martes, 9 de junio de 2009

Momentos de silencio


Los cristianos hablamos demasiado. Pedimos, pedimos y pedimos. No podemos permanecer en silencio y Dios que dejemos de hablar y abramos bien nuestros oídos para que podamos escuchar bien lo que él tiene que decirnos. Dos personas no pueden hablar al mismo tiempo. Para que halla diálogo un tiene que callar y el otro tiene que hablar. Entonces, si queremos que Dios nos hable es tiempo de que guardemos silencio ante su presencia. El salmo 46:10 dice: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”. No siempre hay que hablar para que Dios nos escuche. A veces con solo estar en silencio basta para que nuestro Padre escuche el clamor de nuestro corazón.

Dice una historia que unos mineros en Australia escucharon una noche el dulce cántico de un petirrojo mientras trabajaban. El sonido hizo que estos endurecidos hombres guardaran absoluto silencio. En la quietud, sus corazones se ablandaron a medida que los embargaban recuerdos de su niñez en su amada Inglaterra. Del mismo modo, cuando permanecemos en silencio podemos escuchar el cántico de los ángeles del Señor y podemos oír su poderosa voz que nos dice cuanto valemos para él. En medio de nuestro silencio habita la voz de Dios.
Quizá por enfermedad, tristeza, dolor, muchas veces no podemos elevar nuestro clamor a Dios y ni siquiera podemos emitir una breve oración, pero aunque no nos salen las palabras y nuestros labios permanecen inmóviles, podemos hablarle a nuestro Padre Celestial con nuestro silencio. Dios, además de escuchar nuestras palabras, también escucha el gemido de nuestros corazones. “Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra”. (Habacuc 2:20).
En medio del ruido mundanal de este mundo es bueno que empleemos la bendición del silencio. Dios quiere hablarnos, tenemos que escucharlo. Dios tiene pensamientos de bien hacia nosotros. No temamos. Confiamos en él. Dejémonos guiar por sus promesas, su palabra es verdad. Dios puede orientarnos hacia la bendición, así que lo mejor que podemos hacer es estar atentos a sus palabras. Dios tiene palabras de vida eterna. Dice el salmo 46:10: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…”.

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

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