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Odiar es fácil. Guardar rencor es fácil. En su libro Aplauso del cielo, Max Lucado escribió: “El odio es un perro rabioso que se vuelve contra su propio dueño. La propia palabra rencor empieza con…RRR… ¡un gruñido!”. Odiar es sinónimo de ignorancia. Perdonar, aunque no sintamos hacerlo, es una actitud inteligencia. El perdón es la clave de la bendición. Claro que las heridas duelen y cuesta lidiar con ellas, pero si le pedimos ayuda al Espíritu Santo, él nos ayudará a perdonar, venciendo al mal con el bien. Algunos piensan que la venganza es lo que los va a librar del dolor y el resentimiento que llevan dentro, pero cuando procuran el mal de quien les hizo el mal, entonces haciendo que el mal se incremente. Ahora, cabe preguntar: ¿Cómo hacemos para perdonar? A este respecto, C. S. Lewis, escribió: "Pedir perdón no es lo mismo que disculparse, porque disculparse es excusar los motivos por los cuales uno ejecutó una acción con el objeto de que la persona afectada por ella pueda comprenderla. Pedir perdón es asumir la totalidad de nuestra falta, con toda ella, y sentir todo el mal que produjo, decir que aunque no puedas del todo repararla, te produjo dolor la acción, lo sientes, estás arrepentido, y quieres de vuelta procurar lo bueno... La estatura humana del perdón por ello es mucho más alta y propia de los grandes, y necesaria en los cristianos porque hemos sido perdonados desde antes de existir, y así como perdonemos se nos perdonará". Jesús dijo que la falta de perdón nos impide llegar al corazón de Dios. Mateo 5:23,24 dice: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”.
El odio nos impide llegar al corazón de Dios. Nos impide disfrutar de la vida y ser felices. Sentirnos heridos es algo que se le sucede a todo el mundo. Casi todos sentimos rencor, bronca y resentimiento en alguna instancia de la vida. Sin embargo, aunque muchas veces somos heridos y sentimos rencor y resentimiento, no significa que sea saludable albergar estos sentimientos. La falta de perdón, incluso, daña nuestra salud mental y física. Entonces, creo que es perdonar es un acto de inteligencia. Un psicólogo norteamericano, Robert Enright, afirmó que las personas que han sido profunda e injustamente heridas pueden sanar emocionalmente perdonando a su ofensor. El insigne fraile dominico Henri Lacordaire dijo: "¿Quieres ser feliz un instante? Véngate. ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona". Claro que perdonar es, sin asomo de duda, un de los actos más difíciles de la vida y mucha más si la persona que nos hirió es un ser querido o un amigo cercano, pero aunque es difícil no significa que es imposible. Perdonar es posible, basta con decidir hacerlo. En su ensayo La gente nunca es el problema, Robert Watts Jr., escribió: “La necesidad del perdón es una realidad que existe en todos los seres vivientes. Podemos invocar a Dios pidiéndole el poder de perdonar a otros. Él nos dará paciencia, esa que nos permita perdonar y buscar formas de ayudar a los que reciben nuestro perdón. Nos da el poder para estar quietos, calmados, ser razonables, tener la mente clara, ser perdonadores, humildes, justos, tardos para la ira y amables. Cuando tenemos presente que la sabiduría de Dios está disponible para cualquiera que se la pide (ver Santiago 1:5), nos damos cuenta que el conocimiento para hacer lo correcto está tan cerca como nuestro propio corazón, y que el odio no es más que una energía dañina, iracunda y trágica que tendrá más consecuencias negativas para nuestra vida que cualquier otro problema que podamos atravesar. Usted es único; solo existe un ejemplar. Nunca habrá otro individuo como usted en el mundo. Usted tiene un potencial para encontrar su propio camino y dejar una estela de luz para que también otros encuentren el suyo. Pero si odia a la gente, reduce su luz a una pequeña chispa. Y cada vez que odia a alguien, disminuye su capacidad de regenerar ese brillo que su Creador le dio en un principio. Ámese a sí mismo y a sus semejantes por medio del poder del perdón… y deje brillar su luz”.
Dios quiere que seamos misericordiosos porque la misericordia triunfa sobre el juicio. (Santiago 2:13). Amar a los demás es un mandamiento y amar a nuestros semejantes con amor sincero cubre multitud de pecados. (1 Juan 3:18; 1 Pedro 4:8). Perdonar es focalizar en las cosas buenas de la vida. Perdonar es declarar que las heridas no dañaran nuestro presente, aún cuando hayan dañado nuestro pasado. Perdonar es el primer paso hacia la bendición de Dios, es dejar de lado el deseo de venganza, es soltar los malos pensamientos que abrigamos contra otros. Perdonar es un acto heroico. El odio es frío como el invierno, pero perdonar es como el sol de primavera. Cuando perdonamos no significa que el victimario esta libre de su responsabilidad, lo que significa es que hemos decidido seguir adelante, dejando a la persona que nos hizo daño en las manos de Dios. Jesús dijo: “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”. (Lucas 17:3,4). “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13). “Perdonar y pedir perdón, es dejar que actúe el Espíritu en el lugar donde existe nuestro orgullo y nuestro resentimiento." Perdonar es un acto de inteligencia porque es el camino a la bendición de Dios. Cuando decidimos perdonar el amor de Dios fluye en nuestro interior y somos sanados. Entonces, podemos decir que somos felices verdaderamente.
Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar
El odio nos impide llegar al corazón de Dios. Nos impide disfrutar de la vida y ser felices. Sentirnos heridos es algo que se le sucede a todo el mundo. Casi todos sentimos rencor, bronca y resentimiento en alguna instancia de la vida. Sin embargo, aunque muchas veces somos heridos y sentimos rencor y resentimiento, no significa que sea saludable albergar estos sentimientos. La falta de perdón, incluso, daña nuestra salud mental y física. Entonces, creo que es perdonar es un acto de inteligencia. Un psicólogo norteamericano, Robert Enright, afirmó que las personas que han sido profunda e injustamente heridas pueden sanar emocionalmente perdonando a su ofensor. El insigne fraile dominico Henri Lacordaire dijo: "¿Quieres ser feliz un instante? Véngate. ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona". Claro que perdonar es, sin asomo de duda, un de los actos más difíciles de la vida y mucha más si la persona que nos hirió es un ser querido o un amigo cercano, pero aunque es difícil no significa que es imposible. Perdonar es posible, basta con decidir hacerlo. En su ensayo La gente nunca es el problema, Robert Watts Jr., escribió: “La necesidad del perdón es una realidad que existe en todos los seres vivientes. Podemos invocar a Dios pidiéndole el poder de perdonar a otros. Él nos dará paciencia, esa que nos permita perdonar y buscar formas de ayudar a los que reciben nuestro perdón. Nos da el poder para estar quietos, calmados, ser razonables, tener la mente clara, ser perdonadores, humildes, justos, tardos para la ira y amables. Cuando tenemos presente que la sabiduría de Dios está disponible para cualquiera que se la pide (ver Santiago 1:5), nos damos cuenta que el conocimiento para hacer lo correcto está tan cerca como nuestro propio corazón, y que el odio no es más que una energía dañina, iracunda y trágica que tendrá más consecuencias negativas para nuestra vida que cualquier otro problema que podamos atravesar. Usted es único; solo existe un ejemplar. Nunca habrá otro individuo como usted en el mundo. Usted tiene un potencial para encontrar su propio camino y dejar una estela de luz para que también otros encuentren el suyo. Pero si odia a la gente, reduce su luz a una pequeña chispa. Y cada vez que odia a alguien, disminuye su capacidad de regenerar ese brillo que su Creador le dio en un principio. Ámese a sí mismo y a sus semejantes por medio del poder del perdón… y deje brillar su luz”.
Dios quiere que seamos misericordiosos porque la misericordia triunfa sobre el juicio. (Santiago 2:13). Amar a los demás es un mandamiento y amar a nuestros semejantes con amor sincero cubre multitud de pecados. (1 Juan 3:18; 1 Pedro 4:8). Perdonar es focalizar en las cosas buenas de la vida. Perdonar es declarar que las heridas no dañaran nuestro presente, aún cuando hayan dañado nuestro pasado. Perdonar es el primer paso hacia la bendición de Dios, es dejar de lado el deseo de venganza, es soltar los malos pensamientos que abrigamos contra otros. Perdonar es un acto heroico. El odio es frío como el invierno, pero perdonar es como el sol de primavera. Cuando perdonamos no significa que el victimario esta libre de su responsabilidad, lo que significa es que hemos decidido seguir adelante, dejando a la persona que nos hizo daño en las manos de Dios. Jesús dijo: “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”. (Lucas 17:3,4). “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13). “Perdonar y pedir perdón, es dejar que actúe el Espíritu en el lugar donde existe nuestro orgullo y nuestro resentimiento." Perdonar es un acto de inteligencia porque es el camino a la bendición de Dios. Cuando decidimos perdonar el amor de Dios fluye en nuestro interior y somos sanados. Entonces, podemos decir que somos felices verdaderamente.
Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar
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