
Tenemos de todo. Abundan los aparatitos que facilitan nuestra comunicación. Disponemos de DVD, Mp3, televisores inteligentes, cámaras digitales, Chat, teléfonos celulares, Internet, E-mail. Pero lamentablemente en vez de estar mejor comunicados, estamos más distanciados de los demás. Antes nos encontrábamos y nos veíamos cara a cara, pero ahora nos vemos por camarita y chateamos. Rainer Funk dijo: “La evolución de los últimos años ha mostrado que, por conciencia, desarrollo y autorrealización, casi siempre se entiende otra cosa: el fortalecimiento de las energías subjetivas del hombre, que no hace, la mayoría de las veces, sino reforzar el propio narcisismo y confirmar la incapacidad de amor y razón”.
Mientras nos despeñamos en pos del tener nos olvidamos del ser y cuando nos acordamos de ser personas, somos narcisistas, egoístas, individualistas. No nos importa el otro. Nos relaciones con objetos y nos olvidamos de que las personas no son objetos sino sujetos con puntos de vista, opiniones, razones, corazón. Hemos confundido el materialismo con la felicidad. En realidad lo que necesitamos no son cosas, objetos, sino personas. Necesitamos ser percibidos, percibir. En mateo 22:37-40 leemos: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende la ley y los profetas”.
En primer lugar necesitamos amar a Dios y en segundo lugar necesitamos amar a los demás como a nosotros mismos. Las cosas no pueden llenarnos el corazón, no pueden darnos amor ni sentido. Lo que nos da sentido existencial es el amor a Dios y en consecuencia, el amor a los demás. Dios es amor y si lo amamos practicaremos este vínculo. Debemos valorar nuestras vidas. Debemos amar. Se cuenta que un muchacho descontento de su suerte exclamaba:
-¡Los demás son ricos y yo no tengo nada! ¿Cómo puedo vivir así?
-Un anciano oyó sus palabras y le dijo:
-¿Eres tan pobre como crees? ¿No tienes salud y juventud?
Entonces, el anciano tomo la mano del muchacho y le preguntó:
-¿Te dejarías cortar la mano por dos mil dólares?
-¡jamás!-exclamó el muchacho.
-¿Y la izquierda?-pregunto el anciano.
-¡Menos!
-¿Te sacarías un ojo por un millón de dólares?
-¡Dios no lo permita!
-Ves- dijo el anciano-, cuando riqueza tienes. Y sin embargo te quejas. No olvides que llevas dentro de ti un tesoro inagotable: La voluntad. Ella te dará todo lo que necesitas. Si la pones al servicio de la razón y la justicia, el trabajo y la bondad, el amor a Dios y el amor a los demás, entonces serás una persona sabia y tendrás las cosas que realmente hacen felices a los seres humanos…
Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar
No hay comentarios.:
Publicar un comentario