viernes, 11 de junio de 2010

Bendito trabajo

Para muchos seres humanos el trabajo es una carga. Algunos consideran que el trabajo es un castigo. Pero la realidad es que el trabajo es una bendición de Dios ya que estimula la disciplina, el dominio propio, la perseverancia y proporciona a los hombres la destreza y la habilidad para resolver los problemas de la vida. La mayoría de la gente tiene que trabajar con sus manos, como recurso fundamental para vivir. Otros trabajan con sus mentes, pero en definitiva, todos tenemos la necesidad de trabajar. El hombre siembra semillas, pero Dios da el crecimiento. El albañil construye, pero Dios proporciona la tierra para hacer los ladrillos. Dios bendice al hombre trabajador.

Contestándole a un abad de Núremberg, que le había enviado un juego de herramientas de tornero, el gran reformador, Martín Lutero decía: “He progresado considerablemente en el oficio de relojero, y me alegro mucho de ello, porque estos sajones borrachos necesitan que se les recuerde constantemente la hora que es; aunque no porque les interese, ya que mientras estén llenos sus vasos, poco les molestará si los relojes, o los relojeros, o el tiempo, van bien”. Las personas nos desenvolvemos físicamente e intelectualmente, pero es Dios quien nos da las capacidades. Dios colabora con nosotros. Dios le dijo a Josué: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”. (Josué 1:9). Cuando el creyente trabaja en procura de la bendición, Dios lo acompaña. El pecado hace que nuestro trabajo no funcione ni de fruto. El que trabaja para satisfacer sus deleites y placeres, sin tener en cuenta a Dios, trabajo en vano. El que tiene al dinero como amo y señor de su vida es porque realmente no conoció a Dios y la bendición no le sigue. Pero cuando una persona tiene a Dios como Señor entonces va a trabajar y su trabajo va a dar fruto en abundancia.La pereza es una maldición. Dios no bendice al haragán. Proverbios 24: 10 sentencia: “Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida”. Dios bendice al hombre diligente. Cuando Alejandro Magno venció a los persas, observó sus costumbres y dedujo que no sabían que pudiera haber nada más servil que una vida de placer, o más ilustre que una vida laboriosa. La diligencia es una bendición. Cuando Dios ve a un hombre trabajador, él le da fuerzas, sabiduría y vitalidad espiritual para que ese hombre o esa mujer conquisten la bendición. Muchos cristianos tienen una mala actitud ante el trabajo y esto no le agrada a Dios. Jesús de hecho trabajo con sus manos de carpintero. El apóstol Pablo fabricó carpas para ganarse la vida. Los cristianos tenemos la responsabilidad de bendecir a Dios con nuestro trabajo. A Dios no le gustan los vagos ni los haraganes, Dios bendice al hombre trabajador. Proverbios 22:29 dice: “¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; no estará delante de los de baja condición”.


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