miércoles, 14 de marzo de 2007

¿Un mundo feliz?


Aldous Huxley en su novela profética “Un mundo feliz”, describe, de modo magistral, como será el hombre en el año 2.500. Este ensayista excepcional, critico ácido y dueño de una lírica musical, a lo largo de su obra, indagó sobre el misterio del alma humana. Hace 37 años, siempre experimentado algo nuevo, abandonaba este mundo en medio de un sueño lisérgico. Lo que sigue fue parte del prólogo de la reedición de la obra que lo lanzó a la fama veinte años antes: “Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el que los políticos todopoderosos y su ejercito de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesarios ejercer coerción alguna, porque éstos, amarían su servidumbre”.
La novela “Un mundo feliz” es uno de los relatos más geniales del siglo XX. Un mundo feliz es una fantasía cáustica de lo que Huxley imaginó, como dije al principio, que seria la humanidad y el hombre en el 2.500. En este mundo imaginado por Huxley: no hay familia ni romanticismo y todo el mundo pertenece a todo el mundo. Allí tampoco existen las prohibiciones, ni las enfermedades, ni el dolor o la vejez. Allí también faltan las emociones, porque atentan contra la estabilidad del individuo, lo cual es necesario par que se mantenga la sociedad. En este mundo feliz todo se reduce a química y número, sin individualidades, porque carecen de sentido. Las drogas son de uso común, como desinhibidotas del alma y un compuesto químico llamado soma, mantiene a todos en un estado artificial de dicha y equilibrio. Porque ser feliz, en el mundo de Huxley, aquí, no es el resultado de una sociedad perfecta, sino un macabro mandato que hay que seguir a como de lugar.
Este mundo supuestamente idílico, está poblado por criaturas engendradas artificialmente y criadas y clasificadas debidamente por estrato social. Es un sitio en que todo está mecanizado y en el que la fidelidad sexual y la madurez son consideradas obscenas. El mundo que describió Huxley, de modo prestigioso, parece distante. Pero, ¿Lo es? Yo creo que el mundo que Huxley describió es muy parecido al actual. Actualmente vivimos en un mundo plagado de contradicciones sociales y humanas, señalando el mal y el sufrimiento que el ser humano se inflinge a sí mismo. En las universidades más prestigiosas del mundo se habla de “Ingeniería Genética”, que es capaz de permitir a mentes dotadas la posibilidad de mezclar y combinar materiales genéticos para crear nuevas formas de vida. Este tipo de tecnología ha permitido a los investigadores tener a su alcance microorganismos que producen cosas como la insulina, el interferón y la hormona de crecimiento humano. Los beneficios médicos y agrícolas que se desprenden de ellos es enorme. El provecho que se puede sacar al utilizar esta tecnología en el tratamiento y la curación de enfermedades genéticas es también enorme. Pero también por otro lado, al igual que sucede con cualquier tipo de tecnología, ya sea nuclear, de fuego, o la realidad virtual, es peligroso que caiga en manos de ciertas clases de individuos. Hay muchos evolucionistas que piensan, erráticamente, que el hombre puede llegar a crear una raza sobre humana, es decir: El hombre puede superar o igualar a Dios. Muchos científicos creen que ellos pueden hacer un buen y mejor trabajo en sus laboratorios diseñando vidas, que según ellos pueden reducir los millones de años que tomó el proceso de la evolución a muy poco tiempo. Reconozcamos que el ser humano se ha inflingido mucho dolor así mismo por haber jugado a ser Dios.
Hoy día la tecnología avanza rápidamente. Algunos investigadores creen que la tecnología suministrará la solución a todos nuestros problemas, pero este pensamiento está equivocado. Huxley describió un mundo sumergido en la felicidad artificial, un mundo regido por el hambre de querer ser igual o mayor que Dios. El hombre jamás será igual a Dios, pues siempre será un ser creado. El hombre podrá criar seres humanos más inteligentes y más dotados físicamente, pero jamás será comparable con Dios. Génesis 1:27 nos dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Julio César Cháves.
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