sábado, 3 de marzo de 2007

Los chupasangres.


Diferentes formas de vampiros habitan las mitologías, las leyendas y los cuentos de terror. Pero los vampiros de quienes voy a hablar no son como el mítico drácula, el aterrador personaje creado por Bram Stoker. No son como este príncipe medieval de increíble complejidad ni viven en castillos aislados en medio de un paisaje transilvano invernal, áspero, boscoso, siniestro. No son muertos que cuando cae la noche salen de sus tumbas en busca de sangre humana o animal. Son vampiros y al mismo tiempo son personas comunes y corrientes. Son chupasangres porque se aprovechan de los débiles, utilizan a los demás y se jactan de su irónico egoísmo. Usan a los demás para beneficio propio. Los débiles necesitan de ellos, entonces estos como saben esto, sacan su ración de sangre para calmar su sed de egolatría y mezquindad. Los vampiros de quienes hablo son peores que los demonios de los cuentos de terror, son más crueles que el lobo de caperucita roja. Quieren matar, quizás sin ser violentos, pero de todos modos matan a los demás porque los usan como a meros objetos desechables.
Muchas veces me he encontrado con estos malditos chupasangres de moral dudosa, que están rodeados por una aureola de poder y que son portadores de la repugnante capacidad de abusar de los débiles, los ignorantes y analfabetos. Se jactan de su grandeza comparándola con la pequeñez ajena. Drácula, el hombre vampiro, creado por Bram Stoker, es una metáfora literaria que evoca un tipo humano confundido que vive apropiándose de diferentes maneras de la energía de los demás, mediante la negación del saludo, dando falsos testimonios, haciendo alusiones malintencionadas, negando una simple sonrisa, siendo indiferente, negando la respuesta a una pregunta, no reconociendo el mérito del otro e incluso practicando el acoso moral y privando a los demás de libertad de pensar, sentir y vivir. Dictadores, manipuladores, engañadores, mitómanos, esclavos del chantaje afectivo, estafadores, usureros, irracionales, glotones,
La agresión vampírica esta presente en la realidad cotidiana, siendo la realidad cotidiana un catálogo de atrocidades, vejaciones, utilitarismos, despotismos, abusos de poder, y arraigado egoísmo. “En Ángelo, escribió Mario Corte, (un relato que aborda las partes relativas a los síntomas de la agresión vampírica y sobre la negación de la dignidad) este esquema se presenta en toda su virulencia. De hecho, Iván, paga la honestidad de sus sentimientos sufriendo incluso dos veces la humillación de ver cómo Ángelo, el chulo del barrio, que ha entablado con él una competición hasta la última gota de sangre, le quita el afecto de una persona querida. Como recordareis, la culpa de Iván consiste solamente en jugar en el mismo equipo que Ángelo y en tener un gran talento futbolístico que pone en peligro el astro de este último. La primera a ceder a las maniobras de Ángelo es Livia, la novia oficial de Iván. Aunque sigue estando enamorada de Iván, Livia cae en el remolino afectivo de Ángelo, que primero la empuja a una traición ocasional y después a las llamas de una pasión turbia que desembocará en la concepción de un hijo y en un rápido matrimonio reparador. La segunda vez Iván sufrirá la pérdida de Marisella, una chica que en el pasado había sido brutalmente dejada por Ángelo y que justamente por la traición de este ultimo con Livia había intentado el suicidio. Cuando finalmente la relación de Ángelo y Livia está a punto de desembocar en el matrimonio, Marisella había revelado a Iván su amor, el cual acabó por encontrar en este nuevo afecto una razón para vivir”. Los vampiros son chupasangres porque se desprecian a si mismos, buscan poder porque esto levanta su ególatra autoestima, humillan para exaltarse, maldicen para bendecirse, viven una vida enmascarada, falsa, engañando, mortificando, lastimando y humillando a los semejantes con el objeto de satisfacer su sed de poder sangriento. El personaje de Bram Stoker es un santo comparado con estos vampiros que caminan por las calles de nuestra ciudad. Si deseamos conservar la sangre que circula por nuestras venas creo imprescindible advertir la existencia maldita de estos seres egoístas, muertos en vida, que disfrutan de muchas cosas a costa de víctimas indefensas que lamentablemente necesitan de estos chupasangres.


Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

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