miércoles, 8 de diciembre de 2010

El "Bill Gates español"


Juan Riera es, con 13 años, el cerebro de dos empresas de informática. Con sólo 9 años, vino de Mallorca a Madrid a hacer su primer &laqno;master» de microsoft
JULIAN GONZALEZ

Bill Gates ocupa el tercer lugar en el corazón de los niños norteamericanos por delante están Jordan y Mark McGwire. A Juan Riera mallorquín casi le ocurre lo mismo. Todo lo que se mueve alrededor de la informática le tiene fascinado.
Con cara todavía de niño travieso, cierto aire de pitagorín, y la típica cara de empollón de colegio de pago, a Juan Riera le han aparecido ya los primeros pelos del bigote. Tiene gafas de intelectual y ni se inmuta cuando le cuestionas si no le aterra el mundo de los ordenadores. Al contrario, se encuentra navegando como en una nube.
Juan Riera Pol es tan conocido ya en Manacor (Palma de Mallorca) que a nadie del pueblo le extraña que su nombre circule por la red de Internet. Que se sienta como uno de los mejores internautas y se atreva incluso a retar a Bill Gates. Ha salvado de un apuro a más de una empresa.
Su padres, Onofre y Francisca, recuerdan que, apenas había perdido los dientes de leche, cuando estaba ya colgado del ordenador de su casa.
A los 13 años ha montado dos empresas de informática y en su habitación no hay nada más que libros y juegos. Acaba de crear una segunda sociedad de informática en Barco de Avila con dos ingenieros industriales: Miguel Castaño y Alfredo Casas.
La inauguración de la tienda pudo seguirse ayer sábado en tiempo real por Internet. De momento, la empresa ofrecerá trabajos de software a negocios de la zona de Avila pero con la idea de dar pronto el salto a Madrid. La otra sociedad está radicada en Manacor, la localidad donde nació en febrero de 1985.
El nombre de la sociedad es Babysoft, con un chupete que cuelga del teclado de la pantalla. Su tarjeta de presentación anuncia que ha realizado un master de Internet avalado por la multinacional Apple. Pero en su currículo aparecen ya varios cursos en programación y otros tantos diplomas.
Un prodigio de niño
Juan Riera se inició en el mundo de los ordenadores cuando todavía no contaba siete años. Quienes le conocen se atreven ya a calificarlo como el Bill Gates español.
A esa edad es cuando realiza ya sus primeros pinitos. Recuerda cómo le impactó lo que se podía conseguir moviendo un simple ratón. Desde entonces, no ha parado de investigar.
En los diferentes test de inteligencia que le han hecho, Juan da un coeficiente normal de 140. En cambio, en creatividad se dispara hasta los 170.
Pese a su corta edad, el Gobierno balear le concedió el pasado año una beca para que hiciera un curso en la Facultad de Informática sobre Fundamentos de Programación. Los gastos de la residencia fueron cubiertos por el Ejecutivo regional. Podía haber seguido ampliando sus conocimientos pero, por consejo de sus padres y de sus psicólogos, el niño ha preferido descansar y dedicarse a sus estudios de primer curso de ESO.
El próximo año tiene previsto realizar un master de Infografía. La propia Caja de Ahorros de Baleares se ha ofrecido a pagarle parte del curso. A la entidad mallorquina le ha hecho ya algún trabajo y ha colaborado también con Telefónica en Teleline.
Cuando se le pregunta sobre su personalidad, Juan Riera se autocalifica como un niño normal algo introvertido, con muchos amigos y a quien le empiezan a gustar alguna de las chicas de su colegio. Odia, en cambio, que la gente le considere un bicho raro.
Le encanta hacer deporte, especialmente el tenis, la natación y el baloncesto. Su padre tiene el título de entrenador nacional de fútbol y, en cambio, a Juan no le gusta nada este deporte. Ni siquiera se declara seguidor del Real Mallorca. Su comida preferida son los espaguetis, las hamburguesas con queso, la paella, el cochinillo y los restaurantes chinos.
Fue su hermana Angela quien le descubrió la pasión por la informática. Primero fueron los cursos básicos, posteriormente llegaron los master de Microsoft.
Recuerda que cuando realizó la primera comunión en lugar de regalos pidió a su familia que le dieran dinero y, de esta forma, abrir una cuenta en el banco para actualizar todos sus equipos informáticos.
En busca de fortuna
En 1994, cuando sólo contaba nueve años, decidió por consejo de algunos profesores venir a Madrid para hacer un master en Informática. Durante un mes, estuvo interno en el Colegio Mayor Santa María de Europa. Allí es donde conoció a Miguel Castaño que, por aquel entonces, estaba acabando Ingeniería Industrial. Miguel recuerda que tuvo que intermediar ante el director del Colegio Mayor para que le admitieran porque era un centro donde únicamente se admitía a alumnos universitarios.
Fue el comienzo de una sana amistad y el inicio de un gran proyecto empresarial. Los estudios en Madrid le permitieron, precisamente, hacer sus primeros trabajos de gestión de empresas. Es así como empieza a desarrollar programas a medida para negocios pequeños pero que, poco a poco, le sirven para introducirse en el mundo de la informática.
Su socio Miguel Castaño le autocalifica como un chico muy maduro, a quien le fascina toda la informática y nada apegado al dinero. Hasta ahora, todos los ingresos que ha recibido lo ha destinado a comprarse nuevos equipos. Le encanta tener siempre lo último. Hace meses se gastó 400.000 pesetas en un portátil. En otras ocasiones no ha cobrado nada por sus trabajos y el cliente le ha hecho un buen regalo.
Castaño dice que una de sus mayores virtudes es la creatividad. Por eso mismo, la investigación es su mayor pasión.
Tal y como él mismo declara, su objetivo ahora es formarse todo lo que pueda. Además del master de Infografía que piensa realizar el próximo año, su proyecto más inmediato es ir a estudiar inglés a Londres. Es consciente de que el mundo de la informática se mueve a una velocidad de crucero. De ahí que piense que hay que huir de los saltos con riesgo.
Uno de los acuerdos que los tres socios han firmado es que parte de los ingresos que el negocio aporte se destinen a su formación. &laqno;Nuestro deseo no es ganar dinero rápidamente. Tanto sus padres como nosotros queremos que Juan no se sienta agobiado por la responsabilidad».
Declara que su maestro es Bill Gates pero no quiere parecerse a él. Comenta que cuando Bill Gates visitó Madrid no pudo saludarlo porque se encontraba en México, pero logró que le dedicase el libro Camino del futuro.
Con enorme convencimiento, asegura que no le aterra el mundo de la informática porque, ante todo, piensa que es sumamente feliz. &laqno;Si es algo que te encanta, no tiene por qué darte miedo».
Y es que aunque sorprenda, Juan Riera marca su propia trayectoria. Por ese mismo motivo, no se considera un niño explotado. &laqno;Hago lo que quiero y me gusta».
Exitos de un genio informático
Onofre Riera, padre de Juan, no olvidará el día que se presentaron en su casa los directivos de una empresa alemana para que su hijo les montase todo el &laqno;software» de su negocio. Al niño no le cayeron bien los alemanes, impecablemente vestidos pero con demasiados aires de ejecutivos. Lo único que se le ocurrió a Juan para que se marcharan fue pedirles un millón de pesetas. Los alemanes aceptaron la oferta sin rechistar, por lo que se vio obligado a endurecer sus condiciones y no tuvieron más remedio que desistir.
Esta anécdota la recuerda siempre su padre para explicar que Juan no se mueve por dinero y todo lo hace porque le encanta la informática. &laqno;No consiente que se aprovechen de él».
Pese a su corta edad, su padre dice que actúa siempre con una gran profesionalidad. Comenta que hace escasos meses, Renta 4 una sociedad de Bolsa abrió una oficina en Palma de Mallorca. El mismo día de la inauguración los técnicos no lograban configurar la red ni conectarse a Internet y tuvieron que acudir a Juan para que les salvara del apuro. Posteriormente, el presidente de Renta 4 le felicitó personalmente. En compensación, le ha dado el mantenimiento de las oficinas de la isla.
En otra ocasión, los dueños de una agencia de viajes de Manacor tuvieron que ir también en su ayuda para que les arrancase los equipos porque no podían hacer ninguna reserva de billetes.
Las trastadas tampoco podían faltar. Los avances de Juan privaron en unas Navidades a sus hermanos de los regalos de Reyes. Cuando sólo tenía ocho años rompió la placa base del ordenador que acababan de importar de Suecia. El arreglo les costó las 80.000 pesetas que sus padres habían ahorrado para los regalos y las fiestas navideñas.
www.juliochaves.blogspot.com
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