martes, 10 de junio de 2008

¿Me congrego en una iglesia de cristianos?


La Biblia dice que los verdaderos discípulos de Cristo serían reconocidos por amarse unos a otros. Así pues, lamentablemente tengo que admitir que en muchas iglesias los hermanos en vez de amarse unos a otros, se critican y conspiran. He escuchado a muchos “hermanitos” hablar mal de pastores, líderes, etc. Y al mismo tiempo, he escuchado a pastores subestimar, menospreciar y criticar a sus ovejas. Creo que un espíritu de crítica se ha instalado en la iglesia y los cristianos ya no son reconocidos por su amor por los perdidos sino que son “reconocidos” por su envidia, su afán, su mezquindad, su falta de amor.

Ya nadie ama a sus hermanos ni se preocupa por las necesidades de sus semejantes, al contrario, si pueden utilizar a otros para su beneficio lo hacen y siguen sus vidas con impunidad y ostentación.

Los pastores también han contribuido a que dentro de sus iglesias aparezcan espíritus de crítica al ser favoritistas, exclusivistas, selectivos con la gente. En vez de ser líderes y mentores de sus ovejas, son utilitaristas, criticones y vanidosos.

Si tendrían que lavarle los pies a un mendigo seguramente no lo harían. Muchas iglesias en vez de ser templos donde los hermanos buscan a Dios y conviven en armonía con otros hermanos, son empresas familiares donde únicamente se habla de diezmo, ofrenda, donaciones especiales, dinero, dinero y dinero.

Los verdaderos predicadores hablan del amor de Dios y de sacrificio salvífico de Cristo, pero los pastores de ahora hablan de prosperidad, bendiciones económicas y los panes y los peces y se olvidan del amor por la gente y las necesidades de la comunidad donde viven.

Yo entiendo que un pastor tiene derecho a vivir con dignidad, alimentar a su familia y disfrutar de la vida, pero esto no significa que no deba capacitarse, leer libros, estudiar. En vez de hacer cursos de aconsejamiento pastoral se van de vacaciones dos veces por año.

En este contexto de mezquindad, ignorancia, simplismo y cualquierismo, me pregunto: ¿Dónde se encuentran los cristianos que se aman entre si? ¿Adonde se fue la armonía? ¿Qué paso con el amor a los perdidos? ¿Por qué desaparecieron las obras de beneficencia, los comedores y el servicio a la comunidad? También pregunto, ¿Qué paso con la capacitación pastoral? ¿Dónde se encuentran los líderes que dispuestos a ser mentores de sus liderados? ¿Qué pasa que el amor esta ausente?

Creo que en estos postreros días debemos reflexionar y preguntarnos que paso con el amor que nos teníamos. Estos son tiempos donde las iglesias divididas serán destruidas. Son tiempos donde los falsos pastores sin amor hacia sus ovejas serán desenmascarados. Son tiempos donde el criticón irá de mal en peor. Para terminar quiero decir que si decimos que no tenemos pecado nos engaños a nosotros mismos y la verdad no esta en nosotros. “Desconfía de los pecados pequeños”, dijo Jhon Bunyan.

Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar

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