
¿Qué es un puente? Un puente es una construcción, habitualmente artificial, que permite salvar un accidente geográfico como, por ejemplo, un río o un cañón, para permitir el paso sobre el mismo. Entonces, un puente nos permite cruzar de un lugar a otro. Si estamos de una orilla del río y queremos cruzar hacia la otra, necesitamos un puente. Vivimos en un mundo plagado de diferencias que nos separan de los demás. El egoísmo es un río que nos impide cruzar hacia los otros. Pensamos tanto en nosotros mismos que nos olvidamos que somos seres sociales y que necesitamos ser necesitados. Ser es ser percibido. Ahora, si queremos ser percibidos, debemos percibir, notar la presencia de quienes nos rodean. Un puente une las dos orillas, es una tarea dura ser puente ya que debe soportar que pasen por arriba de él, por esto debe ser sólido, debe estar firme, bien construido. He visto muchos films bélicos donde los ejércitos lo primero que quieren destruir del territorio enemigo son los puentes debido a que ellos permiten que los adversarios se abastezcan de todo tipo de cosas, como combustible, alimentos, medicamentos, etc. Cuando un ejército logra destruir todos los puentes de su enemigo se puede decir que ha ganado la guerra. Los puentes unen las dos orillas. A través de los puentes las personas se comunican, dan y reciben, pero cuando los puentes están destruidos no pueden cruzar hacia la otra orilla y entonces viene la soledad, el aislamiento y la desintegración psicológica. Debemos construir y proteger los puentes que otros han construido. En el film Rescatando al soldado Ryan del cineasta Steven Spielberg, que esta basado en un hecho real, se cuenta la historia de cuatro hermanos Ryan que van a la guerra, donde dos mueren en el desembarco y otro en el Pacífico; y sólo sobrevive uno, James Ryan. Entonces, el general George C. Marshall se responsabiliza en traerlo de vuelta a su madre, para evitarle una mayor pena, pero no se sabe dónde está. Al capitán John H. Miller (Tom Hanks) se le asigna la misión de encontrarlo con una pequeña escuadra de 8 hombres. La escuadra sufre diversas adversidades durante la búsqueda, pierde a dos hombres, y todos se cuestionan la racionalidad de la misión (arriesgar las vidas de ocho hombres para salvar a uno). Al encontrar a James Ryan, éste se niega a abandonar a sus compañeros, pues deben defender un puente que puede ser vital para la conquista de Normandía. El film muestra los horrores de la Segunda Guerra, así como la valentía y sacrificio de los soldados para cumplir su misión y proteger el puente. Los seres humanos debemos construir puentes que nos unan y proteger los que otros han construido. Claro que esto implica sacrificio, esfuerzo, voluntad, ganas de salir de la propia piel e ir hacia el otro. No debemos ser como los que construyen muros. ¿Qué es un muro? Un muro es una construcción que presenta una superficie vertical y sirve para cerrar un espacio. Los muros separan, cierran, aíslan. El Muro de Berlín, denominado "El Muro de la Vergüenza" por la opinión pública occidental y "barrera protectora antifascista" por la propaganda de la República Democrática Alemana , fue parte de las fronteras intraalemanas desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989 y separó el Berlín Occidental del Berlín Oriental y de la RDA, contando con un total de 120 km. Fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría y de la separación de Alemania. Muchas personas murieron en el intento de superar la dura vigilancia de los guardias fronterizos de la RDA cuando se dirigían al sector occidental. El número exacto de víctimas está sujeto a disputas y no se conoce con seguridad. Las cifras de las diferentes versiones oscilan entre 86 y 238 muertos. Así como los alemanes dividieron su país construyendo un muro, muchas personas construyen muros que los separan de los demás. Si alguien piensa diferente, entonces hay que construir un muro y cerrarnos, de tal forma que el otro no pueda ingresar en nuestro corazón. Los muros nos separan y los puentes unen las dos orillas. Entonces, debemos hacer como los protagonistas del filme de Spielberg, debemos proteger los puentes con valentía y sacrificio ya que los puentes son los únicos que nos permiten ganar las batallas y que a su vez, nos llevan a ganar la guerra a través de la revolución del amor. Como dice una canción: amar es combatir.
Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar

En todas partes del mundo los individuos están pendientes de la caja inteligente. Los nuevos televisores siguen siendo el centro de atención de la vida familiar. Hasta podríamos decir que el televisor es considerado como un miembro más de la familia. Muchos profetas cibernéticos aseguran que en el futuro próximo el ser humano podrá conectarse al universo de Internet de manera tan sencilla como cambiar de canal. En la actualidad hay televisores ultra finos, interactivos, inteligentes y de profunda definición La televisión moderna depara nuevas emociones. Los televisores están adelgazando hasta llegar a ser como un cuadro. La televisión es un gran negocio y el medio más culpable de la cultura agonizante y de la corrupción moral de la actualidad. Un hombre llamado Malcolm Muggeridge dice que las personas al asomarse ante la pantalla creen ver la realidad, pero lo cierto es que sin darse cuenta lo que consumen es pura fantasía. Están contemplando una imagen recortada a capricho de los productores, que no presentan lo que es, si no que presentan lo que les conviene y lo que ellos quieren mostrar como realidad. Yo siempre creí, hasta que madure intelectualmente, que lo que veía en la pantalla del televisor me mantenía bien informado y que mostraba lo que pasaba en el mundo real. Pero ahora se que todas las imágenes son redactadas a gusto del editor. Debido a esto desconfío de todo lo que me vende la televisión. Bien lo declaró el escritor cubano Alejo Carpentier: “Hoy la ‘inteligencia’ ha declarado la guerra de la TV. Pero esta es, a la vez, lo mejor y lo peor que hay en el mundo, y del usuario depende no dejarse atosigar por cuanto cae del éter”.
No cabe duda, pues, que hay programas y películas constructivas, pero también salta a la vista que en su mayoría la televisión lo único que brinda a sus espectadores es estupidez, parálisis mental, escapismo trivial y manipulación de las masas. La televisión es el opio de nuestra cultura agonizante. Cuando los programas de la TV están bien preparados, esta fuerza de la visión es utilizada como una forma absoluta de manipulación. Los usuarios de la caja inteligente están siendo objeto de una manipulación sutil y tortuosa. Algunos intelectuales afirman que los gobiernos democráticos han terminado, ya que muy pronto estaremos todos conectados a una gran computadora, vía la televisión, y de ese modo podremos saber lo que todos los habitantes del mundo estén pensando. En ese momento la opinión de la mayoría se hará ley en esa misma hora. Esta es la inmoralidad que impera en la sociedad que se dice democrática, pero que en realidad es la cuna de manipuladores desalmados y totalmente oportunistas. Alain Touranine, sociólogo francés, explicó: “La televisión será la base de la opinión pública. Ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada”. Y Federico Fellini, el gran director de cine italiano, comunicó: “La televisión es el espejo en donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural”.
La televisión puede ser utilizada de modo tan sutil que el ser humano no puede percibirlo. Se puede afectar a los seres humanos proyectando imágenes rápidas, sin que los usuarios se den cuenta de que esto está sucediendo. En una ocasión se probó proyectando un veloz flash en un cine: “Beba coca cola. Beba Coca-cola. Beba coca-cola”. Nadie se había dado cuenta, en el cine, de que esto había sucedido, pero a la salida del cine se quedaron sin coca-cola varios negocios de varias manzanas aledañas. Mientras se trate de Coca-Cola la cuestión no es peligrosa. Pero, ¿si el mensaje no fuera positivo? ¿Qué pasaría con los espectadores? Martín Heidegger, prolífico filósofo alemán, explicó: “Muy pronto la televisión, para ejercer su influencia soberana, recorrerá en todos los sentidos toda la maquinaria y el bullicio de las relaciones humanas”.
Julio C. cháves escritor78@yahoo.com.ar

Ernest Hemingway en 1942 se hallaba en Cuba y necesitaba carburante y dinero para sostener su tren de vida. Entonces, a cambio de ambas cosas, ofreció al FBI sus servicios ¡como espía y cazasubmarinos! La vida de Ernest Hemingway fue una aventura constante: soldado, corresponsal de guerra, pescador y cazador. Además fue un hombre audaz hasta la violencia, rudo, mujeriego, trasnochador, alcohólico y sobre todas estas cosas, mentiroso. Su actuaron durante la Segunda Guerra Mundial fue polémica. Su verdadera historia respecto a sus informes para el FBI comienza a conocerse a partir de los documentos del dossier secreto de FBI que fueron desclasificados en 1983. A comienzos de dicho año, Jeffrey Meyers, profesor de la universidad de Massachussets, estaba escribiendo una biografía de Hemingway y decidió presentarse en las oficinas del FBI con el fin de consultar el dossier secreto sobre las actividades de Hemingway de espionaje durante La Segunda Guerra Mundial.
Antes de los obstáculos del FBI, el joven profesor invocó el derecho de información por haber pasado más de 30 años desde el final de la guerra- según la ley de archivos-, y el FBI tuvo que entregarle las fotocopias del dossier casi completo. El dossier contiene 125 folios de documentos que, en su conjunto, son informes de aventuras imaginarias y muy propias de una apasionante novela de acción; no obstante el FBI se reservó 15 folios por razones de seguridad nacional. Hoy día pueden conocerse las actividades de Hemingway como espía, esto se debe al gran escándalo que provocó Meyers en febrero del mismo año con sus declaraciones a la prensa, revelando que el gran escritor se había burlado del FBI y de la Marina de EEUU con sus esperpénticas de espionaje desde Cuba. Las mentiras de Ernest Hemingway fueron descubiertas. Edgard Hoover, director del FBI durante la Segunda Guerra Mundial, se indigno al leer los informes fantásticos de Hemingway y cortó la relación de la agencia con el escritor.
Las mentiras tienen patas cortas. La verdad es más poderosa. La mentira es enemiga de la justicia, de la simpatía y de la solidaridad. La mentira equivale al mal: es simple maldad en acción. El engaño, la traición, el crimen, y toda una gama de perversidades son concebibles en un corazón mentiroso. La mentira es premisa de la injusticia, la apatía y el desamor. Cuando hay mentira de por medio, la vida se complica y las relaciones humanas se quiebran como un débil cristal. La rebelión se desarrolla paralelamente a la mentira. La mentira crece en razón de ser, directa del odio y la hostilidad. Equivocarse es humano, pero practicar la mentira es una equivocación oscura. Equivocarse es humano, pero las mentiras perpetúan el engaño y los sofismas. El juramento de la ley dice: “La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”. Muchos apoyan sus manos en la Biblia y no obstante dicen mentiras como si en realidad declaras en mentiras que en realidad son verdades. Esto es paradójico, triste y estúpido. Mentir es común. Lo hacen los profesores, lo hacen los políticos, lo hacen los opinólogos de la televisión. Ernest Hemingway era un gran escritor, pero también era un gran mentiroso. El Dr. José Ingenieros, psiquiatra, filósofo y sociólogo, escribió: “Amar la verdad es contribuir a la elevación del mundo moral; por eso ningún sentimiento es mas odiado por los que medran de mentir. En todos los tiempos y lugares, el que expresa su verdad en voz alta, como la cree, lealmente, causa inquietud entre los que viven a la sombra de intereses creados”.
Julio C. Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar

Estoy frente a mi televisor. Dispongo de control remoto. Cambio de canal cuando quiero. ¿Qué veo? Veo estupidez. Periodismo estúpido. Todología y discursología televisada. Practico el zapping. Y otra vez los todólogos tapan la pantalla. Hablan de políticos, diputados, fiscales y policías corruptos. Yo les casé la onda. Lo que intenta hacer es atrapar mi atención. Son todólogos intelectuales, profesionales. Saben lo que dicen porque saben de TODOOO…Sergio Vainman definió a los todólogos así: “El lema de todo buen todólogo es sabio y concluyente: “Opino de todos los temas y de los que no sé nada, mucho mejor”. Los todólogos están por doquier. En la calle, en la tapicería, en la carnicería, en la escuela y en la iglesia. Los cristianos mal informados, mal preparados, receptores pasivos, se comen el mensaje de los todólogos como si estarían comiendo el mejor de los manjares. Los todólogos predican un mensaje que dura horas y que nunca termina. Empiezan hablando en Génesis y terminan hablando en Apocalipsis. Los todólogos son los profesores que van a la escuela, se sientan y dejan que los adolescentes o jóvenes hagan lo que quieran y no enseñan nada. Yo soy un joven que trabaja de albañil y de cuando en cuando de peluquero, pero eso no significa que sea un ignorante que se traga, sin preguntas, la discursología de la gente en la televisión y de la calle y el supermercado, que son todólogos y gente con vocación fingida. Estoy harto de ser engañado por opinólogos, fabuladores y novelistas que predican sus historias como si fueran verdades absolutas. Esto pasa en la calle, la televisión y en la iglesia.
El apóstol Pablo me enseñó que debo escuchar todo y retener lo bueno. Mi pregunta es: ¿Qué hago con lo malo? ¿Conspiro en silencia para que siga existiendo? Creo que hay que desenmascararlo. El charlatanismo es charlatanismo. Cuando uno opina, debe opinar con fundamento. La discursología urbana es un conjunto de palabras huecas, sin sentido, sin pasión. El todólogo vive adulando, exagerando, hablando de aviación sin saber lo que es un avión. La magia de la vida cotidiana nos brinda de todo. Sergio Vainman sigue su descripción de los todólogos: “Un todólogo es, por lo tanto, un hombre (o mujer) que está (o se siente) habilitado para hablar y opinar de todos los temas que aparezcan, ya sea en simples conversaciones, en charlas de café, conferencias, congresos, aulas escolares y universitarias, programas televisivos, entrevistas radiales, filmes documentales, encuestas callejeras, reuniones de sociedades de fomento o asambleas plenarias de las Naciones Unidas. Se dan casos excepcionales en los cuales los todólogos alcanzan las más altas esferas del poder y desparraman todología por despachos ministeriales y sillones presidenciales.
Muchos podrían calificarme de todólogo por el hecho de que escribo columnas de diferentes temas semanalmente. A los tales, les informo que cada tema que abordo en estas columnas de opinión, están respaldadas por la lectura de libros de diversos temas que, obviamente, tratan sobre los temas que yo, desde mi modesto punto de vista, cuestiono, pienso, repienso y vuelvo a pensar. Los todólogos son verborrágicos, multitemáticos, irrespetuosos. Profanan la verdad porque de esa manera lucran. “A modo de humilde conclusión -escribió Sergio Vainman- e intentado definir con propiedad la preponderante función social que cumplen los todólogos, nada mejor que parafrasear los inmortales versos de Enrique Santos Discépolo en su tango “Chorra”. De la todología también podría decirse: “Cuídense porque anda suelta, si los cacha los da vuelta, no les da tiempo a rajar”.
Julio C. Cháves.escritor78@yahoo.com.ar

Hace un tiempo vi una película titulada “Amores perros”. En ella, se entrelazan tres oscuros episodios de fuerte tensión dramática. Responde a una significativa metáfora donde vínculos afectivos trágicos, traicioneros, promiscuidad y delirios para sobrevivir con la fórmula del “Sálvese quien pueda”, ponen sobre el tapete lo que puede haber de perrería en la naturaleza humana que, de todos modos, no resigna la responsabilidad de reconciliarse consigo misma.
Densa y arrolladora, esta talentosa película no da descanso, estremece desde el principio hasta el final, contagiando una cuota de humanidad aún en las fieras contradicciones de esos personajes golpeados por la vida. “Amores perros” es una película dura, sórdida, un símbolo de la ciudad de México tentadora y violenta. Pero una inmensa urbe es al mismo tiempo perturbadora y excitante, como lo es “Amores perros”, que no vanaliza la violencia, la marginalidad , la falta de oportunidades y aún la muerte sino la muestra con un realismo extremo, mediante un riguroso lenguaje fílmico, dejando paradójicamente abierta la posibilidad de la esperanza y la redención.
Nadie puede negar que esta película ilustra perfectamente la situación del mundo actual. No cabe duda, pues, que la humanidad ha llegado a una encrucijada decisiva en su larga y dolorosa historia sobre la tierra. Aún el observador superficial de esta película presiente que estamos en vísperas de sucesos reales en toda su dimensión. No es de extrañar, entonces que el desconcierto, la violencia y la angustia sean características predominantes de nuestros días, pues a pesar de los mejores esfuerzos a favor de la paz y los derechos humanos, la humanidad y Argentina, se siente arrastrada a su completa confusión y destrucción moral.
Ahora, ¿cómo se explica semejante situación actual? ¿Pudo un Dios justo, amante y misericordioso haber creado un mundo perverso y malo, y un hombre cargado de defectos y deformidades morales, como lo son los personajes de “Amores Perros”? De ninguna manera. Dios en Génesis dice: “Vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí era bueno en gran manera”. (Gé. 1:31). En los orígenes de la tierra era un lugar idílicamente bello. La apariencia de la tierra era de sobresaliente belleza. Verdeantes y suaves colinas vegetadas alternaban con extendidas llanuras, rumorosas corrientes, lagos de agua cristalina y bosques majestuosos de flora extraordinariamente rica y variada, en la que predominaban árboles frutales. Los animales, todos ellos mansos y de aspecto agradable, respondían con docilidad a la voluntad del hombre. Los hombres poseían integridad moral. Dios, en los comienzos, quedó embargado por un sentimiento de satisfacción y declaró que todo cuanto se había hecho era perfecto.
Si esto es así, ¿cómo se produjo, entonces, este panorama de caos, maldad y dolor que caracteriza a la humanidad de hoy, que está perfectamente ilustrada por “Amores perros”, y que hace que nuestro mundo, nuestra sociedad, sea la mota negra del universo? Esto, sencillamente está sucediendo por la decisión voluntaria del hombre de violar las eternas leyes morales de Dios. A esto se debe la violencia de perros contra perros y hombres contra hombres. Salomón, el mayor de los sabios de la antigüedad, analizó la presencia del mal en la tierra, y llegó, en virtud de su propia razón y con la ayuda de la inspiración divina, a esta conclusión: “He aquí solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre perfecto y recto, pero ellos buscaron muchas perversiones”. (Eclesiastés 7:29).
Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar

La gente de antes podía creer que vivía en el mejor de los mundos ya que las cosas estaban compuestas de solidez. Duraban. Hasta los matrimonios eran para siempre. Las bodas de oro eran algo habitual. Antes la gente podía tener la impresión de que: “Comprenderlo todo era posible y se podía confiar en la gente”. Antes el lector de periódicos, el lector medio, podía tener la impresión de explicárselo todo: los complicados procesos económicos y las peripecias de la política. En la antigüedad los jefes de estado, asistidos de ministros bondadosos y de prestigioso talento, velaban por los intereses del pueblo. Estos eran asistidos, además, por fieles excelentes generales, y policías con vocación sagrada. Antes la moneda nacional era sólida, valía; también los cambios económicos y sociales eran lentos porque no se producían, como ahora, a un ritmo vertiginoso e incomprensible cambios dramáticos. En épocas pasadas, la solidez hacía acto de presencia por doquier. La presencia de la misma estaba hasta en los detalles más ínfimos de la vida cotidiana.
Antes los fósforos, como las agujas eran de seguridad, sólidos. Antes los hombres poseían un aspecto de dignidad, sabiduría y solidez en sus convicciones y valores. Hace mucho tiempo la calidad de las sortijas, la ropa, las medias y las toallas, y todos los objetos que rodeaban a la gente daban la impresión de gran solidez. Los vasos de grueso cristal producían la sensación de durar y duraban. Antaño una prenda de vestir se heredaba de padre a hijo. Antaño los muros eran gruesos y sólidos, mientras que ahora son débiles y se llenan de humedad. Antaño el obrero era digno de su salario, mientras que en la actualidad el obrero cobra un mísero sueldo. La sociedad ha perdido la solidez. Los presidentes cambian como si fueran descartables. Los ministros de economía desfilan ante nosotros como si se dedicaran a vender trajes. El japonismo nos abruma. Hasta, incluso, el equilibrio social ha perdido solidez. Por esto, no duran ni las cosas, ni los presidentes, ni los comestibles, ni las casas, nada dura. Antaño la gente comía, mientras que ahora la gente vive mal alimentada. Antaño Argentina era un país con objetos y gente sólida, mientras que ahora los objetos son frágiles, truchos y descartables y la gente carece de identidad nacional. ¿A qué se debe esta pérdida de la solidez en las cosas y en la gente? El Dr. José Ingenieros, en su obra “Las fuerzas morales” expresó lo que sigue respecto a la pérdida de la solidez en el equilibrio social: “Hay, sin duda, naciones pobres y épocas de pobreza que nadie puede prevenir ni evitar. La miseria de una sola clase, en cambio, nace del desequilibrio social interno en la economía de las naciones: en una desproporción entre las funciones ejercitadas y las recompensas recibidas. El hambre de algunos es injusta cuando otros ostentan opulencia; pero lo es más, si como es frecuente, ella recae en los que trabajan para mantener en la ociosidad a los que no la sufren. La miseria, más grave para la mente que para el cuerpo, disuelve en los hombres los sentimientos sociales y entibia los vínculos de la solidaridad. La fe en la justicia de los demás es necesaria para no vivir como entre amigos; el egoísmo, la avidez, la avaricia, la usurpación, el robo, nacen de la falta de confianza y provocan la violencia, que es un efecto de la injusticia, aunque a su vez sea injusta”.
La pérdida de la solidez se puede ver a simple vista. La gente y los objetos dan testimonio de este hecho. La solidez fue reemplazada por inestabilidad y pasajeridad. Comparado con el mundo de antaño, hoy día, vivimos en un mundo inestable donde nada dura, ni los objetos, ni las personas.
Julio C. Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar