miércoles, 14 de marzo de 2007

Al Dios no conocido.

El médico Lucas en el libro de los hechos nos cuenta lo siguiente: “Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio”. (Hechos 17:22-23). El apóstol Pablo en uno de sus viajes misioneros, viajó a Atenas: la ciudad de los filósofos. Atenas era la principal ciudad de la Ática, y la capital de la erudición y del arte griego. La ciudad estaba totalmente entregada a la idolatría, y la gente pasaba el tiempo buscando novedades. Pablo se dedicó a la obra en Atenas, mientras esperaba a Silas y a Timoteo, tratando de razonar con los judíos en su sinagoga y a diario en el mercado. Unos filósofos le llevaron a la colina de Marte, donde dio su memorable discurso a educados pero paganos oyentes. Hubo un cierto fruto de todas estas labores. (Hechos 17:15 -22; 18:1; 1 Ts 3:1). Atenas era una ciudad antigua, y experimentó muchos cambios y diferentes formas de gobierno. Se rindió al general romano Sulla el 86ª C, y quedó así integrada en el imperio romano. Fue asediada por los godos el 267 d. C, y fue tomada por Alarico, rey de los visigodos, el 396. Tomada por Mahumet II en 1456, vino finalmente a ser la capital de la moderna Grecia en 1833.
El apóstol Pablo le predico a los atenienses respecto a Dios como creador de todo lo existente. Les explico, bajo la inspiración del Espíritu Santo, que ellos tenían dentro de sí un vacío que únicamente Dios podía llenar. Hechos 17:26-27 declara: “Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los limites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de vosotros”. El único ser que puede llenar el corazón humano es Dios quien puede señalar el camino sobre el cual los hombres deben caminar para hallar la salvación eterna. Ese camino es Jesucristo. En Dios se encuentra la verdad absoluta sobre el hombre universal. El hombre fue creado para tener comunión constante con su diseñador. Así pues, si el hombre busca llenar su alma por medios humanos, es una utopía que procure encontrar libertad interior. El ser humano universal sólo puede hallar descanso físico y espiritual en Dios. Lo mejor que puede hacer un individuo es adquirir conocimiento de Dios. Hoy vivimos en una sociedad tecnocrática; esta es una sociedad empapada de conocimiento. El ser humano del tercer milenio sabe muchas cosas. Sin embargo, no conoce a Dios, pues alcanzar la salvación por sus propios esfuerzos, no le conduce a ningún lado.
A través de la historia de la humanidad Dios ha hablado a los hombres de diversas maneras. Ahora, ¿Cómo nos habla a nosotros, los habitantes del siglo XXI? La respuesta es simple. Hebreos 1:1-3 nos dice: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual; siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la majestad en las alturas…” A Dios podemos conocerle a través de Jesucristo. Jesús es la manifestación de Dios para la humanidad. El Dr. Billy Graham escribió: “Jesús preguntó a sus discípulo: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Le dieron una serie de respuestas a nivel humano. Luego Pedro respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. (Mateo 16:13-16). Esta es la cumbre de la fe”.

Julio C. Cháves.
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