martes, 8 de abril de 2008

Un enemigo llamado deuda

Una deuda es un vínculo en virtud del cual una persona, denominado deudor, se compromete a pagar a otra persona, denominado acreedor, una suma determinada de dinero o ciertos bienes y servicios específicos. Las deudas se originan normalmente cuando los acreedores otorgan préstamos a los deudores, que éstos entonces se comprometen a devolver en cierto tiempo y bajo determinadas condiciones. Entre estas últimas la más corriente es la que fija la tasa de interés que habrá de devengar el préstamo. Teniendo en cuenta este concepto explicativo sobre las deudas, quiero hablar sobre que dice la Biblia respecto al cristiano y las deudas.

Ante todo debo decir que “el rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta”, según dice proverbios 22:7. El mensaje de este versículo es sencillo: las deudas esclavizan. El deudor puede convertirse en esclavo de su acreedor. Aclaremos también que el versículo dice “el que toma prestado”, lo cual significa que el deudor se busco la deuda. Esto le da autoridad al acreedor sobre sus finanzas. Los deudores no entendieron que los préstamos son una solución pasajera a sus problemas. Y que la necesidad es el anzuelo que conduce a la esclavitud. Las deudas son una maldición.

También debo decir que el que pide un préstamo es posible que no pueda pagarlo. Los psicólogos dicen que de cada diez personas, cuatro no pagan sus deudas y se convierten en esclavos de sus acreedores. El que pide prestado, sabiendo que no va a poder pagar el préstamo, se engaña a si mismo. Además, se engaña a si mismo porque el préstamo no es un capital sino que es una ayuda pasajera que luego se convertirá en un problemas mucho más grande lo que era en principio. Cuando uno lee el proverbio antes citado, parece una prohibición o una condena a todo tipo de préstamo, y entendemos que no siempre es así, o que el texto demanda ser explicado a la luz de otros conceptos bíblicos.

Ciertamente no existe mandamiento que prohíba el préstamo, más aun, Moisés prescribe reglas sobre este asunto de suma importancia: “Cuando entregares a tu prójimo alguna cosa prestada, no entrarás en su casa para tomarle prenda. Te quedarás fuera, y el hombre a quien prestaste te sacará la prenda. Y si el hombre fuere pobre, no te acostarás reteniendo aún su prenda. Sin faltarle devolverás la prenda cuando el sol se ponga, para que pueda dormir en su ropa, y te bendiga; y te será justicia delante de Jehová tu Dios.” (Det.24:10-13). O que da por un hecho el uso de préstamos, e indica que ocurriría con más frecuencia en los pobres. Así que, aunque la palabra del Señor no lo prohíbe, introduce reglas. Los préstamos pueden destruir la fe del creyente y pueden acarrearlos problemas financieros aún mucho más grandes. Las deudas incorrectas conducen al fracaso.

Los cristianos debemos tener cuidado con la megalomanía o las soluciones mágicas ya que esto puede conducirlos a las deudas, lo cual puede hacerles pagar un precio muy alto. El que esta endeudado no solamente tiene que pagar el préstamo sino que también debe pagar los intereses que crecen a un ritmo constante y además tiene que sufrir una mancha en su reputación, que a su vez puede impedir y cerrarles las puertas a negaciones futuros. El deudor duerme mal, vive en un estado de constante agotamiento y estrés, y además ha perdido el testimonio, la paz, la salud mental, el sueño y la credibilidad. Quizá hasta no puede orar con confianza y mucho más cuando los préstamos fueron solicitados para necesidades que no produzcan más dinero. El que debe al principio, cuando recibe el préstamo se siente libre, omnipotente, capaz de todo, pero olvidó que el día de pagar los intereses llega la misma fecha todos los meses. Los préstamos solucionan pequeños problemas pero conducen a problemas mucho más grandes. El apóstol Pedro dijo a este respecto: “Su postrer estado viene a ser peor que el primero”. (2Pe.2:20).

Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar