lunes, 12 de marzo de 2007

No es cuestión de suerte.


Si alguien pasa por un mal momento se dice a sí mismo: “¡No tengo suerte!”. Y si a una persona generalmente le va bien en la vida, todos dicen a una voz:” ¡Qué suerte tiene ese tipo!”. Pero, ¿existe la suerte? ¿Es el éxito únicamente cuestión de suerte? La palabra suerte quiere decir: Encadenamiento fortuito de los sucesos. Entonces, si los sucesos que se unen son positivos decimos que estamos ante la buena suerte. En cambio, si los sucesos que se unen son negativos decimos que estamos ante la mala suerte. Después de todo se puede decir que los sucesos no se unen al azar. Los sucesos se unen porque nosotros somos quienes gestamos esos sucesos. Cada cual construye su vida. Nada es azar.
El verdadero éxito no se adquiere por casualidad, no, se adquiere con esfuerzo, voluntad, lucha, perseverancia, inteligencia y determinación. Si queremos lograr algo en la vida no debemos depender de la suerte, debemos hacer que la suerte dependa de nosotros. ¿Para que esperar la ayuda de las circunstancias? Nosotros debemos luchar. Nosotros debemos hacer que las cosas sucedan. Hace poco leí un proverbio mahometano que dice: “El mundo pertenece a Dios; pero Dios se lo alquila a los valientes”. Únicamente quienes piensan tener éxito lo consiguen de verdad. Es verdad que para llegar el éxito hay que sortear muchísimos obstáculos, muchas lágrimas, pero, tarde o temprano, si se sigue adelante pese a todo, se llega a la meta. Nada es azar. Nada es cuestión de suerte. Todo cuesta trabajo y mucho sudor. Lo más importante de la vida no es la suerte sino las ganas de luchar que tengamos. El Dr. Jhon C. Maxwell en su ensayo “ACTITUD DE VENCEDOR”, dice: “Es imposible triunfar sin sufrir. Si tiene éxito y no ha sufrido, es que alguien ha sufrido por usted; y si está sufriendo sin tener éxito, tal vez alguien tendrá éxito por usted. Pero no hay éxito sin sufrimiento”.
A veces nos rodean sucesos negativos y entonces nos desalentamos y nos descorazonamos; nos rendimos. En estos momentos hay que recordar que después de la lluvia brillará el sol. La vida de cada ser humano sobre la faz de la tierra está compuesta de sucesos alegres y sucesos tristes; y en la mayoría de las personas siempre hay tormentas interiores. Vivir es sufrir. Y tener éxito también es sufrir. Las pruebas son muchas, las lagrimas son interminables, los fracasos inesperados; y la lucha contra las bestias malignas de la adversidad debe ser tenaz. Muchos individuos al transitar por la senda de la desgracia, crispan sus puños con bronca y descontento, y dejan caer de sus labios negras maldiciones en contra de sí mismos. Creen que están condenados a la mala suerte. Esto les pasa porque interpretan que la vida jamás les dará sucesos positivos. Pero como dije: “Después de la tormenta llegará la paz”. De hecho, no todos los infortunios son mala suerte, pues la adversidad es lo que nos hace mejores personas. Los obstáculos vencidos nos vivifican la voluntad de superación, y nos preparan para nuevas luchas. Por algo será que Futon Sheen (Monseñor), escribió “No hay nada más trágico en el mundo, que el dolor malgastado”. En otras palabras, no hay nada más trágico en la vida que los sucesos negativos malgastados. La vida no es cuestión de suerte, la vida es cuestión de actitud, de voluntad, de ganas de mejorar. ¡De pronto salió el sol!

Julio C. Cháves.

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