lunes, 4 de febrero de 2008

El niño que anuncia al hombre

El hogar es la primera y la más importante escuela donde el niño recibe su educación moral. Es en el hogar donde el niño aprende principios que persistirán a través del tiempo, principios que cesaran solamente con la llegada de la muerte. Los padres son responsables delante de Dios por la educación que les imparten a sus hijos y jamás podrán ejercer una influencia correcta sobre sus hijos si ignoran los principios morales que alberga la Biblia. Por lo tanto, donde impere la palabra de Dios y la inteligencia, la prudencia y la oración, el amor y el respeto, allí abundará la gracia de Dios. Segunda de Samuel 7:29 dice: “…con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre”.

“El niño anuncia al hombre, como el amanecer anuncia al día”, dijo Milton. Un psiquiatra afirmó que los niños son como el cemento fresco, todo lo que les cae encima les deja una marca indeleble. El hombre adulto, en cierto modo, es producto de la calidad de su niñez. Durante la infancia la mente se halla súper sensible a recibir impresiones, las ideas se captan rápidamente y la mentalidad impuesta en esa instancia de la vida marcará una influencia por el resto de la vida. Cuentan los historiadores que los personajes célebres de todas las épocas fueron criados por madres piadosas. La madre de George Washington fue una mujer piadosa. La madre del escritor Walter Scott era amante de los libros, la poesía y la música. Se dice que Scott sintió una fuerte inclinación por la literatura heroica desde el mismo momento en que escuchó leer en voz alta los cuentos de su madre y su abuela, incluso mucho antes de que aprendiera a leer. Por otro lado, las madres de los grandes tiranos fueron mujeres de maldición. La madre de Nerón, por ejemplo, fue una asesina. Efectivamente, la influencia de la madre en la vida de sus hijos deja marcas indelebles. Proverbios 31:28 declara: “Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada”.
Los niños imitan lo que ven. Los adultos son para ellos un modelo. Si un niño escucha gritar a un adulto, es posible que el niño también grite. Si un niño ve que su padre le da besitos a su esposa, es posible que el niño también sea cariñoso. En consecuencia, lo que más marcará la vida del niño es lo que los padres hagan y digan, pero sobre todas las cosas, lo que los padres transmitan con su comportamiento. Los buenos padres valen más que un millón de escuelas.
Los buenos principios morales son como fuertes raíces ocultas debajo de la tierra. Las raíces se quedan allí, por un tiempo se quedan inmóviles, pero con el correr del tiempo van creciendo y posteriormente florecen en un comportamiento afable, bondadoso, florecen en buenos pensamientos y buenas costumbres. No es una exageración afirmar que la felicidad o la desgracia del futuro de los niños dependen del ejercicio femenino impartido en el hogar. La mujer educa en humanismo. El hombre por su parte es más racional. La mujer educa en sentimiento, el hombre educa en racionalidad. La mujer educa en esperanza, consuelo y amor, el hombre educa en fuerza, autoridad y voluntad. Asimismo, tanto la madre como el padre, aunque ejercen una influencia válida y diferencia, no podrán ejercer una completa buena influencia si no ponen a Jesucristo como centro de su hogar. Alguien dijo que un hogar es como un sistema solar. El sol es el centro que mantiene unido al sistema solar. Si el sol se rompería en mil pedazos, el sistema solar se rompería en mil pedazos. Por lo tanto, si Jesús es nuestro es el centro de nuestro hogar, entonces todos nos mantendremos unidos. Josué dijo: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”.

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

1 comentario:

evangelina dijo...

Estoy totalemnte de acuerdo con lo que escribiste. Creo que hoy la sociedad nos impulsa a vivir en un mundo donde lo basico es tener, escalar y ser libre en el pensar y actuar.
Cuando alguien educa a sus hijos en la verdad de Dios ninguna de esas cosas que hoy están como "establecidas" en nuestra sociedad, nos pueden desorientar del camino que estamos transitando y sobre todo de las mentas que nos proponemos.
Muchas veces se nos caratula de antiguos, viejos o fuera de onda; pero la sandad mental, emocional y espiritual que tiene una persona que fue educada en los principios de Dios (y los practica) es algo que marca la diferencia y los demás lo ven.
La Biblia dice que instruir al niño en las cosas de Dios, es lo mejor que pueden hacer nuestros padres y es algo que siempre tendremos en nuestra memoria y corazón.
Nuestros niños son el futuro del mundo, eso siempre se ha dicho, entonces los eduquemos para que realmente sean futuro y no simplemente un producto de una sociedad sin códigos, ni principios. La mejor educación que le podemos dar es el conocimiento de que hay un Ser Supremo que nos ama de tal manera que hizo un sacrificio impresionante por nosotros, solo por amor. Saludos.