miércoles, 14 de marzo de 2007

El miedo a vivir.

El difunto general Douglas Mac-arthur respecto a la vejez: “Cada corazón tiene en su centro una cámara de grabación. Mientras dicha cámara recibe mensajes de belleza, esperanza, alegrías y valor, uno permanece joven; pero cuando los cables están caídos y el corazón se halla cubierto por las nieves del pesimismo y el hielo del escepticismo, entonces, y sólo entonces, se ha hecho viejo”. Muchos consideran a la vida como a una amenaza. Otros, por el contrario consideran a la vida como a un desafío. Los que la consideran un desafío son aquellos individuos que se auto motivan a vivir con libertad interior, con el valor de un gigante y el corazón de un niño, con esperanza y alegría, y con fe en Dios y también con respeto hacia la vida humana. Los que consideran a la vida como a un desafío son aquellos que saben que en la vida hay situaciones negativas inevitables. Saben que hay cosas de la vida que no se pueden cambiar y que las tales deben permanecer como están. Hay momentos de la vida que no podemos cambiarlos, pero que sí nos cambian a nosotros. Quienes consideran a la vida como a un desafío son los que realmente se conservan jóvenes por dentro aunque envejezcan por fuera. Exteriormente todo nos vamos poniendo viejos, pero interiormente algunos individuos se conservan jóvenes. Mirar la vida con el corazón de un niño nos permite disfrutar la vida y al mismo tiempo ser responsables de lo que somos y de los que podemos llegar a ser. El tiempo arruga la piel, pero si somos optimistas no puede afectar nuestro ser interior. Cuando lidiamos contra el escepticismo y hacemos uso del optimismo, sacamos provecho de la vida y el tiempo nos enriquece y nos rejuvenece por dentro.
Hay muchos modos de vivir, de mirar la vida, de disfrutar la vida. Pero hay un solo modo de mirar la vida desde una perspectiva positiva y no es con escepticismo, sino con optimismo y valor. De lo que debemos darnos cuenta, a tiempo, es que la vida es un milagro que Dios nos ha regalado. No hay porque temerle a la vida. Hay que amarla pues está compuesta de sublimidad. Cada día es un milagro irrepetible. Debemos vivir con alegría y entusiasmo. Los que somos es muy importante. Dios nos creo. El nos diseño. Es obvio que la vida a veces se torna negativa, pues en algunas instancias, andamos mal en lo económico, en el terreno de la salud física, y también andamos mal en el campo de las relaciones humanas. En efecto, los seres humanos del tercer milenio están obsesionados con el miedo a la vida. El miedo sobra. El mundo corre a una velocidad vertiginosa. Todos anhelan lo rápido, lo mágico, lo que cueste poco trabajo, lo que no demanda esfuerzo. Todos anhelan la eterna juventud, la piel tersa, las billetera llena, la vida sin miedo.
El miedo en la vida es inevitable. Lo mejor que podemos hacer en los momentos de miedo, es depositar nuestra confianza es nuestro Creador. Debemos desarrollar una comunión dinámica y vital con Dios, a través de Jesús. También debemos desarrollar una sólida mentalidad bíblica. Confiemos en Dios. La vida sobre las cosas y los seres humanos. Somos un pensamiento efímero. Debemos mirar la vida con optimismo. Debemos recordar siempre que Dios está con nosotros. De ahí la importancia del salmo 90.
El salmo 90 dice:
“Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación.
Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
Vuelves al hombre hasta ser quebrantado,
Y dices: Convertíos, hijos de los hombres.
Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó,
Y como una de las vigilias de la noche.
Los arrebatas como tormenta de aguas; son como un sueño, como la hierba que crece en la mañana.
En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada, y se seca.
Porque con tu furor somos consumidos, y con tu ira somos turbados.
Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros ala luz de tu rostro.
Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira;
Acabamos nuestros años como un pensamiento.
Los días de nuestra edad son setenta años,
Y si en los más robustos son ochenta y trabajo, porque pronto pasan y volamos”.

Julio C. Cháves.
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