sábado, 11 de junio de 2011

El hombre ilustrado

Hace unos años leí el libro Un hombre ilustrado de Ray Bradbury, donde el autor emplea como vehículo para contar varias historias cortas a un hombre cubierto de tatuajes. Mientras un joven observa fijamente algunos de los dibujos que adornan la piel de este hombre, estos dibujos cobran vida y cuentan la historia contenida en su diseño. Lo que me pareció interesante de este libro es que los tatuajes significaban algo y todo el tiempo estaban contando la historia de su diseño. Antes que nada debo decir que los tatuajes se realizan insertando tintas de color bajo la epidermis y son realizados desde hace miles de años.

Antes se perforaba la piel con elementos punzantes y se insertaba la tinta, ahora, en cambio, se emplean agujas eléctricas, la cual perfora la piel y al mismo tiempo, inserta la tinta. Históricamente los pueblos primitivos empleaban los tatuajes como una forma de distinción, eran signo de integración social e identificación personal. Además, se creía que los tatuajes protegían de la mala suerte y las enfermedades. En esta época se usan como adornos y de alguna manera refleja el carácter del portador de tales señales epidérmicas.

Antaño los tatuajes distinguían a los criminales y marginales de la gente común y muchas tribus los usaban para intimidar a sus enemigos, actualmente son una moda urbana y se usan como adornos personales, con el fin de expresar, conciente o inconcientemente, un mensaje. Arqueológicamente los tatuajes fueron practicados por diferentes culturas, razas y etnias. Ahora, en la Biblia, en el Antiguo Testamento, se cuenta que eran los pueblos paganos quienes se hacían este tipo de marcas en la piel como señal de duelo y esta costumbre, a su vez, formaba parte de un rito funerario en honor a Baal, el dios cananeo de la fertilidad. Dios le dijo a su pueblo que esta práctica contaminaba ya que es parte de un rito pagano. "No haréis incisiones en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo, Jehová", dice Levítico 19:28. Este mandato está incluido en un capítulo que se llama Leyes de santidad y de justicia. En esta breve revisión advertimos que con el transcurso de los siglos lo que fue malo para Dios en los tatuajes ha querido ser modificado. De hecho, en la actualidad se lo considera como un adorno personal. Tal vez algunos piensan que la palabra de Dios ha pasado de moda y su vigencia ha caducado, pero la realidad es que sigue vigente. Es más, el apóstol Pablo, en Romanos 12:1-2, expresa: "Por tanto hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto. No os conforméis a este mundo”.

Al igual que el personaje del libro El hombre ilustrado de Ray Bradbury, los tatuajes cuentan constantemente la historia de su diseño. Es decir, estas marcas tienen vida propia. El diablo deseo corromper al hombre y con los tatuajes los marca como a ganado, de tal forma que no solamente estas marcas estén en la piel sino en el alma del portador. Dios desea que cuidemos nuestros cuerpos. No desea que nos mutilemos, ni que perforemos nuestra piel, ni que arruinemos nuestro aspecto. Recordemos que estas marcas en la piel quedan para toda la vida. No solamente se pueden contraer enfermedades como el sida sino que también se contraen enfermedades espirituales que nos alejan de Dios. De igual forma, debo decir que aunque una persona tenga tatuajes Dios la ama de todas formas y desea que se arrepienta de sus pecados y sea salva a través de Cristo. Cristo no hace acepción de personas. El murió en la cruz por todos los seres humanos. Los que hemos conocido a Cristo debemos confiarles nuestras vidas a él. No hace falta hacerse tatuajes para distinguirnos de los demás. Cristo no ha marcado nuestras almas con su sangre y hemos sido redimidos por él. Esta es nuestra marca distintiva. "Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios" (1 Corintios 6:11).

Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar

www.juliochaves.blogspot.com

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