
En la vida hay que elegir, decidir. Todos somos partícipes del arte de tomar decisiones. Cuesta decidirse por decidirse en definirse. Las decisiones producen efectos consecuentes. Hay que elegir y volver a elegir. Cuando elegimos un camino, nos despojamos de otro. Cuando elegimos algo, rechazamos otro algo. Las alternativas son abundantes. Y únicamente, cuando la vida concluye es cuando podemos calificarla realmente. A respecto, Jaime Barylko dijo: “Solo cuando la vida concluye se sabe qué fue el hombre, porque está terminado su período de existencia, y sólo entonces merece una calificación definitiva. Mientras vive, todo es pasajero, transitorio”.
En la vida hay que elegir, y eso es justamente lo que hizo el hijo pródigo, eligió…El hijo pródigo se dejó engañar por su propio corazón y por causa de eso, fue víctima de impúdicas decisiones, que ineluctablemente, lo condujeron a las consecuencias pertinentes de sus decisiones. El podría haber evitado zambullirse en ese mar de negativas consecuencias, pero sin embargo, siguió por su improvisada senda de egolatría y tenacidad terca. El hijo pródigo eligió su camino, pero se olvidó de lo que dijo Salomón: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caía la altivez de espíritu”. (Pro. 16:18). El hijo pródigo le pidió al padre su herencia. El padre se la dio porque no es un padre autoritario. Este muchacho quería conocer el mundo, los placeres, las mujeres, él quería explotar tanto la noche como el día. Quería disfrutar la vida a su manera, para ser más preciosa. Por otro lado, el hermano del hijo pródigo se quedó con su padre y le ayudaba en todo. Y la vida seguía su rumbo…
Sin embargo, al hijo pródigo le empezaron a salir las cosas mal y la vida se le complicó, como se nos complica a todos en esta aldea global. Entonces, mientras comía con los cerdos, reflexionó: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”. El hijo pródigo, en principio, había elegido las mujeres, el vino, la noche, la joda permisiva. Después de un tiempo, él se dio cuenta que había abordado un camino equivocado, y debido a todo lo que le estaba pasando, volvió a elegir. Y esta vez eligió bien porque eligió a su padre, a su familia. Volvió a elegir y su padre también lo eligió de nuevo. Y finalmente, entre algunos contratiempos, todo volvió a ser como antes.
Hay que elegir, siempre teniendo en cuenta que las decisiones definen la vida. No somos robots. Somos humanos y amamos, sentimos y vivimos entre alternativas. Dios nos creó con libre albedrío. El nos dio corazón, alma y voluntad para decidir. Es por esto, que debemos decidir siempre de acuerdo a lo que dice la Biblia, pues esta es la mejor manera de darle forma a la vida. El Dr. José Ingenieros expresó lo siguiente respecto a las personas que quieren cosechar rosas: “No hay perfección sin esfuerzo: Solo pueden mirar al sol de frente los que osan clavar sus pupilas sin temor a la ceguera. Los mediocres jamás cosechan espinas por temor a las espinas”.
Julio C. Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar

En este mundo global, universalista, hay de todo. Tenemos pirámides, la Torre Eyffel, la estatua de la Libertad, el Arco del Triunfo, en definitiva, los juguetes nos sobran. Ah, también hay satélites de todas las nacionalidades. Y además, como si todo esto fuera poco, al compararnos con los egipcios, esos genios en matemáticas, arquitectura, y filosofía, somos indeciblemente superiores. A comparación nuestra, los egipcios son unos mediocres. Ellos no disponían de lo que poseemos nosotros. En su tiempo no había ni teléfonos celulares, ni Internet, ni computadoras. La nuestra, es una contemporánea brillante aldea global. Somos mejores, eso es al menos lo que aparentamos en toda la historia de la civilización humana.
Sin embargo, aunque parezca en apariencia que somos superiores, lo cierto es que somos más animales que todos los dictadores que nos antecedieron. Ante nosotros desfilan los políticos corruptos que pululan mentiras sin parar y nosotros conspiramos con nuestro silencio. Hoy por hoy, prevalecen los falsos profetas que tienen en su pecho el disti9ntivo del Show, que es el facilismo y la adulación sofismática. También hay “pastores”, entre comillas por si no te diste cuenta, que viven de los pobres y ,lo único que presentan en sus mensajes es un dios que se parece mucho al genio de la lámpara de Aladino, ya que solo hay que pedirle lo que uno necesite y al instante, tenemos, como por arte de magia, lo que necesitamos.
Todos pululan. Algunos utilizan la Biblia para sacarles a los pobres las últimas monedas que les quedan en los bolsillos. ¿Estos son verdaderos líderes? Por favor, no nos hagamos los ciegos. Es tiempo de que llamemos a las cosas por su nombre. El engaño es engaño, aunque luzca una hermosa envoltura. Argentina ha sido engañada. La gente común ha sido engañada. Los cristianos hemos sido engañados. ¿Quienes son los engañadores? Los políticos que dicen mentiras y se enriquecen ilícitamente. Los predicadores que en sus mensajes presentan a un dios sonriente y mágico, que no demanda de sus seguidores una conducta irreprochable, sino que por el contrario, lo único que demanda de ellos es una buena contribución al alfolí. Los falsos profetas que, como periodistas de espectáculo, gesticulan mensajes, humanamente inspirados en, que dicen que el mundo se va a complicar para todos, excepto para los cristianos consagrados. Para todo este tipo de gente –como dijo Pata Villanueva- “Ser hipócrita y diplomático es un arte”. En la Argentina de hoy el lema de toda la farándula urbana es: “Figuración o muerte. Todo para mí y nada para los demás”.
¿Así vamos a mejorar? ¿Con esta farándula corrupta pretendemos salir adelante? ¿Con estos líderes que ejercen su vocación por dinero? Hasta cuando vamos a fingir que somos ciegos. Es verdad que todos somos seres de carne y hueso, y tenemos errores, pero la ‘fechoría voluntaria’ es engaño y punto. Que no se malentienda: no estoy descartando a los verdaderos profetas, a los verdaderos pastores y a los verdaderos políticos. Únicamente estoy criticando constructivamente a los engañadores para que se dejen de mentir, de pulular mentiras y de ser falsas fuentes de inspiración. Ya estamos cansados de gurúes mágicos, de dioses de hueso y carne. Ya no queremos al mundo embustero, que promete felicidad y no puede darla. Al fin y cabo Salomón tenía razón cuando dijo: “Hay tiempo en el que el hombre se enseñoreará del hombre para mal suyo”. (Eclesiastés 8:9).
Julio C. Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar

En la actualidad hablar de sexo está de moda. El erotismo es la moneda más poderosa que el dólar. Las mujeres usan tan poca ropa que parece que estarían compitiendo por quién muestra más piel. El destape postmoderno ya no nos asombra. Y tampoco nos asombran las mujeres que poseen un esbelto cuerpo, en tanto por dentro tiene el cerebro hueco. Lo que importa es el físico que tenés, por lo menos, para la mayoría. Te cuento un ejemplo: Mi hermano hace pesas y sinceramente las chicas andan tras él todas anonadadas. ¿Por qué? Porque su cuerpo está en forma, tiene músculos fuertes como hierro. Así es la vida en nuestra urbe de hoy. Si por fuera estás bien, por dentro no importa como estés. Las masas mandan. La opinión de la mayoría es la que prevalece, por esto, estamos como estamos. Yo me pregunto: ¿Tiene la gente de la actualidad algo constructivo en la cabeza? ¿Las personas cultivan el espíritu así como cultivan el cuerpo? ¿O todos ejecutan las órdenes de la opinión de los necios? La respuesta es la siguiente: En la cabeza de la gente no hay nada. Los espíritus están flacos y desnutridos. Y los necios son los famosos de nada. Más claro, échale agua.
Contemporáneamente vivimos en el mundo del revés. Hoy se aplaude al hipócrita, al adulador y al mentiroso. Todos prefieren un león muerto que un perro vivo. Todos aplauden a los travestis y dejan de lado a los niños hambrientos. La sociedad de hoy ordena que no haya que sentir y enseguida, todos se quitan el corazón como si fueran sacerdotes Aztecas. Nadie piensa por cuenta propia, todos viven conforme a los mandamientos impuestos por esta sociedad sexista. A este respecto, Salomón, un hombre muy sabio que sabía lo que decía porque no tenía la cabeza hueca, expresó: “Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad”. (Eclesiastés 8:14).
Este es el imperio de la gente con la cabeza hueca. De fútbol, de automovilismo, y de cosas que sabemos hablar, pero a los básicos temas como el amor, la solidaridad, el amor al prójimo, la educación, y la sexualidad responsable y dentro del marco adecuado que Dios ordenó, los dejamos de lado. Esos temas, decimos, les competen a los dioses. ¡Qué equivocados que están los cabezas huecas de hoy! Lo único que le importa es el corazón de máquina. Lo único que importa, para las mentes necias por supuesto, es que seas un utilitarista, un dosificador, lo demás no importa. Jaime Barylko, respecto a los humanos de estos días, escribió: “Tristeza de humanos hechos máquinas. Un acto trivial. Máquina que se enchufa con máquina. Hacerlo porque hay que hacerlo. Sin sentido, cuerpos desprovistos de personas. La máquina que nos maquiniza es derivación del cuerpo que se ha vuelto en el eje esencial de la existencia. Lifting, sin arrugas, lisito. Como cola de bebé. Flaco, esbelto, melena, aritos, barriga al aire. Nada que ocultar. La máquina está toda a la vista. La podés desarmar si querés, está toda a la vista, nada que ocultar, ningún misterio. Máquina que se enciende, máquina que se apaga. La santidad de los objetos nos vuelve objetos”. ¿Eres una cabeza hueca? ¿Eres una máquina que lo único que piensa es enchufar a otras máquinas? Si tu caso es este, quiero que sepas algo: Eres un impío a quién le acontece como si hiciera obras de justo. Y esto, también es vanidad. Un proverbio turco dice: “Una onza de vanidad deteriora un quinta de mérito”.
Julio C. Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar

Todos saben hoy que los jóvenes están tristes. Un filósofo dijo que los jóvenes reclaman diversión, histeria, alcohol y hasta drogas, porque la tristeza los abruma. Estas observaciones, por parte de los especialistas, nos recuerdan que hoy por hoy, considerando la evidencia de la realidad, la juventud no tiene esperanza en el presente ni en el futuro. Huelga decir que a nosotros los jóvenes nos han robado, extirpado, amputado el futuro. ¿Quiénes? ¿Quiénes son los “doctores”; entre comillas, que tienen el bisturí siniestro en sus manos con el cual nos han cortado los sueños, el alma y la esperanza? Los soberbios ignorantes. Los profesores que cobran su sueldo y no enseñan lo que tienen que enseñar. Los médicos que logran el doctorado y dejan de estudiar. Los políticos que prometen y no cumplen sus huecas y aduladoras promesas. Los diabólicos idealistas que con sus discursos permisivos, hedónicos, y relativistas, tratan de aniquilar la familia tradicional, los derechos de propiedad, como es el caso de los ahorristas, el patriotismo y el individualismo positivo. Los periodistas que, con tal de lucrar, colaboran descaradamente con ciertas entidades políticas que, con ciertas actuaciones de engaño y propuestas institucionales, están gastando para destruir la democracia en la Argentina. Los líderes de las iglesias, de todas las denominaciones religiosas, que predican mensajes humanamente inspirados que están en contra de principios bíblicos básicos.
Las multitudes están siendo engañadas por ‘sabios artificiales’ que lo único que venden es engaño y angustia. Por soberbios ignorantes que fingen entender lo que comprenden intelectualmente. El educador Jaime Barylko dijo: “Somos soberbios ignorantes, y nos manejamos con un mundo totalmente desconocido, salvo para los pocos expertos que estudian y realmente saben. El hombre bien formado oculta, bajo su caparazón, al hombre bien ignorante. Lo cual no es una vergüenza, eso de ser ignorante. Vergüenza es serlo y pretender no serlo, si es que me explico. Como decía el Honorable Hidalgo de la Mancha: Pobre, pero honrado. El ignorante es pobre en conocimiento; eso no le quita dignidad, ni lo humilla, ni merece por ello ser despreciado. En cambio si me causan honda repulsa los que la juegan de conocedores, y no lo son. Esos no son honrados, en este punto. Lástima que abunden tanto, y que dominen tanto los medios de comunicación, y por lo tanto influyan tanto en los demás. Duele francamente”.
Yo soy joven y hay cosas que no entiendo. Todavía hay libros que no he leído porque no me los puedo comprar. Hay cosas que me falta aprender. Por ahora soy un ignorante con un poquito de modesto conocimiento. Sin embargo, hay cosas que entiendo, por eso pregunto: ¿Por qué un hombre con patillas grandes sigue saliendo en la televisión después de privatizado el país? ¿Por qué hay economistas que aún salen en los medios, como si fueran dioses salvadores, luego de haber utilizado a nuestro país como un lugar de experimentación económica? ¿Por qué en algunos canales de televisión siguen estando predicadores religiosos que contienen una vida llena de máculas? Yo no soy perfecto. Necesito que me ayuden a entender el país en el que vivimos. Por favor, explíquenme lo que está pasando. Estoy confundido porque nos lideran genios en el decir, pero ignorantes en el saber e incumplidores de sus promesas. No entiendo porqué todavía hay gente en nuestra sociedad que se deja impresionar por el palabrerío. Alguien, por favor, teniendo en cuenta que soy joven, me puede responder esta pregunta: ¿Por qué nos han robado el futuro? Grandville dijo: “Con uniforme ciertos cobardes pasan por guerreros”.
Julio C. Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar

Posmodernidad es una palabra muy elegante. Y además, es una palabra muy utilizada por profesionales de diversa índole. Es, pues, notable que la podemos encontrar en artículos, libros de distintos géneros, notas periodísticas y hasta es utilizada en las conversaciones. Esto demuestra sencillamente que estamos viviendo, desde el punto de vista de los letrados, en la posmodernidad. Amamos cibernéticamente. Soñamos tecnológicamente. Y convivimos con otros humanos maquinísticamente. Esto comenzó, aunque parezca errática mi opinión, con Chaplín en la película “Tiempos Modernos”. Allí se plasmó el concepto de que somos parte de una máquina tecnologizada que es la sociedad. En esta película se compara a los seres humanos con tuercas, tuercas de una inconmensurable máquina productiva. Las fábricas de “Tiempos Modernos” producen y producen sin parar. Lo único que les interesa a los empresarios es producir, vender, producir, y vender. Lo demás no importa. No importa nuestra humanidad. No importa Dios, ni nuestra salud física, ni si estamos cansados, nada importa un comino. Lo importante es producir. Los motores deben funcionar. Los hombres deben trabajar sin descansar. Todo tiene que funcionar como en la película ‘Metrópolis’ de Fritz Lang. Los obreros deben trabajar en la ciudad subterránea sin descansar, aunque pierdan la vida, la vista y la salud psíquica y física. Las máquinas no deben para nada parar, porque la Metrópolis debe brillar, deslumbrar a los empresarios que solo les importa el cemento, el acero y el vidrio para darle forma a esta ciudad que oculta la angustia que yace en los corazones contaminados por el dios materialismo.
De este sistema maquinístico y cibernético formamos parte. Debemos funcionar porque sino nos cambian y nos reemplazan colosalmente por máquinas obreras. Y las máquinas, cibernéticas, informáticas, no se quejan, funcionan y punto. Debemos funcionar, producir, vender. Ahora Chaplín somos nosotros. Pero la película no es la misma. La nuestra se llama “Cibernéticos tiempos modernos”. Ya los chicos no juegan a las bolitas o a las figuritas, no extraña, pues, que jueguen al (Family Game). Por varias razones podemos decir que hasta tenemos corazones de metal, o más precisamente de máquinas. En efecto, pues, no podemos tomar la realidad a la ligera, ya que si la dejamos de lado caemos en pozo de la masificación, y allí no hay vida ni identidad ni libertad. Erich Fromm en su libro “El miedo a la libertad”, dice: “Lo que se ha dicho acerca de la carencia de originalidad en el pensamiento y la emoción, también vale para la voluntad. Darse cuenta de ello, es especialmente difícil; en todo caso parecería que el hombre moderno tuviese deseos, y que justamente su único problema residiese en el hecho de que, si bien sabe lo que quiere, no puede conseguirlo. Empleamos toda nuestra energía con el fin de lograr nuestros deseos, y en su mayoría las personas nunca discuten las premisas de tal actividad; jamás se preguntan si saben realmente cuáles son los verdaderos deseos. No se detienen a pensar si los fines perseguidos representan algo que ellos, ellos mismos, desean. En la escuela, quieren buenas notas, y cuando son adultos desean lograr cada vez más éxito, acumular cada vez más dinero, poseer más prestigio, comprar mejores automóviles, ir a los mejores lugares, cosas semejantes”.
Tener, tener, y tener. Eso es lo único que les importa a todos los autómatas. Lo que hacen todos, los individuos hacen. Por esto, hay angustia, vacío, y corazones cansados de vivir. ¿Esto es libertad? Esto es ser nada, para nada, es no tener identidad propia. Esto es ser tuercas de estos ‘cibernéticos tiempos modernos’. Goethe dijo: “Una vida inútil equivale a una muerte prematura”.
Julio C. Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar

Las masas viven entre letras, mensajes publicitarios, informativos, series ficcionales, programas de entretenimiento, deportes, en fin, lo social está empapado de ficción. Este negocio se llama ‘cultura’, pero este tipo de cultura no implica la televización de una ópera en el teatro Colón, sino la cultura de consumo que está al servicio de las etapas conformadoras de la vida. Esto es el consumo de la felicidad. Un filósofo dijo que esta es la cultura de la zapatilla, del peinado loco, de las golosinas, de la moda, de los electrodomésticos. La felicidad consiste en comer, andar en auto, en moto, -así lo dicen los que supuestamente saben. El consumismo me ordena qué debo pensar, donde tengo que ir, qué me tiene que gustar, qué frases debo saber y qué tengo que olvidar. Pero a mí sinceramente lo que dice el consumo no me interesa. El consumismo es mi esclavo, no mi amo. Yo le ordeno, él no me manda porque yo no quiero.
Es justo admitir que vivimos en un mar de microculturas, y estas están manejadas en términos de poderes tecnoculturales de alcances globales, homogeneizantes. Hoy, si sos joven tenés que estar bien empilchado para que te den bolilla los miembros del sexo opuesto. La vestimenta lo dice todo. El corazón no importa. Los dientes no importan. Lo que importa es qué vehículo tenés. Eso lo ordena la TV, y hay que cumplirlo. Sin embargo aunque lo diga la TV, a mi no me importa. A mi no me importa ni el rock que hace Charly García, ni los chistes frívolos que transmite el programa de Marcelo Tinelli, ni Rumores, ni ningún predicador de mensaje periodísticos del espectáculo. No soy ciego, y se que hay muchas personas que ven la realidad como yo. La sociedad me transmite lo ilusorio, lo frágil, lo superficial, pero por supuesto, pues, no me transmite la otra cara de la realidad. La cara de que, como nunca en la historia de la Argentina, hay perdedores y ganadores. Los pobres son los que pierden y el modelo burgués es el que gana. Los pobres son los que sufren y muy pocos son los que disfrutan de la vida. El lema es: “Todos para uno y uno para nadie”. Los obreros viven mal y en el mercado central se tira comida porque dicen que está en mal estado. Los humildes comen de la basura mientras que algunos caminan en una alfombra roja. ¡Estoy cansado del despotismo!
El arte estúpido del video clip no me llena el estómago. La nada no me nutre. Esto que me venden como libertad no es libertad. A veces pienso en la película ‘The wall’ de Pink Floyd. Me agrada Keating y su carpe diem. Sin embargo, me pregunto: ¿Después de que derribamos los muros qué hacemos? La película no lo dice. Hay que derribar los muros aunque la soledad siga vigente. Esto tampoco me interesa. ¿De qué sirve ser rebelde? De nada. Con la rebeldía no se logra nada. Lo que hace falta es saber lo que necesitamos realmente. Y eso que necesitamos realmente es Dios. El consumismo no, Dios, Jehová Dios. Depender de Dios es lo que importa. El apóstol San Pablo declaró: “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios. Porque ninguno de vosotros vive para sí, y ninguno muere para sí”, (Romanos 14:5-7). Tenemos libre albedrío, podemos derribar muros y quedar vacíos. O podemos depender de Dios. La elección es nuestra.
Julio C. Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar

Somos testigos de la crisis social en la Argentina, y de una feroz explotación de la gente humilde, de los obreros. Los sueldos de la clase trabajadora son de mala muerte. Ante nosotros yacen fábricas sin vida. En algunos lugares las máquinas han dejado de producir, de funcionar, de crujir. El despotismo es el combustible del país. Esta es una época de profundas metamorfosis y trastornos en la vida de las masas sociales. El hombre de hoy ama el dinero de una forma irracional. Por esto, es que muchos individuos excluyen a amigos de toda la vida, con tal de seguir viviendo con tal de que cueste los vínculos indispensables para la vida intra-personal, que por supuesto desembocan en las relaciones inter-personales. Por doquier podemos ver a personas que alzan alabanzas a la tecnología, al Internet, al ciberespacio, a los satélites, y a la televisión, en tanto, por otro lado, y en la misma ciudad, yacen niños hambrientos, huérfanos harapientos y jubilados moribundos.
A decir verdad estamos ante la decadencia de la dignidad humana. La ciudad de Buenos Aires, y no es la única, se ha transformado en un enjambre de personas que deambulan por un sustento precario para sobrevivir. Además hay otros enjambres, pero eso sí, estos son de oportunistas del espectáculo que lo único que les interesa es vender diarios, revistas y todo tipo de estupideces, mientras que nosotros sufrimos enormemente. La situación que estamos viviendo es fantasmal. Los chicos no tienen útiles escolares, ni zapatillas, ni guardapolvos, ni nada. Los jubilados no cobran después de haber trabajado toda la vida. Los hospitales están vacíos. La delincuencia se prolifera y los dirigentes políticos ya son una pendemia. El siglo XXI se inauguró destruyendo la Argentina, la democracia, y el futuro de nosotros os jóvenes. Así estamos. No nos va bien.
“La gran decadencia, dice Jaime Barylko en su obra “Queridos Padres”-, Fíjense: nuestras pirámides son torres magnificentes, avances nunca soñados en el campo del cuerpo, satélites de toda índole, aparatitos telefónicos y de ultrasonidos cargados en el bolsillo de la solapa, navegación en mares y océanos del internet, civilización brillante y longevidad creciente, y sin embargo… En la vida cotidiana, en lo que no se refiere a aparatos y tecnología, fíjense cuanta creencia y desesperación cunden por tarot, I Ching, (obviamente todos escapismos e ídolos), borra de café, películas de terror, del diablo, ángeles que van y vienen por todos lados, pastores que le dicen a la pobre gente que Dios se ocupará de darle novio a la chica, trabajo al muchacho, potencia al decaído, tacos altos al petiso, sangre a anémico, y gente que viaja a encontrar la verdad en la cuevas de Himalaya. Más ‘gurúes mágicos’, y la multiplicidad meditaciones y sistemas cabaleros para sacar la grande, y los que, favorecidos por la fortuna económica, peregrinan a la India, a China, y se traen de ahí amuletos auténticos, bendecidos por gurúes, y se los cuelgan en el pecho para lograr mayor fortuna en el amor, en los negocios, en la carrera de automóviles, en la lucha por la supremacía en el trabajo, y que los hijos se inspiren y quieren estudiar y pasar de grado, que sería el sumo bien. ¿Y qué hay en común, finalmente entre tantos predicadores y fuentes de inspiración y de esperanza? El amor. Todos dicen amor, cantan amor, reclaman amor, bailan amor y…No, no hay amor”.
Todos buscan respuestas en todos lados. Pero, ¿Dónde se encuentra la respuesta que buscamos? La tiene el apóstol Pablo: “Los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados”. (Timoteo 3:13).
Julio C. Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar

Para muchos individuos la adivinación, la tabla ouija, las cartas de adivinación con dibujos alegóricos, y la astrología son meros pasatiempos inofensivos. Sin embargo, a pesar de que sea considerado un sensacionalista, tengo que decir que estas cosas no son inofensivas, sino por el contrario, son peligrosas tanto para la salud espiritual como para la salud física y psíquica. No cabe duda, pues, que en la actualidad hay un creciente interés por lo oculto, lo místico y lo esotérico. El actual culto al ocultismo es un hecho contundente. En el mundo hay libros sobre Satanás, hay películas como “El exorcista”, y además, hay música que habla explícitamente en defensa del diablo, como si él mereciera compasión al igual que un ser humano. A este respecto, los Rolling Stones, son un claro y convincente ejemplo, ya que llevan su canción “Compasión por el diablo” a la cima de la popularidad. Claro que esta no fue la única canción que grabaron e adoración al diablo porque, además de la citada anteriormente, también grabaron “Simpatía con el diablo”, “La petición de su majestad satánica”, “Sopa de cabeza de cabra”, etc.
Muchos afirman que la música ‘Heavy Metal’ o ‘Rock Pesado’, es una música que no causa ningún efecto negativo. Sin embargo, pues, cada dato de la realidad dice totalmente lo contrario. Richard Ramírez, el ‘Asechador nocturno’, estaba obsesionado con los temas de la grabación ‘Highway to hell’ (Autopista hacia el infierno) por la banda de Heavy Metal AC/DC. Su cancion predilecta ‘Merodeador Nocturno’, trataba acerca de entrar inadvertido en los cuartos de mujeres confiadas. No es coincidente que Ramírez entrara así en los cuartos de sus víctimas femeninas, las asesinaba y luego pintaba pentagramas satánicos en las paredes. Por otra parte, Dea Lucas, esto se encuentra en el libro de Johanna Michaelson ‘Como ovejas al matadero’, una sacerdotista en la Iglesia de Satanás en Van Nuys, California, reclama que el Heavy Metal es la principal herramienta de reclutamiento para su iglesia. “Los grupos están llenos de satanismo aunque lo nieguen. Simplemente al leer las letras, ya que soy satanista, puedo leer entre líneas…”. Las letras del Heavy Metal son perversas y satánicas, ya que hablan de temas tales como: la muerte de Dios, sentarse a la siniestra de Satanás, relaciones sexuales con cadáveres (Zoofilia), y glorifican el nombre de Satanás.
No podemos, pues, tomar la realidad a la ligera. La música Heavy Metal y sus mensajes morbosos coinciden con la realidad. ¿Esto es una mera coincidencia? ¿O evidencia que Satanás es una realidad? Teniendo en claro, todo lo que he dicho respecto al Rock satánico, ahora consideremos la supuestas e inofensivas series de televisión Georgina Barvarrosa, que filmó un capítulo de la serie “Tiempo Final”, donde ella, por supuesto, en la ficción, interpretaba el papel de una mujer que sufría la pérdida de su marido debido a un asesinato brutal por parte de unos maleantes. ¿Es casualidad que en la vida real le sucediera lo mismo que en la ficción? ¿O es mera coincidencia que su esposo, en la vida real, fuera atropellado por un auto, el cual iba conducido por unos ladrones, de quienes él había sido víctima? ¿Hay alguna coincidencia entre la realidad y la ficción? Yo creo que con el ocultismo no se juega porque es muy peligroso. El coqueteo con el horóscopo, la tabla ouija, la adivinación, y el tarot, parecen juguetes inofensivos, pero son peligrosos. Creo, en efecto, que debemos considerar el consejo de apóstol Juan que es su tercera epístola escribió: “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo no ha visto a Dios”
Julio C. Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar