miércoles, 1 de octubre de 2008

Voy a ser cada día un poco más feliz

Escribir un artículo sobre la felicidad parece un tema trillado, manoseado. Se han escrito miles y miles de libros sobre la felicidad y centenares de gurúes de la autoayuda dan conferencias sobre el bienestar interior, pero de todos modos quiere hablar en esta nota sobre ser un poco más feliz que el día de ayer. La realidad es que todos somos un poco o muy felices y deseamos que este estado de bienestar se prolongue por tiempo ilimitado, pero lo cierto que lo que hoy nos hace felices, mañana puede quedar obsoleto. Es decir, tenemos que aprender a ser felices en el presente, gestionando un proyecto de vida a corto y a largo plazo, disfrutando de la vida en nuestro andar diario. La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos. La felicidad es tener un propósito por el cual vivir. Felicidad no es un suceso mágico, es algo que construimos. Si queremos ser felices no podemos esperar que la vida nos favorezca sino que debemos incorporar hábitos y rituales que nos hagan felices. La felicidad es algo que gestionamos.

En Estados Unidos un grupo de psicólogos contrato a veinte jóvenes para que no hagan nada durante todo el día. Las primeras dos semanas los jóvenes la pasaron genial pero en las semanas posteriores estos jóvenes comenzaron a desesperar porque todo ser humano necesita hacer algo para vivir. “La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar”, reflexionó Thomas Chalmers.
Dios nos creó con un propósito y al ejercer nuestras capacidades estamos gestionando nuestro bienestar, nuestra felicidad. Mientras el hedonista dice que disfruta de su presente sin darle la debida importancia a su futuro, el hombre sabio quiere ejercer su potencial configurando su accionar con un proyecto de vida, lo cual contribuye a su superación personal, permitiéndole ser un poco más feliz. Gradualmente va a ser un poco más feliz cada día.
En otra Universidad de Estados Unidos se hizo una investigación sobre la resignación poniendo en una habitación a un individuo, el cual era sometido a sonidos musicales muy altos, sonidos que no podían ser controlados. Después de una hora de sonidos, esta persona se resignaba porque no podía bajar el volumen. En otra habitación se puso a otra persona, sometiéndola a sonidos musicales muy altos, pero en este caso, el individuo podía controlarlos con una consola que se había puesto a su disposición, entonces, cuando los psicólogos subían el volumen, el individuo lo regulaba a su gusto. Posteriormente se pusieron a ambos individuos en la misma habitación y se subió al máximo el volumen del audio. El que no había podido controlar el volumen se tiro en el piso resignado. El otro busco hasta el cansancio la consola que le permitiera controla el volumen. A través de este estudio los psicólogos llegaron a la conclusión de que la resignación se aprende. Por lo tanto, si nos pasa algo en la vida con sonido muy algo, tenemos a nuestra disposición la consola del propósito, lo cual nos permite regular el sonido a gusto personal. En fin, podemos ser cada día un poco más felices. Jamás debemos resignarnos. Siempre van a aparecer nuevas oportunidades. “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”, dijo Benjamín Franklin.


Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar

1 comentario:

elcuervo dijo...

En un post anterior descubrí a algunos amigos blogeros una bella poesía de Haroldo Conti: "La balada del álamo Carolina". Más de uno me escribió maravillado por tan hermosa prosa poética que desconocían, como desconocían al autor de la misma. Debo confesar que yo era tan ignorate como ellos de la existencia del gran chacabuquense hasta que el conocimiento de Haroldo Conti me fue dado una tarde sabatina cuando escuchando por Radio Continental de la ciudad de Buenos Aires el programa del comentarista futbolero Alejandro Apo "Todo con Afecto", este leyó el cuento "Las doce a Bragado". Escucharlo, emocionarme e impactarme fue todo uno. Después abrevé en la historia de Conti, un enorme escritor pero también un hombre de su tiempo, con virtudes y defectos. Un hombre que vivió en una Argentina violenta, que se jugó por sus ideas marxistas (que respeto pero no comparto, yo soy luterano alfonsinista e hincha de San Lorenzo de Almagro) y terminó mal, al punto que hoy no se sabe que pasó con su muerte y su cuerpo despues de su muerte. Sigue desaparecido. Pero a mi me interesa el otro Haroldo Conti, el escritor magnífico que a punto de caer en una lluviosa, sucia, opresiva tarde de invierno en manos de sus perseguidores, se permite volar con sus recuerdos a su infancia pueblerina y a su héroe indiscutido de ese tiempo de inocencias, su tío Agustín. Dejo pues para todos, el goce de la lectura de "Las doce a Bragado" en mi blog:
http://elcuervorosarino.blogspot.com.ar