lunes, 12 de marzo de 2007

La grandeza en medio de la pobreza.


El excesivo bienestar hace que los hombres se tornen perezosos, apáticos, mediocres. Generalmente a las personas que les dan todo servido les hacen un mal. Porque, sin duda, las excesivas comodidades en vez de ayudarnos a superarnos nos ayudan a tener un concepto poco serio de la vida. Ser rico no tiene nada de malo. Vivir bien tampoco. Lo malo es cuando dejamos de lado nuestros talentos, nuestras capacidades, y no tenemos ningún deseo de superarnos, porque consideramos que ya tenemos todo lo que necesitamos. El excesivo bienestar hace que tendamos a vivir una vida sin sentido.
Al contemplar la historia de la humanidad advertimos que los grandes personajes de la humanidad estuvieron rodeados de pobreza, lo cual los desafiaba a que se superaran, muchos individuos, deben esforzarse muchísimo para lograr alcanzar sus metas. Las personas que conocen que la vida presenta pruebas impuestas por la realidad cruel, tienen un concepto serio de la vida. Indudablemente, las continuas luchas y dificultades tienen gran valor formativo de nuestra voluntad. En medio de la opulencia es muy difícil valorar el trabajo, la perseverancia, y el ejercicio de la voluntad. Pero en medio de las necesidades no satisfechas es más fácil. Porque si la realidad es adversa uno se esfuerza por superarse y ser mejor. Gracias a las pruebas difíciles de la vida conocemos nuestra capacidad de sufrir con valentía, valoramos las cosas que conseguimos con trabajo tenaz, y poseemos determinación y capacidad de decidir. La adversidad hace que lo mejor de uno se exteriorice. Ahora veamos algunos ejemplos: Watt, mientras iba meditando sus inventos magníficos, tenia que buscarse el sustento con la fabricación de flautas, órganos, brújulas. Stephenson, el inventor de la maquina a vapor, nació en un mísero tugurio minero; su padre era jornalero, y había que cuidarse de la máquina que subía el carbón de piedra desde la mina. Primero empezó el mismo Stephenson a limpiar el carbón de piedra, posteriormente le confiaron la conducción de los caballos de la maquina. Copérnico, era hijo de un panadero polaco, Geppler de un tabernero alemán, Newton y Laplace eran originarios de una casa de labradores. Todos estas personas celebres si hubieran vivido rodeados de excesivas comodidades quizás nunca hubieran desarrollado sus capacidades y dones. La adversidad sacó hacia fuera lo mejor de ellos.
Faraday, el naturalista, era hijo de un herrero, y en su juventud fue aprendiz de encuadernador y practicó este oficio hasta los 22 años de edad. Fergusson se sustentaba pintando retratos. Canova, el escultor insuperable, fue al principio un simple cantero, como su padre y su abuelo, y su talento le levantó de este oficio y le dio fama mundial. Tintoreto al principio era teñidor de trajes; Caravaggio, peón de albañil; Giotto, pastor; el padre de Haydn, pobre carretero. Se conoce poco de la vida de Shakespeare; pero se sabe que sus padres eran pobres. Uno de los presidentes de los Estados Unidos, Jhonson, trabajó en su juventud en una sastrería; otro presidente, Lincoln; era hijo de un jornalero, y tuvo que ganarse la vida durante 10 años como leñador, después como carpintero. La historia pone de relieve que la grandeza habita en medio de la pobreza. La adversidad extrae lo mejor de nosotros mismos.

Julio C. Cháves.

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