domingo, 8 de abril de 2007

NIÑOS DEL CIELO, un film del cineasta iraní Majid Majidi,


En esta película Niños del cielo, galardonada en todo el mundo, el renombrado director iraní Majid Majidi, cuenta la historia de dos hermanitos, muy pobres, que nos enseñan el significado del compañerismo y la capacidad de dar. El más grande de los hermanitos pierde el único pierde de zapato que tiene su hermanita pequeña. Ante la perspectiva de que ésta tenga que ir todo el día descalza deciden compartir el otro par que les queda. Y así nos hermanitos comparten ese par de zapatos todos los días, preocupándose uno por el otro. Uno va a la escuela, regresa corriendo y le pasa el par de zapatos al otro de tal forma que ambos puedan ir a la escuela. La película es un paradigma de moral que nos enseña lo importante que es pensar en el otro, dejando de lado la mezquindad y los intereses personales. Aunque eran dos niños muy pobres, estaban dispuestos a dar de sí mismos y eran felices aunque no tenían lo que otros niños en mejor situación que ellos tenían. Eran felices con lo que los padres les daban. La bondad a la corta o a la larga trae su recompensa. La película es simple pero su mensaje es poderoso. Con la excusa de la pérdida del par de zapatos, se muestra en el film la funcionalidad de la enseñanza primaria en Irán. Su disciplina extrema, el respeto que profesan los estudiantes por los profesores, así como la tajante separación de géneros se muestran como telón de fondo a la historia de profundo cariño entre los dos hermanitos. El director Majid Majidi logra conmover con su narración, refrescantemente austera, lúdica, y genialmente simple. Es una película de bajos recursos económicos, con una cámara un tanto experimental, con poca posproducción, pero de todas formas conmueve nuestras almas con un mensaje que sobrepasa lo usual, es realmente una película simplemente humana. Esos hermanitos de Teherán, sus dificultades, la realidad de pobreza y sus extraordinarias actitudes de amor en medio de la necesidad nos transmiten un contundente mensaje de amor y amistad.

Julio césar cháves
escritor78@yahoo.com.ar

Lo que decimos dice mucho de nosotros


Decimos, hablamos, nos expresamos y nos comunicamos mediante las palabras. Con las frases y conceptos que articulamos creamos, destruimos, aclaramos y oscurecemos. Nada es más importante en una persona que su vocabulario. “Las palabras, dice la enciclopedia libre http: //es.wikipedia.org, son gratuitas, que no cuestan nada y que pueden ser usadas para bien o para mal. Simple y sencillamente con palabras puedes mejorar o empeorar una situación. Las palabras son símbolos. Esto quiere decir que se refieren a las cosas del mundo y que originan un cierto tipo de representación cognitiva (una idea) con la que se asocian convencionalmente. Dicho de otra manera, las palabras tienen un significado y gracias a él se pueden referir a las cosas. Cada vez que se dice una palabra hay tres elementos en juego: la expresión de la palabra, el concepto con el que se asocia (el significado) y la cosa a la que se refiere (la referencia). Aunque las referencias posibles son muchas, el significado, sin embargo, es constante”. El fruto de los labios devela el estado del corazón, el contenido psicológico de quien habla. Escuchar nos permite acceder a la personalidad del otro, conocerlo por dentro, entrar debajo de la piel. Un periodista al hablar de violencia en una crónica dijo que la violencia comienza por la lengua. Si, la lengua es un mundo de maldad. El mal uso de la lengua en contra de alguien puede converger en violencia física y psicológica. Lo que decimos dice mucho de nosotros. Un jesuita llamado Carlos Vallés dijo: “Una palabra cortés en el momento y tono apropiado puede hacer mucho para suavizar las asperezas de la coexistencia diaria en un mundo hostil”. Al mismo instante en que entablamos una conversación con alguien debemos ser respetuosos y escuchar con atención lo que el otro dice. De este modo, construimos relaciones interpersonales favorables. El respeto es indispensable si queremos llevarnos bien con todos, o mejor dicho, con casi todos.
El escritor Max Lucado en su ensayo sobre el yunque, dice respeto a la comunicación: “La comunicación es algo más que palabras. En las conversaciones existen básicamente dos clases de personas. Aquellas que desean comunicar y aquellas que desean mostrarse. Las del segundo tipo, generalmente, son expertas en todo, a su manera. No pueden resistir la tentación de lanzar sus opciones al cuadrilátero. Son el tipo de personas que hacen comentarios en clase para ser vistos más que aprender de los demás. El verdadero tópico nunca necesita degradar a otros para ensalzarse a sí mismo”. Cuando articulamos frases, conceptos, ideas, pensamientos, nuestro único objetivo debe ser comunicarnos, decir lo que pensamos y sentimos. Lo que decimos exterioriza lo que alberga nuestro corazón. Apenas soltamos las palabras, ellas cobran vida y van de un lado a otro y causan efectos. Las palabras afectan nuestro entorno. Generalmente escucho decir a la gente que las palabras se las lleva el viento, pero esto no es así ya que lo que decimos nos cambia a nosotros mismos y cambia todo a nuestro alrededor. “Piensa muy bien antes de hablar, dice la Lic. Silvia Redondo en un artículo titulado El poder de las palabras, cálmate cuando estés airado o resentido y habla sólo cuando estés en paz. Recuerda que las palabras tienen poder y que el viento nunca se las lleva.Las palabras encierran una energía que bien puede ser positiva o negativa. "Una cometa se puede recoger después de echarla a volar, pero las palabras jamás se podrán recoger una vez que han salido de nuestra boca".

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar.