domingo, 4 de marzo de 2007

Cuando hablamos con el silencio.


Un proverbio Galense dice que en la boca de los bienaventurados hay siempre una lengua de oro. Lamentablemente la mayoría de la personas utilizamos las lenguas con el objeto de lastimar, herir, criticar y muy de vez en cuando, decimos cosas constructivas y edificantes. Algunos hablan ligeramente y después se arrepienten de lo que dijeron. “Sé mudo, afirmó Pitágoras, y di algo mejor que el silencio”. ¡Cuantas pavadas decimos! Decir las cosas de modo pertinente, asertivo, es una cualidad de personas ubicadas, respetuosas, afables. Incluso la verdad hay que saber decirla. Fray Luís de León es un ejemplo de control de la lengua ya que este reconocido y distinguido poeta del siglo XVI, permaneció durante varios años enteros en la calabozos de la inquisición, sin ver siquiera un pequeñito rayito de la luz de día y sumido en total soledad, acusado injustamente de haber traducido parte de las sagradas escrituras a su idioma. Cuando se lo puso en libertad y se le devolvió su cátedra, una inmensa multitud aguardaba su primera lección y esperaba oír algo vinculado con su prolongado y terrible confinamiento; pero el gran poeta era sabio y prudente como para incurrir en recriminaciones. Reanudó tranquilamente su vida y siguió el curso que cinco años antes había sido interrumpido, con la sabia y acostumbrada fórmula: “Como decíamos ayer…”.
Las palabras oportunas dicen mucho del carácter de una persona. El silencio en ocasiones dice mucho más que lo que podamos decir. Como dice un famoso cantante, hay cosas que no se cuentan y se guardan en los corazones. Salomón dijo que la boca de un hombre sabio esta en su corazón y el corazón de un loco esta en su boca. Los indios saben mucho de la importancia del silencio. En su libro Ni lobo ni perro. Por senderos olvidados con un anciano indio, Kent Nerburn cuenta: “A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca”. El lenguaje del silencio es muy expresivo. Si en vez de teorizar sobre el amor lo practicáramos esta sería una sociedad totalmente diferente. Los que hablan demasiado tendrían que hacerse amigos de un mimo que seguramente les explicaría el poder de las expresiones corporales, las gesticulaciones, las miradas, etc. Antes de hablar debemos pensar. Y también debemos tener en cuenta que con nuestros silencios también decimos cosas. “La palabra es plata y el silencio es oro”, dice un
Refrán.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

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