulas a nuestras vidas jamás seremos los mismos”.
Muchos han cuestionado la aplicabilidad de las bienaventuranzas, pero lo cierto es que este mensaje de Jesús contiene la síntesis de la moral cristiana. Lutero apela a la universalidad del sermón del monte y dice que los destinatarios somos todos los seres humanos, asimismo arguye que este mensaje plantea exigencias que son prácticamente imposibles de cumplir en su totalidad, entonces especula que la idea de Jesús al pronunciar estas palabras era la de hacer que el hombre tome conciencia de su culpabilidad en cuanto a esta incapacidad de cumplimiento, aceptando su situación como pecador y reconociendo su orgullo e impotencia, abriendo así un camino hacia la fe auténtica y la gracia de Dios. En su ensayo Vida en abundancia, E. Stanley Jones dice: “Cristo tuvo siempre mucha razón en todo. Nunca lo desvió ninguna consideración secundaria, jamás le dio lugar a lo que no valía la pena. ¡Buscad primeramente el Reino de Dios! Cristo tuvo siempre mucha razón en todo. Nunca lo desvió ninguna consideración secundaria, jamás le dio lugar a lo que no valía la pena. Siempre sus palabras revelaron su cordura fundamental. El Reino de Dios es eternamente “recto” y todo lo que no se encuentre en armonía con él está equivocado, torcido, fuera de lugar, condenado a estrellarse contra la Rectitud Eterna”. Jesús era un maestro de las santas escrituras y su interpretación es perfecta. Hay muchos estudios e interpretaciones sobre el sermón del monte, y las bienaventuranzas, incluso algunos afirman que es una utopía, pero de todas formas hay que decir que el mensaje de Jesús sigue vigente, es aplicable, y conduce nuestro comportamiento hacia la voluntad de Dios, orientando nuestras vidas a vivir los principios éticos y morales expuestos por Jesús. Erasmo, escritor, erudito y teólogo del siglo XV expresó: “La suma de toda la filosofía cristiana, se resume en esto: poner nuestra confianza únicamente en Dios, quien por su sola gracia, y sin merito de nuestra parte, nos da todas las cosas mediante Jesucristo”. Puede ser que sea verdad que no podemos cumplir totalmente las bienaventuranzas, quizá en parte tiene razón Lutero cuando dice que Jesús quiso mostrarnos nuestra incapacidad e insuficiencia de llegar a ser perfectos, pero su carácter ético nos transmite los valores del reino, y los principios divinos son realistas, realizables, pertinentes, aplicables, y configuran el carácter de los verdaderos cristianos. Las bienaventuranzas nos alejan del individualismo feroz que aqueja a los hombres de nuestro tiempo, proponiendo una ética comunitaria, testimonial, cimentada en el amor a Dios y el amor al prójimo. En fin, las bienaventuranzas nos inducen a purificar nuestros corazones, nos enseña a despojarnos de nuestro narcisismo, de nuestras predisposiciones pecaminosas, transmitiéndonos el concepto de poner a Dios sobre todas las cosas, quien es la fuente del bien y el amor, porque Dios es amor.
Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

lunes, 23 de abril de 2007

El amor y el dinero.


No se puede amar al dinero y amar a los demás al mismo tiempo. El dinero y el amor son dos cosas antagónicas, se oponen entre si. Cuando el dinero es esclavo nuestro esta todo bien, pero cuando pensamos en el dinero todo el tiempo es porque nos hemos convertido en materialistas obsesivos. El dinero es un dictador caprichoso que cuando sabe que estas a su servicio hace lo que quiere con vos. Poderoso dictador es don dinero. Un periodista alguna vez dijo: “Soy tan pobre que solo tengo dinero”. El amor implica dar de uno mismo a los demás, dar de lo que uno tiene, dar tiempo, comprender, entender, implica buscar el bien ajeno. Inclinarse por la búsqueda de riquezas como un fin en si mismo se traduce en codicia, egoísmo, mezquindad. El amor nos une a las personas, pero el amor al dinero divide, separa, aísla, empequeñece. Claro que con dinero se puede comprar cosas, objetos, que nos gusten, pero no podemos comprar el corazón de una persona. No podemos pagarle a alguien para que nos ame. Un psiquiatra famoso dijo que para ser felices necesitamos cuatro elementos: amor, trabajo, cultura y espiritualidad. Pero por sobre todas las cosas, amor a Dios y a los demás. No sirve de nada ser millonarios y estar solos, sin familia, sin amigos, sin gente que nos quiera. Muchas personas adineradas se han quitado la vida porque al llegar a la cima se dieron cuenta que lo único que tenían era dinero, pero no tenía con quien compartirlo. Podemos tener de todo y de un momento al otro, podemos perderlo todo. Esta bueno tener cosas que el dinero puede comprar, pero también esta bueno tener cosas que el dinero no puede comprar. Así pues, las personas que nos quieren y aman de verdad jamás nos abandonaran aunque lo perdamos todo. Al verdadero amor no lo condiciona el dinero. No estoy diciendo que este mal tener dinero sino que ser esclavo de él es el problema. Somos seres humanos y necesitamos de los demás. Necesitamos que nos amen, necesitamos que nos abrasen, nos muestren cariño, nos digan que nos quieren. Nadie es una isla, nadie puede solo. “Mientras el dinero se rige por el universo infinito de los números, el amor lo hace por el de la palabras”, dijo Carlos Chernov. Sin amor nos quedamos solos. Sin dinero no podemos alimentos y vivir. Necesitamos de las dos cosas, pero las dos tienen funciones diferentes. El dinero esta para servirnos y el amor esta para que nosotros sirvamos a los demás. Si amas a alguien seguramente vas a compartir lo que tenés. Ahora, hay que aclarar que no podemos amar a las riquezas y a las personas al mismo tiempo. La Biblia dice que el amor al dinero es la raíz de todos los males. Por lo tanto, reflexiones a este respecto y decidamos a quien deseamos servir, si a los demás o al dios dinero. Después atengámonos a las consecuencias. “Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero”, sentenció Voltaire.

Julio César Cháves escritor78@yahoo.com.ar

martes, 17 de abril de 2007

El hardware, el software, y la mortalidad humana.


Convivimos con máquinas, computadoras, celulares, Internet. Y las máquinas son cada vez más chiquititas y son comandadas por programas, sistemas operativos o software. En el film Tiempos modernos de Charles Chaplin, los hombres conviven con las máquinas y se sienten amenazados por ellas, mezclándose con los numerosos engranajes de la titánicas máquinas. Y si, los hombres están maquinizados, mecanizados, y son tuercas de una máquina impersonal. Actualmente las máquinas de han sofisticado de tal forma que los humanos piensan en ser inmortalizados y digitalizados por ellas. La trilogía de las películas Matrix son un claro ejemplo de la búsqueda de la digitalización y divinización de los cuerpos. Los personajes de estos filmes tienen sus mentes conectadas a computadoras y se zambullen en un mundo totalmente intangible, virtual, totalmente constituido de software. Y los cuerpos de los protagonistas yacen inmóviles, inertes, quietos, anquilosados, como sin vida, como si no sirvieran para nada. El mensaje es que el cuerpo no sirve, nos limita, y no nos deja movernos con facilidad. Por ser orgánico, efímero, biológico, tangible, es obsoleto, molesta. Y los especialistas dicen que el cuerpo humano se resiste a la digitalización y que envejece, se enferma y muere. Algunos científicos afirman que dentro de unos años se podrá copiar la memoria, los recuerdos, los sentimientos, los conocimientos de una persona y se podrá transferirla a un cuerpo sano. Y ahora con la clonación, se puede producir un cuerpo nuevo y con la información de la persona clonada, tenemos la misma persona, pero sana, sin enfermedad. Todos conocemos el caso de Walt Disney que hizo que congelaran su cuerpo con el objeto de que si la tecnociencia encuentra la cura y resurrección de su cuerpo pueda volver a la vida. Ahora, por más que se congelen, copien el código genético, recolecten muestras de ADN, e inventen un software súper-sofisticado, los seres humanos están condenados a la muerte. Esta establecido que los hombres mueran y después venga el juicio. El ser humano no puede despojarse de su mortalidad. Es cierto que puede mejorar la calidad de vida de las personas a través de la medicina, pero a la corta o a la larga, todos moriremos. Aunque convivimos con máquinas, hardware y software, la vida del hombre es como la niebla que se aparece por muy poco tiempo y se desvanece.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

sábado, 7 de abril de 2007

La donación de órganos.


Donar órganos salva vidas. Algunos están dispuestos a donarlos y otros no, y los dicen que no, siempre es porque hay una cuestión religiosa de por medio. Sin embargo, no todas las religiones están en contra de la donación de órganos. El catolicismo dice y entiende que la donación implica un acto de amor al prójimo. Incluso el papa Juan Pablo II se manifestó a favor. El protestantismo, al igual que el catolicismo, cree que la donación constituye un acto de amor altruista. Los protestantes en varias partes del mundo han realizado campañas a favor de la donación. Obviamente que los donantes están condicionados por lo que digan sus familiares inmediatamente después del fallecimiento de la persona que se manifestó a favor de la donación. El judaísmo también se manifiesta a favor de la donación. Es más, en todos los hospitales de Israel, excepto en Shaare Tzedek, se efectúan transplantes. Al renovar el carnet de conducir se adjunta un formulario que invita a la donación. Sin embargo, vale decir que los más ortodoxos no aceptan la idea de la donación.
Ahora bien, hay otras religiones que mantienen posturas discrepantes a las precedentes. El budismo, por su parte, insiste en no tocar el cuerpo del fallecido por tres días. El hinduismo, por su lado, no se pronuncia sobre el tema. Para el islamismo la donación es un acto voluntario y desinteresado. También los testigos de Jehová no se oponen públicamente a la donación de órganos cadavéricos, pero sí al transplante entre personas vivas. Así pues, al oponerse a las transfusiones de sangre, es casi imposible la realización de cualquier tipo de transplante. Hablar de donación de órganos implica pensar en la muerte, cosa que a nadie le agrada, pero también implica pensar en dar vida, aunque muchos no piensan en esto sino en su propia sobre vivencia.
Hay quienes piensan que donar los órganos es un gesto de amor al prójimo y otros al solo pensar en la mutilación de sus cuerpos los aterra. Pero también están aquellos que además de pensar que le hace una muestra de amor a sus semejantes esto de alguna manera les permite seguir viviendo. Entonces, cabe, preguntarnos: ¿Donarías tus órganos? ¿Le darías vida a otra persona? La donación de órganos debe ser producto de una sociedad educada, formada en valores humanos. Y la decisión de ser donante es una cuestión personal pero ciertos individuos no saben en que consiste ser donante y por motivos de desconocimiento no lo hacen. Y ante las dudas y la incertidumbre la gente prefiere dar la negativa. En seguida surgen preguntas como: ¿Estaré realmente muerto cuando mutilen mi cuerpo? ¿Y si revivo? ¿Y si quieren lucrar con mi cuerpo? Sea cual sea la decisión que adoptemos, vale la pena saber de que se trata y que opinan las diferentes religiones. Muchas personas por falta de donantes y no cabe duda de que donar los órganos es de crucial importancia para aquellas personas que necesitan el transplante. Ahora, el si o el no, depende de cada uno. Finalmente preguntamos: ¿Cómo donar? Para donar nuestros órganos tenemos varias opciones: podemos hacerlo en el incucai (Ramsay 2250, teléfono: 4788-8300); podemos hacerlo en los centros habilitados (hospitales públicos, fundaciones) o cuando hacemos la renovación de algún documento. Este trámite es completamente revocable, o sea que cualquier momento podemos arrepentirnos y para hacerlo hay que ser mayor de dieciocho años y legalmente capaz. Y otro dato importante, que a menudo se pasa por alto, es que nuestra familia debe saberlo y estar convencida de ello. Llegado el momento, son los familiares lo que tienen la última palabra. Lo ideal es que nuestros familiares estén de acuerdo con nosotros.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

domingo, 11 de marzo de 2007

Esperando con paciencia.


“Si tu árbol da fruto, regocíjate, pero no lo arranques hasta que esté maduro”.
Anónimo.



La paciencia es un ingrediente muy importante. Con paciencia perseverante podemos sufrir con serenidad y podemos esperar las cosas que tardan en llegar, con calma interior. Ser pacienzudo es difícil, pero vale la pena, ya que esto nos ayuda a lidiar con los padecimientos físicos y morales con serenidad. Lograr cosas importantes incluye mucho tiempo. Difícilmente podremos realizar cosas si no sabemos esperar. La paciencia debe ser lago de todos los días y debe acompañarnos en los pequeños esfuerzos diarios. La paciencia es el camino conducente a al afirmación personal y al mejoramiento de nuestra vida en general. Ser paciente es ser inteligente y disponer nuestra voluntad para trabajar disciplinada y apasionadamente con el fin de alcanzar los objetivos concretos. Tener paciencia es esperar lo mejor sin apresurarse.
“En una ocasión le pidieron a Charles Dickens que leyera ante un publico numeroso algunos de sus cuentos. Este gran escritor respondió que le faltaba tiempo, pues tenia la costumbre de leer diariamente un mismo trabajo durante más de 5 meses antes de leerlo en publico, porque confesaba que el único merito de sus producciones era la humilde, paciente y prolongada atención con que las componía”. La paciencia es una virtud que nos ayuda a trabajar en una cosa, una y otra vez, hasta que después de un tiempo razonable, logramos terminarla sin haber desesperado. No podemos tener éxito sin paciencia. No podemos lograr nada si no sabemos esperar sin desesperarnos. Pero con dedicación y entrega, voluntad y determinación, podemos, sí brindarnos a voluntad al servicio de la paciencia. Los aspectos más profundos de nuestra inteligencia se activan en la medida en que la persona está comprometida con la paciencia perseverante. ¿Qué mejor manera de lograr las cosas que esperando con paciencia? ¿Cómo lograremos algo si no tenemos paciencia?
La paciencia requiere ser receptivo al paso del tiempo. El tiempo pasa y lo que deseamos no llega. Entonces, hay que seguir esperando pacientemente. Los individuos que se destacan en algo son aquellos que se distinguen siempre por la paciencia y la perseverancia en su labor. Sin paciencia la vida no tiene sentido. Sin paciencia no podemos creer en nosotros mismos. La paciencia es la virtud que espera que las flores crezcan, que los árboles den su fruto, es la virtud que nos ayuda a esperar algo en lo que creemos con todo el corazón. Lo importante de la paciencia es que nos hace entender que las pequeñas batallas diarias son tan importantes como la guerra en general. En la vida, la clave de la realización personal es tener paciencia. Una persona inteligente aprovecha cada circunstancia y cada momento, para aprender de la vida pacientemente. El eminente escritor Robert L. Stevenson afirmó: “Cualquiera puede acarrear su carga, por ardua que sea, hasta el ocaso, cualquiera puede realizar su trabajo, por arduo que sea, durante un día, cualquiera puede vivir dulce, paciente, amorosa, permanente, durante veinticuatro horas”.

Julio C. Cháves.

Los buenos modales.


“La misma virtud ofende cuando va unida a unos modales desagradables”,
Middleton



La cortesía y la afabilidad hacen que nos guarden respeto y cariño. La falta de respeto y los modales duros y repelentes, hacen que los demás se alejen de nosotros. Por falta de discreción, respeto, honor, afabilidad, muchas personas se pasan la vida lidiando y luchando contra dificultades y problemas que ellas mismas se han creado; debido a su áspera brusquedad; entonces el éxito se les hace imposible. Los individuos que alardean de sus hechos con aire de vanidad, son portadores de pretensiones egoístas y arrogancias multitemáticas, lo cual los hace desagradables, dañinos e indignos. La falta de buenos modales nos aparta del éxito y de la compañía de personas realmente buenas e inteligentes. La Rochefoucauld ha dicho que “nada impide tanto mostrarnos naturales como el deseo de parecerlo”. Por tanto, si de veraz queremos resultar agradables y cordiales, debemos buscar siempre la sinceridad y la verdad, ya que de este modo expresaremos con gracia lo mejor de nosotros mismos. La benevolencia y la simpatía, son llaves que nos abren los corazones de todas las personas. ¡Los buenos modales conducen al éxito!
Siempre debemos mostrar respeto por todas las personas. Debemos ser cordiales con los ricos y los pobres por igual. Con igual cortesía y consideración, alegría y cariño, debemos repartir afecto por donde quiera que vayamos. De hecho, si somos personas inteligentes respetaremos la individualidad de los demás porque es de ese modo como logramos que nos respeten también. Para tener éxito debemos practicar los buenos modales. “El talento”, ha dicho un conocido escritor, “es la fuerza; el tacto, la habilidad. El talento es el peso; el tacto, el impulso. El talento sabe lo que hay que hacer; el tacto, la forma de hacerlo. El talento hace respetable al hombre; el tacto lo hace respetado. El talento es la riqueza; el tacto es moneda suelta”. Podemos ser carismáticos, geniales, brillantes, talentosos, pero si nos mostramos insinceros, discordiosos, engreídos, vanagloriosos, autosuficientes y orgullosos, seguramente todo lo que sepamos o hagamos no servirá de nada. Únicamente en la bondad altruista y en la sincera empatía podemos hallar aceptación y confianza mutua. A fin de cuentas, las personas más complacientes, cordiales y bien educadas, eso las hace respetuosas y respetables.
Una persona inteligente y sensata, cortes y humilde, jamás pretende ser mejor que nadie, ni más sabia, ni más rica. Nunca alardea de su posición social o sus posesiones, de su patria o sus creencias; ni jamás mira de arriba a los otros porque no hayan nacido con sus privilegiados dones. No alardea de sus hechos ni de sus virtudes, ni airea su vanidad y elocuencia. Por el contrario, en todo lo que dice o hace, se conduce inteligente y modestamente, sin pretensiones o arrogancias, demostrando siempre humildad y nunca jactancias, demostrando amor más con sus hechos que con sus palabras. Siempre con sinceridad y autenticidad, gracia y honor. Los buenos modales caracterizan a las buenas conductas. Bien se ha dicho que “una hermosa figura es mejor que una hermosa cara, y una hermosa conducta es mejor que una hermosa figura; produce mayor placer que la contemplación de estatuas o cuadros; es la más bellas de las artes”. ¡Buenos modales, buena conducta!

Julio C. Cháves.

Las virtudes y los valores.


“Hay huellas que perduran para siempre”,
Anónimo



El mundo les debe mucho a los hombres que cultivaron las virtudes y los valores morales en sus vidas. Estos demostraron los valores con esfuerzos silenciosos y afanes benignos, desafiando a las tempestades de la vida, poniéndole el pecho a las balas, sobreponiéndose al sufrimiento en busca de las verdades universales como son la verdad, el deber, el amor. El valor moral es la característica más elevada de las personas virtuosas: el valor de buscar el bien y la verdad; el valor de ser honesto, justo, comprensivo; el valor de hacer el bien sin esperar nada a cambio. Los valores y las virtudes hacen que los hombres dejen huellas indelebles en las almas de los hombres.
Las buenas personas, si tienen virtudes valiosas, son atacadas por las calumnias y las persecuciones físicas y psicológicas. De hecho, expresó un filosofo antiguo, “en cualquier parte donde un alma ha querido expresar sus ideas se encuentra un gólgota”. Grandes personajes de la historia fueron perseguidos y vituperados por sus pensamientos sublimes. Esto le sucedió a Galileo, cuyo carácter de hombre de ciencia casi ha sido eclipsado por el de mártir. Denunciado por los sacerdotes desde el pulpito por su teoría acerca del movimiento de la tierra, lo cual lo condujo a Roma a los 70 años, para responder a su heterodoxia. Fue prisionero de la Inquisición y no sabemos con exactitud si fue torturado. Se lo persiguió hasta después de su muerte, ya que el papa se negó a que su cuerpo fuera depositado en una tumba. Al final su teoría resultó siendo cierta. Hasta el puro y sencillo Newton fue acusado de pretender “destronar” a Dios con su sublime descubrimiento de la ley de la gravitación; y un cargo parecido se formuló contra Benjamín Franklin cuando explicó la naturaleza del rayo. Al final las teorías de Newton y Franklin resultaron ser ciertas.
Los desgraciados y desventurados son producto de sus vicios contravalores. Las cosas malas que advertimos en el mundo se deben a la debilidad y a la indecisión de las personas a las cuales les falta el valor de hacer el bien, buscar la verdad y practicar el amor. De hecho, hay personas que saben lo que es el bien y las falta el valor de realizarlo. Los individuos malos viven conforme a sus salvajes instintos, conforme a sus malas costumbres y a su inconstancia. Para ser un valioso virtuoso es necesario un buen ejercicio del valor moral para resistir las influencias corruptoras de lo que se ha dado en denominar “La sociedad”, esta sociedad tan alienada y corrompida por el egoísmo, la indiferencia, la apatía y las malas costumbres. La cobardía moral es lo que nos llena de adulonería, snobismo, artificialidad, mentira, miseria, maldad y desamor. Nos falta valor. Valor para decir la verdad aunque nos duela. Valor para vencer al mal con el bien. Porque los hombres verdaderamente virtuosos dicen la verdad, aunque en ello se hagan impopulares o seres anónimos. Una persona debe tener el valor de ser ella misma, no la sombra ni el eco de otro. La persona fuerte y valerosa es quien dirige, guía y domina las malas costumbres. Después de todo, la vida de una persona justa y enérgica es como un foco de luz que ilumina en la oscuridad. El hombre valeroso, virtuoso, es tan magnánimo como gentil. Se preocupa por ser generoso, afable, compasivo, honesto, perseverante, disciplinado, verdadero, sonriente, luchador, osado, humilde, sencillo, manso, fiel, autentico, positivo, ordenado, de buena influencia para los demás, se preocupa por cultivar los valores y las virtudes en su vida, porque esto le da sublime valor como persona virtuosa.

Julio C. Cháves.