sábado, 3 de marzo de 2007

Los hombres y el lenguaje de las lágrimas.


Las lágrimas muchas veces dicen lo que nosotros no podemos comunicar por medio de las palabras. Llorar es un rasgo esencialmente humano. En determinadas circunstancias de la vida se nos hace difícil expresar nuestras emociones y sentimientos, e incluso se ofusca nuestra capacidad de diálogo. Entonces encontramos la forma de expresar lo que sentimos y pensamos únicamente mediante las lágrimas. Llorar nos hace humanos, sabios, sensibles. Un estudio científico de estas pequeñitas gotitas saladas ha puesto de manifiesto el concepto de que hay tres clases de lágrimas: Las basales, las reflejas y las emocionales. Las dos primeras son fisiológicas. Las basales cumplen la función de lubricar el ojo y asegurar la funcionalidad visual. Las reflejas entran en acción cuando ingresa algo extraño en la cavidad ocular, como una basurita, etc. Y por último están las emocionales que gravitan en torno a un profundo misterio y complejidad. Las lágrimas emocionales permiten que el corazón se comunique con los demás. Es tan la profundidad de las lágrimas emocionales que cuando las vertimos en el mundo crece nuestras sensibilidad y nuestra capacidad de amar se incrementa. Stendhal dijo alguna vez que muy frecuentemente las lágrimas son las últimas sonrisas del amor.
Todos podemos llorar. Algunos dicen que las mujeres son mucho más sensibles que los hombres y lloran con más facilidad, pero de todos modos los hombres también lloran y las lágrimas tienen el poder de cambiar los más rígidos estados de ánimo. Es cierto que muchos caballeros no quieren mostrar sus lágrimas delante de otros por temor a perder su virilidad. Entonces se muestran duros, insensibles, y algunos son bestias sexuales que jamás se enamoran, los machos que no llorar se juntan con los congéneres únicamente en las competencias, guerras o deportes. Los insensibles machos de hoy se muestras audaces, incluso agresivos, le muestran a los demás que son capaces de correr riesgos, aunque la razón y el miedo lo sugieran que hagan lo contrario. El hombre duro no emite lágrimas porque cree erráticamente que ellas son pequeñitas gotas de debilidad y falta de valentía. Pero lo cierto es que las lágrimas nos hacen más sensibles, nos hacen hombres de verdad. Llorar es la manifestación de que somos seres humanos sensibles. El hecho de que un hombre llore no implica que sea menospreciado por el sexo opuesto sino que esto permite que los machos puedan descansar de su machista virilidad, exteriorizando cierta sensibilidad que en vez de alejar al sexo femenino lo acerca y que muchas mujeres encuentran las lágrimas masculinas como un aspecto seductor. Llorar nos hace más viriles. Porque el alma no tendría arco iris si los ojos no tuvieran lágrimas”, dijo Jhon Vance Cheney.
Para concluir quiero citar un fragmento del libro “No Gonder they call him the savior”, del autor estadounidense Max Lucado, que dice lo siguiente refiriéndose al poder de las lágrimas. “Lágrimas. Esas pequeñitas gotas de humedad. Esas redondas y húmedas esferas de fluido que brotan de nuestros ojos, descienden por nuestras mejillas y caen en el piso de nuestros corazones. Son mensajeras en miniatura; se las puede llamar las veinticuatro horas del día para sustituir a las palabras paralizadas. Ellas gotean y se vierten del rincón de nuestras almas trayendo consigo las más profundas emociones que poseemos. Resbalan por nuestros rostros anunciando toda una gama de emociones que van desde el gozo más hermoso hasta la más profunda desesperación. El principio es simple; cundo las palabras son por demás de vacías, las lágrimas son las más apropiadas. Una mancha de lágrimas sobre una carta dice mucho más que la suma de todas sus palabras. Una lágrima cayendo sobre un féretro dice lo que un orador bien preparado nunca podría. Lágrimas…”.


Julio César Cháves http://ar.f526.mail.yahoo.com/ym/Compose?To=escritor78@yahoo.com.ar

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