
“Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación”.
Proverbio árabe.
Hay ojos que lo dicen todo. Las tristes pupilas de los pibes vendiendo estampitas lo dicen todo. La mirada de un anciano dejado de lado por sus seres queridos lo dice todo. La mirada nos zambulle en un mundo tangiblemente emocional, nos hace seres sociables. Los ojos poseen sus propias reglas gramaticales. Pestañeos, guiños, lágrimas, pueblan nuestros rostros. Las miradas viven en nuestras almas. Hay ojos que fascinan, que aman, que odian, que dicen: te amo. El filósofo Jean Paúl Sartré sugirió una vez que el contacto visual es lo que nos hace directamente conscientes de la presencia de los demás, la mirada de los demás es el infierno. Respecto al contacto visual, Philip Gibas nos dice: “Si hay algo que he aprendido, es que la piedad es más inteligente que el odio, que la misericordia es preferible aun a la justicia misma, que si uno va por el mundo con mirada amistosa, uno hace buenos amigos”.
El ojo es un órgano muy especial. Nos comunica con el mundo. Nos comunica con los demás. Según los psicólogos, tener éxito en los negocios es cuestión de dirigir la mirada siempre a los ojos y la frente del interlocutor. Obviamente, aquí no estamos hablando de negocios, estamos hablando de mirar a los demás a los ojos. Pero de todos modos nos sirve, porque, de hecho, queremos tener éxito en el tema del amor a los demás. Será por esto que Henry Louis Mencken dijo: “Vive de manera que puedes mirar fijamente a los ojos a cualquiera…. “El lenguaje de los ojos es innato al ser humano, dice un articulo que leí en una revista; sin embargo, existen diferencias interculturales respecto a la forma de mirar. Mientras haya civilizaciones que fomenten el contacto visual, atrás lo desmitifican para aducir su relevancia en los rituales sociales. El antropólogo Edgar Mall ha observado, por ejemplo, que los árabes se acercan mucho y miran atentamente a los ojos de su interlocutor para observar y conversar. En el extremo opuesto se encuentran los países del lejano oriente, donde se considera una falta a las reglas de etiqueta el mirar a la otra persona mientras se mantiene un diálogo. El abanico de expresiones visuales según el contexto es amplísimo en todo el mundo. En fin, otros países, otras miradas”.
¡Que complejo y amplio es el mundo de las miradas! El lenguaje de los ojos es utilizado de forma corriente por todos los seres humanos. Algunos lo utilizan de una manera y otros de otra. Pero en fin, los ojos están para utilizarlos. Ciertamente es fácil hablar con los ojos. La mirada es un hilo invisible que nos une a los demás. Por todo lo antes dicho, debemos ser conscientes que nuestra forma de mirar a los demás es una manera de hablar sin palabras. Con los ojos podemos transmitir odio, alegría, celos, miedo, angustia, amor, compasión, etc. Las miradas son tan importantes que ocupan mucho espacio en nuestros recuerdos. De hecho, nadie olvida una mirada de amor sincero. Nadie olvida la mirada de un niño que vende estampitas para comer. Nadie olvida la mirada de un enfermo de sida que ha sido excluido de la sociedad como si fuera un bicho raro. Nadie olvida las miradas que matan y tampoco las que dan vida. Nadie olvida una mirada. Porque una mirada, un par de ojos, muchas veces dicen lo que las palabras no pueden comunicar.
Julio C. Cháves.
Proverbio árabe.
Hay ojos que lo dicen todo. Las tristes pupilas de los pibes vendiendo estampitas lo dicen todo. La mirada de un anciano dejado de lado por sus seres queridos lo dice todo. La mirada nos zambulle en un mundo tangiblemente emocional, nos hace seres sociables. Los ojos poseen sus propias reglas gramaticales. Pestañeos, guiños, lágrimas, pueblan nuestros rostros. Las miradas viven en nuestras almas. Hay ojos que fascinan, que aman, que odian, que dicen: te amo. El filósofo Jean Paúl Sartré sugirió una vez que el contacto visual es lo que nos hace directamente conscientes de la presencia de los demás, la mirada de los demás es el infierno. Respecto al contacto visual, Philip Gibas nos dice: “Si hay algo que he aprendido, es que la piedad es más inteligente que el odio, que la misericordia es preferible aun a la justicia misma, que si uno va por el mundo con mirada amistosa, uno hace buenos amigos”.
El ojo es un órgano muy especial. Nos comunica con el mundo. Nos comunica con los demás. Según los psicólogos, tener éxito en los negocios es cuestión de dirigir la mirada siempre a los ojos y la frente del interlocutor. Obviamente, aquí no estamos hablando de negocios, estamos hablando de mirar a los demás a los ojos. Pero de todos modos nos sirve, porque, de hecho, queremos tener éxito en el tema del amor a los demás. Será por esto que Henry Louis Mencken dijo: “Vive de manera que puedes mirar fijamente a los ojos a cualquiera…. “El lenguaje de los ojos es innato al ser humano, dice un articulo que leí en una revista; sin embargo, existen diferencias interculturales respecto a la forma de mirar. Mientras haya civilizaciones que fomenten el contacto visual, atrás lo desmitifican para aducir su relevancia en los rituales sociales. El antropólogo Edgar Mall ha observado, por ejemplo, que los árabes se acercan mucho y miran atentamente a los ojos de su interlocutor para observar y conversar. En el extremo opuesto se encuentran los países del lejano oriente, donde se considera una falta a las reglas de etiqueta el mirar a la otra persona mientras se mantiene un diálogo. El abanico de expresiones visuales según el contexto es amplísimo en todo el mundo. En fin, otros países, otras miradas”.
¡Que complejo y amplio es el mundo de las miradas! El lenguaje de los ojos es utilizado de forma corriente por todos los seres humanos. Algunos lo utilizan de una manera y otros de otra. Pero en fin, los ojos están para utilizarlos. Ciertamente es fácil hablar con los ojos. La mirada es un hilo invisible que nos une a los demás. Por todo lo antes dicho, debemos ser conscientes que nuestra forma de mirar a los demás es una manera de hablar sin palabras. Con los ojos podemos transmitir odio, alegría, celos, miedo, angustia, amor, compasión, etc. Las miradas son tan importantes que ocupan mucho espacio en nuestros recuerdos. De hecho, nadie olvida una mirada de amor sincero. Nadie olvida la mirada de un niño que vende estampitas para comer. Nadie olvida la mirada de un enfermo de sida que ha sido excluido de la sociedad como si fuera un bicho raro. Nadie olvida las miradas que matan y tampoco las que dan vida. Nadie olvida una mirada. Porque una mirada, un par de ojos, muchas veces dicen lo que las palabras no pueden comunicar.
Julio C. Cháves.
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