miércoles, 14 de marzo de 2007

El respeto y el siglo XXI.

Respetar es creer en el afecto. Cuando respetamos manifestamos consideración por lo que el otro es, por lo que el otro piensa y siente. Un individuo que carece de respeto es alguien que muestra desprecio, impertinencia e insolencia hacia la persona del otro. El respeto es un sentimiento altruista hacia los demás. Es una característica indispensable de las almas piadosas. Respetar es construir con fidelidad y amor lo que somos. Antaño, el respeto era considerado un elemento imprescindible en toda la relación humana. En este tecnocràtico tercer milenio, el respeto, la caridad, la consideración por lo que el otro es, piensa y siente, ha sido dejado de lado. Actualmente, la gente considera que el respeto es una cadena que nos impide ser verdaderamente libres. Es obvio que la sociedad ha perdido el respeto hacia lo humano, hacia los valores, y hacia lo divino. Dejar el respeto de lado, es atentar contra la dignidad humana, contra la vida, contra el amor. Balzac, en “Sobre Catalina de Médicis”, expresó: “Se respeta a un hombre que se respeta a si mismo”.
El hombre actual considera que a lo único que se le debe tener respeto es al dinero, a los objetos, a las armas, al consumo. En afecto, vemos que se respeta a las cosas y se desprecia las personas, en consecuencia, se advierte en la sociedad una negra atmósfera de banalización de la vida, de la mujer, del hombre, de los ancianos, y hasta de la niñez. Antaño, los jóvenes respetaban a la autoridad policial, familiar y religiosa, más ahora, únicamente advertimos respeto hacia la música frívola, hacia los opinòlogos mediáticos, y hacia la estupidización de los valores. El respeto, poco a poco, esta convirtiéndose en algo parte del pasado. Esto es muy peligroso. Los jóvenes piensan que los ancianos para lo único que sirven son para la tumba. Antes, la juventud respetaba a los patriarcas. Antes, los jóvenes escuchaban los consejos de los ancianos de un modo natural, afectivo, deferente. Pero ahora todo eso se ha perdido. La rebeldía es lo que todos aman. El individualismo ha ocupado un papel preponderante en todos los niveles sociales y culturales. Ya no se respeta la experiencia ni la edad, ni el conocimiento adquirido por medio de las pruebas superadas. Faltar el respeto es expresarse de modo libre. No hay que guardarse nada declaran los insolentes del tercer milenio. Alguien dijo que el respeto es una consecuencia directa del amor. Esto me lleva a preguntarme: ¿Hoy hay amor? ¿O se carece de respeto porque hemos dejado al amor altruista de lado? Creo que la realidad cotidiana es la mejor respuesta a estas preguntas H. F. Amiel dijo: “Respetar en cada uno al hombre si no el que es, al menos el que podría ser, el debería ser”.
Para entablar relaciones humanas contructivas se menester que hagamos del respeto una praxis cotidiana. Respetar a los ancianos como debe ser es lo mejor opción que podemos elegir para edificar una sociedad digna, superior, y considerablemente cimentada en el amor hacia los demás seres humanos. El respeto es una consecuencia del amor. Por lo tanto, si de veraz anhelamos amar un componente constante de nuestra conducta diaria. Faltar el respeto a los demás es igual a ser malvado para con uno mismo. Peguy afirmó: “El secreto del hombre interesante es que él mismo se interesa por todos”.

Julio C. Cháves.
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