
El ejercicio de fe consiste en agudizar nuestros oídos espirituales y estar dispuestos a entregarnos a él. Fortalezcamos nuestra fe. Leamos la palabra. Leamos libros cristianos. Escuchemos predicas. Juntémonos con personas de fe. Es cierto que la salud y la prosperidad económica son hermosas bendiciones, pero la mayor bendición es escuchar la bendición de Dios, la mayor bendición es alimentar nuestra fe. Puede pasar que atravesemos adversidades, enfermedades, problemas, pero aún en esos momentos tenemos que estar dispuestos a escuchar la voz de Dios. Job dijo: “De oídas te había oído; más ahora mis ojos te ven”. (Job 42:5).
Dios siempre esta dispuesto a bendecirnos. Él esta atento a nuestras necesidades. Es en circunstancias desfavorables cuando muchos creyentes aprender a escuchar a Dios y toman conciencia de que Dios interviene a favor de sus hijos. Uno de los problemas que aquejan a los cristianos de hoy es que tienen una fe anémica y enclenque, sin carácter, lo cual hace que no estén dispuestos a definirse en medio de los problemas de la vida. Es necesario que estemos dispuestos a crecer en la fe, de modo que podamos lidiar con los problemas y salir victoriosos. “…y si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello”. (1 Pedro 4:16). Cuando el ciego Bartimeo arrojó su capa y corrió desesperadamente hacia donde estaba Jesús, al ver la fe este hombre Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Y Bartimeo, ansioso, dijo: “Señor, quiero ver”. Y en el mismo instante en que dijo “Señor”, fueron abiertos sus ojos y recobró la vista. Luego Jesús le dijo: “Tu fe te ha salvado”. Esto es lo que hace falta: FE. Inmediatamente, necesitamos fortalecer nuestra fe. Para el que cree todo es posible…
Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar