domingo, 5 de agosto de 2007

¿Lo mejor de la vida?


¿Qué es lo mejor de la vida? La salud física ¿Qué es lo mejor que tiene una persona? Para muchos los ojos verdes o azules o grises, pero jamás negros o marrones. Hoy el cuerpo es un bien superior. Los ojos son absolutamente importantes. Conozco un chico que sabe que los ojos son importantes y por eso se compró lentes de contacto de color verde. Un filósofo dijo que el cuerpo es el eje contemporáneo, del mundo social. Y lo es, por lo menos para la mayoría. Hoy predominan dos valores: el económico y el estético’. Antes la gente tenía ideales, le importaba la verdad, Dios. En cambio el cuerpo en estos tiempos se ha tornado absolutamente crucial. Ese es el valor estético. Y el valor económico es lo que ayuda para que todos puedan figurar. Figurara está de moda. Yo figuro. Tú figuras. Ellos figuran y nosotros figuramos. Todos parecen felices. Al menos por fuera. Eso es lo que opino yo a mi modo de ver.
Tener es el ideal supremo de los hombres mediocres de nuestros días. Los títeres de la vanidad. Para ser importante hay que tener ropa de moda, la moto de moda, los ojos de moda, la sonrisa de moda y hasta los chistes de moda. Así lo exige este sistema de vida moderno, o mejor dicho post-moderno, para no quedar fuera de lugar. La realidad es que quiero que sigas leyendo. El cuerpo es lo más importante. La juventud es el divino tesoro de todos los tiempos. La piel lisa. Ojos claros. Cabello de diversos colores. Todos quieren ser jóvenes. José Ortega y Gasset en su obra ‘La rebelión de las masas’, escribió respecto al anhelo de eterna juventud: “El fenómeno, entre ridículo y escandaloso, de que se haya hecho de nuestros días una plataforma de la ‘juventud’ como tal. Las gentes, cómicamente, se declaran jóvenes porque han oído que el joven tiene más derecho que obligaciones, ya que puede demorar el cumplimiento de éstas hasta las calendas griegas de la madurez. Siempre el joven, como tal, se ha considerado eximido de hacer o haber hecho ya hazañas. Siempre ha vivido de crédito. Esto se halla en la naturaleza de lo humano…”.
Se aspira a decorar el afuera porque la estética tapa el vacío de la gente de hoy. ¿Qué es lo mejor de la vida? Yo opino que es la interioridad. El corazón, los sentimientos, el alma, eso es lo que nos hace mejor seres humanos, mejor personas. Tenemos que aprender a mirar la vida desde adentro. Desde adentro debemos saber que el amor es lo que importa. Los ojos también importan, por favor, sin lentes de contacto. A menos de que se los necesite. El Dr. Jaime Barylko en su obra ‘En busca de los valores perdidos’, expresó: “Hoy se prefiere el cuerpo al espíritu. El exterior al interior. Éxito en salir afuera. El afuera, la apariencia, el show del mostrar y el look del mirar son valores privilegiados de la superficialidad premeditadamente elegida. La mirada se desliza. No graba, no quiere sino superficie. Y cuanto más lista la superficie –perdón por el mal verso- mejor se desliza”.
En nuestra lista de prioridades el interior debe estar primero que el exterior. Si sonreímos por dentro debe ser porque primero nos pusimos alegres por dentro. Debemos elegir premeditadamente la interioridad por eso de ahí de donde surge la felicidad. Guardar el corazón del mal debe ser nuestro máximo objetivo. La vida implica también obligaciones. Nadie está eximido del deber hacer para ser feliz. “Ninguna inspiración le caerá a Mozart en la cabeza, en la mete si la mente de Mozart no está en efervescencia buscando notas, melodías, ideas musicales. En todos los niveles y sectores de la vida los inspiradores son los que trabajan para ser inspirados”, escribió Barylko. ¿Qué es lo mejor de la vida? El trabajo para ser inspirados.

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Abrazados podemos volar


Haroldo Conti, conocido escritor de nuestra ciudad Chacabuco, escribió: “La vida de un hombre es un miserable borrador, un puñadito de tristezas que cabe en una cuantas líneas”. “Pero a veces, así como hay años enteros de una larga y espesa oscuridad, un minuto de la vida de ese hombre es una luz deslumbrante”. Con estas palabras Haroldo da comienzo a su relevante cuento ‘Perfumada noche’. Y lo que dice es verdad. Todos, y en esto estoy en común acuerdo con Conti, tenemos años enteros de larga y espesa oscuridad, y por supuesto, también transitamos por ese minuto de luz deslumbrante, como el que tuvo el Señor Pelice, el personaje principal de este cuento ‘Perfumada Noche’.
Somos humanos y como tales, traemos en el alma los mismos dolores y alegrías. La sociedad en la que vivimos es un compendio de ‘puñaditos de tristeza’, que claro pues, cabe en muy poquitas líneas. Somos personas comunes. Lo que le pasa a uno también les puede pasar a los demás. Exento de sufrir, nadie lo está. Todos podemos extraer de dentro de nosotros sentimientos y amor. Hay elementos humanos que nos caracterizan a todos. Todos tenemos corazón para amar, ojos para revelarnos a los demás, y labios y dientes para sonreír. En común tenemos mucho. Sin embargo, también hay cosas que nos diferencian, pues no somos iguales. Hay momentos que somos como un infinito arco iris y todos representamos un color distinto en el mismo, pero también hay ocasiones en que somos truenos que chocan, y rayos que compiten violentamente. Lo cierto es que por momentos somos cariñosos y por momentos pasamos por desagradables episodios y nos herimos mutuamente. Y a veces nos olvidamos que el amor existe.
Tercera epístola de Juan dice: “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios”. Tenemos aspectos diferentes, pero hacer el bien debe caracterizarnos. El bien debemos tenerlo en común. Únicamente con la ayuda de los demás podemos volar. Luciano de Crescenzo escribió respecto a nosotros lo siguiente: “Cada uno de nosotros es un ángel con una sola ala. Y solo podemos volar si nos abrazamos unos a otros”. El amor de Dios debe unirnos. Debemos despojarnos de nuestros portentosos egos. Amar es fundamental para ser feliz y poder volar. El Dr. Leo Buscaglia en su libro ‘Amar a los demás’ cuenta lo siguiente: “¿No habrá llegado el momento de olvidarnos de nuestros pequeños egos, de perder nuestro miedo a parecer sentimentales o ingenuos y de acercarnos a nuestra necesidad universal de los demás? ¿Por qué nos resulta tan difícil abrazarnos sin temor y con pasión y decir: ‘Ser humano, toma mi mano humana’? Hay una hermosa fábula que cuenta que una niña va caminando por una pradera y ve a una mariposa atravesada por una espina. Con mucho cuidado la libera y la mariposa comienza a alejarse volando. Luego regresa y se convierte en una hermosa hada.
-Por tu bondad- le dije a la pequeña- te otorgaré lo que más desees.
La niña piensa un momento y responde:
-Quiero ser feliz.
El hada se inclina sobre ella, susurra en su oído y luego desaparece rápidamente. A medida que la niña crecía, nadie en la comarca era más feliz que ella. Cada vez que alguien le preguntaba por el secreto de su felicidad, ella sonreía y decía:
-Escuché a un hada buena.
Cuando ya había envejecido, los vecinos, temerosos de que su secreto muriera con ella, le rogaban:
-Cuéntanos, por favor, cuéntanos qué dijo el hada. Y la ahora adorable anciana simplemente sonrió y dijo:
-Me dijo que todos, aún los que parecían más seguros, ¡me necesitan!
Todos nos necesitamos”. Nadie puede solo. Todos tenemos una sola ala. Y solo podemos volar cuando nos abrazamos a los demás con amor sincero.

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

“¿Son posibles las relaciones humanas positivas?”


En la vida necesitamos poseer compasión, amor, empatía, y comprensión, si queremos disfrutar de las relaciones humanas. Sin estas cualidades la vida carece de sentido. De hecho, hoy la gente vive sin sentido porque ha ridiculizado el amor. Hay individuos escépticos que siempre se burlan de las personas que decidieron amar con todo el corazón. Para ellos, erráticamente, las personas que aman son ingenuas y mediocres. Pero lo cierto es que son los escépticos quienes son los ingenuos y los mediocres. El Dr. Jaime Barylko en su libro ‘En busca de los valores perdidos’, dijo: “Sin salud física la vida se hace difícil, pero sin sentido la vida se hace imposible”. Sin amor la vida es una pesadilla. Podemos tener salud, status económico, casa, auto, un apellido importante, pero si nos falta amor, ¿de qué sirve? Sin amor no somos nada.
La sociedad actual es una sociedad compuesta por individuos aislados y descomprometidos. Hoy el amor no le importa a nadie. El perdón es signo de debilidad. La confianza es sinónimo de estupidez. Pero esto porque se han devaluado los valores humanos básicos. De ahí el origen del sufrimiento físico, mental y psicológico de nuestro tiempo. La sociedad actual está en ruinas simplemente por el hecho de que se ha desprovisto de las necesidades humanas básicas. De hecho, hoy es más importante el individualismo que el amor, el compromiso y la solidaridad. Por esto, estamos como estamos. En mi opinión, creo que debemos cambiar. O cambiamos o seguiremos sufriendo aún más de lo que estamos experimentando. Dichosamente, en nosotros está la capacidad de elegir. Podemos elegir el amor o el aislamiento, la afectividad o la apatía, la simpatía o el individualismo, el altruismo o el egoísmo. De nuestra elección depende el desenlace de nuestra vida. Si elegimos bien sacaremos provecho de nuestras elecciones de vida. Sin embargo, si elegimos mal, sufriremos más de lo que estamos sufriendo.
Ahora, ¿Cuál es una buena y dinámica relación humana? ¿Qué característica debe tener una persona para llevarse bien con los demás? ¿Es posible que las relaciones humanas mejoren? El Dr. Leo Buscaglia escribió: “La medida justa de una buena relación es el grado en que alienta el óptimo crecimiento intelectual, emocional y espiritual. De tal forma, si una relación se torna destructiva, pone en peligro nuestra dignidad humana, nos impide crecer, nos deprime y desmoraliza constantemente –y hemos hecho todo lo posible para evitar que fracase- y entonces, salvo que seamos masoquistas y gocemos con el dolor, debemos ponerle fin. No somos para todos y todos no son para nosotros. La cuestión es: ¿Si no podemos estar con otro, podemos, al menos no herirlo? ¿Podemos encontrar, al menos, un modo de convivir?”. Para que haya constructivas relaciones humanas debemos dotarnos de ganas de amar, de comprender las debilidades de los demás, y principalmente debemos lidiar con el aislamiento que usualmente nos caracteriza. Solo de esta manera podremos desarrollar nuestra capacidad de sociabilidad de manera dinámica y fructífera. Solamente de esta manera lograremos mejorar las relaciones interpersonales y por supuesto, en primer lugar, las relaciones intrapersonales.
Amar es fundamental si queremos ser verdaderamente felices. Amar no es fácil, pero si posible. Kahlil Gibran, aunque no es psicólogo ni psiquiatra, escribió algo maravilloso respecto a la apreciación adecuada de las relaciones humanas: “Es importante que trates de encontrar lo mejor que hay en una persona, y decírselo. Todos precisamos este tipo de estímulo; cada vez que elogian mi trabajo (Kahlil Gibran era pintor y escritor), yo me vuelvo más humilde, porque no me siento ignorado o no deseado. Todo el mundo posee algo que merece ser elogiado. Los elogios significan comprensión. Íntimamente, somos excelentes seres humanos, y nadie es mejor que los demás; es bueno que aprendas a ver la grandeza de tu prójimo, ya que también verás tu propia grandeza. El amor existe; es importante decir que el amor existe”.

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Amándonos unos a otros


Este mundo es frágil, falible e imperfecto. En él tenemos momentos de dicha y también momentos de soledad, confusión y desilusión. La vida es heterogénea. Esté lo bueno como está lo malo. Hay felicidad, pero también hay episodios de angustia y tristeza. La vida es diferente todo el tiempo. A veces actuamos de una manera y a veces actuamos de otra. Es imposible que todo nos salga perfecto. Pretender que hagamos todo de una forma infalible es procurar vivir una mentira. Somos un flujo y reflujo de vida, de caminos, de alternativas. Vivir no es una tarea fácil. Y el aprender a vivir en armonía con los demás tampoco lo es. A esto se debe nuestra necesidad de adquirir conocimiento adecuado para amar a nuestro prójimo y poder así desarrollarnos interiormente.
Pues bien, para entablar relaciones humanas positivas hace falta poseer conocimiento correcto. Pero ¿dónde se encuentra ese conocimiento? La simple respuesta es: en la Biblia. ‘Las relaciones bíblicas dentro del cuerpo de Cristo –según la Dra. Lena Janzen y Nicolás Venditti, son definidas en una serie de frases ‘Unos a otros…’ en las epístolas. Veámoslas. En los versículos que siguen se definen las relaciones interpersonales.
Romanos 12:5 dice: “…y todos miembros los unos de los otros”.
Romanos 12:10 dice: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndonos los unos a los otros”.
Romanos 12:6 dice: “Unánimes entre vosotros, no altivos, sino asociándonos con los humildes…”.
Romanos 13:8 dice: “No debáis a nadie nada, sino amaros unos a otros…”.
Romanos 14:19 dice: “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”.
Romanos 15:5 dice: “…os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús”.
Romanos 16:16 dice: “Saludaos los unos a los otros con ósculo santo”.
2º Corintios 13:12 dice: “Saludaos los unos a los otros con ósculo santo”.
Gálatas 5:13 dice: “…sino servíos por amor unos a otros”.
Gálatas 5:15 dice: “Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros”.
Efesios 4:2 dice: “Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia unos a otros”.
Efesios 4:25 dice: “…hablad verdad cada uno con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros”.
Efesios 4:32 dice: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros”.
Efesios 5:21 dice: “Someteos unos a otros en le temor de Dios”.
Colosenses 3:13 dice: “Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviese queja contra otro”.
Colosenses 3:16 dice: “Enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría”.
1º Tes. 3:12 dice: “Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos como también lo hacemos nosotros para con vosotros”.
1º Tes. 4:9 dice: “…porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros”.
1º Tes. 4: 18 dice: “Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.
1º Tes. 5:11 dice: “Por lo cual, animaos unos a otros y edificaos unos a otros, así como lo hacéis”.
Hebreos 3:13 dice: “Antes exhortaos los unos a los otros cada día…”.
Hebreos 10:24 dice: “Y consideremos unos a otros para estimularnos al amor y las buenas obras”.
Santiago 5:9 dice: “Hermanos, nos os quejéis unos con otros, para que no seáis condenados”.
Santiago 5:16 dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados”.
1º Pedro 1:22 dice: “Habiendo purificado nuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, misericordiosos, amigables”.
1º Pedro 3:8 dice: “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables”.
1º Pedro 4:9 – 10 dice: “Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelos a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”.
1º Pedro 5:5 dice: “…y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad”.
1º Juan 3:11 dice: “…que nos amemos unos a otros”.
1º Juan 3:23 dice: “…y nos amemos unos a otros, porque el amor es de Dios”.
1º Juan 4:11-12 dice: “Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se ha perfeccionado en nosotros”.
2º Juan 5 dice: “…que nos amemos unos a otros”.
Todos necesitamos unos de otros. Nadie puede solo o sola. En estos versículos de la Biblia se encuentran las claves para solución a las relaciones humanas. Es bien sabido que hoy vivimos en una sociedad sumida en el aislamiento y soledad, a esto se debe la vital necesidad que tenemos de considerarnos unos a otros. Es vital que nos demos cuenta que el hombre no fue diseñado para estar aislado, por el contrario fue diseñado por Dios para que entable relación con sus congéneres. El Dr. Leo Buscaglia, en su libro ‘Amar a los demás’, escribió: “No existe el ser o el llegar ser sin relacionarse. Desde un principio, crecemos sintiendo la necesidad e importancia de la proximidad. Nosotros, seres humanos, tenemos un período de dependencia superior al de cualquier otra criatura viviente, al nacer, totalmente, formamos nuestra primera pareja, madre-hijo, y a partir de ese momento cuanto más sofisticada se torna nuestra vida más nos interrelacionamos. En cierto sentido, pasamos toda nuestra vida tejiendo una relación con otra hasta crear un diseño completo, como la tela de una araña. Nuestra misma supervivencia depende de nuestras relaciones. Si en la niñez no recibimos amor de otros seres humanos, nos debilitamos, caemos en la psicosis, la idiotez o morimos. Y adultos, continuamos dependiendo de la solidaridad recíproca para alcanzar nuestras mayores alegrías y nuestro crecimiento más significativo. Damos este proceso por sentado. Pareciera que esto sólo se hiciera evidente en los momentos en que nos encontramos desconectados, separados de las relacione profundas, ya que sea por la muerte, divorcio o separaciones físicas que parten en dos nuestra intimidad y nos dejan solos. Resulta extraño, por lo tanto, que aún sabiendo de nuestra necesidad desesperada de relacionarnos, continuemos, durante la mayor parte de nuestra vida, portándonos en forma vacía e irresponsable, la cual nos lleva a un aislamiento aún mayor”.

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Es necesario coraje


Kahlil Gibran dijo: “Para vivir, es necesario coraje. Tanto la semilla intacta como la que rompe su cáscara tienen las mismas propiedades. Sin embargo, solo la que rompe su cáscara es capaz de lanzarse a la aventura de la vida”. Necesitamos coraje. Para vivir, para amar, para ser verdaderamente felices. Nada es cuestión de suerte. Toda causa lleva a un efecto. Si vemos es porque tenemos ojos. Si escuchamos es porque tenemos oídos. Si sentimos es porque tenemos alma. Los sentidos nos ayudan a vivir. Todos tenemos sueños. Aspiramos a algo. Algunos van hacia un lugar y otros tienen otro lugar diferente hacia el cual se dirigen. Está en nosotros darnos la oportunidad de vivir, de amar, de ser bienaventurados. Charls Dubois escribió respecto al presente que estamos viviendo y al futuro que podemos llegar a vivir: “Lo importante es poder sacrificar en cualquier momento lo que somos por lo que podríamos llegar a ser”.
Necesitamos coraje para aceptar que hay imposibles, que hay situaciones inevitables y que nada es para siempre. Todo cambia. La piel, el color de nuestro cabello y hasta nuestra alma. A la vida hay que confeccionarla, construirla, armarla y rearmarla. Los encuentros y desencuentros son inevitables. Lo mismo pasa con las lágrimas y las sonrisas. La vida no es rectilínea, hay curvas, nadie puede cambiar esa realidad. En la vida nos encontramos con personas todos los días. A algunas es fácil amarlas. Y a otras hace falta audacia para hacerlo. Las relaciones exigen firmeza, compromiso, honestidad. Además, también exigen la aceptación de que la perfección no existe. No somos robots. Somos humanos y hay ocasiones en la vida en que buscamos lo complejo, en vez de buscar lo sencillo. A esto se debe nuestra entrada a laberintos de los cuales, después, nos cuesta muchísimo salir. Las diferencias entre las personas siempre las habrá. Los desacuerdos y las frustraciones son ineludibles.
En la vida nada es para siempre. Cristo nació e hizo milagros, pero también fue a la cruz. Nosotros nacemos y somos un milagro con alma y después morimos. Somos felices en la misma medida en que lo anhelamos. Cada cual construye lo que es. “Todo lo que vive no vive solo ni para sí”, dijo William Blake. La vida es un proceso volitivo. Cambia sin nuestro consentimiento. Pero claro, si somos sabios podemos aprender de los cambios. Nuestra vida es un milagro. Por eso debemos romper la cáscara como hace una semilla. Debeos lanzarnos a la vida. Max Lucado escribió: “¿Quiere ver un milagro? Haga esta prueba. Tome una semilla del tamaño de una peca. Póngala bajo varios centímetros de la tierra. Déle suficiente agua, luz y fertilizante. Y prepárese. Una montaña será movida. No importa que la tierra sea millones de veces más pesada que la semilla. La semilla la empujará hasta correrla. Cada primavera, soñadores de todo el mundo plantan pequeñas esperanzas en suelo arado. Y cada primavera, sus esperanzas presionan contra lo imposible y florecen. Nunca subestime el poder de una semilla”.
Somos semillas y todos tenemos las mismas propiedades. Sin embargo, solo los que rompen la cáscara del miedo a la vida, viven realmente. Tenemos sueños, esperanzas, deseos de amar, pero solo veremos cumplidos nuestros anhelos si decidimos vivir con coraje. Es verdad que en la vida hay problemas. Por momentos estamos en la gloria y al minuto siguiente un acontecimiento viene a enturbiar nuestra vida y flaqueamos. Sin embargo, tener problemas no es lo mismo que ser problemas. El Dr. Theodore Rubin explica mucho mejor que yo lo que quiero decir: “El problema no es que haya problemas sino esperar lo contrario y pensar que tener problemas es un problema”. Para vivir, es necesario coraje. “La intensidad de la vida depende de cómo la miramos”, dijo Kahlil Gibran, quien cité al principio.

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

La luz del mundo es un desafío

En el vientre de mi madre me encontraba en un estado ideal. Con mi madre éramos un solo ser. Estaba dentro de su cuerpo, seguro, fuerte, colmado de dulzura. Sin embargo, cuando nací, fui arrojado al mundo. Estoy fuera del vientre materno. El cordón umbilical se cortó. Apenas salí de mi progenitora comencé a llorar. Mi madre también lloró con mucha emoción. Nacer fue un trauma. La luz del mundo es un desafío. Vivir es construir la vida. Soñar ser un buen ser humano es ser portador de la historia. Y yo tengo mi historia particular. Todos tenemos una. Crecer es construir un mundo personal. Crecer es entablar relaciones. Amar y ser amados es vital para ser felices. Superar la soledad y el aislamiento debe ser la meta de todos los miembros de la sociedad. Nacimos para relacionarnos. Nos movemos entre personas que son importantes para nosotros. Alguien dijo que ‘pasamos toda nuestra vida tejiendo una relación tras otra hasta crear un diseño completo, como la tela de una araña’. Llegamos a ser lo que somos por medio de la relaciones. Al nacer, formamos nuestra primera relación, Madre-hijo. A medida que vamos creciendo hay personas que entran y salen de nuestras vidas. Vamos tejiendo lo que somos. Y nuestras relaciones fluyen en nuestro desarrollo social, familiar e interhumano.
Nacimos para ser felices, para comunicaros con los demás. Para mirarnos a los ojos. Para abrazarnos. Para compartir la vida. Somos transición. Somos movimiento. Somos seres humanos que diariamente lidiamos con el desafío de las relaciones humanas. Es indudable que necesitamos amor y necesitamos reconsiderar el valor de un vínculo. Dasmond Morris escribió: “En un medio social que es siempre multitudinario e impersonal, cada vez resulta más importante reconsiderar el valor de las relaciones personales profundas para que no debamos formular la triste pregunta: ¿Qué sucedió con el amor?”. Las relaciones humanas con la columna vertebral de la sociedad. Cuando amamos con empatía y altruismo abandonamos la prisión de la soledad y el aislamiento. En todo lo que somos dependemos de las relaciones.
El Dr. Leo Buscaglia en su libro ‘Amar a los demás’ escribió lo siguiente respecto a nuestra dependencia unos de otros: “Nuestra vida es una compleja red de relaciones en la cual nuestras motivaciones, nuestros deseos, nuestras creencias, nuestras necesidades y nuestros sueños están íntimamente ligados. En gran medida, podemos conocernos y definirnos como individuos mediante el examen de nuestra red de relaciones. En nuestras primeras relaciones con padres y hermanos no teníamos elección. Dependíamos de ellos, puesto que como seres humanos precisamos un cuidado intensivo mayor durante un período de dependencia más prolongado que el de cualquier otra criatura viviente. Pero también es cierto que los seres humanos tenemos una de las mayores expectativas de vida. En consecuencia, con el correr de los años descubrimos que debemos adaptarnos a distintos tipos de relaciones para poder satisfacer las nuevas y complejas necesidades físicas, sociales y emocionales, de alimentación, compañía, sexualidad, seguridad, status y crecimiento”.
Somos relación, por lo tanto, debemos tener un concepto adecuado de nosotros, Debemos despojarnos de querer tener siempre la razón, de la necesidad de querer ser el centro de atención, de querer ejercer siempre el control. Debemos despegarnos de nuestro narcisismo, de nuestra necesidad de querer manipular las cosas y a las personas a nuestro antojo. Debemos desprendernos de nuestra necesidad de culpar a los demás por nuestros problemas personales. Únicamente de esta manera son posibles las relaciones humanas positivas. Emerson dijo: “En el instante en que damos rienda suelta a nuestros afectos, la tierra sufre una metamorfosis”. Y Longfellow dijo: “No hablemos de afecto desperdiciado. El afecto no ha sido nunca desperdiciado”. Somos producto directo de nuestras relaciones. Es por esto que debemos valorar los vínculos afectivos.

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Entre opinólogos


Todos interactuamos con otros seres humanos. Todos hacemos reír y llorar. A veces hacemos sentir alegría y en ocasiones, también desesperación. Influenciamos y nos influencian. Somos relación, y nuestras relaciones influyen, en todos, sobre nuestra salud mental, nuestro rol en la sociedad, en la familia y en cada grupo del que formamos parte. Lo que sentimos, hacemos o decimos, produce un efecto en nosotros y en los demás. Lo cierto es que entablar relaciones implica atenerse a las consecuencias que producen las influencias. Somos relación, y muchas veces nos cuesta relacionarnos porque nos olvidamos que somos diferentes. Nos olvidamos que todos poseemos limitaciones, puntos débiles y defectos. Nos olvidamos que cada vez que miramos una película la criticamos de forma diferente. Nos olvidamos cuando admiramos un cuadro desde distintos puntos de vista. Nos olvidamos que nuestros corazones son dispares y que nuestras opiniones no coinciden en todo. Somos complicados, paradójicos, camaleónicos…; somos humanos y por eso, hay momentos que estamos incomunicados. Hadley Read escribió: “Hemos desarrollado sistemas de comunicación que permiten que el hombre de la tierra se pueda comunicar con el hombre que se encuentra en la luna. Pero frecuentemente, la madre no puede comunicarse con su hija, ni el padre con su hijo, ni el negro con el blanco, ni los obreros con el patronal, ni la democracia con el comunismo”.
Hoy en día se habla mucho. Vivimos entre opinólogos. Las palabras sobran. Pero lamentablemente falta comunicación. Estamos distanciados. No cabe la menor duda de que hablamos y hablamos, pero de gusto lo hacemos, porque con palabras no se está logrando nada. Lo que más hay en estos tiempos son las conversaciones frívolas. Pero la gran mayoría, quién no habla de fútbol o de automovilismo es un aburrido. Todos fingen comunicarse. La realidad es que las conversaciones con compasión, sacrificio y compromiso se están extinguiendo. La voz del amor se escucha débil y tímida. De ahí el origen de tanto vacío. Lo evidente es que las penas y los sufrimientos de ésta época se deben exclusivamente al amor no expresado que muchos individuos sienten. Es por esto que las heridas no cicatrizan y las almas permanecen angustiadas. El Dr. Leo Buscaglia respecto a la falta de comunicación expresó: “Una de las principales quejas de la juventud actual es que a pesar de que se les da tanto en términos de objetos, dinero y bienestar físico, se sienten privados de una comunicación más estrecha. Extrañan el tipo de conversación que los ayuda a escuchar sus propias voces, descubrir sus propios recursos, cometer sus propios errores y buscar sus propias soluciones dentro de un medio que los apoya. Con frecuencia, sienten que la verdadera comunicación entre ellos y los que aman, si se les ofrece, tiene un valor limitado”.
Pues bien, hemos dicho que hoy en día las palabras sobran, que abundan las conversaciones superficiales y que la voz del amor se oye débil y tímida. Ahora, ¿podemos hacer algo para mejorar la comunicación? Sin duda que sí. Es notable que necesitemos empezar a expresar amor con claridad y frecuencia, porque es la única manera de que las relaciones mejoren. Es imprescindible que compartamos con nuestros semejantes diálogos positivos, cimentados en la empatía, y el altruismo, si anhelamos que las relaciones interpersonales sean más amenas y constructivas. Es menester que busquemos el amor juntos, pero individualmente, para expresar nuestros sueños a los demás sin temor de ser susceptibles por miedo a ser lastimados. Debemos tener presente la individualidad para cada persona y nuestra necesidad de amar y ser amados. Permitamos que el amor nos guíe con voz fuerte y segura. Arturo Graf dijo: “El medio más seguro de hacernos más agradable la vida es hacerle la vida feliz a los demás”. Y Schopenhauer también dijo: “Una vida ejemplar es el mejor obsequio a nuestros semejantes”.

Julio C. Cháves
escritor78@yahoo.com.ar