miércoles, 14 de marzo de 2007

Hongo mortífero.

A partir de fines del siglo XVIII, la ciencia progresó a pasos agigantados. Uno de los fenómenos provocado por el progreso de la ciencia fue lo que se llamó “Revolución Industrial”. La revolución industrial transformó al mundo entero virtualmente. Antes de la revolución la economía funcionaba impulsada principalmente por la ganadería, la agricultura y la industria. Pero todo esto fue cambiado por la revolución industrial, pues comenzaron a surgir por los países más importantes del mundo fábricas con inmensas chimeneas. Debido a estas fabricas, los países más importantes del mundo, se transformaron en potencias industrializadas. Las fábricas necesitaban mucha cantidad de personal. Entonces muchos individuos abandonaron el campo para trabajar en estas tecnificadas fábricas. Todo funcionó bien por un tiempo. Pero después de unos cuantos años, las fabricas maquinizaron a las personas tornándolas insensibles, mecánicas, duras, individualistas, afanadas por las cosas, por la economía, por la fe del afuera, por la piel, por el status quo, por los vehículos, por ser mejores que los demás. Montaigne dijo: “Ciencia sin conciencia es sólo la ruina del alma”.
Muchos intelectuales que fueron contemporáneos de la revolución industrial, afirmación: “La revolución industrial permitirá que el hombre construya el paraíso en la tierra sin la ayuda de Dios”. Este pensamiento fue equivocado, ya que la revolución maquinistica provocó todo lo contrario en la sociedad, pues a muy poco tiempo toda la actividad industrial generó los dos grupos que se conocen cómo: Los capitalistas, que son los que tienen poder adquisitivo, y por otro lado, los proletarios, que son los opuestos a los capitalistas. La revolución industrial configuró la lucha de clases, Ricos contra pobres. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres. Las naciones oprimen a las naciones pobres. El hombre capitalista es un lobo para el hombre proletario. El mundo fue empeorando cada vez más. Pero cuando se puso más oscuro fue durante el siglo veinte pues en este siglo tuvieron lugar las dos guerras mundiales. La primera tuvo lugar en 1974 y fue una catástrofe universal. La segunda tuvo lugar pocos años después y durante esta guerra fue cuando comenzó la era atómica. El 6 de agosto de 1945 cayó en Hiroshima la primera bomba atómica. El hongo mortífero que gesto la bomba ilumino la atmósfera de esta ciudad con su destructiva luz de muerte.
Todo esto que paso fue provocado por la revolución industrial, por las fabricas con sus grandes chimeneas contaminantes, por el orgullo humano, por la ciencia sin conciencia, por los hombres que lidiaban unos con otros por las materias primas, por los capitalistas que procuraban explotar a los excluidos proletarios a toda costa, todo precio, aunque corriera de inocentes la sangre. En hombre actual vive bajo el signo del espanto, de la incertidumbre, de la locura colectiva, del sálvese quien pueda, del Yoísmo salvaje que aqueja a la sociedad triste de hoy. Así estamos. Entre hombres cibernéticos, inflación, políticos corruptos, ladrones con guantes blancos, capitalistas que explotan a proletarios inocentes, indefensos, mal alimentados, que no quieren vivir porque los hombres que se enseñorean de ellos quieren utilizarlos y después descartarlos como a cosas que no tienen alma, ni corazón, ni vida; han pasado los siglos y seguimos estando igual como antes. Fabricas, bombas atómicas, hombres cibernéticos y sufrimiento humanamente provocado. En este momento me vino a la mente una frase del filosofo Descartes: “Pensad antes de obrar y no comencéis nada sin haber consultado las circunstancias bien a fondo”.

Julio C. Cháves.
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