
En la ciudad de la Plata , precisamente en el patio interno del Centro Cultural Islas Malvinas, hay una escultura realizada con armas de fuego de todo tipo y calibre. La escultura fue realizada por el grupo Escombros, artistas plásticos y la colaboración de varias empresas. Para sostenerla en pie fue necesario cavar dos metros de profundidad. La obra escultórica, totalmente terminada, con su base de sólido concreto, una alta estructura metálica con un texto escrito y las luces de iluminación, pesa un total de cinco toneladas. Y lo más conmovedor de todo esto es que esta obra fue inspirada por la vida de una anciana llamada Lidia Burry, que sin recibir ningún tipo de beneficio, canjea revólveres, pistolas y escopetas por comida, vestimenta y dinero. El emprendimiento solidario de esta anciana constituye un sólido símbolo de antiviolencia.
El texto distintivo de la escultura reza: “Cada arma destruida, es un hijo que no vera asesinar a su padre. Es un padre que no pagará recate por su hijo. Es una mujer que no será violada. Es una familia que no será rehén. Es una casa que no será robada. Cada arma destruida es una victoria de la vida sobre la muerte”.
Lidia Burry podría quedarse tranquila en su casa sin hacer nada por contrarrestar la violencia social, pero su objetivo es adquirir armas de los delincuentes que no serán utilizadas para fomentar el terror, la violencia social y la muerte. Antes de realizar esta solidaria labor, Lidia tuvo que tramitar un permiso en el registro nacional de las armas. Ella simplemente pone plata de su bolsillo para luchar contra la violencia sin fines de lucro. Nadie la ayuda con dinero para comprar las armas. La solidaridad y el amor es lo que la mueven a hacer eso. Lidia encuentra placer en adquirir armas de los malhechores sacar de circulación estos elementos de muerte. Muchos niños aún tienen a sus padres vivos porque Lidia sacó un revólver de circulación. Muchas mujeres no han sido violadas porque Lidia sacó una pistola de circulación. La abuela de las armas es un símbolo de paz social. Su emprendimiento antiviolencia constituye una obra de amor hacia las victimas y victimarios de esta sociedad violenta.
Julio César Cháves escritor78@yahoo.com.ar
El texto distintivo de la escultura reza: “Cada arma destruida, es un hijo que no vera asesinar a su padre. Es un padre que no pagará recate por su hijo. Es una mujer que no será violada. Es una familia que no será rehén. Es una casa que no será robada. Cada arma destruida es una victoria de la vida sobre la muerte”.
Lidia Burry podría quedarse tranquila en su casa sin hacer nada por contrarrestar la violencia social, pero su objetivo es adquirir armas de los delincuentes que no serán utilizadas para fomentar el terror, la violencia social y la muerte. Antes de realizar esta solidaria labor, Lidia tuvo que tramitar un permiso en el registro nacional de las armas. Ella simplemente pone plata de su bolsillo para luchar contra la violencia sin fines de lucro. Nadie la ayuda con dinero para comprar las armas. La solidaridad y el amor es lo que la mueven a hacer eso. Lidia encuentra placer en adquirir armas de los malhechores sacar de circulación estos elementos de muerte. Muchos niños aún tienen a sus padres vivos porque Lidia sacó un revólver de circulación. Muchas mujeres no han sido violadas porque Lidia sacó una pistola de circulación. La abuela de las armas es un símbolo de paz social. Su emprendimiento antiviolencia constituye una obra de amor hacia las victimas y victimarios de esta sociedad violenta.
Julio César Cháves escritor78@yahoo.com.ar
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