jueves, 24 de abril de 2008

La filosofía del mentiroso

Hace unos años vi el film Mentiroso, Mentiroso, (1997) donde se cuenta la historia de Fletcher Reede (Jim Carrey), un abogado que tiene mucho éxito en su profesión porque... no sabe hacer otra cosa que mentir, mentir y mentir. Le miente al juez, a los fiscales, a sus jefes, a su ex-esposa Audre y a su pequeño hijo Max. Entonces, su hijo Max, cansado de que su padre le prometa cosas que jamás llega a cumplir, el día de su quinto cumpleaños, Max pide un deseo, precisamente pide que Fletcher no pueda decir ni una sola mentira durante 24 horas. Cuando el deseo se hace realidad, el mentiroso abogado queda al desnudo. De pronto no puede mentir. Ahora que sólo puede decir la verdad, Fletcher tiene que apurarse para mantener su trabajo a flote y evitar que su esposa se lleve a su hijo a vivir a otra ciudad. Básicamente me encanto el film porque trata sobre las consecuencias de la mentira.

Ahora, quiero que abordemos juntos que significa mentir y que consecuencias incluye. Ante todo hay que decir que una mentira siempre esconde en forma parcial o total la realidad. Una mentira es una declaración realizada con el firme propósito de hacerle creer a otros lo que decimos, aunque la información que decidimos transmitir sea verdad. A las personas que dicen mentiras, como es el caso del abogado Fletcher, se les llama mentirosos. El mentiroso quiere engañar intencionalmente.

En su ensayo On Bullshit el filósofo de Princeton, Harry Frankfurt sugiere que un mentiroso se diferencia de una persona que dice la verdad en el hecho de que el mentiroso quiere esconder la verdad mientras que el otro la quiere revelar. Por otra parte, San Agustín distingue ocho tipos de mentiras: las mentiras en la enseñanza religiosa; las mentiras que hacen daño y no ayudan a nadie; las que hacen daño y sí ayudan a alguien; las mentiras que surgen por el mero placer de mentir; las mentiras dichas para complacer a los demás en un discurso; las mentiras que no hacen daño y ayudan a alguien; las mentiras que no hacen daño y pueden salvar la vida de alguien; y las mentiras que no hacen daño y protegen la "puridad" de alguien. Asimismo, San Agustín aclara que las "mentirijillas" no son en realidad mentiras. En fin, creo que cualquiera sea el tamaño de la mentira implica consecuencias que en vez de atenuar un conflicto, lo intensifican.

El acto de mentir representa una simulación o fingimiento. Cuando el mentiroso es encontrado en una de sus mentiras en seguida es etiquetado como una persona que no es digna de confianza. El filósofo Leo Strauss acentuó la necesidad de mentir para ocultar una posición estratégica, o para ayudar a la diplomacia. Esperar que las mentiras desaparezcan completamente en la política, en la justicia o en la diplomacia es algo virtualmente imposible. Un experto en psicología jurídica, Miguel Hierro, afirma que mentir es como padecer un catarro, le puede agarrar a cualquiera. Además, argumenta que el mentiroso tiene muy desarrolladas sus habilidades sociales, es una persona extrovertida y por todo esto, resulta convincente. Después de haber abordado las implicancias del mentir, creo que es válido que el mentiroso cuestioné su simulado comportamiento, dándose cuenta que las mentiras dañarán su reputación y lo sumergirán en un río, cuya corriente lo arrastrará hacia la soledad interpersonal. “El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera”, dijo Alexander Pope.

Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar