domingo, 4 de marzo de 2007

La fe como un radar.


En su libro Amor, asombroso amor, la sobreviviente de un campo de concentración nazi, Corrie Tem Boom, dijo que la fe es como un radar. Ella cuenta que en una ocasión fue pasajera de un barco que atravesó una densa niebla y que no se veía ni siquiera el agua que circundaba el barco, pero gracias a radar el capital de la nave sabía la ubicación exacta de su embarcación. La pantalla del radar delataba la presencia de otros barcos pese a la espesa niebla. La fe, dijo la autora, es como un radar que nos permite saber la ubicación exacta de Dios pese a las espesas circunstancias que muchas veces nos rodean. La fe es nuestra radar espiritual que nos permite saber que Dios esta con nosotros, interviniendo a nuestro favor pertinentemente. Con nuestros ojos físicos podemos ver hasta el horizonte pero con los ojos de la fe podemos ver mucho más lejos. Podemos percibir el mundo espiritual. No hay que esperar la respuesta de Dios para confiar en él, hay que confiar en él para que vengan las respuestas. El ciego Bartimeo utilizo el radar espiritual ya que arrojó su capa y fue hacia donde estaba Jesús. El maestro le dijo: ¿Qué quieres que te haga? El ciego dijo: Señor, deseo recuperar la vista. Entonces, Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino”. (Marcos 10:46-52). Jesús advirtió que Bartimeo estaba utilizando el radar espiritual y lo bendijo. Hechos 26:18 dice: “…para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz”.
Un psiquiatra dijo que para ser razonablemente felices necesitamos cuatro elementos, que son: amor, trabajo, cultura y espiritualidad. Y creo que estos elementos son válidos pero para el cristiano la fe es lo más importante. Sin fe es imposible acercarse a Dios. Necesitamos utilizar el radar, la fe, ya que es lo único que nos permite saber y entender que Dios esta con nosotros pese a las espesas circunstancias de la vida. Los psicólogos dicen que no podemos creer en algo que no tiene un objeto de culto. Pero la realidad es que la fe funciona como un radar. No podemos ver para ver sino creer para ver. Eso es la fe. Hay que creer para ver. Cuando Dios le dijo a Noé que vendría un diluvio universal, Noé no preguntó que era un diluvio sino que le creyó a Dios porque tenía el radar encendido. Noé creyó y después vino el diluvio. “Y Noé…hizo conforme a lo que Dios le mando”. (Génesis 6:22). Tanto Bartimeo como Noé emplearon el radar de la fe. No esperaron las respuestas para confiar en Dios, confiaron en Dios y vinieron las respuestas. En una oportunidad le preguntaron a gran psicólogo William james, cuando era aún profesor de Harvard, cuál consideraba que era el descubrimiento del siglo en el campo del desarrollo humano. Entonces, el psicólogo dijo: “Hasta ahora se pensaba que para actuar había que sentir. Hoy se sabe que el sentimiento aparece cuando empezamos a actuar. Este es para mí el descubrimiento más importante en el campo del desarrollo humano”. Este psicólogo tendría que haber citado hebreos 11:1 y tal vez hubiera evitado parafrasear este versículo de la Biblia. Hebreos 11:1, 33,34, dice: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. “…por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en la batalla, pusieron en fuga ejercito extranjeros”. Hay que creer para ver. Hay que confiar en Dios y vienen las respuestas. La niebla puede ser densa. Tal vez ni siquiera vemos a nuestro alrededor, pero Dios esta en control. Dios es nuestra fuente de gozo. En su presencia hay plenitud de gozo, delicias a su diestra. El es inmanente. Llega a nuestra vida cuando más lo necesitamos. Y prometió que estará con nosotros siempre.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

“Click, perdiendo el control”.


En la película Click, se cuenta la historia de Michael Newman, un arquitecto que trabaja demasiado, a la espera de que su jefe se decida a hacerle socio de la empresa. Tiene una bella mujer, Donna y dos hijos que anhelan pasar más tiempo con su padre. Luego de trabajar casi toda la noche, Michael busca con frustración el mando de la televisión entre los múltiples controles remotos que hay en el living de su casa. Como no lo encuentra, decide salir a buscar un mando universal que le permita manejar todos los aparatos y llega a una tienda donde Morty, un excéntrico empleado, le da un mando experimental que cambiará su vida radicalmente. Morty no bromeaba y, además de manejar todos los aparatos, Michael descubre cómo también permite hacer callar al perro, pasar a toda velocidad una pelea con su mujer o retroceder en el tiempo momentos que ya han sucedido. Pero antes de que Michael se dé cuenta, el mando está programando su vida y decidiendo qué momentos experimenta y cuáles se pierde. Sólo entonces, Michael comienza a darle la importancia que merece a cada instante de su trepidante vida.
Interpretada por Adam Sandler, en el rol de Michael Newman, la película aborda el tema del paso del tiempo y nuestra instalación en la realidad cotidiana. A veces corremos tan rápido que nos olvidamos de muchas cosas. Nos gustaría tener el absoluto control de nuestras vidas. Nos gustaría poder evitar todas las enfermedades, problemas y dificultades que se nos presenten en la vida. Pero de este modo estaríamos viviendo en automático como el protagonista Michael Newman que con tal de evitar contratiempos y lograr el éxito cuanto antes utiliza el control mágico, logrando el éxito tan ansiado pero al mismo tiempo perdiendo tiempo de su vida, perdiendo momentos importantes con sus seres queridos, con sus hijos, con sus padres, y con su amada esposa Donna. Sabemos que los autos deben detenerse a cargar gasolina para poder continuar. Sabemos que el nadado debe sacar la cabeza del agua para poder tomar aire y poder seguir nadando. Pero de todos modos corremos, vamos a toda velocidad. Y nos perdemos la vida. Pasa el tiempo y la muerte hace acto de presencia y nuestros seres queridos se van sin avisar. Decimos que no tenemos tiempo para las cosas importantes y esto nos hace perder en la velocidad y el ruido mundanal.
Al final de la película Michael Newman, el exitoso arquitecto, se da cuenta de que ha perdido mucho y que no puede recuperarlo. Ha perdido a su esposa que se fue a los brazos del profesor de natación de uno de sus hijos. Perdió a su padre. Tiene éxito, pero perdió lo que tiene valor. De súbito Michael Newman aparece acostado en la gran tienda donde fue a comprar el mágico control universal. Esta despierto. Únicamente él sabe por la experiencia que ha pasado. Únicamente él sabe cuanto ha desperdiciado su tiempo en vanidades, dejando de lado a sus seres queridos. Una vez despierto Michael sale a toda velocidad en su auto a buscar a sus padres y decirle que los ama entrañablemente. Luego vuelve a su casa a besar a sus hijos y a su amada esposa. Todo cambió para él. Ya no es el mismo. Ya no necesita el control mágico. Lo único que necesita es abrir sus ojos y contemplar a sus amados seres queridos que siempre han estado ahí pero que con tanto trabajo no se daba cuenta de que lo que buscaba estaba muy pero muy cerca de él.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

El palo engrasado del poder.


“Cuanto más pequeño es el hombre más necesita exhibirse”, dijo José Narosky. Cuando lo único que importa es la posición social los hombres se convierten en codiciosos irracionales, y mienten, engañan y se auto engañan ya que el que se cree ser algo sin ser nada, a si mismo se engaña. La bandera distintiva del vanidoso es la ostentación y el alarde. Los emprendimientos de los amantes del exhibicionismo son egoístas y mezquinos, no tienen la menor intención de dar y le tienden una mano a nadie. El poder corrompe, empequeñece, aliena, obnubila. Los humildes de espíritu no pretender ganarle a nadie, únicamente quieren ganarse a ellos mismos. El poder hace que las personas estafen y traicionen hasta sus propios familiares. Algunos prefieren dinero y reconocimiento antes que vínculos duraderos. La vanagloria, la fanfarria, la soberbia, la altanería y el complejo de superioridad, son las actitudes que dominan a los que procuran subir al palo engrasado del poder. El poder utilitarista y déspota dura poco.
Aunque la felicidad no consiste en ganarle a nadie ni competir con nadie, los que buscan el poder como elemento compensatorio, creen erráticamente que encontrar satisfacer sus ansias de felicidad por este camino. La realidad es que ser feliz es dejar de ser egoísta y mezquino. Compararse no sirve de nada. Hay que bailar el propio baile. No hay que ser fotocopia de nadie. Dar es más valiente que morirse con los bolsillos llenos. Un sabio afirmó que el poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad. La búsqueda de poder jamás se movilizó con buenos propósitos. El poder conspira a la larga contra si mismo y provoca la caída de los que están arriba. El poder es una bestia que se devora y mastica los huesos de sus pretendientes. Max Lucado en su libro Aplauso del cielo, cuenta: “El palo del poder es un palo engrasado. El emperador Carlomagno lo supo. Hay una historia interesante que tiene que ver con la sepultura de este famoso rey. Según la leyenda, pidió que lo sepultasen en posición erguida sobre su trono. Pidió que su corona fuese colocada sobre su cabeza y su cetro puesto en su mano. Pidió que le colocasen en los hombros su manto real y que le pusiesen un libro abierto sobre su regazo. Eso sucedió en el año 814 A/D. Casi dos cientos años después, el emperador Othello decidió averiguar si el pedido de sepultura había sido cumplido. Supuestamente envió un equipo de hombres a abrir la tumba y hacer un informe. Encontraron el cuerpo tal como Carlomagno lo había solicitado. Sólo que ahora, casi dos siglos más tarde, la escena era grotesca. La corona estaba ladeada, el manto apolillado, el cuerpo desfigurado. Pero abierto sobre los muslos del esqueleto estaba el libro que Carlomagno había solicitado; la Biblia. Un dedo huesudo señalaba Mateo 16: 26: ¿De qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”.


Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

El pantano del sufrimiento.


“La oscura morada del alma, rota y vencida, recibe la nueva luz por las grietas que el tiempo hizo”. La mayoría de las personas ven al sufrimiento como a algo desagradable, nefasto, negativo. Pero la realidad es que el sufrimiento es un maestro, tal vez un poco doloroso, pero que enseña más que muchos libros y buenos momentos. Si uno procura ver el mejor rostro del sufrimiento probablemente disfrutará mucho más de su vida. La adversidad pone a prueba nuestras vidas y nos convierte en seres más fuertes, decididos, sabios. Transitar por el pantano del dolor permite que nos despertemos de la inconciencia y vemos las cosas cotidianas con ojos renovados, llenos de la luz de la curiosidad y la inteligencia. Mezclándonos con lo cotidiano, zambulléndonos en nuestras relaciones interpersonales, en el trabajo, la familia, las amistades, y todo lo que nos rodea, desarrollamos un espíritu sociable, flexible, asertivo, pertinente, coherente. El pantano del sufrimiento constituye un buen estimulo para madurar y crecer como personas más integradas a los demás. Si fijamos nuestros ojos en el perfil positivo del dolor, juzgaremos correctamente los eventos cotidianos, sean buenos o malos, sacando provecho de nuestras elecciones, y separando a su vez lo accesorio de lo importante.
Vale decir que los genios se constituyen en medio del pantano del dolor. La voluntad se desarrolla en el campo de prueba. Las facultades del gladiador se hacen fuertes en la arena. Uno se hace un mejor ser humano en medio del sudor y las lágrimas. La virtud implica esfuerzo. La genialidad implica trabajo. El triunfo implica tesón. El gran escritor Jhon Milton decía que quien mejor puede sufrir, mejor puede hacer. “La vida, decía Goethe, es sufrimiento para todos nosotros. ¿Quién salvo Dios, podrá llamarnos a rendir cuentas? No permitamos que los reproches caigan sobre los que se fueron. Lo que debe preocupar a quienes sobreviven no es aquello en que fracasaron, ni lo que sufrieron, sino lo que hicieron”. Cuando pasemos por múltiples adversidades debemos procurar sacar lo mejor de nosotros mismos. Las lágrimas tienen la intensión de hacer crecer, de hacernos despertar. Sonreír después de sufrir es sonreír con más intensidad. Uno se da cuenta de lo que tiene al lado cuando lo pierde. El sufrimiento nos enseña el valor de las cosas esenciales, de aquello que no podemos ver a simple vista. Nadie esta exento de sufrir. De hecho, cuando creemos que lo tenemos todo controlado, es ahí cuando las cosas se salen de su cause. Gracias al sufrimiento surgen virtudes insospechadas. Las personas inteligentes no son triunfalistas ya que saben que en la vida no es todo color de rosa sino que surgen problemas, hay imprevistos. Podemos programar, planificar, organizarnos, pero siempre surgen imprevistos que cambian nuestros planes, nuestros proyectos. Cuando cree que tiene toda la salud del mundo de súbito aparece la enfermedad. Esto pasó en mi familia. Somos personas muy sanas, todos. Y un día se enfermó mi viejo y terminó en terapia intensiva. Gracias a Dios hoy esta bien y se recuperó pero eso me enseñó que lo que construimos durante toda la vida, de un día para otro lo podemos perder. Nadie tiene el control de todo. Existe la muerte y el dolor, la realidad es que ganamos pero a veces también perdemos. Y puede decir que es más lo que perdemos que lo que ganamos. ¡La vida es un camino zigzagueante!
“¿Qué es lo que produce la mayor cantidad y los más profundos pensamientos de la raza humana? No es la sabiduría; no es la conducta, dice Helps, no es ni siquiera el impulso de los afectos. Es el dolor y esa es, quizás, la razón por la cual se sufre tanto en este mundo. El ángel que descendió para remover las aguas y hacerlas útiles para curar, no fue, tal vez, portador de un bien tan grande como aquel otro ángel que tan bondadosamente infligió a los pacientes la enfermedad que sufrían”. El sufrimiento muchas veces es el triunfo disfrazado.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Tiempo joven.


“El tiempo es el escudero que guía a la juventud”, dijo George Herbert. Durante la juventud es probablemente la época de la vida donde perdemos tiempo con mayor facilidad. Cuando la piel esta lisita, sin arrugas, nuestros ojitos ven bien, y contamos con pocos años, todo nos resulta eterno, pensamos que todo durará para siempre pero la realidad es que la juventud desaparece porque todo es efímero. Así pues, a medida que vamos creciendo y van transcurriendo los años, nos vamos dando cuenta de las cosas que realmente tienen importante y que nos ayudan a distribuir nuestro tiempo de una manera productiva, constructiva. Cuando la juventud se va uno se da cuenta de que el paraíso en la tierra no existe, y que realmente existen responsabilidades, obligaciones y cosas que uno debe hacer para instalarse en la sociedad y mantener una vida ordenada, moral, socialmente aceptable, humana, familiar. En tanto vamos avanzando por la vida, transitamos por experiencias diferentes que nos moldean y nos convierten en seres más maduros, inteligentes. Como dije, durante la juventud todo es de color rosa, pero las cosas van cambiando y la vida va evolucionando.
Evidentemente durante la juventud es importante cuidar el tiempo e invertirlo en cosas que tienen propósito, como es el caso del trabajo, el estudio, la familia. La vida es una cuestión de tiempo. Por esto hay que hacer que el paso del tiempo sea nuestro colaborador cotidiano. El tiempo es un sabio maestro. Nos enseña cuales son las cosas importantes, que cosas valen la pena. Muchos jóvenes gastan su tiempo en actividades que no tienen sentido, dejan de lado la familia, el trabajo, las responsabilidades y no se dan cuenta que el tiempo corre a un ritmo trepidante y que va cambiando todo lo que roza. Muchos dilapidan su tiempo pero a la larga se dará cuenta de lo que están desperdiciando. Porque la vida es tiempo.
El paso del tiempo es una gran escuela donde todos somos alumnos. Algunos alumnos hacen sus tareas, prestan atención y rinden bien los exámenes, pero otros no le dan importante a las explicaciones que da el maestro tiempo, rinden mal sus exámenes y repiten de grado constantemente, por esto andan mal. Los que estudian y hacen su trabajo son quienes sacan provecho de sus elecciones de vida. Eligen bien. Viven bien. Tienen paz. Tienen seguridad. Saben lo que quieren. El tiempo, como buen maestro, va mejorando nuestra vida con múltiples situaciones, circunstancias y eventos. A algunos no les agradan ciertas cosas pero si suceden es porque la vida desea enseñarnos algo. La adversidad, el dolor, la pérdida, la alegría, todo tiene sentido y sucede por algo. De algún modo esto nos vuelve maduro. Según Carlyle “Quien no tiene visión de la eternidad, no puede asirse del tiempo”.
El que cree saberlo todo esta perdido. El que cree que la piel lisita durante para siempre esta perdido. Nada es para siempre. Hay que pensar. Hay que decidir si queremos ganar o perder el tiempo. Cada uno debe atenerse a las consecuencias de sus decisiones. Frederic Perthes le dijo en una ocasión a un joven amigo: “Sólo sabéis demasiado bien lo que podéis hacer; pero hasta que no hayáis aprendido lo que no podéis hacer, no llegareis a realizar nada de importancia, ni a conocer la paz interior”. Lo que llamamos sentido común no es otra cosa que el resultado de las experiencias acumuladas. Las buenas experiencias nos preparan para vivir con tranquilidad y sabiduría. Cuidar el tiempo es cuidarse uno mismo. Quien cuida su tiempo logrará realizarse en casi todos los aspectos de su vida. Hay que tener los ojos abiertos. Estar despierto porque el tiempo corre. Siempre hay que estar atento para aprender de los maestros-circunstancias que la vida nos ponga delante.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Amor de consumo.


Víctimas del síndrome del consumo, influenciados por una comercialización de los sentimientos, ciertos individuos consumen un tipo de amor que prometa satisfacción inmediata. Los medios masivos de comunicación están atestados de mensajes eróticos que materializan las relaciones afectivas, despojándolas de toda ética y moral. En la televisión las tandas publicitarias nos ofrecen objetos y cosas de todo tipo, las cuales podemos conseguirlas con una simple y rápida llamada telefónica. Llame ya, nos dicen. La finalidad de las tandas publicitarias es explotar económicamente nuestros deseos en lo inmediato. En la vida cotidiana, con estos mensajes publicitarios en mente, entablamos relaciones afectivas, buscando inconcientemente, tal vez conscientemente también, la satisfacción de nuestros deseos inmediatos por medio de relaciones inmediatas, desprovistas de compromisos y sentimientos. Consumimos cosas, y también queremos consumir personas como si fueran objetos. Cosificamos. Comercializamos. Hemos convertido las relaciones en una transacción económica. El hombre de nuestra época se despeña tras un amor sin ataduras, una afectividad reducida a mero hedonismo consumista. Lo que se busca es la multiplicación del placer desprovisto de compromiso y responsabilidad. Las modalidades de amar del siglo XXI han reemplazado al amor romántico, causando un estado constante de angustia insatisfacción, individualismo e indiferencia axiológica.
Esta cosificación del otro se debe básicamente al consumo de emociones sin ética, desmoralizando las relaciones entre los sexos. Las relaciones interpersonales de consumo trivializan, estupidizan, alienan y obnubilan los sentimientos románticos. Es menester reflexionar a este respecto, poniendo sobre el tapete de la razón las consecuencias de los deseos narcisistas ya que la conducta de los individuos sin ética puede conducir al propagandismo de la promiscuidad y la cosificación de los sexos. La aspiración de las personas debe ser la práctica del amor en un sentido de trascendencia. De hecho, amar al prójimo es una forma de inmortalidad. Somos sujetos en relación con otros sujetos. Nos somos cosas. La empatía, el altruismo, la comprensión y el desinterés deben ser nuestros estandartes en esta jungla de utilitarismo si pretendemos construir una afectividad con ética, axiología y compromiso con los demás. No todo esta en venta. No todo se compra con dinero. Hay cosas que se compran con valores. El Dr. Jaime Barylko en su ensayo Para quererte mejor, aborda el tema del amor con estas palabras: “Querer no es difícil. Lo complicado es querer al otro en calidad de otro,¡ y que su bien sea el mío! Para quererte mejor debería librarme de esquemas, prejuicios, ideas que tengo de mi, que tengo de ti, esa imagen que uno se hace de si mismo, del otro, de la vida, de la felicidad. Para quererte mejor debería serte fiel a ti, a tu realidad y no a la imagen o construcción mental que proyecto sobre ti. Es un trabajo. De eso se olvidaron los que nos enseñaron el camino de la vida. Nos dijeron que el amor era un sentimiento y que con el sentimiento era suficiente. Ahora lo sé, comienza siendo un sentimiento, una pasión envolvente, alucinante; pero es amor en el punto en que la lava de la pasión se cristaliza en formas de vida que comprender una decisión compartida. Decisión de compromiso. Compromiso, la promesa que crece entre dos”.
No existe amor si no hay voluntad de querer al otro tal cual es. Uno no puede pretender comprar al otro o exigir que el otro sea como uno proyecto en su mente que debe ser. Los esteriotipos dividen, separan a las personas. Las personas son mucho más que lo que se ve con los ojos. Como dijo el gran autor, lo esencial es invisible a los ojos. Cuando dos personas se encuentran, se conocen, se descubren, y se desean construir recíprocamente, entonces podemos decir que existe la posibilidad de compromiso, compromiso en el sentido de decisión compartida, como dijo Barylko.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

“La prudencia y la previsión razonable”.


En Wikipedia.org, leemos la siguiente definición de prudencia: “ La Prudencia es la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con cautela. De comunicarse con los demás por medio de un lenguaje claro, literal, cauteloso y adecuado. De crear respetando los sentimientos, la vida y las libertades de aquellos quienes se puedan ver afectados por tu creación, sea tecnológica o artística. Para la ética católica, la prudencia dispone la razón a discernir, en cada circunstancia, el verdadero bien y a elegir los medios adecuados para realizarlo. Es guía de las demás virtudes, indicándoles su regla y medida”. “Nunca se debe estimar que sea mejor un pertinaz orgullo que la prudencia”, dijo Esquilo. Cuando uno prevé las consecuencias de sus actos, y toma precauciones al respecto, se conduce prudencialmente. Es imposible transitar la realidad equilibrada y pacíficamente sin la virtud llamada prudencia. Considerar la importancia de las cosas, de las circunstancias, de las personas, es indispensable para poder deliberar y reflexionar sobre como debemos instalarnos en determinada circunstancia. Las circunstancias específicas requieren respuestas específicas. “El retirar no es huir, ni el esperar es cordura cuando el peligro sobrepuja a la esperanza, y de sabios es guardarse hay para mañana y no aventurarse todo en un día”, dijo Cervantes a través de uno de sus personas en el Quijote.
Advertir los diferentes colores, tamaños y contextos de las cosas es comprender y entender la importancia de las consecuencias de nuestros actos. Resolver las cosas asertivamente requiere inteligencia, requiere darse cuenta de las cosas, requiere de tener criterio y mirar y conducirse con espíritu avizor. Ver más allá de lo inmediato, del ahora, del presente, y percibir lo que viene después de decir o hacer algo, es estimar la estructura de los eventos, de los momentos que vivimos. Cuando tomamos una decisión estamos definiendo muchas cosas, principalmente nuestra instalación en el mundo. No podemos vivir a la buena de Dios, esperando que las cosas se resuelvan solas, dejando cabos sueltos, siendo más ciegos que quienes no quieren ver. No podemos vivir sin criterio, sin cultura, sin sentido común, sin propósito, sin sentido. No podemos improvisar. Esta bien ser espontáneo e improvisar cuando lo creemos necesario. Pero hay que mirar el contexto, el marco, las referencias, los paradigmas. Las circunstancias están sincronizadas. Una cosa lleva a la otra. Una decisión lleva a la otra. Y todo lo que decimos o hacemos produce consecuencias, y prever estas consecuencias es conducirse con prudencia. Confucio reflexionó: “Así como la piedad filial consiste en amar a nuestros semejantes, así la prudencia estriba en conocerlos y en saber de cuales debemos huir y de cuales nos debemos juntar”. Lidiar con los problemas de la vida es una labor ardua, que implica pensar, pesar las cosas, y sacar conclusiones todo el tiempo, diferenciando lo bueno de lo malo, lo accesorio de la importante, sabiendo que si uno elige una cosa, al mismo tiempo, rechaza otras. Hay que elegir lo mejor, lo que conviene, lo que edifica, y para elegir bien hay que prever el futuro.
Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

“Los teléfonos celulares, los zombies y las relaciones interpersonales”.



Nos han invadido los teléfonos celulares. Estos aparatitos se supone que nos hacen la vida más fácil. Podemos enviar mensajes de texto. Podemos realizar llamadas. Pero de todos modos, aunque tienen sus ventajas, también tienen sus desventajas que repercuten en las relaciones humanas. Los expertos dicen que en vez de mantenernos comunicados y mejorar nuestra comunicación interpersonal los teléfonos celulares nos mantienen aislados. La realidad es que estos diminutos y sofisticados telefonitos han modificados las costumbre, la cultura, y sobre todo las relaciones entre las personas ya que antes si nos teníamos que decir algo nos lo hablábamos personalmente más ahora nos enviamos un mensaje de texto. “La comunicación a través de artilugios electrónicos nos está volviendo muy perezosos ante el contacto en vivo”, escribió Maricel Cavaría en una nota en clarín. Ahora somos fanáticos del texting y nos mandamos mensajes lacónicos que no dicen nada, que no tienen sentido ni significado. En vez de utilizar a los telefonitos como a nuestros esclavos ellos nos han convertido en esclavos a nosotros. No son malos, somos nosotros los usuarios quienes hacemos de ellos un mal uso. Algunos los cuidan, los limpian, les cargan todo el tiempo la batería, y están pendientes de si hay una llamada o un mensaje nuevo. Se puede decir que es una compensación de nuestro tiempo.
No digo que no sirvan sino que deseo hacer entender que a veces hay que dejarlos un poquito de lado. Esta bien usarlos para el laburo o para llamar a alguien que no podemos ver en ese instante por obligación que cumplir. Pero cuando se trata de relacionarnos con nuestros seres queridos ahí entra en juego otra cosa que no se puede construir con mensajes de texto. Hay que dedicarle a las personas el tiempo que se merecen cara a cara. Las relaciones interpersonales deben ser tangibles, reales. Observar, contemplar, percibir, tocar y mirar a los ojos a los demás es un ritual social que hay que tener en cuenta siempre. Necesitamos mirarnos. El texting en lo que a vínculos se refiere es un poco frío, distante. Cuando nos tenemos que decir algo importante debemos encontrarnos. Los mensajes de texto pueden confundirnos y hacernos pensar cosas que no son reales. Dejar un poco de lado el celular hace que estemos más cerca.
En su ensayo El arte de vivir, el Dr. Jaime Barylko, dice: “El hombre de antes viajaba a casa o al trabajo en auto y llevaba la radio encendida y escuchaba otras voces. El posmoderno oye una sola voz, la suya, porque aún en ese viaje se adhiere a un instrumento pequeño, que ya forma una prolongación natural de su boca y su oído, y…le habla. No es mi deseo negar la utilidad de los aparatos, la tecnología, y los teléfonos celulares que me persiguen en mis pesadillas nocturnas. No. Solo digo que de tiempo en tiempo, podemos prescindir, y debemos prescindir de ellos. El interior se ilumina, cuando el exterior se retira al fondo del escenario. La informática en todas sus variaciones y derivaciones es un instrumento. Es decir que el instrumento implica un agente que use ese instrumento. Es decir que el instrumento implica, conceptual y realisticamente, un universo semántico de agentes humanos que en el mundo de las causas finales, según enseñaba Aristóteles, apelan a medios o causas eficientes a fin de alcanzar las finalidades propuestas”.
Todo tiene su tiempo bajo el sol. Tiempo de hablar por celular y tiempo de mirarnos a los ojos. Tenemos que darnos cuenta de que el celular ha generado un estado de soledad donde estamos acompañados únicamente del aparato, pero estamos solos con nuestra voz. Recordemos que tal vez los mensajes de texto en vez de mejorar nuestra comunicación pueden alejarnos, aislarnos. Hace poco leí una de las últimas novelas de Stephen King, donde a partir el día 1 de octubre a las 15:03 se envían mensajes a través de teléfonos celulares que convierten a todos los que los reciben en zombies asesinos... Se desata una locura criminal y destructiva de la que pocos escaparán, y los que lo logren tendrán que sobrevivir en un mundo totalmente transformado. Es cierto que en la realidad no nos vamos a convertir en zombies asesinos pero si nos podemos alejar de los demás.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Experiencias.



“La experiencia, dice wikipedia.org, es una forma de conocimiento o habilidad derivados de la observación, de la vivencia de un evento o proveniente de las cosas que suceden en la vida. La historia de esta palabra se alinea con el concepto de experimento. Tanto el ser humano como también muchos animales pueden obtener esta forma de conocimiento llamada experiencia a lo largo de sus vidas”. Transitar la vida no es fácil ya que a lo largo de nuestro ciclo vital lidiamos con circunstancias descocidas para nosotros, podemos procurar controlar los momentos pero siempre, de una u otra forma, surgen imprevistos que modifican radicalmente nuestra realidad. Instalarnos en la realidad de un modo asertivo consiste en cultivar un buen criterio, alimentado por las buenas y malas experiencias, eligiendo lo bueno en vez de lo malo, optando por valores axiológicos, dejando de lado los valores inferiores que tienen que ver con el materialismo, el hedonismo, el relativismo y la permisividad. . La mejor manera de caminar por la realidad es desarrollando un conocimiento progresivo de la funcionalidad de las cosas y personas que nos rodean. Las experiencias en lo social, lo laboral, lo afectivo, los llevan a perfeccionarnos como seres humanos. Las experiencias consolidan nuestro sentido común, dándonos un punto de vista maduro, coherente, y pertinente que nos ayuda resolver los problemas que enfrentemos a lo largo de nuestra empresa del vivir.
El psiquiatra español, Dr. Enrique Rojas, en su ensayo Los lenguajes del deseo, refiere lo siguiente abordando el tema de la experiencia: “La experiencia de la vida es un conocimiento acumulado que se hospeda en nuestro interior y que actúa sin que nosotros nos demos cuenta. Es una sabiduría callada, sigilosa, lacónica, reposada y a la vez, elocuente, expresiva, convincente, que nos saca de momentos difíciles con su consejo atinado y su destreza de experto. La experiencia de la vida es suma y compendio de acontecimientos que dejan una erudición íntima, un sedimento de hechos que ayudan a descifrar los principales secretos de la existencia y a ofrecer una respuesta cabal”. Considerar las múltiples circunstancias nos enrique y nos aporta una mirada siempre actualizada de la realidad, nuestros ojos están siempre cargados de luz intelectual, moviéndonos con destreza en los momentos menos esperados de nuestra cotidianeidad. Tener en cuenta la experiencia a la hora de tomar decisiones, atar cabos y responder ciertas preguntas, es crucial si queremos cometer pocos errores, evitando consecuencias y tragedias evitables. La experiencia bien considera, hace que veamos las cosas tal cual son, teniendo en cuenta las consecuencias de nuestros actos. La experiencia hace que abordemos la realidad con buen ánimo, con sólido criterio, tanteándonos a nosotros mismos, cuestionándonos, pensando en que debemos hacer para sacar provecho de la situación presente.
Las personas de carácter amplio y seriedad, imbuidos de sabiduría práctica, con un proyecto de vida coherente, están siempre dispuestas a ser tolerantes con la realidad, sacando provecho tanto de los momentos positivos como de la adversidad. “No veo ninguna falta cometida por otros, dice Goethe, que no haya cometido yo también”. La experiencia nos hace lidiar con paciencia las circunstancias difíciles de dominar. La vida no es todo lo que uno desea sino que surgen tempestades que no esperábamos. La experiencia es un abanico de sabios consejos y escuchar su voz puede librarnos de sufrimientos innecesarios e inútiles. Ante la vorágine inmisericorde de la realidad, la experiencia nos aporta la intrínseca capacidad de no tropezar dos veces con la misma piedra.
Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Las excusas.


Una excusa es un motivo o pretexto para eludir una obligación o disculpar una omisión. Los excusólogos entablan conversaciones evasivas y las frases más comunes tienen que ver con el yo no fui; debe ser fulano o mengano, pero yo no fui; hay que buscar al verdadero culpable, pero a mi no me culpen. Disponemos de cientos y cientos de frases para ocultar nuestros incumplimientos y nuestra falta de capacidad para resolver problemas. Los especialistas en relaciones humanas y psicólogos llaman a esta deliberada adicción a las excusas: Excusología. El tema de la excusa me hace acordar de un episodio de los Simpson, donde a Bart se le da la oportunidad de trabajar como coreografo en el Show de Krusty el payaso, que se emite todas las tardes en la televisión de Springfield. Entonces, cuando los niños de Springfieldlianos están mirando a su payado preferido Bart hace un desastre con la coreografía, haciéndola caer al piso, y mientras el programa esta en vivo, entonces Bart dice una frase que conocen muy bien los excusólogos: Yo no fui…
Los que siempre tienen excusas le echan el fardo al otro, mienten descaradamente o argumentan lo que desean, con tal de zafar. Todos es justificable. No importa como pero hay que evadir las responsabilidades y hacer que la cruz de uno la cargue otro. Alguien dijo que “la excusología es materia común de todo ciudadano. Se practica en la casa y en la calle. La practica el comerciante que vende como bueno lo que es pésimo y, ante el justo reclamo, se confiesa un mero intermediario. La practica del plomero torpe que, ante el baño destruido por no encontrar la pérdida, culpa al albañil. Entonces, el albañil, como sabe que utilizó materiales de cuarta, le echa la culpa a la empresa que le vendió los materiales. También la practica el que vende materiales, ya que ampara su fraude en la cantidad de impuestos que lo ahogan”.
Un excusólogo jamás paga los propios platos rotos, siempre hay quien se los paga. En cuanto a imaginación se puede decir que con tal de zafar y evadir preguntar y cuestionamientos, el excuso tiene una imaginación más desarrollada que el más prolífico de los novelistas. Puede ser que hay ciertas excusas que son buenas y aceptables, por ejemplo cuando una persona se excusa por haber llegado tarde a determinado lugar, pero obviamente teniendo ganas de llegar. Lo que logramos excusándonos es postergar nuestras responsabilidades, dejando cabos sueltos, cosas irresueltas, lo cual acrecienta nuestros problemas. Para finalizar quiero citar una película que vi titulada simplemente ¡Excusas!, dirigida por Joel Joan, donde se cuenta la historia de cuatro personajes lleno de contradicciones y miedos, quienes transcurren las secuencias evadiendo responsabilidades y eludiendo cambios en su comportamiento. Los personas, de ambos sexos, se esconde detrás de excusas con tal de no lidiar con sus limitaciones y debilidades. Esta conducta evasiva hace que los cuatro vean crecer inexorablemente sus problemas, eliminando la posibilidad de dar marcha atrás y poder mejorar las cosas. “El optimista tiene siempre un proyecto; el pesimista, una excusa”.


Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Explosión de dientes blancos.


Los médicos dicen que la risa fortalece el sistema inmunológico haciendo más fácil lidiar con ciertas enfermedades. Los psicólogos afirman que el buen humor permite que sobrellevemos con más facilidad las situaciones difíciles. Otros especialistas aseguran que sonreír alarga la vida y la hace más placentera. La risa nos mantiene más razonables que el enojo.Actualmente hay terapias curativas que se basan en la risa como fuente de salud física y mental. Esta técnica terapéutica se llama risoterapia. La falta de buen humor hace que muchas personas transiten la realidad de modo nefasto, con un estado mental negativo, lo cual los confiere a situaciones de estrés y malestares físicos. La ausencia de risa hace que muchos individuos sean vulnerables ante las enfermedades. ” En los años 70, un doctor californiano aplicó la alegría y el buen humor como apoyo en la recuperación y tratamiento de enfermedades, obteniendo beneficiosos resultados. A partir de entonces se comenzó a utilizar la técnica de la terapia de la risa en hospitales de EEUU, Suiza, Alemania y Francia”, escribió Maria Jesús, Monitora de dinámica de risa, www.laalegriadevivir.com.
Cuando tiene que lidiar con problemas y situaciones imprevistas no puede resolverlas si tiene una actitud negativa ya que esto complica aún más las cosas. En contraste, sin tomamos las cosas con buen humor y optimismo no sólo resolvemos nuestros problemas sino que mejoramos considerablemente nuestra condición de vida. La risa es catártica, echa luz sobre las cosas y hace asertiva nuestra respuesta a las múltiples circunstancias. Los médicos aseguran que la risa regula la circulación sanguínea y aumenta el caudal de oxigeno en la sangre. Además ayuda a sobrellevar enfermedades como la artritis, el estreñimiento, las neuralgias y el estrés. Los especialistas en risoterapia afirman que cuando una persona sonríe, el movimiento del diafragma manda un mensaje interno al intestino, el hígado, páncreas y vesícula, esta estimulación favorece la digestión y contribuye a la eliminación de toxinas y ácidos grasos. Se ha comprobado científicamente que las personas de buen humor tienen mayores niveles de inmunoglobulina A, una sustancia que protege de los contagios y las infecciones. La risa previene los infartos y el envejecimiento pues aumenta la hemoglobulina dando un aspecto mas terso a la piel retrasando el envejecimiento cutáneo, ya que al sonreír se ponen en movimiento todos los músculos del rostro generando una especie de lifting natural. La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano, dijo Víctor Hugo.
Finalmente quiero citar al Dr. Rubinstein que concluye: "La risa es un verdadero desintoxicante moral capaz de curar o por lo menos atenuar la mayoría de nuestros males. Y además, no hay ningún peligro si se supera la dosis."

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Los que tienen determinación.


“Cada día es mayor mi convencimiento de que la diferencia entre unos y otros hombres, entre el débil y el fuerte, el sobresaliente y el insignificante, es la energía e invencible resolución de llevar a cabo el propósito formado y vencer o morir en la demanda”, dijo Fowell Buxton. Cuando uno tiene determinación esta dispuesto a terminar lo que comenzó, cueste el trabajo que cueste. La firmeza en querer realizar algo hace que lleguemos a nuestro destino. Perseverar pese a los obstáculos, pese a las pruebas, sin dejar de lado las obligaciones y responsabilidades, es tener la cabeza bien puesta, cumpliendo con esmero el proyecto personal.
Las personas que tienen las resoluciones en sus mentes también la tienen en su comportamiento. La determinación hace que nuestra voluntad de fortalezca y crezca en pos de los objetivos. La determinación consiste en marchar hacia delante. No importa contra que debamos pelear con tal de construir el éxito. No importa la montaña de imposibles que quiera detenernos. No importa si las personas creen o no en nosotros. Lo que importa es saber lo que se quiere y ponerlo en práctica.
Alexander Pope era lisiado y apenas se podía mover pero llego a ser uno de los gigantes de la literatura inglesa. En la celda de una prisión, Jhon Bunyan escribió El progreso del peregrino, obra literaria constituyente de una epopeya de las letras inglesas. Robert Louis Stevenson jamás estuvo libre, ni siquiera un par de horas, de agudos dolores en todo su cuerpo y de una tos seca, desagradable. Sufría fiebre y tuberculosis. Empero, escribió La isla del tesoro, además escribió relatos excitantes y humorísticos.
Annette Kellerman y George Jowett también son ejemplos de determinación ya que lograron sobreponerse a sus discapacidades físicas. Annette Kellerman era coja y enfermiza y no quería compasión. Simplemente deseaba un cuerpo perfecto. Entonces, con firme determinación, ejercicio y tratamiento profesional, desarrolló un cuerpo perfecto. Se la juzgo como una de las mujeres más perfectamente desarrolladas del mundo. Llegó a ser campeona mundial de zambullida. George Jowett aunque era un tímido niño cojo y débil, igual que Annette, decidió que la determinación era más positiva que la compasión. Y estaba en lo cierto. En vez de compungirse por su estado físico, cargó y recargó su mente y su cuerpo con determinación y lo que ocurrió fue que en diez años llegó a ser el hombre más fuerte del mundo. Con determinación se puede lidiar con infinitas limitaciones físicas, sociales y mentales. Hay que determinarse y sacar del camino los escombros. Hay que sortear los obstáculos. Hay que mirar hacia delante. Hay que ir hacia delante.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Los que viven quejándose.


El mundo es lo que nosotros pensamos que es. Si pensamos que es un buen lugar para vivir es un buen lugar. Así pues, si pensamos que es un mal lugar y pensamos en todo lo que no tiene sentido y no vale la pena, ciertamente convertiremos el mundo en algo totalmente nefasto. La queja es una mala actitud. Muchos creen que por transitar por una mala circunstancia tienen el derecho a quejarse por todo, creyendo erráticamente que con esto cambiar las cosas. Hay veces que la queja es legítima, pero otras veces se quejan por el simple hecho de hacerlo. Lo cierto es que la queja no cambia nuestra situación, pero si cambia nuestra reacción ante la adversidad. El que se queja constantemente en vez de solucionar los problemas, los empeora. El sabio es aquel que no se queja sino que procura la solución de los problemas. Indudablemente hay múltiples circunstancias y situaciones que se nos escapan de las manos y no podemos controlarnos. Entonces, la queja implica el no saber que pueden surgir eventualidades que no podemos controlar y que nada dura para siempre. Los que tienen el sentido común desarrollado entienden y comprenden que no podemos resolverlo todo y que hay cosas que podemos hacer y otras que no. Quejarse es menospreciar las circunstancias que nos brinda la vida. Quejarse es complicarse y complicar a los demás.
Si llueve porque llueve, si hay sol porque hay sol. La queja les encuentra el lado malo a todas las cosas, personas, circunstancias. Indefectiblemente la queja no resuelve nada. Como dijo alguien, la queja trae descrédito. El quejoso es un criticón, un pesimista, un idólatra de lo malo, lo feo, lo oscuro. Si queremos disfrutar de la vida no debemos quejarnos. Hay que mirar lo positivo. Siempre hay algo bueno. Hay cosas que valen la pena. Hay cosas que se pueden cambiar. Hay cosas que pueden mejorar. Por todo esto debemos despojarnos de las quejas, los lamentos, las protestas. Ver la vida con buenos ojos y sacar lecciones de vida de las adversidades, es saber separar lo que nos sirve de lo que no vale la pena. Podemos cumplir nuestras responsabilidades sin quejarnos, disfrutándolas. Podemos cumplir con nuestras obligaciones llevándolas a cabo con entusiasmo, esmero, ganas. No tiene nada de malo aceptar las cosas que no podemos cambiar. Las cosas son como son. Las personas son como son. Supera los escollos que se presenten en tu camino y sigue adelante. Trata de estar mejor. Davanzati dijo: “En las cosas difíciles se emplea el valor”. Monti también dijo: “La firme constancia queda vencedora de todo desastre”.


Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

El camino de la sencillez.


“Un puñado de vida buena vale por un bushel de erudición”, dijo George Herbert. He leído muchos libros y he hablado con personas inteligentes, instruidas, capaces, pero las personas de buen corazón superan a todas estas personas. En el corazón de las personas sencillas residen los valores. Las personas de buen corazón son las más extraordinarias. De individuos comunes, considerados por muchos, ignorantes, incultos, pobres, he escuchado las cosas más profundas. No es mi intención menospreciar al que sabe o entiende algo. No digo que este mal instruirse o adquirir algún tipo de conocimiento. Lo que digo es que a veces los conocimientos nos dividen, nos separan y nos convierten en feroces animales individualistas. A veces las respuestas a las preguntas fundamentales se hallan en la sencillez de los valores. No hace falta teoriza o dar una conferencia sobre axiología sino que simplemente practicar los valores dice mucho de una persona, tal vez lo dice casi todo. Mientras muchos buscan solucionar sus problemas de formas sofisticadas las personas sencillas resuelven sus problemas sencillamente aún en las circunstancias más aciagas. Somos sabios cuando valores la sencillez del corazón por sobre todas las cosas. La intelectualidad no dice nada de una persona. Hay personas muy listas que no saben lo que es el amor. Por esto el camino de la sencillez generalmente es transitado por personas que no tienen muchos estudios ni están atados por el individualismo y la competencia utilitarista. Lo extraordinario reside en el camino de la sencillez.
Actualmente se cree que una persona es exitosa si tiene dinero, poder, progreso externo. De esta manera es fácil sobresalir ya que con el solo hecho de ser corrupto podemos convertirnos en personas ricas, exitosas. Total los valores no importan. El que intenta hacer las cosas por derecha es probable que no logre ganar mucha plata, salvo que cobre una herencia o saque el prode. La realidad es que el éxito que tiene que ver con la superficie es progreso exterior, simplemente es una cáscara. Lo correcto seria medir a las personas por la sencillez y por el hecho de los valores que ponen en practica. Los hombres con valores son los que deberían impartir la justicia. Pero lo cierto es la justicia hoy por hoy no es justicia sino que la balanza se inclina a favor del mejor postor. Los valores hacen que las personas sean sencillas y de buen corazón. “Los valores morales, dijo Hume, son sociales y universales. Constituyen el partido de la humanidad contra el vicio y el desorden, su enemigo común”.
De Epicteto se cuenta que al recibir la visita de un brillante y reconocido orador, que iba a Roma a actuar en un proceso, pero que deseaba conocer antes algunas ideas de la filosofía del estoico. Epicteto recibió fríamente a su visitante porque no creía en su sinceridad.
-Lo único que pretendes es criticar mi estilo-le dijo-, no conocer nuevos principios.
-Bien-repuso el orador-,pero si me atengo a ellos no seré más que un simple mendigo como tu, sin hacienda y sin tierras.
-No las necesito-replicó Epicteto-,y además, eres más pobre que yo, después de todo. Dueño o no dueño, ¿qué te importa? Tu te preocupas. Soy más rico que tu. Yo no me preocupo de lo que el César piensa de mi. Yo no adulo a nadie; he ahí lo que tengo, en lugar de tu vajilla de plata y oro, tienes vasos de plata y oro, pero razones y principios y apetitos de barro. Mi mente es para mi un reino y me provee de abundancia y dichosa ocupación en lugar de tu empecinada ociosidad. Todos tus bienes me parecen pequeños pero los míos me parecen grandes. Tu deseo es insaciable y el mío esta satisfecho. Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Miguel Ängel: una historia de superación personal.


Miguel Ángel nació en 1496 y murió en 1501. Fue escultor, escritor, pintor, arquitecto y vivió hasta los 89 años. Y en esa edad, siguió escribiendo, pintando y esculpiendo. En aquella época la gente vivía apenas 60 años. Pero Miguel Ángel estuve por encima de la esperanza de vida de sus contemporáneos. Lo que pasa es que el gran artista vivía en constante actividad y siempre se fijaba nuevos objetivos. Nada ni nadie lo amedrentaban. Trabajaba todos los días. Seguramente muchas personas no creían en él ni le daban importancia a su obra pero pese a todo, él jamás presto atención a las voces negativas sino que avanzó y enarbolo su indeleble obra artística. Era un genio.
Fue perseguido por individuos que lo envidiaban la mayor parte de los días de su vida. Fue víctima de calumnias, malas opiniones, crueles críticas, pero hizo caso omiso de marco de maldad que lo rodeaba y siguió hacia delante. En una ocasión le preguntaron como hacia sus esculturas y simplemente respondió: “Le quito lo que sobra”. Fue envidiado por nobles vulgares, clérigos y gente sórdida de toda laya que no simpatizaban con él ni comprendían su genialidad. Cuando pablo IV condenó parcialmente su obra El juicio final, el artista observó que el papa haría mejor si se ocupara de corregir los desordenes y las indecencias que afligen al mundo en vez de dedicarse a criticar un arte fuera de lugar.
Miguel Ángel es uno de los artistas más importantes de todos los tiempos. Cuando uno mira sus esculturas queda paralizado ya que el tamaño, majestuosidad y perfección de sus obras escultóricas es memorable e incólume. El espíritu que parece salir de las esculturas nos dice claramente que el maestro aspiro a llegar muy lejos. Y recordando altas aspiraciones tengamos en cuenta la Capilla Sextina. Este gran artista tardó cuatro años en pintar la bóveda, tendido hacia arriba sobre un andamio, entre los años 1508 y 1512. Fue un proyecto que muchos artistas de su época consideraban imposible de realizar. Sin embargo, Miguel Ángel lo logró. Sus obras pictóricas, literarias y escultóricas, son un paradigma de objetivos bien definidos. Hizo cosas imposibles. Materializo sus pensamientos y sus emociones. En aquella época muchos seguramente señalaron sus limitaciones y defectos, pero él confió y consolido sus dones y talentos, llevando a cabo una obra monumental. El sabía que su vida era una manifestación de Dios. Sus esculturas muestran su dominio del desnudo masculino y su particular visión del mundo divino. La biografía de Miguel Ángel es un paradigma de superación. Cuando algo se haga imposible de realizar, lo único que debemos hacer para motivarnos en pensar en el arrugado Miguel Ángel que a sus 89 años seguía trabajando y haciendo cosas increíbles. Recordemos lo que dijo Albert Einstein: “Los grandes espíritus siempre han encontrado oposición en las mentes mediocres”. Y Theodore Roosevelt también dice: “Haz lo que puedas, con lo que tengas, estés donde estés”.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

El verdadero progreso.


“Las invenciones de los hombres van avanzando de siglo en siglo. La bondad y la malicia del mundo en general continúan siendo las mismas”, dijo Pascal. Progresar a mejorar, ir hacia delante, avanzar. Toda persona, de una u otra forma, aspira a ser mejor. Alejarse de la mediocridad y el conformismo es la meta de los hombres superiores. Ahora, todo progreso humano sino no mejora a las personas en lo económico, social, familiar y espiritual no es verdadero progreso. Digo esto porque muchas personas que conozco pusieron énfasis en lo material y dejaron de lado la familia, entonces adquirieron bienes materiales pero en lo afectivo fracasaron. El verdadero progreso debe estar vinculado a las virtudes y la axiología racional. El verdadero factor progreso se encuentra en el amor. Los esfuerzos constantes, en todas las áreas de nuestras vidas, sin descuidar ninguna, producen el éxito que tanto deseamos. Obviamente sin trabajo no se logra nada. El cumplimiento de los objetivos implica sudor y muchas veces lágrimas. Desde el primer instante en que el primer hombre fue creado se le ordenó pensar, trabajar. Las ocupaciones nos construyen. Cierto que algunas trabajos son más duros que otros, pero en fin, hay que trabajar ya a esto vinimos al mundo. A trabajar. Si deseamos avanzar debemos movernos, mirar el horizonte, mirar las estrellas. Si pretendemos que las cosas nos salgan bien y las llevemos a cabo, debemos pensar, luchar, idear, planear, diagramar, prever, señalar, soñar, desear, anhelar, determinar, pensar en lo que podemos llegar a ser. Progresar es cuidar todas las áreas de nuestras vidas. “El progreso consiste en renovarse”, afirmó Miguen de Unamuno.
“Si bien el progreso humano, el progreso del saber humano, cual caída de los cuerpos graves, adquiere por momentos mayor celeridad, es empero, muy difícil que suceda que una misma generación de hombres cambie de sentencias o conozca los propios errores de modo que crea hoy lo contrario de lo que creyó en otro tiempo”, escribió Leopardo, El parím. A la hora de buscar proyectos seguramente tendremos que lidiar con limitaciones, circunstancias, obstáculos, inconvenientes, y tal vez, tardemos años en concretar las metas, pero eso es normal en el camino del progreso. Avanzar cuesta trabajo. Seguramente nos cruzaremos con tristezas, alegrías, necesidades, abundancias, múltiples eventualidades, pero podemos seguir adelante. Cuando se cree se puede. No hay que ver para creer sino creer para ver. Nuestra inteligencia debe estar preparada para simplificar, resumir, ver las cosas con claridad. Los detalles son importantes. Todas las áreas de nuestras vidas son importantes. No debemos descuidar nada. Debemos separar lo accesorio de lo importante. Por algo dijo Tommaseo que el progreso es una escala de desengaños. Muchas veces las circunstancias serán contrarias pero no obstante, nada debe impedirnos avanzar hacia la realización de las metas preestablecidas. Buscar el verdadero progreso consiste en buscar las herramientas para vivir en armonía con Dios, con uno mismo y los demás. Esto es progreso. “No existe una mejor prueba del progreso de una civilización que la del progreso de la cooperación”, dijo
John Stuart Mill , Filósofo y economista inglés.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Esculpiéndonos a nosotros mismos.


No nacemos. En realidad nos vamos haciendo. Las personas no se comportan de una manera predeterminada y tienen un día fijado donde van a morir. Nos vamos haciendo entre senderos que se bifurcan. Nada es azar. Nada sucede porque si. Todo tiene un propósito de ser, de existir. Con decisiones vamos configurando nuestras vidas, nos vamos esculpiendo a nosotros mismos. No somos robot que transitamos la realidad mecánicamente. El comportamiento de una persona esta condicionado por los pensamientos que cultiva. Nuestro destino no esta determinado, somos seres indeterminados. Disponemos de libre albedrío, de libertad, elegimos, aceptamos y renunciamos a muchas cosas. La vida es un camino zigzagueante. No es fácil caminar, tampoco es difícil, simplemente hay que pensar antes de actuar. Los pensamientos son la antesala de la acción.
Las bestias viven por instinto, se puede decir que viven determinadamente. En cambio, nosotros los seres humanos vamos dándonos forma y vamos improvisando respuestas a las preguntas que se nos presentan, algunas veces encontramos las respuestas tan tardíamente que cambian las preguntas nuevamente y tenemos que volver a empezar. Las bestias mueren y no se percatan en que consiste dejar de vivir. No se hacen preguntas existenciales, simplemente viven hasta que sus cuerpos dejan de funcionar, y su corazón deja de latir. Pero nosotros somos conscientes del paso del tiempo, envejecemos y sabemos que algún día tendremos que lidiar con el enemigo llamado muerte. Dios creó este mundo con leyes, leyes que rigen el universo, el mundo, nuestras vidas. Si quebrantamos esas leyes funcionamos mal o dejamos de funcionar. Hay causas. Hay efectos. Hay comportamientos. Hay bondad. Y hay maldad. Y simplemente debemos elegir entre alternativas, entre diversos caminos. Los caminos trillados no existen. Hay que trillarlos, trabajarlos. Y sembrar las semillas que elijamos. “La mayor sabiduría que existe es conocerse a uno mismo”, sentenció
Galileo Galilei.
Reinhol Nieburhr, principal teólogo protestante norteamericano de los cuarenta y cincuenta, escribió al referirse a las camaleónicas cosas de la vida una famosa oración que el grupo de Alcohólicos Anónimos adoptó como lema: “Dios, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, coraje para cambiar las cosas que puedo cambiar y sabiduría para conocer la diferencia”. Aunque somos quienes nos vamos esculpiendo nosotros mismos debemos tener en cuenta que tendremos que lidiar con eventos, circunstancias que muchas veces se nos escaparan de las manos como agua entre los dedos. Cuando uno se cree más seguro y cree que lo tiene todo bajo control, entonces suceden imprevistos. Vamos aprendiendo. Con sabiduría y valentía vamos viviendo. Shakespeare dijo que el conocimiento se debe a experiencias sangrientas. La sabiduría proviene tanto de las buenas como de las malas experiencias. De todo podemos aprender. Y de todo podemos sacar enseñanzas que nos ayudan a esculpirnos a nosotros mismos. “No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer”, dijo Johann Wolfgang Goethe.

Julio César Cháves
escritor@yahoo.com.ar

Aprendiendo a querer.


“Querer no es difícil, lo complicado es querer al otro en calidad de otro, ¡y que su bien sea el mío. No digas amor. Hacélo, confeccionálo”, dijo Jaime Barylko en su ensayo Para quererte mejor. Necesitamos amar y ser amados. Y amar no es fácil ya que hay que dejar de ser egoísta, mezquino. Para amar bien hay que dejar de pensar en uno mismo y pensar en el otro. Como somos seres indeterminados, incompletos, necesitamos aprender a expresar nuestros sentimientos. El proceso para aprender a expresar nuestras emociones y sentimientos a los demás no es fácil, pero se aprende si queremos dejar de ser individualistas. Amar a los demás es una lucha diaria, implica abnegación, sacrificio, trabajo, corazón y cabeza. A veces somos demasiado individualistas y nos preocupamos tanto por nosotros mismos que no podemos amar. ¿Si no miramos fuera de nuestra piel como nos vamos a dar cuenta que el otro esta delante de nosotros?
Jaime Barylko, autor de Envidias, sueños y amor, dice: “Toda nuestra vida es educación. Vivir juntos es educarnos recíprocamente. Amar es realizar el esfuerzo superior, el más alto y el más noble. No puedo modificar al otro, no quiero que me modifiquen. ¿Entonces qué? Controlarnos, renunciar de vez en cuando, siempre será imposible, a egoísmos disfrazados de defensa de la autenticidad, de las ideas o de los principios”. Nadie debe cambiar a nadie, simplemente hay que respetar la idiosincrasia de los demás. Amar es eso. Darse conocer tal cual uno es. Sin máscaras. Sin cosas que ocultar. Al fin y al cabo, siempre aparece la verdad de lo que somos. No podemos ocultarnos. Siempre sale a luz lo que somos, salen a luz nuestras intenciones, nuestra actitud. Amar es convivir en un mundo de diferencias, diferentes personalidades, familias, culturas, puntos de vista, reflexiones, tolerancias y límites. Hay virtudes y defectos, pero debemos valorar las virtudes ya que si ponemos nuestros ojos con una lupa sobre los defectos podemos terminar separados, aislados, solos. Hay que dejar de ser egoístas. Eso es amor.
No podemos oscilar entre el amor y el odio. No podemos complicar a los demás con nuestras confusiones. El verdadero amor es ético, responsable, y toma en serio al otro. El verdadero amor sin responsabilidad no existe. Una vida con propósito es una vida con buenos sentimientos, con buen corazón. El amor nos hace únicos, irrepetibles, nos hace salir hacia el otro, fuera de nuestras conveniencias personales. Somos únicos. Soy único. Sos única. Esto es el mundo. Noto tu presencia. Y si dejamos de ser egoístas, narcisistas, vamos a encontrarnos y surgirá esa chispa divina llamada amor. “Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad”, dijo
Gottfried Wilhelm Leibniz, Filósofo, físico y matemático alemán.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Administrando nuestro tiempo.


“Es absolutamente necesario tener la habilidad de gestionar bien el tiempo”, escribió Patrick Forsyth, en su ensayo Cómo administrar bien el tiempo. El tiempo corre a un ritmo trepidante. Podemos decir nuestro tiempo es lo más valioso de nuestras pertenencias. Avanzamos en la vida, empujados por el reloj. El tiempo transcurre y surte su efecto sin piedad, envejece nuestros rostros, nuestros ojos pierden visión, y poco a poco nos vamos deteriorando mientras las agujas del reloj giran sobre su eje. Administrar sabiamente nuestro tiempo quiero decir que cuidamos nuestra vida. Somos tiempo. Y llenar de sentido las veinticuatro horas del día es imprescindible si queremos cultivar una vida con propósito. Hay muchos ladrones del tiempo. Las malas ocupaciones es uno de los ladrones. Otro de los ladrones del tiempo son las malas compañías. El ocio malgastado también es un ladrón del tiempo. Nuestro tiempo vale oro, y cuidarlo es cuidarse a si mismo. Hacer una buena gestión del tiempo es necesario si queremos cumplir con todos nuestros deberes, responsabilidades y obligaciones a término y asertivamente.
En vez de quejarnos por el paso de los años, debemos empeñarnos en desarrollar un proyecto de vida coherente, que incluya todas las áreas de nuestra vida. Las experiencias vividas ya nos dieron sus frutos, pero ahora debemos concentrarnos en el presente. Cuando administramos nuestro tiempo estamos administrando nuestra biografía. Seleccionar las cosas importantes y darles prioridad, dejando en segundo lugar las cosas accesorias y de menor interés, es una decisión inteligente y pone en evidencia una buena instalación en la realidad. Planear, programar los encuentros con otras personas, poner horarios, fijar días, ser puntuales, hace que respetemos en tiempo propio y de los demás. Cuidar el tiempo es ser oportuno, pertinente. Thomas Mann, el famoso escritor alemán, autor de la novela La montaña mágica, dijo refiriéndose al tiempo: “¡Sujeta bien el tiempo! Protégelo, vigílalo, cada hora, cada minuto, si no lo tienes en cuenta se desvanece. Considera sagrado cada momento. Dale a cada minuto su significado, claridad, el peso de su atención, a cada minuto dale su merecido y verdadero logro”.
El tiempo es nuestro mayor capital humano. Tengamos hábitos ordenados. No posterguemos. Terminemos lo que empecemos. Seamos puntuales, responsables, pertinentes. Establezcamos objetivos, metas, horarios fijos y determinados para nuestros compromisos interpersonales. Seamos decididos. Organicémonos. Programemos. Gestionemos. Ordenemos. Seamos detallistas. El Dr. Horacio Krell, Director de ILVEM, métodos de estudios, finalmente dice: “No es justo quejarse por la falta de resultados cuando no se fijan metas claras. El tiempo futuro no debe ser una proyección de tendencias del pasado sino la expresión del deseo proyectado en imágenes multisensoriales. La visualización creativa del objetivo motoriza áreas emocionales que destraban el bloqueo al que a menudo somete la lógica del hemisferio izquierdo dominante en nuestra cultura. Durante la jornada la creatividad disminuye ya que se impone una manera de obrar adaptada a las circunstancias. Durante el sueño, el aparato crítico dominante durante la vigilia se reprime y la libertad del inconsciente permite el acceso de los pensamientos originales. Además, cuando el futuro se diseña en base a decisiones conscientes la vida adquiere un sentido creador. En lugar de ser hojas arrastradas por el viento nos convertimos en los arquitectos de nuestro propio destino. Para ello hay que invertir en la planificación de una agenda flexible y estratégica.”

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Cultivando buenos hábitos.

“Adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta”. Somos un conjunto de hábitos. Después de practicar una acción por bastante tiempo, nuestro comportamiento se hace costumbre. Lo que hacemos, repetidamente, nos configura como personas. Alguien dijo que debemos cultivar aquellos hábitos que deseamos que gobiernen nuestras vidas. La formación de una conducta ordenada, rigurosa, exhaustiva, es una cuestión de decisión personal. Reflexionar antes de hacer algo es considerar el carácter de repercusión a corto y a largo plazo el poder de nuestras acciones. El desarrollo de una conducta programada esta sujeta al aprendizaje. Podemos aprender a mantener una conducta coherente, diagramando con anterioridad lo que vamos a hacer. Después de un tiempo de repetición de cierta acción, este comportamiento consciente comienza a ser parte de nuestro, y hacemos lo que venimos haciendo si esfuerzo, con voluntad, perseverancia y proyección. Cultivar buenos hábitos contribuye a que funcionemos asertivamente en relación con nosotros mismos y los demás.
L a práctica repetida de las virtudes dispone nuestra vida a la felicidad y la alegría personal. El dominio propio y los buenos pensamientos son las características de una persona madura. Quien no tiene hábitos y es como las olas del mar que son arrastradas de un lado a otro por el viento, no saben que quieren y no deciden por si mismos, siendo esclavizados por las pasiones y los vicios. Nuestra personalidad es el resultado de nuestros hábitos. Proponerse una dirección y establecer objetivos fijos, articula nuestro accionar, instalándonos en la realidad de modo tal que saquemos provecho de nuestras elecciones. Somos seres racionales, es decir, nos conducimos de forma consciente, participando activamente en la construcción nuestra personalidad. Muchos dicen que las personas si son de una manera ya no pueden cambiar. Lo cierto es que cambiando los hábitos modificamos nuestra forma de ser. Según dicen los psicólogos podemos cambiar un hábito si hacemos algo por un período de veintiún días. Entonces lo que estamos haciendo se adhiere a nuestra conducta inconsciente, dejando establecido ese accionar en nuestro comportamiento consciente. Podemos programarnos. Sé que nos podemos equivocar a veces es necesario ser espontáneo, sino seríamos máquinas, pero programar nuestras cosas es importante, pues como dije antes, somos un conjunto de hábitos. Todos podemos mejorar nuestra manera de vivir mejorando nuestros hábitos. Nuestros hábitos necesitan un mantenimiento diario. Nunca debemos perder de vista que somos lo que somos en el presente debido a lo que pensamos el día de ayer. Visualizar nuestra accionar antes de movernos socialmente resulta constructivo para nosotros y las personas que nos rodean. Somos producto directo de nuestros hábitos.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

El dominio propio.


El dominio propio es tan importante como el coeficiente intelectual. Muchas personas son tremendamente inteligentes pero ante la menor dificultad pierden los estribos, cambia su humor y complican aún más su situación porque no tienen autocontrol. Séneca estimaba mucho el dominio de uno mismo, y lamentaba que las personas dejaran esclavizar por sus propias pasiones. Las personas con dominio propio sacan provecho de las dificultades. En vez de complicar las cosas, las solucionan. Soportan las adversidades con una sonrisa en los labios. Miran hacia delante, sin afligirse, sin mirar los pasados fracasos, sin inquietarse ni desesperarse ni gastan pólvora en chimangos. Encuentran luz en la más densa oscuridad porque sabe donde mirar, porque las circunstancias, aunque son reales y tal vez muy feas, no los influencian sino que los fortalecen. Las pruebas los hacen más fuertes.
Jeremías Taylor es un claro de ejemplo de dominio propio. Un día lo perdió todo. Perdió su casa, sus bienes fueron secuestrados, y sus familiares fueron arrojados a las calle. Sin embargo, cuando todo esta gris y la circunstancia era totalmente desagradable, escribió: “He caído en manos de publicanos y secuestradores, que me han quitado todo. ¿Y qué? Dejadme mirar la luna, una esposa amante, y muchos amigos para compadecerme y algunos para ayudarme; y aún puedo razonar, y que yo sepa, no me han robado mi aspecto alegre, mi espíritu divertido, y una conciencia recta; me han dejado también la providencia de Dios y las todas las promesas de los evangelios y mi religión y mis esperanzas del cielo y mi piedad por ellos; también todavía duerme y digiero, como y bebo, leo y medito. Y el que tiene tantos y tan grandes motivos de goce y ama tales dichas, si se inclina hacia el pesar y el mal humor, es que prefiere arder a fuego lento.
Los problemas se pueden presentar de múltiples formas pero nada debe hacernos cambiar nuestra actitud positiva. En medio de las lágrimas debemos sonreír. En medio de los escases debemos valorar lo que tenemos. En medio del odio debemos amar, incluso a nuestros enemigos. Siempre se puede mejorar si uno tiene dominio propio y sabe lo que quiere. Desesperar no sirve de nada, no cambia nada. Guardar resentimiento nos daña el corazón. El dominio propio es la clave para disfrutar de la vida. Un individuo sin voluntad es incapaz de gobernarse a si mismo. Las circunstancias hacen con él lo que quieren. La búsqueda de los intereses propios, la mezquindad y el excesivo ensimismamiento atentan contra el dominio de uno mismo, obnubilando los pensamientos con proyección a corto y a largo plazo. Uno debe ser consciente de las limitaciones y debilidad, pero al mismo tiempo debe fortalecer sus virtudes, sus puntos fuertes para su aspecto débil también se vaya fortaleciendo. En el dominio propio se halla la libertad de pensar antes de actuar, se la halla la libertad para cambiar la realidad y darle la forma que se desea. Shakespeare dijo: “El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho”.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Basta de caretas, hay que ser uno mismo.



No sirve de nada ser una fotocopia de otras personas. A menudo observo que muchos adolescentes y jóvenes adoptan comportamientos de estrellas de rock o de sus ídolos mediáticos y se comportan, hablan y se visten como ellos. En vez de ser ellos mismos, copian la idiosincrasia ajena. Otros también como no saben quienes son construyen sus vidas sobre las arenas movedizas del materialismo. Piensan llegar el tener al ser, cuando en realidad es al revés. Hay que ser, después tener. Las posesiones materiales no tienen nada de malo, siempre y cuando no se dependa de ellas para ser feliz. Ciertos individuos se sienten felices únicamente por medio de la ostentación, el exhibicionismo, el caretaje, las apariencias. La mirada del otro no tiene porque condicionarnos. Sé que necesitamos ser aceptados y reconocidos, pero ser uno mismo es más importante que la fama, el reconocimiento y el aire de superioridad. Las caretas nos alejan de nosotros mismos. Dios nos creo con unicidad. ¿Qué pasaría si todos perdiéramos nuestras tenencias, cosas, posesiones? El Dr. Jaime Barylko en su ensayo En busca de uno mismo, dice: “Un pobre es desdichado porque lo que tiene ha de invertirlo en el ser. Un rico es feliz en cuanto tiene para tener. Ese es el supremo ideal de la cultura contemporánea: tener para tener. La angustia estalla cuando las tenencias desaparecen. La muerte de un ser querido es una pérdida de cosa, una traición, una falla, una culpa. Del que se fue, por cierto. Eso que da tanta seguridad, una tenencia, es absolutamente inseguro. La angustia es el caldo de cultivo de la cultura”. El que procura conocerse a si mismo es el verdaderamente inteligente. El que cultiva sus valores, enriquece su personalidad, vive su propia biografía y no pide capítulos prestados,
es quien es verdaderamente un ser auténtico. Cuantos más originales no sentimos entendemos que no sirve de nada compararse, envidiar, celar o tratar de competir estupidamente con todos. Pensar como los demás, adular y dar siempre la razón, no quiero decir que nos acepten. A veces cuanto más tratamos de agradar caemos mal. Es que ser tal cual uno es, es lo mejor que podemos hacer. Cuantos más dueños nos sentimos de nuestra propia vida, menos necesitamos imponer, dirigir y controlar a los demás. Empieza a pensar, a sentir, a decidir por ti y asumir virtudes, tus defectos, tus puntos débiles y tus puntos fuertes. Hay que manifestar las propias ideas, convicciones, creencias. Una canción de César Banana Pueyrredón, cuenta: “Si me ves volando contra el viento es que siempre digo lo que siento,Quiero ser así y dar lo mejor de mí.Yo quiero ser así como me gusta ser aunque sé que me queda mucho que
aprenderY me ves volando contra el viento porque siempre digo lo que sientoQuiero ser así y dar lo mejor de mí.Yo quiero decidir por dónde debo andar porque siempre habrá un camino que intentarAunque tengo mi piel herida por las piedras que hay en la vidaSeguiré igual y no me rindo jamás, no me rindo.Lo importante es ser uno mismo, ser uno mismo, bien transparente y sin disfraz.Lo importante es ser uno mismo, ser uno mismo, bien transparente y sin disfraz. Yo quiero darte al fin lo que yo puedo dar y prefiero no prometerte nada másNo me pidas una respuesta y esta noche ven a mi fiestaDéjame cantar, siento que es mi lugar, mi destino...”.


Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Las consecuencias de nuestros actos.


Somos lo que hacemos de nuestras vidas. Lo que hacemos o dejamos de hacer conduce a consecuencias. Con nuestras decisiones vamos escribiendo los capítulos de nuestra biografía. Cuando una persona cambia, cambia también todo lo que le rodea. Los buenos actos producen buenos frutos, y los malos actos producen consecuencias tristes. Por esto hay que ver las cosas con claridad. Muchas cosas de las que hacemos siguen funcionando aún después de nuestra muerte. Tomemos el caso de grandes personajes de la historia humana que aún después de partir a la eternidad dejaron huellas indelebles en las vidas de las generaciones siguientes. Somos parte de múltiples relaciones interpersonales donde nos perciben y somos percibidos. En efecto, nuestros actos no solo nos afectan sino que también afectan nuestro entorno. “Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia” escribió Paulo Coelho. Entender que nuestros actos implican una caterva de consecuencias, nos hace darnos cuenta de la magnitud de la nuestra responsabilidad. Tenemos libre albedrío. Tomamos decisiones. Elegimos una cosa y rechazamos otras. Dios ha establecido leyes morales, éticas, axiológicas, que debemos acatar si pretendemos ser razonablemente felices. Lo que hacemos en el presente modifica nuestra realidad actual y al mismo tiempo, modifica nuestro futuro. Quizá no advertimos lo que será de nuestra vida más adelante en el camino de la vida, pero debemos ser conscientes de esto ya que muchas consecuencias pueden ser totalmente desastrosas, calamitosas. Nuestros actos dan una enseñanza silenciosa. A través de los actos alcanzamos la felicidad o la desgracia. Todo depende directamente de lo que elijamos. La escritora española Rosa Montero dijo que “todos llevamos nuestra posible perdición pegada a nuestros talones”. Muchos hacen cosas sin pensar y luego se lamentan. Cierto que nadie es perfecto ni puede serlo, pero si pensamos antes de hacer algo podemos evitar muchos dolores de cabeza. Cultivar los buenos actos es indispensable si pretendemos desarrollar una biografía plagada de capítulos de dicha. Vale recordar que “el mundo entero se aparta del camino cuando ve a una persona que sabe a donde va”.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Cuando hablamos con el silencio.


Un proverbio Galense dice que en la boca de los bienaventurados hay siempre una lengua de oro. Lamentablemente la mayoría de la personas utilizamos las lenguas con el objeto de lastimar, herir, criticar y muy de vez en cuando, decimos cosas constructivas y edificantes. Algunos hablan ligeramente y después se arrepienten de lo que dijeron. “Sé mudo, afirmó Pitágoras, y di algo mejor que el silencio”. ¡Cuantas pavadas decimos! Decir las cosas de modo pertinente, asertivo, es una cualidad de personas ubicadas, respetuosas, afables. Incluso la verdad hay que saber decirla. Fray Luís de León es un ejemplo de control de la lengua ya que este reconocido y distinguido poeta del siglo XVI, permaneció durante varios años enteros en la calabozos de la inquisición, sin ver siquiera un pequeñito rayito de la luz de día y sumido en total soledad, acusado injustamente de haber traducido parte de las sagradas escrituras a su idioma. Cuando se lo puso en libertad y se le devolvió su cátedra, una inmensa multitud aguardaba su primera lección y esperaba oír algo vinculado con su prolongado y terrible confinamiento; pero el gran poeta era sabio y prudente como para incurrir en recriminaciones. Reanudó tranquilamente su vida y siguió el curso que cinco años antes había sido interrumpido, con la sabia y acostumbrada fórmula: “Como decíamos ayer…”.
Las palabras oportunas dicen mucho del carácter de una persona. El silencio en ocasiones dice mucho más que lo que podamos decir. Como dice un famoso cantante, hay cosas que no se cuentan y se guardan en los corazones. Salomón dijo que la boca de un hombre sabio esta en su corazón y el corazón de un loco esta en su boca. Los indios saben mucho de la importancia del silencio. En su libro Ni lobo ni perro. Por senderos olvidados con un anciano indio, Kent Nerburn cuenta: “A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca”. El lenguaje del silencio es muy expresivo. Si en vez de teorizar sobre el amor lo practicáramos esta sería una sociedad totalmente diferente. Los que hablan demasiado tendrían que hacerse amigos de un mimo que seguramente les explicaría el poder de las expresiones corporales, las gesticulaciones, las miradas, etc. Antes de hablar debemos pensar. Y también debemos tener en cuenta que con nuestros silencios también decimos cosas. “La palabra es plata y el silencio es oro”, dice un
Refrán.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar