domingo, 21 de marzo de 2010

Ser cristiano en el tercer-milenio

El tercer-milenio es una época de orgullo humano. Debido a los avances en el campo de la ciencia y la tecnología los seres humanos creen erráticamente que pueden alcanzarlo todo sin la ayuda de Dios. En el libro de Génesis un hombre construyo la torre de babel con el objetivo de alcanzar a Dios por si mismo pero esto le resulto imposible. Los seres humanos no podemos alcanzar la felicidad por cuenta propia. Necesitamos relacionarnos con nuestro creador ya que fuimos creados para eso.

Esta adoración por parte de los hombres hacia ellos mismos, tiene directa relación con romanos 1:25 que dice que los hombres cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al creador. Los habitantes de la tierra ha determinado no pensar en Dios y por esta causa abundan las guerras, el hambre, los desastres naturales y la falta de paz. Como alguien dijo, el que no tiene tiempo para Dios, tiene tiempo para sufrir. Si no queremos sufrir debemos pensar en lo que dice Dios en su palabra. Lejos del creador no podemos encontrar la felicidad. Debido a que la gente se ha alejado de la iglesia en el mundo abunda la tristeza, el sufrimiento y la desesperanza. El Dr. Tim LaHaye, en su ensayo, The Battle for the Mind sugirió: “Nuestra sociedad actual está en un estado de decadencia moral, no porque la mayoría de americanos amen la degeneración, sino porque la influencia humanista ha sido mayor en nuestra cultura que la influencia de la iglesia” (1980, p. 189).
La iglesia de Cristo no debe dejar de ejercer su influencia sobre la sociedad, gritando a viva voz que lejos de Dios no podemos alcanzar la felicidad. Necesitamos ir a la iglesia, orar, leer la Biblia y congregarnos con otros cristianos ya que es en la iglesia donde Dios nos bendice para que vivamos una vida llena de paz y armonía. Necesitamos a Dios.


Aunque los tiempos han cambiando y vivimos en un mundo más sofisticado y complejo, los seres humanos siguen teniendo la misma necesidad de Dios que tuvieron desde que el primer hombre fue creado en el huerto del edén. No podemos encontrar la felicidad a través de nuestra propia prudencia, necesitamos que Dios nos de sabiduría para sacar provecho de nuestras elecciones de vida. “Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación”. (1 Corintios 1:19-21). Es importante reconocer nuestra necesidad de Dios. Dios es la fuente de nuestra felicidad. Debemos buscar el reino de Dios y su justicia y todas las cosas nos serán añadidas. (Mateo 6:33). Debemos deleitarnos en el Señor y él concederá las peticiones de nuestro corazón. (Salmo 37:4). Debemos reconocer a Dios en todos nuestros caminos y él allanará nuestras sendas. (Proverbios 3:6). Busquemos a Dios, oremos, leamos la Biblia y vayamos a la iglesia ya que esta es la clave de la felicidad.


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