sábado, 9 de abril de 2011

Amor de consumo

Víctimas del síndrome del consumo, influenciados por una comercialización de los sentimientos, ciertos individuos consumen un tipo de amor que prometa satisfacción inmediata. Los medios masivos de comunicación están atestados de mensajes eróticos que materializan las relaciones afectivas, despojándolas de toda ética y moral. En la televisión las tandas publicitarias nos ofrecen objetos y cosas de todo tipo, las cuales podemos conseguirlas con una simple y rápida llamada telefónica. Llame ya, nos dicen. La finalidad de las tandas publicitarias es explotar económicamente nuestros deseos en lo inmediato. En la vida cotidiana, con estos mensajes publicitarios en mente, entablamos relaciones afectivas, buscando inconcientemente, tal vez conscientemente también, la satisfacción de nuestros deseos inmediatos por medio de relaciones inmediatas, desprovistas de compromisos y sentimientos. Consumimos cosas, y también queremos consumir personas como si fueran objetos. Cosificamos. Comercializamos. Hemos convertido las relaciones en una transacción económica. El hombre de nuestra época se despeña tras un amor sin ataduras, una afectividad reducida a mero hedonismo consumista. Lo que se busca es la multiplicación del placer desprovisto de compromiso y responsabilidad. Las modalidades de amar del siglo XXI han reemplazado al amor romántico, causando un estado constante de angustia insatisfacción, individualismo e indiferencia axiológica.
Esta cosificación del otro se debe básicamente al consumo de emociones sin ética, desmoralizando las relaciones entre los sexos. Las relaciones interpersonales de consumo trivializan, estupidizan, alienan y obnubilan los sentimientos románticos. Es menester reflexionar a este respecto, poniendo sobre el tapete de la razón las consecuencias de los deseos narcisistas ya que la conducta de los individuos sin ética puede conducir al propagandismo de la promiscuidad y la cosificación de los sexos. La aspiración de las personas debe ser la práctica del amor en un sentido de trascendencia. De hecho, amar al prójimo es una forma de inmortalidad. Somos sujetos en relación con otros sujetos. Nos somos cosas. La empatía, el altruismo, la comprensión y el desinterés deben ser nuestros estandartes en esta jungla de utilitarismo si pretendemos construir una afectividad con ética, axiología y compromiso con los demás. No todo esta en venta. No todo se compra con dinero. Hay cosas que se compran con valores. El Dr. Jaime Barylko en su ensayo Para quererte mejor, aborda el tema del amor con estas palabras: “Querer no es difícil. Lo complicado es querer al otro en calidad de otro,¡ y que su bien sea el mío! Para quererte mejor debería librarme de esquemas, prejuicios, ideas que tengo de mi, que tengo de ti, esa imagen que uno se hace de si mismo, del otro, de la vida, de la felicidad. Para quererte mejor debería serte fiel a ti, a tu realidad y no a la imagen o construcción mental que proyecto sobre ti. Es un trabajo. De eso se olvidaron los que nos enseñaron el camino de la vida. Nos dijeron que el amor era un sentimiento y que con el sentimiento era suficiente. Ahora lo sé, comienza siendo un sentimiento, una pasión envolvente, alucinante; pero es amor en el punto en que la lava de la pasión se cristaliza en formas de vida que comprender una decisión compartida. Decisión de compromiso. Compromiso, la promesa que crece entre dos”.
No existe amor si no hay voluntad de querer al otro tal cual es. Uno no puede pretender comprar al otro o exigir que el otro sea como uno proyecto en su mente que debe ser. Los esteriotipos dividen, separan a las personas. Las personas son mucho más que lo que se ve con los ojos. Como dijo el gran autor, lo esencial es invisible a los ojos. Cuando dos personas se encuentran, se conocen, se descubren, y se desean construir recíprocamente, entonces podemos decir que existe la posibilidad de compromiso, compromiso en el sentido de decisión compartida, como dijo Barylko.

Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar www.juliochaves.blogspot.com

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