En el vientre de mi madre me encontraba en un estado ideal. Con mi madre éramos un solo ser. Estaba dentro de su cuerpo, seguro, fuerte, colmado de dulzura. Sin embargo, cuando nací, fui arrojado al mundo. Estoy fuera del vientre materno. El cordón umbilical se cortó. Apenas salí de mi progenitora comencé a llorar. Mi madre también lloró con mucha emoción. Nacer fue un trauma. La luz del mundo es un desafío. Vivir es construir la vida. Soñar ser un buen ser humano es ser portador de la historia. Y yo tengo mi historia particular. Todos tenemos una. Crecer es construir un mundo personal. Crecer es entablar relaciones. Amar y ser amados es vital para ser felices. Superar la soledad y el aislamiento debe ser la meta de todos los miembros de la sociedad. Nacimos para relacionarnos. Nos movemos entre personas que son importantes para nosotros. Alguien dijo que ‘pasamos toda nuestra vida tejiendo una relación tras otra hasta crear un diseño completo, como la tela de una araña’. Llegamos a ser lo que somos por medio de la relaciones. Al nacer, formamos nuestra primera relación, Madre-hijo. A medida que vamos creciendo hay personas que entran y salen de nuestras vidas. Vamos tejiendo lo que somos. Y nuestras relaciones fluyen en nuestro desarrollo social, familiar e interhumano.
Nacimos para ser felices, para comunicaros con los demás. Para mirarnos a los ojos. Para abrazarnos. Para compartir la vida. Somos transición. Somos movimiento. Somos seres humanos que diariamente lidiamos con el desafío de las relaciones humanas. Es indudable que necesitamos amor y necesitamos reconsiderar el valor de un vínculo. Dasmond Morris escribió: “En un medio social que es siempre multitudinario e impersonal, cada vez resulta más importante reconsiderar el valor de las relaciones personales profundas para que no debamos formular la triste pregunta: ¿Qué sucedió con el amor?”. Las relaciones humanas con la columna vertebral de la sociedad. Cuando amamos con empatía y altruismo abandonamos la prisión de la soledad y el aislamiento. En todo lo que somos dependemos de las relaciones.
El Dr. Leo Buscaglia en su libro ‘Amar a los demás’ escribió lo siguiente respecto a nuestra dependencia unos de otros: “Nuestra vida es una compleja red de relaciones en la cual nuestras motivaciones, nuestros deseos, nuestras creencias, nuestras necesidades y nuestros sueños están íntimamente ligados. En gran medida, podemos conocernos y definirnos como individuos mediante el examen de nuestra red de relaciones. En nuestras primeras relaciones con padres y hermanos no teníamos elección. Dependíamos de ellos, puesto que como seres humanos precisamos un cuidado intensivo mayor durante un período de dependencia más prolongado que el de cualquier otra criatura viviente. Pero también es cierto que los seres humanos tenemos una de las mayores expectativas de vida. En consecuencia, con el correr de los años descubrimos que debemos adaptarnos a distintos tipos de relaciones para poder satisfacer las nuevas y complejas necesidades físicas, sociales y emocionales, de alimentación, compañía, sexualidad, seguridad, status y crecimiento”.
Somos relación, por lo tanto, debemos tener un concepto adecuado de nosotros, Debemos despojarnos de querer tener siempre la razón, de la necesidad de querer ser el centro de atención, de querer ejercer siempre el control. Debemos despegarnos de nuestro narcisismo, de nuestra necesidad de querer manipular las cosas y a las personas a nuestro antojo. Debemos desprendernos de nuestra necesidad de culpar a los demás por nuestros problemas personales. Únicamente de esta manera son posibles las relaciones humanas positivas. Emerson dijo: “En el instante en que damos rienda suelta a nuestros afectos, la tierra sufre una metamorfosis”. Y Longfellow dijo: “No hablemos de afecto desperdiciado. El afecto no ha sido nunca desperdiciado”. Somos producto directo de nuestras relaciones. Es por esto que debemos valorar los vínculos afectivos.
Julio C. Cháves escritor78@yahoo.com.ar
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