
En su ensayo El hombre en busca de sentido, el psiquiatra austríaco Viktor Frankl, discípulo de Freud y fundador de la logoterapia, dice que nuestro mundo padece de un vacío existencial caracterizado por la falta de sentido. Según Frankl, hay cuatro elementos que le dan sentido a la vida, que son: “realizar una vocación, superar un destino adverso, un gran amor, una fe religiosa”. En lo que refiere a vocación entendemos llevar a la práctica nuestros dones y talentos, es decir, hacer aquello para lo que estamos preparados y amamos hacer. Si cada ser humano haría todo aquello que esta relacionado con sus capacidades particulares, el trabajo sería un placer absoluto. Cada cual tiene su idiosincrasia y sirve para una cosa en particular. En todos los ámbitos de la vida, todos somos sabios en algo. Claro que no podemos saberlo todo, pero siempre somos buenos en algo que nos gusta. Esto tiene que ver mucho con nuestra vocación. Si nuestras capacidades tienden hacia una tarea especifica y amamos eso, esa es nuestra vocación. Siempre debemos fortalecer nuestros puntos fuertes, nuestras virtudes y nos defectos desaparecen solos. Superar la adversidad tiene que ver con sobreponernos a circunstancias desagradables, dolorosas, feas. Mi hermanito Benjamín tiene 7 años y tiene una enfermedad llamada mielomeningoces y consiste en una malformación en la médula espinal que impide que la información que manda su cerebro llegue a sus extremidades, sus piernas, y su aparato genitourinario, y eso es crónico, pero él todos los días se levanta con buen ánimo y se sobrepone a esta adversidad, disfrutando de la vida pese a esta circunstancia. Amar a alguien y amar a Dios, creo que tienen mucho que ver ya que Dios es la fuente de amor. Dios nos creo para amar a los demás, esto le da sentido a nuestra vida. Si Dios es amor, nosotros debemos aspirar a ello. Un psiquiatra español llamado Enrique Rojas, en todos sus ensayos dice que para ser felices necesitamos cuatro elementos que son: amor, trabajo, cultura y espiritualidad. Esto tiene que ver mucho con lo que dijo Viktor Frankl. La vida tiene sentido y no hay porque temer. Todos servimos para algo. Somos seres humanos. Hemos sido creados para la felicidad. No nos sintamos tristes ni deprimidos porque la vida es bella. Todos somos viajeros, peregrinos, y pasamos por múltiples circunstancias, algunas malas, otras buenas, pero en fin, esto contribuye a nuestra maduración y crecimiento personal. Nadie tiene la vida hecha ni es fácil hacerla. Como un poeta dijo, se hace camino al andar. Y si, es así, nadie sabe las cosas que traerá el futuro, pero lo que si sabemos es que vivir tiene sentido y podemos ser felices. Para eso fuimos creados.
Julio César Cháves escritor78@yahoo.com.ar

No hemos sido creados para dar odio sino amor. El amor es una expresión sagrada. Une a los seres humanos. La vida sin este sentimiento no tiene sentido, no significa nada. Sin embargo, aunque sabemos que hemos sido creados para amarnos a nosotros mismos y amar a los demás, las personas se despeñan detrás del odio, la indiferencia, y el desamor. Valiéndose de un comportamiento beligerante, los seres humanos han buscado, directa o indirectamente, el mal de sus semejantes. De hecho, la violencia intrafamiliar es un mal que aqueja a la sociedad toda, a nivel psicológico, físico, y social. Sabemos que debemos ser altruistas, procurando el bienestar de nuestros semejantes, pero de todas formas, convivimos en una atmósfera de fricción, intolerancia y falta de comprensión. Y aunque muchos especialistas dicen que la violencia en la familia y en las relaciones interpersonales, se da únicamente en los ambientes de bajos recursos y de poca educación, lo cierto es que la violencia se da en ambientes de todo nivel social y económico. La violencia no discrimina a nadie. Y las que más sufren de la violencia que atenta contra el amor, son las mujeres ya que todos los días sus derechos son violados cotidianamente por medio del maltrato moral, psicológico, laboral y sexual. Debido al egoísmo déspota desenfrenado de muchos hombres, muchas mujeres son descalificadas, abusadas de múltiples maneras. En efecto, el amor une a los sexos opuestos y converge en la constitución de una buena familia, donde padre y madre se aman y se buscan el bien mutuamente, pero el odio, la indiferencia y la violencia atentan contra la unidad familia y la constitución psicológica de los individuos, malformando las familias, contribuyendo a que vengan futuras generaciones sumidas en el rencor y el resentimiento. “La paz y la armonía, constituyen la mayor riqueza de una familia”.
En todo el mundo vemos como la familia esta siendo desintegrada por los medios de comunicación, la pobreza, y la falta de educación, y advertimos como todos estos elementos y muchos más que no hacen falta nombrar, quieren destruir la columna vertebral de sociedad llamada familia. Entonces, es nuestra responsabilidad como seres humanos avocados a la práctica del amor y la bondad, fomentar el valor de la familia, la fidelidad y la no violencia entre los sexos. “El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz”, dijo Juan Pablo II. Es en la familia donde aprendemos el valor de la vida y la convivencia humana, es allí donde somos formados para entrar en la sociedad con principios y valores humanos. Si cada uno de los miembros de la familia busca su propio bien, sin que le importe el bien de sus familiares, estamos ante una familia que favorece la desarmonía y la mezquindad. Por algo dijo Abraham Lincoln: “Me da lástima el hombre que no siente el látigo, cuando los latigazos los recibe en sus espaldas el prójimo”. Hemos sido creados para el amor y la armonía. Podemos poseer todas las riquezas del mundo, pero si no tenemos amor, somos los más pobres del universo. Hay quien no tiene nada y es rico en amor y bondad. Y hay ricos que son tan pobres que sólo tienen dinero. El amor es lo que nos hace trascender como seres humanos. Donde no hay amor, debemos sembrarlo y seguramente nacerá ya que todo corazón humano es terreno fértil para este sentimiento. Los hombres deben amar y respetar a las mujeres, respetando sus derechos y contribuyendo a su bienestar físico, psicológico y social. “Amar, escribió Juan Pablo II, es lo contrario de utilizar. Me afecta cualquier amenaza contra el hombre, contra la familia y la nación. Amenazas que tienen siempre su origen en nuestra debilidad humana, en la forma superficial de considerar la vida. La libertad de buscar y decir la verdad es un elemento esencial de la comunicación humana, no sólo en relación con los hechos y la información, sino también y especialmente sobre la naturaleza y destino de la persona humana, respecto a la sociedad y el bien común, respecto a nuestra relación con Dios. El matrimonio y la familia cristiana edifican la Iglesia. Los hijos son fruto precioso del matrimonio. El hombre es esencialmente un ser social; con mayor razón, se puede decir que es un ser familiar. El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz”.
Julio César Cháves escritor78@yahoo.com.ar