miércoles, 14 de marzo de 2007

Ser persona.

Hay ciertos individuos que únicamente se preocupan por si mismos. Se preocupan porque jamás se han aceptado como son. Por eso también se dan el lujo de no aceptar a los demás. Están mal intrapersonalmente y debido a su insatisfacción interior, construyen relaciones interpersonales negativas. El egoísmo los tiene atrapados. Están controlados por el egoísmo por el hecho de que no se aman a sí mismos. Son estoicamente infelices. Carecen de una positiva autoestima, tienen falta de amor hacia su persona. En su obra “Ética y psicoanálisis”, Erich Fromm describe de la siguiente manera al egoísmo: “La persona egoísta está únicamente interesada en sí misma, desea todo para ella, se siente placer en dar, sino en tomar. El mundo exterior es contemplado únicamente desde el punto de vista de lo que pueda extraer de él. Carece de interés por las necesidades de otros, y de respeto por la dignidad e integridad. No puede ver más allá de sí mismo, juzga a toda persona y cosa desde el punto de vista de utilidad para ella. Es básicamente incapaz de amar. La persona egoísta no se ama demasiado a sí misma, sino muy poco, en realidad se odia. Esta falta de afecto y de cuidado para con ella misma, que es solamente expresión de su falta de productividad, la suma en un estado de vacuidad y de frustración. Es necesariamente infeliz, y está ansiosamente interesada en arrebatar a la vida aquellas satisfacciones, cuya obtención ella misma obstaculiza. Parece preocuparse por sí misma; pero en realidad hace solamente un vano intento por ocultar y compensar su falta de cuidado para consigo misma. Es cierto que las personas egoístas son incapaces de amar a otros; pero tampoco son capaces de amarse a sí mismas”.
El egoísmo se manifiesta de modo polimorfo. Pero los egoístas tiene una cosa en común: que es falta de amor hacia su persona y una muy baja autoestima. La persona egoísta se siente sola y no se valora, y por ende, tampoco valora a los demás, pues los califica proyectando su malestar interior en la personalidad del otro. Ahora pues, yo me pregunto: ¿Es posible despojarse del egoísmo? Es posiblemente únicamente cuando nos aceptamos como somos. Es posible cuando aceptamos de nuestra persona las cosas que nos agradan y las que no. Debemos amar lo que somos por fuera y amar también lo que somos por dentro. El egoísmo es entupido, ofusca la personalidad, nos confunde, nos destruye, y es tan dañino como la más cruenta de las enfermedades terminales. El egoísmo es nocivo, pues está íntimamente ligado a la falta de un buen concepto de uno mismo. Debemos amarnos como somos. Ser persona es muy importante. Somos sujetos con historias personales. Tenemos vida y día a día, construimos nuestra biografía particular. Así es la vida. La vamos haciendo lo mejor que podemos.
Debemos amar nuestras proporciones anatómicas, lo que somos por dentro. Somos importantes. Tenemos el derecho de amar y ser amados. Vale la pena ser humano. Vale la pena porque somos un milagro irrepetible de Dios. Me amo pese a todo. Porque soy importante. Jaime Barylko escribió: “Querer es creer. No vivo contigo porque eres confortable, como un sillón. No estoy contigo porque me eres útil en tu conversación, o en tus ideas, o en el color de tus ojos. Vivimos entre objetos, pero el sentido se da entre sujetos. Vivo contigo porque creo en ti. No por lo que sé, ni por lo que sabes, sino porque nos creemos. Querer es creer”. Cuando creo en alguien es porque en primer lugar me he creído a mi mismo. Eso es simplemente ser persona, sujeto.

Julio C. Cháves.
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