jueves, 25 de junio de 2009

La bendición del diezmo

Si hay una cosa que realmente le cuesta darle a Dios a todo cristiano es su dinero. Hablar del diezmo en la iglesia es un tema tabú. A los cristianos les cuesta escuchar sermones al respecto, pero lo cierto es que darle a Dios significa que somos buenos administradores de todo lo que nos da el Señor. Por supuesto que es difícil dar nuestro dinero porque representa nuestro tiempo, nuestro trabajo y nuestras habilidades convertidas en moneda, pero aunque nos cueste darlo, el diezmo le pertenece a Dios. Si lo empleamos para nuestros gastos le estamos robando a Dios. Nuestro Padre Celestial quiere bendecirnos, pero si le robamos seguramente los cielos se cerrarán sobre nuestras cabezas y pasaremos necesidades o viviremos con lo justo, y obviamente no experimentaremos toda la bendición de Dios. Darle a Dios lo que es de él significa que somos hijos agradecidos. Significa que entendemos que nuestra fuente de ingresos no es nuestro trabajo ni nuestras habilidades sino que nuestra fuente es Dios.

El Dr. Andrés Panasiuk, en su libro ¿Cómo llego a fin de mes? , escribió: “El famoso rey Salomón dice en uno de sus proverbios: “Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas”. Notemos que la primera palabra (un verbo imperativo, una orden) es “honra”. El motivo principal del cristiano para traer dinero a la iglesia, entonces, es una actitud interior: humillarse internamente al reconocer que de Dios nos vienen todas las cosas, y reconocerle a Él como el dueño de todas sus posesiones. El cristiano da sin esperar nada a cambio. Está en el mismo espíritu de dar, el dar por amor, no por interés. El cristiano da a Dios como un hijo da un regalo a su padre”.
Cuando un cristiano le roba a Dios le esta diciendo al Señor que no lo necesita. Puede ser que por un tiempo le vaya bien, pero a la larga la justicia de Dios cae sobre las finanzas del ladrón y las necesidades se multiplican como un virus mortal. Si le damos a Dios, incluso con poco viviremos. Lo poco en nuestras manos será mucho y además tendremos gozo por haberle dado a Dios lo que le pertenece. De hecho, todo lo que tenemos se lo debemos a él. Levítico 27:30 dice: “Y el diezmo de la tierra…de Jehová es…”. Las sagradas escrituras prometen prosperidad en todas las áreas de la vida a aquellos que dan el diezmo al Señor. Cuando le damos a Dios le estamos diciendo que nuestra fuente es él. Él es nuestro proveedor. Él es nuestro Pastor y nada nos faltará. En delicados pastos nos pastoreará.
Démosle a Dios lo que es suyo con amor y los cielos serán abiertos, haciendo caer bendiciones sobre nuestras vidas en abundancia. En su libro Sanidad en las finanzas, el Dr. Bernardo Stamateas, dice: “Si una persona no diezma, cierra el cielo sobre su cabeza. Muchos diezman al estilo “Pagar impuestos”; otros, como “propina de mozo”; otros, con un criterio comercial: “Yo te di; ahora, dame el doble”; y otros lo hacen de todo corazón porque aman a Dios. (Hebreos 7:8). Dice Malaquías 3:10,11: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderá también sobre vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos”. Esto quiere decir que esta actitud de adoración nos abrirá las ventanas de los cielos y las opresiones demoníacas de miseria y pobreza serán cortadas por el mismo Dios. Si no lo hacemos, traeremos sobre nosotros, por nuestra mezquindad, maldición y atadura sobre nuestras finanzas (Malaquías 3:9; Levítico 27:30).
El apóstol Pablo dijo: “…Dios ama al dador alegre…”. (2 Corintios 9:7).

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

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