martes, 9 de marzo de 2010

Viven bajo el mismo techo, pero están separados

El marido llegó a su casa a la madrugada, su mujer estaba esperándolo en la puerta, estaba borracho y con manchas de lápiz labial. ¿Supongo que hay una razón para que llegues a las siete de la mañana?-dijo la mujer con bronca. Sí, el desayuno,-dijo él. Desde entonces, viven bajo el mismo techo pero están separados.
Actualmente las parejas se separan y siguen viviendo juntos. Lo que pasa es que hay hijos de por medio y no los pueden dejar solos. Se ponen de acuerdo. Y parece que los hijos no se dan cuenta de lo que pasa, pero la realidad es que los chicos perciben el trato que se dan recíprocamente sus padres. Aunque no lo digan los hijos advierten lo que pasa entre sus padres. Y sufren. Tanto los hijos como los padres.
Esta es una forma moderna de divorcio. Antes se separaban y rehacían sus vidas, más ahora el panorama cambio. Siguen viviendo bajo el mismo techo para que los hijos no sufran y cada cual hace su vida. Ella un día cuida a los hijos y él sale a hacer la suya y otro día, como estaba convenido, él cuida a los chicos y ella sale con sus amigas a bailar. Comparten los gastos. Pagan todo a media. Y la pachanga continua mientras los chicos fingen que no saben nada y sufren en silencio.
Como los cónyuges saben que si se paran y se van cada uno por su lado, tanto la felicidad, como la autoestima, y la economía familiar se ven profundamente afectados, siguen conviviendo aunque las consecuencias a largo plazo sean profundamente dramáticas. Quizá para muchas personas este tipo de “convenios afectivos” resulte aceptable, pero la realidad es que a la corta o a la larga el distanciamiento de los cónyuges termina concretándose y de modo más violento, causando expansivos traumas en todos los miembros de la familia.
Entonces los chicos sufren más de lo que estaban sufriendo. De algún modo al estar separados bajo el mismo techo los padres se están desvinculando afectivamente de sus hijos. Al advertir que la relación entre sus padres no es cariñosa ni sincera los hijos se tornan confusos, tristes, y se enojan con sus padres e incluso con ellos mismos, pues a veces se culpan por el hecho de que sus padres discutan, no se entiendan, se reprochen todo y se traten mal sin encontrarle una explicación racional a la discordia circundante.
Vale decir que aunque no estén separados físicamente lo están afectivamente y eso también se transmite. Los hijos se dan cuenta de ello. Los niños pueden creer que son la causa del conflicto entre sus padres. Muchos niños tratan de hacerse responsables de reconciliar a sus padres y muchas veces se sacrifican a sí mismos en el proceso. La pérdida traumática de uno o de ambos padres debido al divorcio bajo el mismo techo puede hacerlos vulnerables a enfermedades físicas y mentales. Por esto mismo los padres deben estar atentos al estado psicológico-emocional de sus hijos y procurar los mejor para ellos, dejando de lado sus egoísmos destructivos.
Cuando él se iba a una peña con sus amigos y volvía a la madrugada, después de haber jodido toda la noche, no pensó en las consecuencias de sus actos. Cuando ella decía que iba a la peluquería y tardaba como diez horas, y se encontraba con otro, no pensó en las consecuencias de sus actos. Y al estar separados, aunque vivan bajo el mismo techo, y crean que es inteligente seguir de ese modo la relación, ciertamente sufren ellos y sufren los hijos.
Por todo esto alguien dijo que hay matrimonios que terminan bien, otros que no pueden terminar y siguen arruinándose infinitamente y otros que duran toda la vida. Los que terminan bien favorecen tanto a los padres como a los hijos, los del medio hacen infelices y desgraciados a padres e hijos por igual, y los que duran siempre son los ideales, aunque cabe reconocer que a medida que avanzamos en este tercer milenio los del tercer género son los que más escasean. Finalmente quiero compartir con los lectores del urbano algunos consejos extraídos de buenasalud.com:”…en los matrimonios con hijos, el divorcio no es un mero trámite, porque plantea una serie de interrogantes acerca de los más pequeños que habrá que responder adecuadamente. En ese sentido, los psicoterapeutas ofrecen algunos consejos para reducir el daño:
a) No eludir la verdad. Los chicos son muy perceptivos, comprenderán que existen problemas y reaccionarán dudando de los padres. b) Evitar las discusiones violentas. c) Explicar a los hijos que el hecho de que el divorcio no significa que ellos serán abandonados. d) Hacerles sentir que, aunque el matrimonio no resultó, se está feliz de haberlo intentado porque de esa unión nacieron ellos. e) Si la situación no puede manejarse adecuadamente, buscar ayuda profesional o en grupos de padres que hayan pasado por el mismo trance. “
Julio César Cháves. Escritor78@yahoo.com.ar
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