lunes, 20 de agosto de 2012

¿Cristianismo impotente?

Esta es una época difícil. Parece que las iglesias hubiesen perdido la capacidad de orientar a los creyentes en el camino de la bendición, la prosperidad y los valores cristianos. Parece que las iglesias se han rebelado como incapaces de fomentar la convivencia pacífica entre los hermanos. No hay duda de que el “cristianismo” actual esta carente de poder ya que afecta el exterior del ser humano pero no llega a lo profundo del corazón y esto hace que las iglesias sean infructuosas. Creo que muchos pastores se han olvidado de Dios. Sutil e insensiblemente se han alejado de los principios fundamentales de la vida cristiana y se han alejado del amor al prójimo en su más legítima expresión. Y principalmente muchos pastores se han olvidado de lo más importante: La Biblia. Muchos predicadores y conferencistas internacionales hablan de éxito, prosperidad, hablan de hacer riquezas y de ganar miles para Cristo, pero lo hacen con el único fin de tener éxito. Muchos confundieron el éxito con la bendición de Dios. Y lo cierto es que poseer riquezas no reemplaza la santidad. Creo que es fundamental que los cristianos volvamos al libro, Padre de todos los libros, Las sagradas escrituras. En este instante crucial en que la civilización atraviesa este tercer-milenio lleno de zozobra y desorientación en que parece que nuestras esperanzas de un desenlace feliz parecen desvanecerse ante nuestros ojos, creo que debemos recurrir al sagrado libro, porque es únicamente en las sagradas escrituras donde hallamos descanso y paz perdurable. El cristiano actual dejará de ser impotente cuando se apoye solamente en el consejo de Dios “El que menosprecia el precepto, perecerá…mas el que teme el mandamiento será recompensado”. Proverbios 13:13 La influencia de la palabra de Dios es ennoblecedora. Los efectos de sus sublimes enseñanzas son perdurables. En las sagradas escrituras hallan solución nuestros problemas individuales y colectivos, dejándonos guiar por los consejos de la palabra de Dios podemos sortear con éxito los gigantescos obstáculos que interceptan nuestro paso rumbo a la felicidad. Las iglesias deben edificar sobre la palabra. Las promesas del Señor fortalecen nuestro espíritu. Fortalecen nuestras mentes. Los filosos versículos extirpan todo lo malo de nuestras vidas, santificándonos, purificándonos, liberándonos. “Inquirid en el libro de Jehová”. Isaías 34:16

Julio césar cháves escritor78yahoo.com.ar  www.juliochaves.blogspot.com
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