jueves, 18 de marzo de 2010

El hombre zapping

“La televisión, dijo Roberto Pettinato, es el electrodoméstico más importante de la humanidad. Tiene gente viva adentro, ¡por Dios!, haciendo algo para vos…gratis! ¡Comparada con una tostadora! Es un entretenimiento, es un chicle para los ojos. Es ver gente del tamaño de muñequitos que no saben lo que dicen para gente que no puede entender lo que les sucede esa tarde tan aburrida”. Los televidentes están ahí matando el aburrimiento y de una forma estúpida se dejan llenar la mente de tonterías…
La televisión, como dijo Pettinato, esta habitada por seres chiquititos que hacen cosas gratis para nosotros. Gratis entre comillas. Muchos de esos seres pequeñitos no saben lo que dicen pero hay otros que si saben y tienen bien en claro que esa caja de luz ejerce una poderosa influencia sobre los millones de televidentes que se comen sin cuestionarse nada lo que ven en la maldita pantalla. Digo gratis entre comillas porque las grandes empresas no gastan millones y millones de dólares por breves minutos en publicidad para publicitar lo que nadie compraría. La televisión vende cualquier cosa. Lo que aparece en la pantalla posteriormente aparece en la vida cotidiana. Marcos Mayer en un articulo titulado La era del homo zapping, publicado en la revista cultural (Ñ) de Clarín, edición número 7, dice que “la capacidad de penetración de la televisión en la sociedad es del 82, 63 % y se mira un promedio de 4 a 6 horas diarias”. El televisor se ha convertido desde hace unos cuantos años en el controlador niñero de la masa, es maestra de libertinaje y lava el cerebro. Hay buenos programas pero son muy pocos, la mayoría de los programas simplemente frivolizan la vida y las relaciones entre las personas. Las consecuencias de estar de 4 a 6 horas frente a la pícara pantalla son arto destructivo y frivolizante. Tan vez se debe al zapping durante varias horas el incremento de la violencia, cualquierismo, cosificación, amor libre, sensualismo, utilitarismo y miedo. A este respecto, Ramón J. Sènder dijo: “La televisión es una hija del cine que ha salido disipada y de malas costumbres”.
Dentro de la caja hay gente chiquitita que se mete en nuestros hogares, en nuestras mentes y nos enseñan filosofías, ideas, conceptos, y todo tipo de cosas que son basura para la mente. La televisión es más consumida que la cocaína o la marihuana y es legal. Sexo, travestismo, mitomanía, polémicas mediatizadas, énfasis discursivo, glamour, estupidez, despotismo, demagogia, y oscuridad intelectual. La televisión es el gurú que arguye como se debe vivir. “Creo que la televisión es muy educativa, dijo Marx Groucho, cada vez que aparece algo en la pantalla, cambio de cuarto y me pongo a leer un libro”.
La televisión propugna el escándalo, la anarquía, la discriminación y la jerarquización social, fomentando un feroz individualismo alienante. Debemos reconocer que la tele nos influencia. La mayoría de las cadenas televisivas se preocupan únicamente por el rating y no les importa nada más. Dice que hay que comer, que zapatillas deben usar, que auto debemos conducir, nos ordena que debemos pensar, sentir, en fin, nos ordena como se debe vivir. No hay duda de que si no estas en la tele no existís.
Lamentablemente el hombre zapping es víctima de los programas frivolizantes y alienantes que pueblan la televisión. Manejado como un títere consume en su vida cotidiana lo que ordena la pantalla de luz. No piensa. Simplemente como un perro hambriento muerde el hueso que le dan los conductos de los programas que lo ordenan todo. El filosofo alemán Martín Heidegger afirmó que “muy pronto la televisión, para ejercer su influencia soberana, recorrerá en todos los sentidos toda la maquinaria y el bullicio de las relaciones humanas”.


Julio César Cháves
escritor78@yahoo.com.ar
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