sábado, 4 de agosto de 2007

La soledad y el aíslamiento


La soledad no discrimina a nadie. Entra en la vida del rico y el pobre, el inteligente y el sabio. La soledad es una experiencia humana universal. Como consecuencia de la post modernidad y la globalización, entre otros factores, el individuo va quedando socialmente aislado, perdiendo el sentido de pertenencia y comunidad. Lamentablemente las relaciones humanas gravitan en torno al individualismo, la competencia y la rivalidad.
Los psicólogos y psiquiatras consideran que una persona esta sola cuando no tiene relación directa con otras personas, lo cual permite ver que tal persona tiene relaciones sociales deficientes, a su ves este tipo de relaciones constituyen un cuadro de ansiedad, angustia y abatimiento. La soledad es tan destructiva como la depresión. “El infierno está todo en esta palabra: soledad”, dijo el Novelista francés, Víctor Hugo. Sentirse solo es no pertenecer a nadie, es la no pertenencia a grupos, comunidades, y familia. Cada cual busca su propio beneficio. La vida del otro no importa. De ahí el vacío, el hastío, la soledad. Cierta vez una amigo me dijo que uno se enamora cuando cree haber encontrado lo mejor para si mismo. Esto quiere decir que el otro debe hacer y decir lo que le hemos ordenado. No puede pensar ni contradecirnos. Si quieres estar con uno tiene que atenerse a las reglas. Esto no es amor. Esto es egoísmo. Debido a esta filosofía de vida muchas personas se sienten solas/os y no saben a donde recurrir en busca de cariño y ayuda. En primera de Corintios 13:4-6, el apóstol Pablo explica lo que es el verdadero amor: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad”. Y más adelante en el mismo capítulo dice: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”. (1 Corintios 13:13).
En medio de tanto egoísmo imperante, el apóstol Pablo nos dice que el amor esta por encima de todo. Amar es una responsabilidad, incluye buscar el bien del otro, construirlo, edificarlo, ayudarlo. El amor al prójimo es la inclinación por asistir a los semejantes sin esperar nada a cambio, es la inspiración que nos induce a considerar a los demás como superiores a nosotros mismos, es una vocación que nos impulsa a servir a los demás con entusiasmo. Primera de Juan 4:7-8: 7, dice: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”. El amor es lo único que nos hace salir de la soledad y el aislamiento. Cuando conversamos con alguien, impartimos opiniones, pensamientos, ideas, conceptos, emociones, sentimientos, es porque sentimos que pertenecemos a los demás. Por esto dicen los psicólogos que ser es ser percibido. El cristiano debe amar a los demás. Es su responsabilidad. El amor no solo hace el bien al prójimo sino que también hace el bien a quien lo da. Cuando una persona ama a los demás desea ser mejor y lo logra. Amar es salir de la soledad, es comprender, entender, mostrar empatía. El Dr. Jaime Barylko dijo que amar es un trabajo. Y es un trabajo porque exige voluntad, esfuerzo, inteligencia. Jamás vamos a encontrar una persona perfecta. Siempre habrá personas que no están de acuerdo con nosotros. Por esto, amar es un trabajo. Cuando damos a alguien lo mejor de nosotros mismos, cuando le damos de nuestro tiempo con alegría, cuando le damos de lo que tenemos y de lo que somos, esto es señal de que hay verdadero amor en nosotros. Mientras la soledad y el aislamiento conducen a la desintegración mental, el amor conduce a la salud, la armonía y la paz. El amor siempre aleja la soledad. José Narosky en su libro Si todos los sueños, escribió: “Cuando encuentro un ser cálido me olvido de la frialdad del mundo”.

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

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