domingo, 7 de marzo de 2010

Los que observan

Alguien dijo que la diferencia entre los hombres, consiste en gran parte, en la inteligencia de su observación. Cuando nuestros ojos están al servicio de la reflexión, el sentido común y la inteligencia, las circunstancias son más modificables, maleables, cambiables. Si nuestros ojos aprecian lo que nos rodea y nos pasa con optimismo y sólido criterio, interpretamos todo positivamente. Dice un proverbio ruso refiriéndose a quien ve irreflexivamente: “Cruza el bosque y no ve la leña para el fuego”.

Por no mirar por donde caminan algunos caen en posos y tropiezan con cosas que pueden evitar. Obviamente que las cosas esenciales no se ven con los ojos físicos sino con los ojos del alma, pero de todos modos ser un buen observador es indispensable si de veraz deseamos sacar provecho de nuestras elecciones de vida. Hay que estar atento, prestar atención, abrir los ojos con curiosidad y demostrar interés por todo. “Los ojos del sabio están en su cabeza, dijo el sabio Salomón, pero el tonto camina a oscuras”.
Las oportunidades están disponibles únicamente para los buenos observadores, para quienes valoran los detalles. De hecho, las cosas sencillas son las más importantes. Las puertas grandes giran sobre bisagras pequeñitas. Los individuos que anhelan ser plenamente libres están siempre atentos a los cambios de las olas. Un famoso pintor dijo que le debía su arte de mezclar los colores a su observación cotidiana y el estudio atento de las alas de las mariposas.
Según textos de historia, la curiosidad y la atención del Marqués de Worcester fue casualmente dirigida a la fuerza del vapor, porque ante sus ojos voló una tapa de una vasija que contenía agua hirviendo, estando él preso en la torre. Posteriormente sus resultados de observación fueron publicados en su obra Siglo de inventos, que formó durante algún tiempo una especie de libro de texto para las investigaciones respecto a la fuerza del vapor, hasta que Savary, Newcomen, y otros, aplicándola a fines prácticos, llevaron la máquina de vapor al estado en que Watt la encontró cuando fue llamado para componer un modelo de máquina de Newcomen, que pertenecía a la universidad de Glasgow. Esta circunstancia casual fue una oportunidad para Watt, que no tardó en aprovechar y mejorarla; siendo el objetivo de su vida llevar la máquina de vapor hasta la perfección. Todo lo antes dicho se debió precisamente a la atenta observación del Marqués de Worcester. Estar atentos a las cosas que nos rodean nos hace seres más inteligentes. Un proverbio ruso lo dice mejor que nadie: “El sabio tiene orejas largas, ojos grandes y lengua corta”.

julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar
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