sábado, 3 de marzo de 2007

El eterno mundo de los libros.


“Lo que se aprende leyendo es el lenguaje de uno mismo, se consigue dar nombre a las emociones, aumentando así nuestras posibilidades, creciendo, ampliándonos”, dijo el Dr. Guillermo Jain Etcheverry. Y es cierto, los libros son un mundo dentro de este mundo. Los libros nos ayudan a transitar por esta realidad tan volátil, movediza e inexplicable. Leer libros hace que acumules experiencias emocionales, racionales, permanentes. En las páginas de las clásicas obras literarias de todos los tiempos podemos acceder a una amplia interpretación de comportamiento de los hombres sobre la faz de la tierra. Los pensamientos de grandes filósofos, escritores e ideólogos de todas las épocas y culturas enriquecen nuestro mundo intrapersonal aportándonos criterio para interpretar los eventos imprevisibles de la vida. Quienes se dejan acompañar por buenas obras literarias encuentran respuestas oportunas en este mundo lleno de oscuridad intelectual, miedo y dudas. Marcel Proust alguna afirmó que “no hay mejor manera de advertir lo que uno siente que tratando de recrear en uno mismo lo que un maestro ha sentido. En este profundo esfuerzo traemos a la superficie nuestro propio pensamiento, junto con el de aquel a quien leemos”.
Es de sabios cultivas la mente con pensamientos de grandes autores que se cultivaron a si mismos y procurando entenderse a si mismos y al entorno social de su época. Los buenos libros hacen que uno tenga una mente cultivada, ordenada, nutrida de buen criterio. No hablo de leer con el objeto de ser mejores que los demás o parecer más refinados o sofisticados sino con el fin de hacen más clara la vida y evitar complicaciones vivénciales. Las palabras de los grandes filósofos y escritores de todas las épocas y culturas hacen que encontremos esperanza en un mundo confundido y alienado. Leer es un acto de descubrimiento, expansión, crecimiento, iluminación. Leer es navegar por el océano del espíritu humano y llegar a la tierra firme de la paz intelectual. Como dijo Etcheverry: “Al confrontar las obras mayores, lo hacemos alentados por la esperanza de encontrar en ellas algo que desconocíamos acerca del mundo o de nosotros”.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar

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